Mi relato ha recorrido los días que pasaron desde el 31 de diciembre del 2000 hasta el 20 de enero del 2001. De aquella noche del 20 solo cabe agregar que después de pagar la cuenta en "El Café de la Esquina", nos fuimos a "Dalí", un bolichín que estaba donde ahora se encuentra "Downtown Matías", a una treintena de metros de la Basílica del Pilar, donde nos casamos el 1 de noviembre de 2002. Con el sol del 21 bostezando sobre su colchón de agua, la dejé en su casa y me tomé un taxi a la mía, feliz.
Ya he escrito que en nuestra primera salida, el domingo 14 de enero, la verdad me había sido revelada. Paula tardó un poco más en darse cuenta de lo que había sucedido. Pero era de esperar: la perfección plena y completa siempre resiste el afán de la torpe realidad.
Un año exacto después de aquella noche milenaria, el 31 de diciembre del 2001, en Santiago de Chile, le pedí de rodillas que se casara conmigo. Estábamos allí visitando a la abuela de Paula, Cupy, quien al minuto de conocerme le había dicho a Paula por lo bajo: "Tú tienes que casarte con este muchacho".
Nuestra fiesta de casamiento tuvo lugar en el Club de Pescadores, exquisito y simbólico lugar sobre el Río de la Plata. La luna de miel tocó Ushuaia, El Calafate, Puerto Pirámide y Villa La Angostura, a lo largo de 23 días.
El 25 de marzo de 2004 nació Sofía. El 8 de febrero de 2006 lo hizo Valentina. Y algún día vendrán más.
Cada 31 de diciembre, por lo tanto, el mundo festeja algo que para nosotros está en un segundo plano. No es el nuevo año lo que nos lleva a chocar las copas, sino el milagro de una noche en que todo conspiró para que nos encontráramos. Yo soy un afortunado, porque tengo una mujer que me quiere y acepta mis defectos como parte inescindible de mí. Sin ella y sin ellos, yo no sería yo.
Cada mañana, al levantarme, trato de conquistar a Paula como si estuviera descubriéndome en el colectivo, tratando de usar mi mejor morisqueta y mi chamuyo más efectivo, con la fuerza, la alegría, el humor y la sabiduría que dispongo en módica medida. No es fácil convivir con alguien que te hace sentir como un ladrillo frente a una flor, pero de eso se trata: de ser complemento, de que nunca te digan "Qué divino" sino "Qué humano".
A Paula dedico este relato, y a los lectores agradezco por su comprensión para con los límites que la palabra impone en la descripción de ciertos sentimientos y certezas.
Por último, gracias al Amigo, cuya carcajada atronadora creí reconocer en medio de todo aquello.
Hubo un instante en que todo se detuvo
La luz, el viento, la sangre,
las guerras, los tambores.
Nadie cerraba las puertas, no las había.
Las monedas no brillaban, nada valían.
El reloj se confundió con el caos
de un desierto florecido.
El tiempo es un capricho del Amigo.
Todos yacían, sin ayer, ni hoy, ni mañana.
Tenues ojos contemplaban el sino
Que moldearía sus juegos y sus nanas.
Hubo un instante de mundo detenido
un temblor de silencio decisivo
cuando el abismo se ofreció, generoso y puro
al peregrino, emboscado en su recinto.
Y alguien negó la sal por vez primera
y pasó de largo la ráfaga amarilla
y alguien ladró, en su cómplice paseo
y alguien restó monedas al destino
y la nada dejó su lugar ¿predestinado?
Todos fueron uno en ademanes suspendidos.
Y yo fui el ser, inclinado ante su suerte.
Condenado a la finitud de mi argumento
tal vez entre mis cifras me buscaste.
Me absolviste y liberaste la utopía
de un bufón que sin corona era descarte.
Descendiste al averno de mis sombras,
tu acto amoroso fue encarnarte
en un pájaro de fuego poderoso
para al fin del vacío rescatarme.
Fue un instante apenas.
O tal vez no hubo tiempo
porque tu rostro
ya es eterno en mi breve humanidad.
Azar, milagro, destino o decisión,
sabe Alguien qué fue aquello.
Ya no hay respuestas a la duda sin sentido.
Sólo hay verdad,
solo hay dos llamas en un fuego.
18 de mayo de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA - EPÍLOGO
TEMAS: PAULA
9 de mayo de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA XVII
Una noche de enero es ideal para un paseo en Buenos Aires, y especialmente con una buena cena en el estómago.
Le dije a Paula de ir a aquel lugar que ya he mencionado: "El Café de la Esquina", en Uriburu y Las Heras. Caminamos por Arenales, Montevideo y Las Heras, hablando animadamente de la vida y sus anécdotas.
Nos sentamos a una de las mesas de madera, contra el ventanal que da a la avenida. Un café para ella, una Coca para mí, con mucho hielo, por favor. Yo sentía que la situación no daba para más, uno conoce sobradamente ese pantano donde empieza a meterse cuando las palabras sobran y los silencios crujen. Y yo, además, nunca he sido amigo de guardarme los sentimientos en mis alforjas.
De repente, tomé una servilleta y comencé a escribir. Quería sugerir, antes de decir. Ella me miraba, con sus ojos cristalinos. Y escribí, y la miré, y le pasé la servilleta y la birome (que igual que en el colectivo, llevaba en mi bolsillo), y ella también escribió.
No guardé esas palabras, se han perdido para siempre. Solo recuerdo algo así como "donde el ser se fundió con la utopía", y eso era lo que yo sentía exactamente. Yo ya tenía la certeza, como he dicho, de que esa mujer era perfecta, porque me completaba sin saberlo aún, con su aire algo ingenuo, su paz en el habla y su pureza en la mirada.
Igual que una semana antes, se levantó para ir al baño y me dejó solo con mi remolino de emociones. Miré por la ventana. Allí afuera estaba todo lo que iba a dejar, o lo que iba a reencontrar al salir, pero transformado. Se apagaban las luces de esa ciudad hostil y desconfiada, y titilaba ya otra luz, desconocida para mí.
Y otra vez ella volvió, y se sentó, y con ella el mundo ante mí.
Desde el pasado, mis ancestros me contemplaron imperativamente, asomados a sus hogares distantes y definitivos. El destino se agolpaba, y yo mismo creía verme reflejado en un patio de colegio, redonda al pie, rodilla magullada, esperando mi decisión para seguir el partido. Desde el futuro, los rostros infantiles de personitas que hoy conozco o adivino se insinuaban suplicantes, pero casi tiranos. El reloj se detuvo también, porque no hay tiempo donde la eternidad se presenta prepotente.
Y entonces yo, que nunca antes había pronunciado la sentencia, la proclamé a tu vida entera: "Me enamoré".
No entendiste de qué hablaba, miraste hacia atrás, a donde yacían mis dudas de otrora. Pero volviste a oírme: "Me enamoré". Y mis ojos te eligieron para siempre, y en tus labios dejé mi alma rendida, en el descanso inédito de un guerrero feliz.
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25 de abril de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA XVI
Dado que, como he dicho, "Molière" estaba cerrado, decidí ir a un bistró que acababan de abrir en la calle Talcahuano. Lo había visto en mis paseos y anotado mentalmente para futuras necesidades. Era a dos cuadras de allí, así que llegamos a él en un santiamén. Por supuesto, también estaba cerrado. Afortunadamente, sabía moverme en ese barrio como pez en el agua y estaba lejos de agotar mis recursos geográficos. Así es que tomamos por Arenales y fuimos a "Teodoro", que me esperaba dispuesto.
Entramos y elegí una mesa en el fondo, lejos de la puerta y del mundo. Pasamos en el medio por un revistero inmenso. "Estas revistas son para que elijas", bromeé ligero. El salón al que me dirigí estaba vacío. "Lo reservé para nosotros", dije.
El lugar era y sigue siendo (hasta donde sé) muy agradable. Mesas de madera, adornos de estilo campestre, manteles cuadriculados, paredes de colores crudos, copas de vino y musiquita de fondo.
Cuando me iba a sentar, me di cuenta de que aún no sabía su apellido y se lo pregunté. "Brennan", me contestó, y otra vez me quedé mirándola. "Sangre irlandesa, como yo", le dije, y por dentro pensé que cada detalle la hacía más y más perfecta a mi naturaleza.
Elegí ravioles a la bolognesa, y ella pidió lo mismo, pero al fileto. No pedimos vino, porque ella no quiso, y tomarme una botella entera me parecía un tanto grosero. Agua mineral, entonces, con gas para ella y sin gas para mí.
La charla recomenzó. Ella despejó mis dudas sobre su genealogía. Apellido irlandés de un lado y catalán (Galaz) del otro. Me habló de sus abuelos, de su hermana bailarina, de su mamá en Europa, de su papá psiquiatra que atendía en el departamento de la calle Uriarte, de su trabajo nuevo, y de cosas que lamentablemente no están grabadas, porque pagaría por escucharlas.
Sus ravioles desaparecieron del plato en 10 minutos. Los míos, en cambio, iban dejándolo con parsimonia. A mí siempre me ha gustado comer despacio y disfrutar de la mesa al máximo. Ésta no iba a ser la excepción. Y Paula pensó que yo la juzgaría "una muerta de hambre", según recuerda.
Después vino un almendrado con charlotte para cada uno y el café. Finalmente, la dolorosa, la antipática: la cuenta.
Eran las once y media de la noche cuando salimos de nuevo a la ciudad nocturna. El futuro, sin embargo, amanecía.
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18 de abril de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA XV
La salsa de la vida está en la improvisación.
Cuando llegué a la casa de Paula y le pedí que bajara, yo ya había planeado a dónde íbamos a ir a comer. Sería por Palermo Viejo, el mismo barrio del domingo anterior, el barrio que ella habitaba en cuerpo y yo en alma. Sería en uno de esos lugarcetes cuyas blancas servilletas habían sido oscuros pergaminos, y cuyas flojas baldosas habían sido siempre metáforas de mi esperanza.
Pero Paula bajó y me pidió que la acompañara a sacar boletos para su hermana adorada, que quería ir a ver a los Red Hot Chili Peppers. El timón viró entonces para la avenida Corrientes, a escasas cuadras de mi trabajo. Nos tomamos el 59 en Plaza Italia y nos sentamos en la fila de cinco, atrás de todo. Pero esta vez, ella iba del lado de la ventana. Vestía unos pescadores beige y una remera rosa sin mangas.
Bajamos en Suipacha y Lavalle, y caminamos hacia Corrientes. Entramos al teatro Grand Rex, y como no vimos a nadie en boleterías, seguimos hasta el teatro, que estaba vacío y en semipenumbras. Era una situación original, y era evidente que no era allí donde sacaríamos los tickets. Finalmente, nos fijamos en el teatro Ópera, cruzando la avenida. Y efectivamente, era allí donde tocaría la banda californiana... pero por alguna razón que no recuerdo no sacamos las dichosas entradas.
Paula llamó por el celular a Xime, su hermana, pero creo que no la encontró y habló con su papá. Finiquitado el trámite, por fin pude pensar en la comida. Le pregunté si tenía ganas de caminar y resolví que iríamos a Molière, a unas diez cuadras de allí.
Cruzamos la 9 de Julio por la Plaza de la República, y le guiñé un ojo al lungo que nos observaba, todo vestido de blanco. El Obelisco, para más datos. Después enfilamos por Carlos Pellegrini hacia el Teatro Colón, y pasamos a su lado. Paula me contaba de su hermana, que se había lesionado en Hamburgo y no bailaba más en el Ballet de allá, y de su mamá, que después de haber bailado en el Ballet Nacional de Chile había dejado todo para casarse con su papá y venirse a Buenos Aires. Después hablamos de música, y me dijo que en su casa ponía la radio porque le gustaba sentirse acompañada. Hoy, en cada desayuno, me pide que la encienda, pero yo quiero poner alguno de los 447 discos que tenemos.
Le hablé de Arturo, del Nono, de Gonzalo, de Chipi, de la Oveja, del Fósil y de unos cuántos más. Y por supuesto, de Luis, que me había ayudado a llegar a ella (aunque a esto último no se lo dije).
Después ella me dijo que estaba en trámites para que le pusieran teléfono porque solo tenía el celular. Agregó que quería poner banda ancha en su computadora. A mí me llamaba la atención que se las arreglaba sola para todo. Había conocido a muchas que no sabían ni tomarse un colectivo a Primera Junta.
En esto estábamos cuando pasamos por la Plaza Libertad, y le dije que yo vivía a una cuadra de ahí, y que esa era la plaza donde yo había jugado en mis primeros años. Nuestra caminata llegó después hasta Juncal y allí torció a la izquierda. Cruzamos Libertad y llegamos a Molière. Estaba cerrado.
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11 de abril de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA XIV
El sábado 20 de enero, después de felicitar a mis papás por sus 39 años de casados (que hoy son 45), convoqué a mis amigos-hermanos Arturo y Chipi a mi refugio de Palermo Viejo a tomar unas birras. Así pues, nos sentamos a una mesita del bar "Beckett" en la calle El Salvador y les informé que en horas estaría dejando la camiseta de solitario. Esa noche sería la noche, yo ya lo había decidido y me había rendido ante la inminencia del atardecer.
Me pidieron detalles. Describí a Paula físicamente, dibujé su personalidad y hablé de lo que había sucedido la noche del domingo anterior. Les transmití mi certeza de que todo estaba cumplido y la hora había llegado. "Si esperé este momento en cada rincón de mi pasado, no tiene sentido demorar las cosas cuando ha llegado", sentencié.
Cuando uno tiene un proyecto, uno es ese proyecto y debe tomar decisiones en función de él. Lo que nos aleja de él es malo, y lo que nos acerca a él es bueno. He visto muchos partidos en los que quien había hecho todo para llegar a la victoria dudaba una vez llegado al último escalón. Yo no iba a ser de esos.
Y mientras desparramaba estas reflexiones, una paloma dejó su señal en mi hombro izquierdo, lo cual vino a confirmar -para mentes de poca fe- que aquél era mi día.
Chipi me dejó en mi casa y me di la duchita de costumbre. Me puse la remera que había adquirido en Puerto Madryn en enero del 2000, los jeans y las zapatillas eternas. Agarré las llaves y salí a tomarme el 152. Era de noche.
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28 de marzo de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA XIII
La semana siguiente a la noche del descubrimiento fue una espera tranquila. Me sentía como el lector de un libro cuya última página ha leído anticipadamente. ¿Adivinación? No, certeza lógica y precisa.
Decidí que no había margen para especulación alguna. La era del silencio tocaba a su fin. Se derretían los hielos eternos, las aguas perdían colores turbios, la luz imponía condiciones. A veces hay un solo camino posible, y lo único que uno debe decidir es si seguirlo o no. Pero como en un río que lleva a la catarata, no hay tiempo para postergaciones. De la duda no se vuelve.
Yo estaba por aquel entonces haciendo un curso de francés. Iba a trabajar a las seis de la mañana y salía a la tardecita. Caminaba hasta el Café de la Esquina, un bar de Las Heras y Uriburu que hoy tiene otro nombre. Allí hacía mis deberes, me tomaba una Guinness y me iba a la clase, que terminaba a las diez u once de la noche.
Envuelto en el vértigo de días que yo sabía definitorios, mi concentración en clase era escasa. De repente oía a la profesora haciéndome una pregunta por segunda vez, y riéndose de mi ausencia inmaterial.
El miércoles, si no me equivoco, llegué a casa y me encontré un mensaje de mi papá diciendo que me había llamado Paula. Adiviné el motivo, o la excusa: el lunes anterior ella había tenido una entrevista para cambiar de trabajo, que yo le había predicho exitosa. Contesté el llamado y le dije que era para "confirmar" que la habían tomado en la entrevista. Y así había sido. Ella estaba exultante.
Después de dos o tres diálogos, arreglamos para vernos de nuevo el sábado 20 de enero. Era la fecha de aniversario de mis papás, y quise tener ese detalle en la elección del día, porque hay ritos que merecen cumplirse. Tan dominante me sentía sobre la situación, que me daba el lujo de regular fechas.
Fue una semana extraña, aquella. No fue una semana similar a ninguna de las anteriores en mi vida, ni tampoco a las posteriores. Fue una transición, un tiempo de descuento en el partido de la soltería, ya ganado. Todo es más fácil cuando se conoce el final.
Hablando en porteño, yo iba a salir con Paula el sábado, pero ya tenía el diario del domingo.
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12 de marzo de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA XII
A la mañana siguiente de ese domingo luminoso, llegué a mi oficina y le envié un mail a Arturo, uno de mis amigos/hermanos.
"No digas nada. No me contestes. Creo que he encontrado a la mujer de mi vida".
Arturo me envió otro mail. Nada dijo. Nada contestó.
No había nada que decir.
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5 de marzo de 2007
FIESTA EN LA BOCA
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28 de febrero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA XI
¿Cómo seguir cuando uno ya sabe lo que ha de suceder? ¿Qué habrías hecho, amigo lector, en mi situación? ¿Cómo interpretar el papel de muchacho inofensivo y gentil, que no trae en sus alforjas más que una noche casual en un enero cualquiera?
Frente a mí tenía a quien yo había buscado, consciente o no, desde mi llegada al mundo, aún en mis primeros gateos. Pero ella lo ignoraba, y yo pretendía poner barreras a mi hallazgo. Surgían las dudas de esa, la mía, la humanidad escéptica y nihilista, la que resistía el embate irónico de la realidad más pura y cristalina, tan pura como la luna que colgaba en el techo de Palermo Viejo mientras la historia dictaba su inminencia.
Y así, en mi laberinto interno, seguí el juego. Cerró el bar ("Utopía", el lugar que no existe) y la charla siguió. Ninguno de los dos quería que se terminara la noche así nomás, y caminamos por Serrano hasta Charcas y de allí hacia Uriarte. Media cuadra antes de llegar a su edificio le pregunté si quería que la acompañara a sacar el perro, y ella me dijo que sí. Así pues, esperé en la puerta de calle a que ella bajara con él en el ascensor.
Es necesario decir que yo nunca había tenido perro y mis experiencias al respecto estaban marcadas por el trauma de haber sido atacado por ellos en dos o tres ocasiones. No era que me hubieran mordido, pero en mi temprana infancia un par de ellos me habían saltado y tirado al suelo, lo cual había constituido para mí una agresión y merecido mi condena a través del llanto inconsolable.
Por ende, esperaba el encuentro con el perro de Paula con cierta ansiedad. El ascensor bajó y él salió, grandote y dorado en su momento rutilante de reinado absoluto sobre la noche. Vino hacia mí, me olfateó pies y rodillas y se dirigió a la puerta del edificio para disponer la salida, conforme.
Así pues, dimos una vuelta, con él suelto y feliz. "Qué lindo que es", le dije en el colmo de la obviedad. "¿Viste? Es perfecto", me respondió ella orgullosa. Y fuimos por Uriarte hasta Guatemala, y de allí a Thames y de allí a Charcas para regresar al punto de partida. Creo que no nos cruzamos con una sola persona. La calle y la noche eran nuestras.
¿Y cómo despedirse? Yo tenía ganas de abrazarla y decirle quiénes éramos, pero la cabeza tenía el control y me ordenó guardar silencio. Beso en el cachete, promesa de segunda vez, mimo al perro y a otra cosa. Y me alejé hacia la esquina y ella se metió en su edificio.
Y así llega la hora de que escriba que te llamabas Rosko. ¿Y qué hiciste, Rosko, perro fiel? Mientras me disponía a cruzar la calle y tu dueña te esperaba con la puerta abierta para irse a dormir, corriste. Viniste hacia mí y empezaste a saltar y hacer fiestas. Y creo que se lo anunciabas a ella: "¡Es él!"
"¡Rosko, te vas con cualquiera!", te gritó Paula, y quise decirle quién era yo, pero no lo hice. Vos y yo nos entendimos sin palabras, y regresaste con tu dueña, sabio y sereno.
Volví a mi casa lleno de verdad.
Al día siguiente, bajo un fresno porteño, alguien halló un manojo de miedos marchitos y una sombra abandonada por un dueño anónimo.
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21 de febrero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA X
Durante los 30 años anteriores a mi encuentro con Paula, y especialmente entre los 15 y los veintipico de edad, yo había pensado que conocería a la mujer de mi vida en circunstancias cuasimilagrosas, providenciales, ajenas a toda lógica humana y originales en sí mismas. Y también había supuesto que la reconocería al instante, porque en algún rincón secreto de mi ser dormía la respuesta plácida a mi pregunta urgente.
Con los años de noche, ensayo y baldosa, esos sueños se fueron desvaneciendo, y razoné (¡ay, la razón, que quiere resolver todo!), que la mujer llegaría algún día, a bordo de alguna rutina de encuentro en un boliche o una fiesta, o vulgar cita a ciegas, o presentación previsible. Yo no era más o menos humano que cualquiera de los otros miles de millones sobre el mundo.
Pero la vida y el Barba tienen esas cosas, ese afán de reirse de los mejores planes y los raciocinios más brillantes o más grises. En mi caso, el encuentro había ocurrido en un colectivo con proa a un milenio nuevo, pero yo aún no lo sabía. Lo supe en el instante que voy a relatar.
Mi narración vuelve, pues, a ese barcete frente a la placita, entre mesas vacías y sillas apiladas. Ofrece la noche su manto de intimidad. Alguna araña teje su tela laboriosa en un rincón del techo. Una polilla aletea a distancia prudente, entregada a la luz. Y esa mujer cuyo apellido ignoro me habla y yo le contesto, y ella sigue hablándome de algo que yo hace rato que no escucho y le preguntaré otro día, más adelante, cuando haya tiempo de mirarla un poco menos.
Y de repente ella me dice que va a ir al baño y se levanta, y se aleja con su vestidito blanco por entre las mesas silenciosas, rumbo a una puerta también silente, cercana a la barra desierta.
Y es entonces que el rayo cae sobre mí, fulminante, como un latigazo que acaricia. La verdad se revela, prepotente. El misterio se desploma, rendido y estruendoso. Se acaban los libros, se dan vuelta las cartas, descienden las estatuas de sus pedestales. Todo se detiene: la luz, el viento, la sangre. Las guerras, los tambores.
Es ella.
Es el preciso instante del segundo nacimiento, cuando Alguien le grita al corazón: "Es ella".
No hay lógica en esto. La razón se congela y cede su lugar, sabia al fin, a la certeza desnuda de una intuición perfecta. Es la pura verdad proclamada desde las entrañas, desde el ser que encuentra su fin en esa figura y la atrapa en la conciencia del hallazgo. No hay defensa posible ante esa voz inequívoca que me lo está gritando insolente.
Es ella.
Cuando Paula volvió a la mesa, ignorante del rayo, yo ya la había reconocido.
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13 de febrero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA IX
Con el silencio por toda respuesta, me fui a una estación de servicio de esas donde paran los taxistas a comerse un choripán, a una cuadra de allí, para llamarla al celular. Marqué su número y de inmediato atendió ella: "Estoy en casa, es que salí más tarde del trabajo".
Así pues, volví a tocar el portero y bajó, envuelta en un vestidito blanco angelical, bien veraniega. La saludé y tiré la primera: "Tenés el mismo perfume que en el colectivo".
Fuimos, por segunda vez en el día para mí, a "Beckett". Le dije que allí hacían gazpacho, pero al llegar resultó que el cocinero ya se había ido, así que ella se pidió una tarta de queso (o "cheese cake") y yo una Coca. Empezamos a hablar, y hablar, y hablar, y hablar. Yo le hacía preguntas y ella respondía, y yo clavaba la vista en sus ojos y ella bajaba la mirada. La verdad es que escuché la mitad de lo que me dijo, porque no hacía más que mirarla. Sus ojos, su expresión grave, me cautivaban.
Ella dice que estaba muy nerviosa por mi silencio y mi mirada, y de tan nerviosa que estaba yo me fui comiendo la tarta que había sido pedida para ella. Finalmente cerraron, y nos fuimos a otro bar, "Utopía", en la placita de Palermo Viejo. No había nadie, la noche de domingo ya era avanzada. Y al entrar, misteriosamente, sonaba una frase de la canción de Maná: "Ana se irá algún día, se irá para siempre. Ana se irá de este mundo, se irá al jamás". Cuando entramos no sonaba otra parte de esta canción. Sonaba esa.
Nos sentamos a una mesa de madera, entre sillas apiladas y dadas vuelta sobre las demás mesas. Pedimos un par de Cocas y seguimos hablando. Ella me contaba de su familia, su mamá en Tarragona, su hermana mayor en Hamburgo, su hermana menor en Caseros, sus primos en Calzada, su abuela en Santiago de Chile, su tío en Alsacia. Yo le contaba acerca de mis antepasados holandeses, irlandeses, españoles, cubanos y norteamericanos. Y así pasaban los minutos, plácidamente en ese rincón extraño de la semana.
Lo que voy a contar sucede una sola vez en la vida, si es que sucede. A mí me sucedió.
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9 de febrero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA VIII
Le dije a Ana de vernos por ahí para tomar algo y charlar un poco. Ella me pidió, por primera vez en mucho tiempo, que no la llamara en los siguientes tres meses, que le gustaba saber de mí pero que cuando iba a algún boliche o hablaba con otros muchachos se acordaba de mí, y que no podía seguir así. Yo le dije que no me parecía que fuera incompatible vernos y seguir con nuestras vidas, que de hecho yo salía con otras chicas y eso no quería decir que no pudiera tenerle aprecio a ella. Pero no hubo caso, y no tuve más remedio que aceptar su pedido. Por tres meses dejaría de llamarla. Fue la última vez que hablamos por teléfono, y apenas 36 horas después ni siquiera me preguntaba qué pasaría cumplido ese plazo, porque mi biografía había virado su rumbo por completo, y por decisión propia.
De todas maneras, no puedo negar que esa tarde de sábado estuve triste, y me fui a caminar por ahí. Me metí en el bar "Beckett", mi refugio en Palermo Viejo, y garabateé algunas líneas dedicadas a ella, donde expresaba mi desazón. Nunca las leyó.
De regreso del bar llamé a una muchacha que me había dado su teléfono la semana anterior, pero no estaba en su casa. Se suponía que íbamos a salir, pero al parecer le había salido otro programa mejor. Entonces me fui a comer pizza a "Los Inmortales" con otra que a su vez me hablaba de sus propios problemas. Volví a casa tarde, bien tarde, como un retazo olvidado de la noche sombría.
Al día siguiente, día de hallazgo, día de milagro inesperado y rayo fulminante, me fui de nuevo a "Beckett" a tomar algo con mi amigo Dido. Él se fue y yo me quedé un rato más, oyendo el disco que siempre le pedía a mi moza amiga. Después tomé por la calle Uriarte e investigué la fachada del edificio donde vivía la chica del colectivo, nomás para ir haciéndome una idea. Tal vez un perro labrador me adivinó desde aquel balcón.
Llegó, pues, la noche del domingo 14 de enero de 2001. Remera negra, jeans y zapatillas. Me tomé el 152, bajé en Güemes y Serrano y caminé hasta Uriarte 2284. A las once en punto, tal como habíamos quedado, toqué el portero eléctrico. Pero nadie contestó, porque ella no estaba.
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7 de febrero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA VII
Aquel 1 de enero volví a mi casa a las seis de la tarde. Nadie había en ella. Mi hermana Teresa se había ido a un campo y mi hermano Fernando había dejado un mensaje preocupado por mi larga ausencia. Por la noche llamé al número que me había dado la chica (por aquel entonces ya era Paula en el papelito de mi billetera) y confirmé que era correcto, dado que me atendía su exquisita voz en el contestador. No dejé mensaje alguno.
Le conté por mail a mi prima Dolores, de Barcelona, acerca de la historia del colectivo. "A lo mejor los Reyes te dejaron ese regalo", me contestó.
El primer naipe del castillo había caído, y los demás empezaron a hacerlo inexorablemente. Hablamos en la semana por teléfono, aunque no logramos ponernos de acuerdo para vernos. Ambos estábamos en épocas movidas, con agendas nutridas. El viernes siguiente salí con una muchacha de Parque Chacabuco, hincha de Huracán la pobre. Me pidió que la llevara a un bar con aire acondicionado y terminamos en uno de Puerto Madero donde todo era carísimo. Volveré a hablar de ella. A la noche siguiente fui con Arturo y Dido, dos amigos, a un bolichito de San Telmo, donde me tomé un Legui y obtuvimos algunos teléfonos. Nada del otro mundo.
Vino después la segunda semana de enero, y con ella el viernes siguiente. Había quedado con Paula en que la llamaría para salir, pero antes fui con Dido a tomar unas copas a un lugar del que hablaré más adelante. Del locutorio de enfrente la llamé y me dijo que estaba con sus amigotes del trabajo en su casa, que me fuera para allá. Por supuesto le dije que no. No iba a participar de una "reunión de amigos". Me insistió e insistí en mi negativa. Me dijo de vernos el sábado a la tarde, pero tampoco quería verla de tarde sino de noche. El sábado a la noche ninguno de los dos podía, así que finalmente quedamos en vernos el domingo y me fui a bailar a un boliche de Recoleta.
Yo había tenido una novia, Ana, con la que había cortado un año y medio antes, pero a la cual seguía viendo de tanto en tanto. La verdad es que la seguía queriendo aunque supiera que no era ella la mujer de mi vida, y me gustaba encontrarme con ella, tomar algo y ayudarla en lo que pudiera. Resistente al destino, el sábado 13 de enero la llamé y le dije de vernos.
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30 de enero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA VI
Hay dos versiones sobre lo que ocurrió cuando yo escribí mal el número de teléfono de la chica. Paula dice que ella se fijó de reojo y me avisó del error. Yo creo que le pregunté a ella si lo había anotado bien. Lo cierto es que el número fue corregido y yo me bajé del colectivo, no recuerdo si con un beso en cachete o no.
Nomás bajarnos en la Panamericana, el papá de Lucas me dijo: "¿Viste? Te dije que por algo el otro había pasado de largo". Mi amigo, por su lado, declaró que se jugaba algunas fichitas a mi futuro con la chica.
Llegamos a lo de Marisol y me agarró su papá, de alias "Oiga". Memorizó el número y me lo repetía cada diez minutos. Yo ya lo había anotado en otro papel por si las moscas. El papel duerme ahora en mi billetera.
Aquella noche comimos y brindamos, y más tarde salimos a dar una vuelta con Lucas y su novia en un auto destartalado y sin papeles que el papá tenía estacionado casi como un adorno en la puerta de su casa. Yo me preguntaba si la chica habría llegado bien a destino, y me daban ganas de llamarla, pero me contenía. A decir verdad, la habría acompañado hasta Maschwitz hablando de la vida, pero las circunstancias no habían aconsejado tamaña jugada.
Caímos en una fiesta en la costa norte de Buenos Aires, felices mis amigos de estar juntos y alegre yo de festejar algo. No recuerdo haber chamuyado con muchacha alguna, creo que me dediqué a bailar primero y a pensar después. Es decir, chamuyé conmigo mismo.
Contemplé el amanecer del milenio nuevo frente al Río de la Plata, en la costanera de Martínez. Ella estaba a unas cuadras de allí, pero yo no lo sabía. Observé tendido en la playa, taciturno y con una roca por todo respaldo, a las parejitas tomadas de la mano, que se asomaban ilusionadas a los años por venir. Presentí, porque los presentimientos también pueden equivocarse, un viaje sin retorno a un rincón del mundo más amigable, donde mis preguntas hallaran certezas.
Se hicieron las cinco. La luz perforó por fin mi silencio. Arrojé el violín a las piedras y levanté mi cerveza para brindar mano a mano con ese sol que se desperezaba, por aquella a quien aún ¿no conocía? Le pregunté qué sería de mí ese año, pero nada dijo.
Me di vuelta, y empecé el mejor siglo de mi vida.
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25 de enero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA V
Una vez que le contesté su pregunta, supuse que lo correcto sería devolverle las botellas que me había dado para que se las llevara. Así que lo hice, diciéndole: "Parece que van a tener fiesta, pero si no pueden con todo dejame alguna botella". Segunda sonrisa de la chica.
No me costó mucho entablar un diálogo fluido. Rápidamente, yendo por Juramento hacia Cabildo, nos enteramos de que habíamos estudiado lo mismo (Relaciones Internacionales), de que ella estaba leyendo el mismo libro que yo acababa de terminar ("La diplomacia", de Kissinger) y de que a ambos nos gustaba Palermo Viejo (cuando ese barrio aún era tranquilo).
Me contó que vivía sola y no tenía teléfono fijo, que tenía un perro y que su papá era de Rafael Calzada (yo le dije que conocía Temperley y Adrogué, y por mi memoria pasó fugaz aquella tarde en la cancha con 40 grados de calor). También me contó que sus abuelos maternos eran chilenos, que su abuelo había trabajado vendiendo libros (igual que mi papá), que su hermana era bailarina en Hamburgo (yo prefiero la ópera) y que su mamá vivía en Ljublana (Eslovenia) dando clases de ballet.
Lucas me codeaba, pero yo estaba muy tranquilo. Uno debe estarlo cuando conoce a quien ha esperado tanto tiempo, y debe disfrutar cada instante. Por supuesto, yo aún no sabía quién era esa mujer con la que hablaba, pero me limitaba a chamuyar, hacer chistes y gozar de la situación.
Y así nuestro colectivo tomó por General Paz hasta el Acceso Norte y de allí por Panamericana. Nuestra despedida se acercaba y mi amigo me susurraba al oído: "Pedile el teléfono". En un momento me di vuelta y le dije "Esperá", y continué mi gran charla con la chica.
Ella siempre imita mi mirada de aquella noche, medio de perfil y con la sonrisa torcida. Sería gracioso y revelador tener una foto de nosotros dos en aquel momento, con Lucas ansioso a un lado y su papá expectante al otro.
Finalmente, le dije que ya me bajaba del colectivo. "Me gustaría volver a verte, pero no tengo tu teléfono". "¿Tenés para anotar?", me preguntó ella. La birome frotó mágicamente de su espacio habitual en mi bolsillo izquierdo, y me di vuelta para pedirle a mi amigo un papel. Me dio su caja vacía de Marlboro, que conservo.
La chica me dio el número de su celular, y yo lo anoté mal.
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23 de enero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA IV
Con sus botellas en mis brazos, seguimos viaje. Ella, de pie delante de mí y yo al acecho, sin hablar. Unas cuadras más allá, pasando Pacífico, el hombre o el ángel que estaba entre el papá de Lucas y la ventana se levantó para bajarse. Mi reflejo fue inmediato. "Correte", le pedí, casi le ordené, a Tito. Y él lo hizo.
Paula dice que ese movimiento le pareció extraño. Ella había interpretado que los tres veníamos juntos, por lo cual era ilógico que quedara un hueco entre él y yo. Pero se sentó sin pensarlo más. El papá de Lucas abrió la ventana y le dijo a Paula, casi como en plan de excusa por su maniobra anterior: "Con este calor no se puede respirar".
De repente la chica sacó un papel de algún bolsillo, o de la cartera, y lo leyó. Yo miré de reojo. "Ing. Maschwitz, km. 47". Sobraba el tiempo. Ella estaba nerviosa y le preguntó al papá de Lucas: "¿No sabe si este colectivo me deja bien en Maschwitz?". "No sé, pero esperá", le respondió él. "Ignacio ¿vos sabés si este colectivo la deja bien en Maschwitz?" Ella torció su cabecita y me miró.
La maniobra había dado su fruto. "Sí, te deja bien", le dije.
Si me hubiera preguntado si la dejaba bien en Egipto también le habría dicho que sí.
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17 de enero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA III
Esperamos unos minutos y pasaron algunos 60 más, pero no del ramal que debíamos tomar. Al fin, el nuestro apareció y paró. Las damas subieron primero, y yo detrás. Elegí un asiento en la fila de cinco, atrás de todo, y en la ubicación del medio. Pensé que Lucas y el papá se sentarían juntos, pero lo hicieron a cada uno de mis lados. El colectivo se llenó rápidamente, y un par de paradas después no quedaban asientos vacíos.
En Plaza Italia, exactamente en Santa Fe casi esquina Uriarte, subió ella. Había pasado el día en el Tigre con su papá, y tenía que ir a una quinta en Ingeniero Maschwitz, a 40 kilómetros de Buenos Aires. Había vuelto al centro solo para pasear a Rosko (ay, cómo te extraño). Fue este personaje el culpable de que ella estuviera allí a esa hora. Y ahora, había estado un largo rato esperando que apareciera el colectivo que la llevara a aquella quinta. Finalmente, se hartó y subió al mío, sin saber a ciencia exacta si era ese u otro.
Después de que el chofer le dijo que más o menos la podía dejar donde iba, ella se dio cuenta de que no le alcanzaban las monedas para viajar hasta allá. El chofer, anónimo enviado de un destino, le dijo que pasara igual.
Hablaba por su celular, nerviosa. En una mano, un tiramisú. En la otra, la del celular, una bolsa con bebidas. Y colgada del brazo, la cartera. Yo ya la había relojeado desde mi ubicación al fondo hasta allá delante, cuando sacaba su boleto. Lucas me codeó.
Se paró exactamente delante de mi asiento, sin mirarme siquiera. A las pocas cuadras ocurrió lo que yo esperaba. A la primera frenada en seco del colectivo, casi se vino abajo con todos sus accesorios. La miré y le hice la primera pregunta de esta historia: "¿Querés que te lleve algo?" Y entonces ella me miró y me sonrió.
Eran las nueve menos diez de la noche del 31 de diciembre del 2000.
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16 de enero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA II
A las ocho de la noche, después de la duchita y la camisa blanca con jeans, me tomé un taxi para ir a lo de Lucas, desde donde iríamos a lo de su novia. Marcelo T. de Alvear, Callao, Arenales, Austria hasta la esquina con Melo. Allí bajé y caminé hasta el edificio de mi amigo. Toqué el portero eléctrico y le dije: "Llamemos un remis". Él no quiso, iba con sus papás, su hermana y su bolsillo flaco.
En el camino desde este lugar hasta la parada del colectivo, los padres de Lucas se encontraron con una pareja amiga y se detuvieron a charlar unos minutos. Este detalle, intrascendente en un día cualquiera, no es menor cuando uno ya sabe que aquello era una pieza más del dominó. Si no hubiera caído, las fichas siguientes tampoco lo habrían hecho.
Una vez en la parada de la avenida Las Heras, nos detuvimos a esperar. Había que tomar un ramal del 60, el que iba por Panamericana. A los pocos minutos apareció uno y levanté el brazo, pero el chofer tenía intenciones de terminar temprano su faena para irse a festejar, y pasó de largo con mi lamento consiguiente.
"Siempre odié a esta línea", le dije a Tito, el papá de mi amigo.
Ahora la amo.
CONTINUARÁ
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12 de enero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA I
Aquella tarde, cuando salí a caminar por las tórridas calles de Buenos Aires, no imaginaba que sería mi último paseo en vida. En mi vida anterior, claro está.
Ese fin de semana tenía un día de más. En mi trabajo habían anunciado el jueves que el viernes no sería laborable, y yo había lamentado no haberlo sabido antes para reservar pasajes a cualquier lugar lejos de la ciudad con más antelación. Me habría gustado repetir la experiencia del Año Nuevo anterior, en que me había tomado un micro a Puerto Madryn y había recibido al nuevo año en un asado con 7 desconocidos, que me habían despertado de la siesta para preguntarme si me quería sumar al festejo en el hotel.
Había llamado a la casa de mi cuñado en Mar de Ajó para ver si me podría ir a recibir el nuevo milenio allá, frente al mar. Varias veces había ido, pero esta vez, por primera vez, me respondieron que sería mejor esperar otra oportunidad. Así pues, me resigné a quedarme en la insoportablemente calurosa Reina del Plata.
Tenía varios ofrecimientos para pasar el Año Nuevo en distintos lugares. Mi hermana María Fe, que vivía en un campito cercano a Campana. Mi hermano Fernando, que la pasaría con sus suegros. Mi amigo el Omar, que estaría en lo de unos amigos en Palermo Viejo, junto con Dido. Arturo, en el Monumental de Guido. Y por último, Marisol y mi amigo Lucas, que estarían en lo de Oiga y AM, los papás de ella. Esta última fue la opción que elegí.
Mientras el sol recorría su última curva en el milenio porteño, volví de mi vagabundear por esas calles y le envié un mail a mi prima Dolores, a Barcelona. "No sé qué hago en Buenos Aires en este día", le escribí.
Ahora sí lo sé.
CONTINUARÁ (Para leer el relato completo, que fui escribiendo de a poco, clickear en este enlace y leer los capítulos de abajo hacia arriba. Es decir, el epílogo es, valga la redundancia, la última parte).
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TEMAS: PAULA
8 de enero de 2007
LOS MUSEOS Y LA HISTORIA
Es difícil entender cómo las pinturas más famosas de la cultura greco-latina se salvaron de su peor enemigo, y a la vez defensor: el hombre.
"La Ronda de Noche", obra magna de Rembrandt que acompaña estas líneas, debió ser sacada de Amsterdam y trasladada a un refugio secreto a 35 metros de profundidad en Maastricht, para que no fuera robada o destruida por los invasores alemanes en los inicios de la II Guerra Mundial.
En este período, todas las pinturas de la National Gallery de Londres fueron trasladadas a lugares más seguros en Gales, al norte de la isla, para protegerlas de los bombardeos nazis.
El Museo del Prado también fue cerrado y muchas de sus obras llevadas a Valencia y Gerona primero, y a Ginebra después, durante la Guerra Civil Española, entre 1936 y 1939. Allí quedaron bajo la protección de la Sociedad de las Naciones (organismo antecesor de las Naciones Unidas), pero al desencadenarse la Segunda Guerra Mundial (justo en 1939, año de la finalización de la Guerra Civil Española), las obras fueron repatriadas a Madrid en trenes nocturnos que atravesaron Francia.
Uno de los casos más dignos de alivio es el del Museo Hermitage de San Petersburgo, cuyo destino estuvo a un paso de la destrucción en la Revolución Rusa de 1917. La razón fue que el nuevo sistema de valores imperante incluía la lucha contra todo lo que representara la cultura occidental. El poeta nihilista Kirilov proclamaba: "En aras de nuestro mañana quemaremos a Rafael, destruiremos los museos, pisotearemos las flores del arte".
Fue Lenin quien salvó las obras de arte, al firmar un decreto que mandaba inventariar y proteger todas las manifestaciones de significación artística e histórica de Rusia. Esto incluía, por supuesto, todas las colecciones de pintura en suelo ruso. Años después, con la invasión nazi a Rusia, las obras fueron trasladadas por miles de voluntarios y volvieron a salvarse.
En cuanto al Louvre, "La Gioconda" de Leonardo Da Vinci fue escondida en 5 lugares diferentes durante la Segunda Guerra Mundial. Ahora descansa en una sala especial.
Desgraciadamente, el pillaje de obras de arte se ha producido en distintos sucesos de la historia, tales como las invasiones napoleónicas o el colonialismo inglés y francés en Grecia, Egipto y varios puntos de Oriente. Muchos museos cuentan con pinturas ganadas en campañas de guerra o adquiridas en procedimientos poco claros, y esto sigue generando controversias.
Leonardo Da Vinci habría sonreído si hubiera pensado que sus obras estarían en peligro de ser bombardeadas por aviones, esos vehículos que él soñó durante toda su vida. Afortunadamente, esta vez el arte pudo más que la ciencia.
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TEMAS: ARTE
3 de enero de 2007
NUESTRA TARJETA DE FIN DE AÑO
Paula y este servidor tienen la costumbre de enviar, cada diciembre, una tarjeta donde narran e ilustran su paso por el año que termina. Creo que es una buena ocasión para dedicarla también a quienes visitan asiduamente este rincón, pues ya que Paula no escribe en él, por lo menos podrán adivinar su forma de ser (claramente representada en las líneas y las fotos elegidas de la tarjeta).
Sé que quienes no nos conocen ignoran la mayoría de los datos que acá se dan por sobreentendidos. Pero de todas maneras puede ser entretenido curiosear lo que fue el 2006 para una familia de la que solo conocemos reflexiones sueltas en un blog. ¡Y las fotos de nuestras hijas valen la pena!
Para leer la obra, hay que clickear sobre cada una de las dos imágenes, que se agrandarán (por la magia de Internet y también por efecto de mi orgullo de tener esta familia).

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TEMAS: FAMILIA
2 de enero de 2007
29 de diciembre de 2006
VA LLEGANDO EL 2007
Agradezco a todos los que han seguido este espacio durante el año que termina, porque ya sea con sus comentarios o con su paso anónimo o fugaz incentivan a su autor a pensar en ellos cuando escribe y "da cauce a sus afanes literarios". Feliz de aquél que puede expresar lo que piensa y siente sin más límites que los que impone su sola humanidad. Infortunado aquél que se cree dueño de la verdad, y más infeliz aún quien renuncia a indagarla en todos los rincones y detalles de su existencia. La verdad, la bondad y la belleza nos harán libres, y de buscarlas se trata la vida.
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TEMAS: VALORES
22 de diciembre de 2006
FELIZ NAVIDAD
Dios se hizo hombre y nació de la Virgen indefenso, fue envuelto en pañales y colocado en un pesebre, porque no había sitio para él en una posada.
«Se despojó de su rango —como escribe san Pablo— y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos» (Flp 2, 7).
Nunca comprenderemos plenamente este misterio de humillación extrema. Con este acontecimiento, que conocemos tan bien por el evangelio, Dios entró en la historia del hombre para quedarse con nosotros hasta el fin. A lo largo de dos mil años, desde Belén se ha difundido por todo el mundo el gran mensaje de amor y reconciliación.
(Juan Pablo II, 23 de diciembre de 1998)
La imagen corresponde al retablo "La adoración de los Reyes", de Gentile da Fabriano, que fue pintado en 1423 para la Capilla de San Onofre, actualmente Iglesia de Trinidad, en Florencia.
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TEMAS: VALORES
21 de diciembre de 2006
VERANO
Hoy en Buenos Aires empieza la estación más esperada del año. Si la primavera suscita cursilerías varias, el verano da pie al descanso, al balance anual y a los festejos de fin de año.
Diciembre es el mes de las reuniones entre compañeros de trabajo, ex colegas, miembros de una u otra asociación, logia o cofradía, amigos de la vida, egresados de una promoción, familiares que se ven una vez al año y varios etcéteras.
Estos encuentros son genuinos en ciertos casos y forzados en otros, lo que no desmerece el valor de la camaradería y el interés por el otro, que está encerrado en su sentido. Pero siempre podemos encontrar algo bueno en el interior de aquél con quien brindamos (y confiamos en que ellos lo hallan en nosotros).
Después sobrevienen las fiestas. La Navidad, de la que ya hablaremos, alegre y fraternal para unos y difícil o solitaria para otros, al igual que el Año Nuevo, al que también me referiré.
Y el tercer capítulo es el del descanso para los que pueden. Playita, campo, sierras, paisajes que placen al espíritu y lo alejan de las tormentas cotidianas para recomponer fuerzas, hacer balance, dibujar proyectos y trazar metas. Otros preferimos, en principio, tomarnos vacaciones en otra época, cuando los lugares de descanso están vacíos.
El verano es la estación de los pantalones cortos, la birrita refrescante, las ventanas abiertas al mundo, las sombras frescas de los árboles porteños, las mesitas en la vereda, las lunas calurosas, los ardientes abrazos del sol callejero, las ropas claras y ligeras.
Del otro lado del mundo (en términos geográficos) les toca el invierno. Y así la vida sigue girando y repartiendo frescores y calores a diestra y siniestra, mientras los hombres seducen inmaculados sueños.
Bienvenido sea el verano con sus soles y sus sombras.
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18 de diciembre de 2006
METAS QUE SE CUMPLEN
Pocas cosas dan más satisfacción en la vida que la certeza de haber llegado a un objetivo que alguna vez apareció lejano, si no imposible. Uno suele planificar metas más o menos realistas a largo plazo, y también sueña con aquellos logros que la razón marca como casi imposibles. Sin embargo, es la vida la que a veces va mostrando el camino y superando los mismísimos sueños.
Un llamado, una carta, un encuentro callejero, una presentación a alguien, un aviso. Esto no se planifica, está regido por el destino, el azar o la Providencia, llámese como se llame. Y uno se encuentra dándole forma a lo que se pensaba imposible por motivos económicos, temporales o vagamente personales.
Es entonces cuando la montaña viene a Mahoma y Mahoma solo debe decir que sí por toda colaboración con la contingencia.
En muchas ocasiones las barreras son mentales, no existen en la realidad. Nadie escribirá lo que no escribamos, nadie hará ese gol que no queremos hacer porque no nos animamos a patear al arco. Nadie regará aquella semilla que nos espera para crecer, ni dejará esa huella en el sendero que otro usará para guiarse hacia su propia meta.
Como leí alguna vez por ahí: En lugar de pedirle cosas a la vida, preguntémonos qué nos pide ella a nosotros. Y hagámoslo.
"A las cosas", nos dijo Ortega y Gasset. Ésta debe ser la obsesión, a partir de la razón y hacia la meta final, a través de la libertad interior. No hay tiempo que perder.
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11 de diciembre de 2006
EL PLACER DE LA PICADA

Una de las tórridas noches del pasado fin de semana me trajo al paladar una picadita con Paula y Sofía. Entonces decidí que ese rato merecía un lugar en este espacio.
Una picada se hace con todo lo que se tenga y sea susceptible de servir en una tabla o en un platito. Lo recomendable, como siempre, es lo sano y natural. Nada de papas fritas, palitos o chizitos (aunque en caso de no tener nada mejor, me quedo con los últimos).
Nada como unos buenos quesos gruyere, camembert, roquefort o el afamado queso Mar del Plata con pan o galletitas (prefiero evitar las tostadas que quedaron del desayuno).
Otro infaltable es la aceituna. Las descarozadas son más cómodas y expeditivas, pero las verdes con carozo tienen un encanto de bodegón que las hace más nobles. La combinación con aceitunas negras siempre es recomendable.
Otra bandeja debería tener frutas secas. El maní (pelado o con cáscara) en primer lugar, y después las demás: castañas de cajú, deliciosas pero muy caras, avellanas, almendras, nueces y piñones. Con las nueces ocurre lo mismo que con las aceitunas: son más cómodas peladas, pero nada como romper la cáscara con un buen mortero o cascanueces, aunque sea poco práctico para una conversación sostenida con el resto de los comensales.
Pasamos a los chacinados. Cocido y crudo, salamín y cantimpalo (en cantidad moderada, para evitar indigestiones).
También respeto mucho los cebollines, las alcaparras y los pepinillos. El secreto está en alternar los gustos fuertes con los suaves.
Los pescados también cumplen un rol de fineza en la picada. Las sardinas, el pulpo, los calamares en su tinta. Y si uno está en un muelle, nada como unos buenos cornalitos frescos, con limón para este servidor.
Otra variante es una tortilla en pedacitos cuadrados o triangulares. Sin dudas la tortilla española es superior. Y aquí ya nos aventuramos a componentes más preparados, que demandan más tiempo. Una de las virtudes más sobresalientes de la picada es, justamente, que hace honor a la improvisación y evita esperas hambrientas. Un par de salsitas nunca viene mal para enriquecer el paladar. Dicen que en los restaurantes el que hace las salsas es el mejor chef de la cocina.Para el final, elegir la bebida. Cerveza y vino tinto se llevan las palmas, aunque como siempre eso queda a gusto del consumidor.
Por supuesto, todo lo anterior pertenece al manual de la picada. Pero como ya hemos dicho, la virtud primera de toda reunión alrededor de una mesa ratona es la improvisación. Se puede inventar platillos o tapas de cualquier cosa. Restos de una tarta de acelga, trocitos de palta con aceite de oliva, daditos de pan fargo apenas tostados con tomate y orégano. En fin, son solo algunos ejemplos de entre centenares.La picada es un culto al arte. Uno de sus encantos es la gama de matices que proporcionan al comensal el goce estético de la contemplación. Da pena empezar una picada bien presentada y quebrar esa armonía de aromas y colores.
He gozado, por supuesto, de innumerables picadas, pero recuerdo una, breve y frugal, como ninguna otra. Fue en la habitación de un albergue para estudiantes (o "hostel", como les dicen ahora con pretendido cosmopolitismo). Había viajado de Dublin a París con poco efectivo y mucho ragú, y un compañero español me vio flaco al punto de regalarme un jamón serrano que le había puesto su madre en el bolso antes de partir. Me lo comí solo, sin testigos, pero con un placer pocas veces experimentado en picadas mucho más abundantes. A él, pues, van dedicadas estas líneas gastronómicas.
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5 de diciembre de 2006
SERÁ EN EL 2007
Si alguien sabe cuántos partidos había perdido Marat Safin en Moscú antes de esta serie, por favor que me lo diga. Lo cierto es que Nalbandian le ganó fácil en tres sets y Acasuso estuvo a punto de llevarlo a un quinto set de resultado impredecible para el ídolo ruso. El equipo argentino volvió a demostrar, por si hacía falta, que ya merece largamente la Copa Davis, esa copa que se muestra seductora y nunca termina de darnos esa cuota de suerte necesaria para quedarnos con ella. Con el resultado puesto, fácil es decir que la decisión de poner a Chela frente a un nervioso Davydenko el viernes fue un error. Sea como fuere, Acasuso jugó fresco el domingo y estuvo a un punto de empatarle el tie break a Safin en el cuarto set, y a tres de llevarlo a una definición impensada para él. Y estaba bastante claro, además, que la llave de la victoria final pasaría por los tres puntos jugados por Nalbandian. El cordobés de Unquillo volvió a ratificar su condición de crack y a ofrecer un tenis de calidad que en el circuito solo tiene Federer, por oposición a los atletas como Ljubijic, Nadal, Roddick y Davydenko. El gran mérito del equipo ruso debe ser dado, como dijo Safin, a Dimitri Tursunov, que en el punto clave del dobles no dejó dudas sobre a quién correspondía la vistoria. Él fue, además, el que le ganó a Roddick y le dio el quinto punto de la semifinal a Rusia, con lo cual decretó que deberíamos jugar otra final de visitantes. Volveremos a tener noticias de este jugador radicado en California. La Argentina viene teniendo mala suerte en el sorteo de la Copa Davis. Sendas semifinales con España y Rusia de visitantes en 2002 y 2003, este año con Croacia en cuartos y la final otra vez en Moscú. Es cierto: siempre, o casi siempre, hay que jugar series afuera, pero los equipos campeones, en su gran mayoría, han triunfado de locales. Croacia fue el ganador el año pasado sin haber salido de su tierra, y Eslovaquia llegó a la final, a su vez, sin haber jugado nunca de visitante, y con poner una superficie difícil y tener un jugador copero como únicos méritos. En 2004 nos tocó en cuartos de final en Bielorrusia, en una superficie ultrarrápida (casi fuera del uso internacional) y en 2005 en Eslovaquia, con aquellas flojas actuaciones de Coria y la derrota en el dobles. Otro factor a tener en cuenta es la serie de lesiones, suspensiones y bajones tenísticos que fueron afectando al equipo argentino: Cañas se lesionó justo antes de la semifinal con Rusia en el 2002, cuando era un Top-10. En el 2004, Coria y Nalbandian se lesionaron antes de la serie en Bielorrusia, a la cual no está de más recordar que Chela se negó a ir y fue reemplazado por Cañas con fiebre. En el 2005 empezó el bajón de Coria y Gaudio, y ahora en el 2006 nos quedamos sin Puerta y Cañas, suspendidos por doping. Que hayamos llegado a otra final después de aquella del 81, sin varios de los integrantes de esta generación triunfal del tenis argentino, marca la realidad de que la Argentina es uno de los países más poderosos del mundo en materia tenística, junto con Rusia y España. Es cierto que Croacia, por ejemplo, se vio afectado por la lesión de Ancic en la serie con la Argentina. Pero es que la diferencia en esa serie fue, justamente, el recambio de uno y otro equipo, que según se sabe es decisivo en Copa Davis. Para el 2007 el cuadro parecería indicar la probabilidad de un enfrentamiento de locales con España o Estados Unidos en semifinales (si es que pasamos a Austria allá y a Suecia de visitantes), y una posible final con Australia en Sydney o con Rusia en el Parque Roca. Es más favorable que el sorteo del 2006. En cuanto al equipo, Nalbandian amaga con tomarse un descanso en febrero, confiado en que lo de Austria no será complicado para sus reemplazantes. Asoma el regreso de Cañas, más adaptable a cualquier superficie, y asoma también el juvenil Del Potro, que da signos de que terminará el 2007 entre los 50 primeros del ranking. Todo está por verse. La verdad es que si la Argentina aún no ha ganado la Davis, esto se debe a una sucesión de infortunios en lesiones, suspensiones y sorteos. Cuando uno observa que Sudáfrica la ganó alguna vez, la pregunta es automática: ¿No es una broma del tenis que nosotros aún no tengamos esa veleidosa ensaladera?
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TEMAS: DEPORTE
27 de noviembre de 2006
LAS PESADILLAS DE LA RAZÓN
Siempre he pensado en el final que tuvo el Siglo de las Luces con su Revolución Francesa, que se devoró a los que la habían impulsado en nombre de la razón y la libertad.
Descartes sentó las bases del racionalismo filosófico al ubicar en primer lugar a la razón y recién después al ser. "Pienso, luego existo". Rousseau inventó el Contrato Social, anterior a la sociedad natural, como un pacto entre los individuos que por decisión de la voluntad general se ponen de acuerdo (y el que no acuerda, queda fuera del sistema) sobre los derechos de los hombres. Es el triunfo de la voluntad frente a la razón fría de sus predecesores, pero lleva también a una tiranía de la mayoría. Es la búsqueda permanente de un absoluto en un romanticismo que también conducirá a excesos sin retorno. La Revolución Francesa instituyó su Declaración de los Derechos del Hombre, y en su nombre guillotinó a miles de personas mediante el Régimen del Terror (entre ellos, al mismo que había creado la guillotina).
El siglo XIX vio el intento restaurador de las monarquías europeas y la solución de conflictos sin grandes guerras, con la ilusión del progreso ilimitado. Pero la naturaleza humana respondió, y la reacción llevó a las denuncias del marxismo y el anarquismo primero, y al ascenso del irracionalismo después. Hitler y Stalin representaron fielmente ese abandono de la razón en el siglo XX, que dejó millones de muertos. Actualmente asistimos a la era posmoderna del vacío, del pensamiento débil y la modernidad líquida, donde todo puede ser puesto en duda y ninguna certeza es absoluta. Se erige una ética a la carta en la que cada conciencia es puramente individual e inmanente, y no trasciende las fronteras de la propia libertad. Pragmatismo puro.
El secreto, como siempre, parece estar en el equilibrio. Ni racionalismo absoluto y prepotente ni pasiones desbocadas y tiranas. El hombre viaja en un carro tirado por dos caballos: la razón y los instintos. Si uno hace más fuerza que el otro terminaremos mal.
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TEMAS: FILOSOFÍA CASERA
24 de noviembre de 2006
ARRANCAR DE CADETE
Siempre que se festeja el Día de la Madre, del Padre, del Bancario, de los Enamorados, de la Secretaria y tantos más me hago la misma pregunta: ¿Por qué no existe aún el Día del Cadete?
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TEMAS: HOMENAJE
22 de noviembre de 2006
HOMBRE Y MÚSICA
Durante el reinado de la gloriosa dinastía Tang, en el Segundo Imperio de la antigua China (del 613 al 907, si no me equivoco), la educación de un noble tenía como materias principales las siguientes: Manejo de carros, lanzamiento con arco, caligrafía, matemática, música y ritos.
La diferencia en la valoración de ciertas disciplinas y actividades con el presente es llamativa. El manejo de carros y el lanzamiento con arco han sido reemplazados por otros oficios o técnicas. La caligrafía permanece, aunque a mal traer y cuestionada por quienes auguran la suspensión de toda convención literaria. Los ritos, como dijo el zorro al Principito, se tratan de algo bastante olvidado. Pero lo que más llama la atención, a juicio de este servidor, es la inclusión de la música entre las seis materias fundamentales que todo noble (es decir, todo ciudadano capaz en la concepción antigua) debía dominar.
Hoy en día, la música es enseñada en las escuelas, pero quien se dedica a ella es considerado un bohemio alejado de las carreras clásicas como la economía, el derecho o la medicina. No hay seguridad económica para quien elige el camino de la música, y ésta es ubicada con frecuencia en la inofensiva categoría de hobby.
La música nació con el hombre, y fue a través de ella que el género humano intentó comunicarse con la divinidad y con los muertos. Se ha comprobado que los bebés ya escuchan la música desde el seno materno, antes de nacer, y que esto favorece la comunicación del bebé. Aún más, después de nacer el bebé reconoce la música que oía dentro de su madre a partir del quinto mes.
Otros estudios dan cuenta de un discutido "Efecto Mozart", que estimularía las funciones cerebrales, reduciría el stress y la depresión, y mejoraría la salud, al escuchar las sinfonías del célebre compositor.
Existe además una disciplina -la musicoterapia- que usa la música para tratar enfermedades y acompañar procesos educativos.
Invito al lector a escuchar algunos fragmentos de Pachelbel, Albinoni, Haydn, Vivaldi, Haendel, Mozart y Bach, en el Día de la Música instituido en honor de Santa Cecilia.
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TEMAS: MÚSICA
EL OTRO YO
La novela "Crimen y Castigo", de Fedor Dostoievski, narra el asesinato de una prestamista por parte de Raskolnikov, el protagonista, quien se debate durante toda la obra entre la culpa y la convicción de haber hecho justicia sin apelar a jueces externos sino a la propia conciencia. Es decir, la conciencia lo ha guiado el crimen y después le reclama la redención. Es la tensión entre las dos caras del ser humano, capaz de las mejores y las peores acciones.
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TEMAS: FILOSOFÍA CASERA
16 de noviembre de 2006
EL SUEÑO
Si el sueño fuera (como dicen) una
tregua, un puro reposo de la mente,
¿por qué, si te despiertan bruscamente,
sientes que te han robado una fortuna?
¿Por qué es tan triste madrugar?
La hora nos despoja de un don inconcebible,
tan íntimo que sólo es traducible
en un sopor que la vigilia dora
de sueños, que bien pueden ser reflejos
truncos de los tesoros de la sombra,
de un orbe intemporal que no se nombra
y que el día deforma en sus espejos.
¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?
(Jorge Luis Borges, 1964)
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TEMAS: LETRAS
14 de noviembre de 2006
VENTAJEROS
Una actitud que detesto de muchos porteños es ese afán de sacar ventaja, aunque sea mínima, de todo.
Esta misma mañana iba a tomarme el subte y tuve que desviarme para cruzar la calle porque un auto estaba estacionándose sobre la línea peatonal. Yo venía de regular humor por distintas circunstancias de la mañana, así que la cara que le dirigí a la conductora (una paqueta señora de Colegiales) debía ser bastante amenazadora. Se quedó esperando dentro de su auto hasta que me alejé después de decirle, respetuoso pero firme, un par de cosas. Una vez que estuve a unos 40 metros se bajó del auto con la cara de mármol típica de los porteños ventajeros.
Otros ejemplos de lo que digo son los siguientes:
- Señoras que se abalanzan sobre un asiento repentinamente desocupado a tres filas de ellas, con su mejor cara de nada. Estos seres especulan con que si uno les dice algo quedará como el maleducado que no quería darles el asiento.
- Pasajeros de subte o colectivo que se duermen repentinamente apenas sube una anciana, una embarazada o cualquier persona sospechosa de necesitar un asiento urgente.
- Ciclistas que cruzan en rojo y se ríen de las palabritas que uno les dirige desde atrás.
- Repartidores de comida que marchan en sus motos a contramano por las calles del barrio.
- Habitantes de Buenos Aires que sacan a su perrito a pasear y no recogen la caca de su inocente mascota.
- Personas que aprovechan que el colectivo frena unos metros más allá de la parada para subirse por delante del que estaba primero en la fila.
- Cajeros que pretenden redondear el vuelto a favor de ellos, cuando existe una norma que los obliga a favorecer al cliente.
- Conductores con calcomanías de discapacitado que podrían correr la carrera de San Silvestre.
Estos son solo algunos ejemplos. En todos los casos, las reacciones más comunes de los vivos frente a la protesta de uno son dos:
- Indiferencia absoluta hasta que pase el temporal.
- Postura de ofendidos por la reacción extemporánea del afectado.
Como conclusión de esta columna, quiero decirles a todos los vivos y ventajeros que pululan por la ciudad de Buenos Aires que los detesto profundamente y disfruto con mucha fruición cada vez que veo que una avivada les salió mal. Ya volveremos a hablar de ese defecto tan argentino y tan lamentable.
Amén.
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TEMAS: BUENOS AIRES, VALORES
13 de noviembre de 2006
PUMAS EN LONDRES
Mientras sigo esperando que el tenis nos dé a los argentinos la alegría deportiva que no pudieron darnos el fútbol, el basquet y el hockey, los Pumas se sacaron de encima otra cuenta pendiente y le ganaron a los ingleses en su casa de Twickenham por 25 a 18.
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TEMAS: DEPORTE
9 de noviembre de 2006
POR AMOR AL ARTE
El miércoles 1 de noviembre Paula y este servidor cumplieron 4 años de felizmente casados y fueron a celebrarlo a Positano, un restaurante que recomiendo fuertemente a todo aquél que pueda destinar unos cuantos pesos de su bolsillo a una salida de éstas. Está allí donde la calle Olleros se hace boulevard, en el barrio de Palermo (Belgrano empieza oficialmente en la calle Zabala, a pesar de un proyecto de algunos vecinos que piden trasladar ese límite a Jorge Newbery).
En este restaurante existe un espectáculo brindado por cantantes de ópera del Teatro Colón, que a los aficionados de este género musical, y a cualquier persona sensible al arte, sin dudas dejará con la panza llena, más allá del exquisito menú que se ofrece.
A raíz de este evento, me puse a pensar en esa capacidad maravillosa que tiene el arte de lograr que alguien se conmueva sin estar viviendo el sentimiento que la obra relata o encarna. Bioy Casares, poco antes de su muerte, escribió acerca de una máquina ficticia que permitía la transferencia de sentimientos entre las personas. Este instrumento no existe en la realidad, pero el arte es la expresión más cercana a ella, y no como herramienta sino como un grito que proviene del fondo del alma de alguien y nos llega a nuestras fibras sentimentales.
La música, la literatura, el cine, provocan una compenetración emotiva con sus mensajes que ninguna otra actividad humana puede lograr. El eco depende del público, y por supuesto de la calidad de la obra. Pero lo maravilloso es pensar que nos podemos conmover ante los sonidos de "Nessun dorma", de Puccini, o frente a la lucha de Jean Valjean, el héroe de "Los Miserables" de Victor Hugo, o con el lamento desgarrador de un cantaor sobre un tablado de Sevilla, sin haber participado de la historia ni haber conocido directamente a sus protagonistas. Y por añadidura, casi siempre lo que se nos está relatando o cantando o mostrando no ha sucedido en la realidad, y lo sabemos. Solo el arte puede hacerlo.
¿Por qué ocurre esto? La respuesta adecuada, tal vez, sea la de George Bernard Shaw, famoso escritor irlandés de fines del siglo XIX y primera mitad del XX:
"Los espejos se emplean para verse la cara; el arte para verse el alma".
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TEMAS: ARTE
7 de noviembre de 2006
ARRANCAMOS DE CERO
Este blog ha sufrido algunas modificaciones menores. Como consecuencia de ello, los records del Pac-Man han desaparecido, y se me ha ocurrido la idea de dar por terminada la competencia obsesiva que se había desatado para arrancar de nuevo. El podio de la primera temporada quedó así:
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TEMAS: OCIO
NO SOY UN VASO
Ayer por la tarde en casa estábamos tomando el té, y se me ocurrió brindar. Sofía, que estaba de mal humor porque se acababa de levantar de su siestita, dijo que no quería hacerlo. Paula chocó entonces, muy levemente, su vaso de Nesquik con la cabeza de la pequeña y le dijo: "Salud". Sofía la miró duramente y le espetó: "No soy un vaso".
A veces me pongo a pensar quién me gustaría ser si me tocara encarnarme en la forma de algún objeto determinado. Pongamos por caso un libro, o un disco, o un árbol.
En nuestro balcón elegiría ser, por ejemplo, el jazmín de Madagascar que nos regaló mi hermana María Fe, porque es el que más cerca está del equipo de música, se enreda en toda la reja y puede recibir el sol intensamente.
En nuestra biblioteca, me gustaría ser El Principito, porque está en el borde de uno de los estantes y desde su ubicación se puede observar todo el panorama de la sala y la cocina. Además, es uno de mis libros preferidos, como ya he comentado.
En el caso de los discos, me gustaría ser alguno de Genesis, por razones obvias. Además, desde su ubicación en mi discoteca se puede ver la sala y también el paisaje más allá del balcón. De tarde en tarde recibe algún resto de sol, pero no llegan a él las tormentas porteñas.
Si fuera un árbol las opciones son muchas. Un árbol que siempre miro con nostalgia y al pasar para que no se note demasiado es aquél de Virrey Loreto y Superí, en el que Rosko dejó uno de sus últimos regalitos que yo juntaba con la debida bolsa. Ese es para mí un hito geográfico en el barrio. Sé que se puede deducir de este párrafo que estoy completamente loco y hasta resulte un poco desagradable con mi elección, pero es así la cosa. Si no les gusta ese árbol tengo otros.
¿Y si fuera un vaso? Yo creo que me gustaría ser uno de esos que sirven para desatar conversaciones pendientes hace mucho, confidencias a un oído amigo o declaraciones de amor a la persona indicada. Nuevamente creo que mi elección puede merecer calificativos de cursi o sensiblero. Pero la vida es eso entre otras cosas: comunicación pura, más simple de lo que parece. Y a veces, el trago que uno pide comunica gestualmente más de lo que uno está dispuesto a comunicar con sus palabras.
Ahora bien, en tren de ser más concreto, preferiría ser un porrón de cerveza. De esos de vidrio grueso y asa ovalada, ideales para chocar sin vergüenza, en un brindis de verano, con la espuma cayendo un poco por un borde. Ni una copa de champagne, ni una copa de vino tinto ni un vaso para cóctel. Ni mucho menos un descartable de plástico, de esos que sirven para calmar la sed en la cancha o para brindar en la oficina y después se tiran. Yo soy, o pretendo ser, un porrón de cerveza, transparente, aguantador, simple y compañero.
Sofía me ha inspirado estos pensamientos.
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TEMAS: OCIO
1 de noviembre de 2006
FELIZ ANIVERSARIO
Hace ya cuatro años que Paula y yo nos casamos. Puedo decir que fue la mejor decisión que tomé en mi vida. Estoy intentando que ella piense lo mismo.
Aquella mañana me fui con mi amigo el Capitán Escarlata a comprar el cotillón. Fue divertido elegir pelucas, sombreros, gorros, collares, trompetas y otros objetos de San Lorenzo y comprar metros de tela azul y roja que funcionarían como banderas en la fiesta.
Llegamos a la Basílica del Pilar mientras se casaba la pareja anterior a nosotros. La Abuela quería entrar por el pasillo central de mi brazo en pleno casamiento ajeno, y me decía que en Chile se hacía así. Por suerte logré convencerla de que lo indicado era aguardar nuestro turno y nos fuimos por un pasillo lateral a la iglesia. Nos quedamos en la sacristía esperando por nuestro momento y recibiendo las visitas de los familiares ansiosos. Finalmente, llegó la hora y encaré el altar para esperar a la novia.
El primer lugar donde nos sacamos fotos fue el bar "Los Porteños". He puesto la foto: allá al fondo, debajo del vidrio, le había declarado mis sentimientos a una Paula algo escéptica el 20 de enero de 2001. En segundo lugar fuimos al Jardín Japonés, a la vera del cual me robarían la alianza de oro dos meses más tarde y, vaya detalle que tuvieron, dos años exactos después de haber conocido a mi mujercita.
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TEMAS: ANECDOTARIO, FAMILIA



