23 de septiembre de 2009

CAHILL Y SU TEORÍA SOBRE LOS IRLANDESES EN LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL

A veces es mejor no tener grandes expectativas sobre el libro que vamos a leer, porque entonces si éste es aceptable o bastante bueno, pero no del todo, las expectativas se ven algo decepcionadas. Algo de eso fue lo que me ocurrió con esta obra de Thomas Cahill, quien es un lingüista especializado en Edad Media y se embarca aquí en la aventura de San Patricio y la evangelización de Irlanda.

La línea que separa la perfección de la "mera" corrección puede ser muy sutil. Cahill, sin dudas, se documentó e investigó en fuentes diversas para componer la trama de cómo la religión católica se adaptó a la tradición celta, que se basaba mucho más en la fuerza y el instinto que en la racionalidad. Planteado el problema, el autor traza un paralelo entre un San Agustín que entronca el pensamiento romano con el cristiano, y un San Patricio que recurre a ciertos artilugios, por decirlo de alguna manera, para convencer a los salvajes celtas de que su propuesta es buena para ellos. Un ejemplo de ello está en la transición de los sacrificios humanos a la celebración de la Eucaristía en la que se come el Cuerpo de Cristo.

Está claro, para Cahill, que lo mejor del cristianismo quedó entre los celtas, y que San Agustín representa, en cierto sentido, a lo que será el oscurantismo medieval intolerante y frío. Otros libros refutarían esta teoría, pero no es ella el centro de la obra de Cahill. Este hombre sostiene que los monjes irlandeses empezaron a acumular silenciosamente en sus monasterios el conocimiento que Europa no podía defender ante las hordas de germanos, vándalos, alanos y otros que saqueaban toda Europa.

Lo más interesante del libro está en el recorrido por la vida de los celtas, desde Medb, la reina de Cruachan, hasta Columbanus, el santo sucesor de Patricio, quien llevó la religión católica a los monasterios de la Europa continental junto a numerosos irlandeses contagiados por su optimismo.

La obra se cierra con el sínodo del año 664 en la abadía de Whitby, en Northumbria, donde según Cahill la rama romanizada del cristianismo hizo prevalecer sus tesis sobre la rama celta y condujo a la uniformidad de la religión con Roma. Finalmente, el telón cae con la invasión de las islas británicas por parte de los vikingos. En aquel momento, los monjes irlandeses salvaron lo que pudieron de tanto conocimiento que habían acumulado, enterrándolo en el suelo. Mucho de ello sería encontrado después de siglos, y el ejemplo más importante es el famoso Libro de Kells, expuesto en el Trinity College de Dublin.

El segundo milenio no sería benévolo con Irlanda, que perdió el liderazgo cultural que según Cahill había ostentado en Europa, y fue arrasada o al menos sometida por vikingos primero y anglos después, hasta la Gran Hambruna del siglo XIX en la que los irlandeses morían por falta de alimento, y además eran perseguidos por ser católicos... y por reivindicar un territorio que los ingleses tenían. Cerca de un millón de irlandeses murieron entre 1845 y 1851, y una innumerable cantidad de celtas emigró a otros países como la Argentina.

Irlanda, como ya he dicho en varias ocasiones, ocupa un espacio importante de mi ser, y este libro de Dahill me ha desasnado sobre una parte de su historia. Sin embargo, la divisoria que establece entre la aparente frialdad romana y la sensualidad celta no termina de convencerme, si bien no tengo argumentos científicos para refutarla. Al fin y al cabo, Irlanda se mantuvo unida a la Iglesia de Roma en medio de las peores dificultades, y otras regiones como Grecia y Rusia, en cambio, construyeron sus propias iglesias alejadas de la ortodoxia europea.

"De cómo los irlandeses salvaron la civilización" es un libro de redacción florida y lectura muy recomendable por su originalidad y la erudición del autor. El lector disfrutará recorriéndolo e imaginando a un pueblo que mantuvo lo mejor de la cultura occidental mientras la Europa continental era arrasada por los invasores bárbaros.

Algunas páginas del libro pueden verse aquí, gracias a Google Books. Con las flechas del teclado el lector puede recorrer la obra.

No hay comentarios.: