24 de julio de 2006

CANILLERAS

El 25 de julio de 1990 la FIFA declaró obligatorio el uso de las canilleras. En mi caso, mis primeras canilleras (y últimas) fueron unas azules que me había regalado un compañero de equipo del club para mi cumpleaños. Y gracias a ellas soporté patadas varias.

Creo que me han pegado más de lo que he pegado. Es curioso cómo en la cancha puede verse la personalidad de un jugador en la vida. Los hay solidarios e individualistas, nobles y marrulleros, estetas y pragmáticos.

Yo recuerdo mi debut en el equipo del club como uno de los días más felices de mi adolescencia. Había caído para verlo de afuera, como siempre, con mis Topper azules, bolsito al hombro. Nomás llegar, ya empezado el match, me gritaron que faltaba uno y que me fuera a cambiar al vestuario. Era la ilusión del pibe.

Entré a ver qué pasaba. "Jugá arriba", me ordenó alguien. Y allá me paré, expectante, con mis 17 años. Lo que siguió, aunque no le importe a nadie y no sea recordado más que por este servidor, fue perfecto. Lateral para el Dynamo (o sea, nosotros). El 3 (seguramente el Chino Llach) me la tira y me doy vuelta sin tocar la pelota, burlando a mi marca. De frente al arco, solo se me ocurrió pegarle de afuera del área, por el callejón del 10. La pelota hizo la comba por arriba del arquero y se metió allá en el ángulo, con mi delirio consecuente. Era la primera que tocaba y la había mandado a guardar.

"¿Por qué festejó tanto?", me dijeron que preguntó alguien. Yo había llegado para mirar el partido de los grandes y de repente era el protagonista sin tener siquiera los botines puestos.

Ganamos 2 a 1 y después siguieron todos los otros partidos, jugados en Dynamo y Darrospide, mis dos equipos de CUBA. Tuve días para el recuerdo, y jornadas horribles también. Fui titular e hice banco, erré goles increíbles (recuerdo dos, puntualmente) y metí otros sobre la hora (recuerdo varios, pero especialmente uno en un partido que no iba a jugar). Me comí codazos en ojos y patadas arteras, incluida una que a poco estuvo de sacarme un ojo. Y me expulsaron una vez, aunque erróneamente, porque el árbitro le creyó al rival que teatralizó un codazo mío involuntario. Nunca me agarré a trompadas. Jugaba de 8 o de 4, y a veces iba sin dormir.

Una vez "abandoné la concentración", disgustado con el capitán del equipo, que me había hecho ir para, finalmente, darle mi lugar a un amigo suyo. Las cosas se hablaron en un bar, mano a mano como debe ser.

Mi retiro del fútbol de CUBA fue, como debía ser, en un partido entre mis dos equipos. Entré en el segundo tiempo y antes de ingresar ya había resuelto irme de Darrospide. Nunca más volví a jugar en cancha grande (la única donde se juega el verdadero fútbol), excepto en mi despedida de soltero, cuando me puse la del Cuervo para hacerlo con mis amigos sobre el verde césped que había visto mis primeros pasos con el esférico. Tal vez vuelva algún día al club o a otro campeonato, aunque está difícil.

Yo sé que esto que acabo de escribir interesa muy poco al amigo lector. Le pido comprensión: necesitaba hacerlo.

Gracias por su paciencia.

2 comentarios:

PIQUETE, el bostero dijo...

Canilleras, rodilleras, hemos usado todos, pero en los comienzos de los 90 el turco Mohamed( " la turca" como lo apodaba Caldiero cuando jugaba en Boca)impuso la moda de las calzas ¿ Se acuerdan?
todo el mundo usaba calzas, hasta para jugar un picadito en el barrio o en algún pueblo situado a 250 Km.

Jugué en dos equipos de barrio: Centenario y Villa Furts, pero el trofeo lo gané en un campeonato interno que organizamos con los chicos de la secundaria.
Mi puesto era defensor por derecha, al mejor estilo Ivar Gerardo Stafuza, la bocha salía segura de la defensa pero cuando me atacaban era PUM PARA ARRIBA.

Anónimo dijo...

papa, en cancha chica (y de cemento y parquet, nada de sintetico)no se juego "falso futbol...se juega FUTSAL!
AGUANTE JUVENCIA DE TAPIALES