16 de noviembre de 2009

TU MUNDO Y EL MÍO: NUESTRO MUNDO

Alguna vez había escrito unas líneas por el centenario de San Lorenzo. En la tarde de ayer sumé otro capítulo en esa historia al ir por primera vez a la cancha con un hijo mío. En este caso, Sofía.

Los enanitos te dan sorpresas: Iba por mi segundo plato de ravioles y le pregunté si quería ir a la cancha conmigo, y de forma inesperada me dijo que sí. Así que allá fue, a sus cinco años, igual que yo en aquella lejana tarde en que mi papá me llevó al Viejo Gasómetro y San Lorenzo también perdió. Un amigo mío y su papá nos acompañaron.

Valentina se quedó medio ofendida, pero le prometí que más adelante la llevaría a ella también. Pedrito lloró sin consuelo cuando lo saqué suavemente del ascensor y le dije que todavía era muy chico. Se quedó muy enojado, pero él tendrá muchas tardes de gloria. En acto de protesta, se durmió una siesta desde las cuatro de la tarde hasta las nueve de la noche, es decir, negó el partido. Valentina, entonces, tuvo a Paula para ella sola durante toda la tarde: nada mal.

La situación era más importante de lo que podría parecer. La cancha había sido siempre para mí un ámbito de soltería, de bohemia, de íntima adrenalina. Ayer, al verme en esa platea con mi hija mayor, me examiné padre y ya señor, aunque nunca dejemos de ser niños.

Sofía me había preguntado ilusionada si saldríamos por la tele, y Paula a la noche le dijo, como para darle el gusto, que había visto a una figura chiquitita en la tribuna, que seguro que era ella. Pues bien: hoy me enteré de que me habían enfocado bien de cerca por Canal 7, aplaudiendo un homenaje a los campeones del '59. Mi hija tuvo su milagrito.

Cuando entraron los equipos, Sofía tiró un montón de papelitos y le mostré la inmensa bandera de San Lorenzo que abría la hinchada; la observó con los ojos bien abiertos. Al empezar el partido, se asustó un poco con los aullidos que salían de las gargantas ajenas, pero a upa de Papá se sentía protegida del mundo entero.

El partido vino mal barajado, fue una de esas tardes en que nada sale bien. Sofía me pidió ir a tomar agua, y me di cuenta de que en los puestitos no venden agua sino solo gaseosa, que a ella no le gusta. Le pedí que fuera paciente, que después del primer tiempo íbamos a ir a buscar. "¿Qué es el primer tiempo, Papá?", me preguntó. Y claro, el término "primer tiempo" no dice nada al que lo escucha por primera vez. "Es la primera parte del partido", le expliqué.

A los cinco minutos me preguntó quién era el de azul. Le dije que era el árbitro. "¿Y para qué está con los jugadores", me preguntó. Y tenía razón, hay árbitros que a veces sería mejor que ni entraran a la cancha. Después vio la ambulancia que está siempre en una esquina de la cancha y se preocupó (Sofía tiene terror a los médicos). Le expliqué que estaba ahí solo por precaución, porque había mucha gente y alguno se podía sentir mal. Creo que se quedó tranquila. El cochecito para atender a los jugadores lesionados también le llamó la atención.

En el entretiempo le compramos unas pastillas Sugus y miramos un poco los productos de Cuervomanía. Después nos volvimos a sentar para ver el sombrío segundo tiempo. "Quiero sacar fotos", me decía la pequeña, y así lo hicimos, con la hinchada de fondo. Me pedía bajar al campo de juego, y le dije que no se podía. "¿Y los jugadores por dónde salen entonces?", me preguntó, cándida.

San Lorenzo jugaba cada vez peor y mi amigo, harto de tanta incompetencia futbolera, arrojó su vaso de Coca al vacío. Sofía me susurró al oído: "Se mojó toda la espalda". Después siguió juntando papelitos y tirándolos de nuevo. Finalmente hizo un bollo con ellos para llevarlos a casa. "Para hacer un collage", me dijo.

"Te lo dije 40 veces, Papá", me recordó Sofía, "los otros equipos también pueden ganar". Mi ánimo abatido por el 3 a 0 inapelable le respondió: "Sí, Chochi, pero yo quiero que gane San Lorenzo".

En un momento se quejó, tan fina: "Yo no vine para escuchar malas palabras, Papá". Ensayé una explicación: "Es que la gente se pone muy nerviosa, Chochi". Más tarde me dijo que nunca más iba a volver a la cancha por las groserías ajenas. "Todos decían malas palabras menos vos". Tenía razón, aunque espero que vuelva, y que la próxima vez sea victoria. "A veces se pierde, Chochi, y hay que estar en las buenas y en las malas", fue la moraleja de padre a hija.

Después miró a todos los de Independiente que se burlaban de nosotros y me dijo: "Tomás va a venir y les va a pegar a todos esos". Tomás es su primo mayor, de 18 años.

Salíamos del estadio y me pidió que le comprara una pulserita de San Lorenzo. "Hoy no", le contesté, "si te la compro después de este partido va a tener una mufa encima que ni hablar". Le prometí que un día iríamos al Cuervomanía de la avenida La Plata -que ya conoce, y por el cual pasamos de regreso a Colegiales- y tendría su pulserita azul y roja.

Cuando ya llegábamos a casa le pregunté qué le había gustado más de ir a la cancha: "Los caramelos Sugus", me contestó. Y a la noche, antes de irse a dormir, me dio un largo abrazo, muy contenta.

Ayer por la tarde perdimos 3 a 0, pero ese hincha enloquecido de otrora, que se colgaba del alambrado y lloraba bajo la lluvia, volvió de la cancha extrañamente feliz. La ternura inundó el Nuevo Gasómetro, por lo menos para mí.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Hoy a la mañana, lo primero que hizo Sofía después de tomar la leche, fue agarrar los papelitos que había traído de la cancha y hacer un enoorme collage en una cartulina roja. Queda inmortalizada su primera incursión a la cancha, no solo con las fotos que sacaron,también tenemos una hermosa obra de arte. Vas a tener que ponerla en un lugar en que la veas todos los días!!!!
TA
P

kop_op dijo...

El relato, muy lindo Bambi. Rematado por una reflexión enternecedora, ¡especialmente por la firma!-
Saludos,
Federico

kop_op dijo...

Bambi, al minuto escribir comentario, encontré en un sitio algunas fotos que creo que te van a gustar. No sé bien cómo transmitir el enlace, espero que así funcione:

http://www.dirjournal.com/info/oh-these-dads-photos-of-fathers-and-kids/

Saludos,
Federico

El Bambi dijo...

Gracias, Federico, miré las fotos una por una. La paternidad es algo muy especial, te cambia la agenda y te abstrae de cansadoras cuestiones cotidianas.

Dentro de una sociedad donde el respeto y la caridad no abundan, los hijos son un bálsamo y verlos crecer de la mano de uno es muy enriquecedor.

Anónimo dijo...

siempre en la platea de sanlo llevan la remera del rival por si acaso ??
no entendi tu remera colorada...

El Bambi dijo...

Fue pura casualidad, los colores de verdad se llevan en el alma.