20 de enero de 2006

20 DE ENERO

Hace exactamente 44 años mis papás se casaron en San Francisco. Hoy lo festejan juntos, y espero que sus aniversarios sean muchos más.

Hace 5 años me puse de novio con Paula. Consciente de que una etapa terminaba en mi vida, quise salir con ella por segunda vez un 20 de enero, para homenajear el amor de mis padres. Aquella tarde convoqué a dos de mis amigos-hermanos al desaparecido bar "Beckett", en Palermo Viejo, y les dije: "Muchachos, esta noche cambio de camiseta". Me refería a mi estado civil, por supuesto. Nada cambió en mis tragos con los amigos.

Soy un eterno agradecido del amor que he visto en mis padres, Fernando y Mary. Creo profundamente en la importancia de los modelos de vida, y ellos han sido uno muy grande para mi visión de lo que yo quería para mi biografía.

Fernando había escapado con su familia (10 años de edad, él) de la Guerra Civil Española, donde mi abuelo se había salvado de morir fusilado en Barcelona gracias a un amigo que le debía un favor y lo dejó escapar. Tuvo que huir con lo puesto en un barco rumbo a Marsella, sin poder despedirse de su mujer y sus hijos, entre ellos mi papá. Días más tarde mi abuela encontró un papelito que alguien había dejado caer en la canasta de las compras: "La mercancía llegó bien", decía el mensaje. Hablamos de 1936.

Al día siguiente una patrulla de milicianos comunistas irrumpió en la casa de la familia buscando a mi abuelo. Como no lo encontraban, uno de ellos sugirió llevarse a la familia, pero otro dijo que era mejor irse, total ya sabían que eventualmente estaban allí. Por supuesto, mi abuela y sus hijos abandonaron la casa y fueron a lo de unos primos. Días después otro mensaje cifrado le llegó a mi abuela para que abordaran un barco en el puerto, que los llevaría con mi abuelo.

Dicen que mi abuelo, al divisar el barco aproximándose a Marsella, quiso arrojarse al agua para nadar a abrazar a su familia. Lo cierto es que vivieron un tiempo allí, luego en Biarritz y más tarde vinieron a la Argentina.

Muchos años después, en unas vacaciones en Madrid, un amigo le presentó a Fernando a su secretaria, que trabajaba con él en Shell. Era Mary. Papá no la olvidó. Volvió a Buenos Aires y pasaron 4 años, en los cuales mi padre le envió a mi madre una carta y una postal. Mamá no le contestó.

Fernando estaba comprometido con una novia en Buenos Aires. Pero su corazón estaba lejos, del otro lado del océano. Preso de un fuerte dilema existencial, él dudaba. La familia de su novia era amiga de su familia, y él le había prometido que le traería de España el velo para su casamiento.

Cuando volvió a ver a Mary en Madrid, Papá largó el velo, la novia y la familia, y le pidió a Mamá que se casara con él y se viniera a vivir a la Argentina.

Helos aquí, con 44 años de matrimonio, 5 hijos y 12 nietos. Mi homenaje en este día debía ser, inequívocamente, para ellos, que con su exquisita humanidad me enseñaron que el amor verdadero supera todos los problemas y barre con todas las dudas.

Honor y gloria a todos aquellos que se atreven a amar para siempre y sin tibiezas, en las buenas y en las malas. Y como diría un vecino, gracias a mis viejos.

1 comentario:

Mery dijo...

¿Qué puedo decir?
Recién llegada de mis vacaciones, y con mi mente totalmente despojada de preocupaciones, esta historia tan hermosa no hizo más que acariciar mi corazón.

La actitud de Don Fernando me hace reflexionar sobre muchísimas cosas, pero lo que vuelve a mi cabeza una y otra vez es esa eterna (y casi universal) pregunta: ¿Es nuestro presente obra del destino, o es consecuencia de actos fortuitos que fuimos siguiendo, uno tras otro?

No voy a filosofar acá sobre el karma, y todos sus derivados (como diría alguien que estará leyendo esta página ahora, y estará sonriendo porque sabe que hablo de ella).

Lo que me encantó de la historia es, justamente, la historia misma. Y quiero coincidir plenamente con el hijo (y editor de esta página, casualmente)sobre la importancia en nuestras vidas de los modelos que copiamos.

Quizás El Negro y Grace no tengan una historia tan particular, pero puedo jurar que la historia que lograron escribir a partir de mi aparición en sus vidas sí es un modelo para mi.

El que más me gusta copiar, al que siempre apunto cuando estoy desorientada y el que me gusta usar de regazo cuando estoy cansada.

Espero que mis hijos, si los tengo algún día, puedan escribir algo tan lindo como lo hizo Ignacio. Significa que el trabajo tan arduo y placentero a la vez, el de ser padres, obtuvo sus frutos.

Mis felicitaciones a Don Fernando y Mrs. Mary. Los aplaudo, porque estoy segura que lo que puedo ver de Ignacio es una pequeña parte de lo que deben ser ustedes.