30 de enero de 2006

CON EL OÍDO TAMBIÉN SE DICE

En estos tiempos de vacaciones, elegir el lugar de descanso puede ser un trabajo mental en sí mismo, si abstraemos la decisión de ciertos motivos que limitan el libre albedrío, cuando no lo eliminan.

En ausencia de mayores obligaciones, la Argentina tiene lugares que cualquier país del mundo le envidiaría. Este servidor ha recorrido una buena parte de nuestra geografía y podría recomendar infinidad de rincones en los que el generoso lector hallaría descanso, soledad, jarana o desafío, según el objetivo que tuviera en su cabeza.

Lo que más disfruté siempre de mis solitarios viajes por el interior fue la conversación con la gente, y más estrictamente aún, el escuchar a esas personas matizadas con reflexiones y anécdotas tan distintas. Desde Washington Reyes, el hijo vago del placero de Cachi, hasta Héctor "Toto" Carosso, el dueño de un hotel en Esquel, pasando por la anciana húngara (y suicida) de Villa La Angostura, el biólogo inglés de Brunei, a quien serví de intérprete en Puerto Madryn, la adolescente fugitiva de Santa Teresita o el generoso capataz de obra que me invitó a una milanesa napolitana en una estación de servicio de Corrientes. No es necesario irse tan lejos: en el hospital Fernández, a donde fui de visita en una oportunidad, escuché historias sencillamente escalofriantes, y en la calle Florida un pianista ruso me contó cómo había escapado de Georgia después de que una bomba destruyera su casa. Todos ellos tenían su historia para contar, y a mí me sobraba el tiempo para escucharlos.

Hablar es todo un arte, y escuchar es un arte aún más infrecuente en nuestra sociedad vertiginosa y narcisista. Aprender esto ha sido todo un trabajo para este servidor, mal acostumbrado a exponer sus reflexiones y sus inquietudes de diversas maneras.

La comunicación supone hablar, pero también escuchar. De lo contrario, es mera información, disparos en la noche a una oscuridad que no responde. Quien escucha reconoce al otro, y entonces también le comunica silenciosamente que lo valora, lo respeta y lo recibe en su mundo personal.

Gracias por su escucha.

2 comentarios:

Marce dijo...

Muy loable la nota del editor en reconocer la extensa y magnífica geografía de nuestro país y por ende la diversidad de sus personajes; digo, que es muy loable porque lo que nos pasa a la gente del interior que por hechos fortuitos de la vida estamos habitando este Capital, es que nos encontramos con que la mayoría de los "porteños", venga el término de aquello entre federales y unitarios; es que no reconocen otra Argentina que no termine en los límites de la Gral. Páz o bien el algún partido del cono urbano bonaerense (generalmente el primer cordón); y por ende eligen vacaciones que comiencen en el aeropuerto de Ezeiza, sin valorar lo que tenemos al alcance de nuestras manos...bahh o pies o que nos demande algunas horitas sentado en un colectivo......

Para quienes alguna vez vivimos en el interior del país..es quizás moneda corriente, también por eso no nos sorprende...en su defecto aprendimos a convivir con los "porteños2 y verlos en sí como personajes...quizás como el editor recuerde a quienes se encontró en sus excursiones por los bellos lugares que describe.

Anónimo dijo...

Tengo para recomendar un pueblo situado a 205 Km de Buenos Aires.

Es altamente recomendable, por
el puerto, la playa, el centro,
bares y boliches. Los espectáculos
que se realizan en el verano como
por ejemplo " VIVA EL RÍO"
(generalmente tocan bandas de rock, por ejemplo el Sábado pasado fue La 25) y EL PORÁ( es un clásico festival de folklore, participan conjuntos musicales que pertenecen a zonas cercanas y el cierre queda a cargo de un grupo consagrado, hace tres semanas tocaron LOS NOCHEROS)

Para mejor información entrar a www.ramalloweb.com.ar,

Es un pueblo para visitar


" POR LO MENOS ASÍ LO VEO YO "