21 de mayo de 2008

EL VALOR DE LAS RENUNCIAS

En la vida, una persona se topa inevitablemente con encrucijadas donde se ve obligada a elegir entre dos rumbos. No es necesario pensar en grandes cosas: al ver el menú del restaurante y elegir un plato, estamos dejando de elegir el resto. Cuando llamamos por teléfono a un amigo y le dedicamos diez minutos de conversación, quedan para otro momento (o para nunca) la llamada a ese otro que también nos espera, o el final de un capítulo en el libro amigo, o diez minutos más de siesta.

Los economistas usan una expresión que en cierta manera refleja estas disyuntivas: el "costo de oportunidad", que no es otra cosa que lo que dejamos de ganar por hacer otra cosa. Es decir, si yo elijo invertir en un plazo fijo, dejo de ganar lo que me daría ese dinero colocado en, por ejemplo, acciones. Si hemos tomado esa decisión, por supuesto, ha sido porque creemos que con el plazo fijo nos irá mejor que con las acciones. Cuando pasamos un pedido de honorarios, también estamos aspirando a ganar lo que podríamos ganar si hiciéramos otra cosa. Y cuando ahorramos, renunciamos a un consumo presente. No es el único factor, pero es muy importante.

En la vida ocurre lo mismo. Cuando tomamos una decisión nos atenemos a todas las consecuencias de ella, las buenas y las malas. De aquí viene esta pequeña disquisición sobre el verbo "renunciar". Cuando tenemos hijos renunciamos, entre muchas cosas, a una gran parte de nuestro tiempo libre, a una buena cantidad de siestas, y a cierto dinero que podríamos usar para comprarnos discos o libros y ahora invertimos en su educación.

En este mundo posmoderno e individualista, muchas personas no resisten el verbo "renunciar". Quieren todo, porque el sistema lo promete todo. No aceptan, sino que exigen más y más, y todo al mismo tiempo. El orden de prioridades se trastoca y lo superficial pasa a ser algo imprescindible para ellos. La escala de valores se vuelve "light", con una frivolidad a la carta. Es el reino del momento.

La renuncia duele, pero su recompensa es grande. El hombre quiere todo ahora, porque así es su naturaleza, pero la apuesta al futuro también vale, y en su nombre es que dejamos de hacer ciertas cosas. Se trata de tener mucha paciencia y proyección al futuro, con las lecciones que nos ha dado el ayer.

La fábula "La Cigarra y la Hormiga" es un ejemplo de lo que digo (Samaniego también la escribió en verso). La primera se gastaba todo su capital mientras la segunda almacenaba comida para el invierno y renunciaba al despilfarro del puro presente. Cuando el frío llegó, la cigarra fue a pedirle alimento a la hormiga, y ésta le dijo burlonamente: "Baila ahora como lo hacías cuando yo trabajaba". No me simpatiza esa actitud de la hormiga, aunque comprendo su revancha frente a una cigarra vaga y atorrante.

Queramos o no, todo el tiempo estamos renunciando a algo. Y por eso, renuncio a seguir escribiendo para dedicarme a hacerle morisquetas a Pedrito.

5 comentarios:

Silvia MV. dijo...

Sí, pero cuando renunciamos a algo, siempre lo hacemos por algo que seguramente nos llene más.

Tu entrada de La Paciencia, fué fantástica

Anónimo dijo...

Buena Bambi, con esta reflexión rompiste el boludómetro.
Calimero.

María dijo...

Hay un ejercicio que practico hace un tiempo, y que tiene que ver también con renuncias. Y, a todas luces, son renuncias que sí o sí me traerán algo mejor, pero que cuestan.
Trato y trato, y espero conseguirlo algún día, de renunciar a mis malos pensamientos, mis sentimientos peores, para darle lugar a los otros, a los que me hacen sentir orgullosa de mí.
Intento renunciar a la impulsividad, la soberbia y la vagancia. Intengo renunciar a poner cara de odio ante lo primero que no me gusta, y practico mi comprensión y solidaridad.
Estas renuncias son realmente difíciles para mi.
Falta un largo camino, pero lo intento…

ihc dijo...

Twngo una fácil solución para vos, MG....RENUNCIÁ AL BCRA!!!!

cómo anda todo por ahí?? Bambi, este blog camina solo, te felicito. Al mío le cuesta un poco. Lo actualicé, pasate!
Besoooo

El Bambi dijo...

Gracias, Chifyta. Anteayer le regalé un disco de Dancing Mood a Chipi, que cumplía años. Su último viaje fue a China.