21 de noviembre de 2008

A SUFRIR SE HA DICHO

Todo venía inmejorablemente. El David argentino había despachado al David español como si fuera un Goliat cualquiera, a puro tenis. Cuando Nalbandian juega a gusto y muestra todo su repertorio de toques, globos, passings y tiros ganadores es para servirse algo fresquito y sentarse a disfrutarlo como quien contempla una obra de arte. Fue 6-3, 6-2 y 6-3, y podría haber sido por más diferencia si el Rey no se hubiera tomado algunos recreos en el medio.

Después vino Del Potro, el heredero que esperamos todos. Ganó 6-4 el primero, y parecía que la tarde seguía celeste y blanca... hasta que se me rompió el televisor. Sí, como por arte de magia, desapareció la imagen y nunca más volvió. Corrí a lo de mi amigo-hermano Arturo a ver lo que quedaba. Nadie había allí, así que abrí con la llave suya que tenemos, y me senté dispuesto a ver la continuación de la fiesta. Pero me confundí de canal y me encontré con una de terror, quizás producida en Shangai.

Ya nada es lo que era desde que se apagó mi televisor. Estamos 1 a 1, con Delpo sin saber si juega el domingo el cuarto punto, con un Nalbandian casi obligado a correr y ganar sus tres puntos, y con un Feliciano feliz, que saldrá a jugar el dobles como si fuera la reencarnación contemporánea de Nadal.

Más que nunca, la Copa Davis se quedará en la Argentina si el Rey la conquista. Esa Copa histérica que nos juega todas las malas pasadas posibles. Solo nos faltaba que se lesionara uno de los dos ases del equipo, y no sabemos si ello ha ocurrido. El famoso recambio que todo equipo debe tener no es el ideal. Pero ojo, Calleri tiene experiencia y temple en Copa Davis y con Nalbandian pueden ganar el dobles.

Hoy por hoy, el favorito parece ser España. Quizá sea mejor así para Argentina, que para ganar la Davis deberá sufrir más que nunca en casa. Es tiempo de sacar estirpe de campeones y demostrar por qué hace rato que el país de Guillermo Vilas merece ganar esta Copa huidiza y marrullera.

QUÉ CERCA QUE ESTÁ...


¡Vamos Argentina que la Davis tiene que ser nuestra!

8 de noviembre de 2008

DE REPENTE, OLOR A CAMPO EN LA VUELTA DE LA ESQUINA, POR CARLOS DUELO CAVERO

Tal como había prometido unos días atrás, cedo al amigo lector el sereno placer de leer artículos escritos por mi tío Carlos en distintos diarios y revistas. El que sigue es el primero que he seleccionado. Fue publicado en El Cronista el 20 de noviembre de 1989.

La ilustración no es de la nota original, por supuesto, sino que es la severa pero pintoresca imagen de mi tío cuando era apenas un purrete. Ese retrato será el que acompañe graciosamente sus notas, con el mismo aire de picardía que él les imprimió siempre. ¡Cómo se habría reído de haberse visto en esta foto, así expuesto a la luz de la Internet que no conoció! En sus hijos dejó el legado y el apellido de un hombre bueno.

De repente, olor a campo a la vuelta de la esquina

A pesar del progreso de la ciencia y el avance tecnológico, los yuyos y los yuyeros siguen ocupando un lugar importante en la vida diaria. Y no solo como un tributo rendido a la nostalgia. Porque muchas veces con yuyos se consiguen resultados que no garantiza la ciencia.


Las herboristerías o yuyeros, si lo prefieren, han crecido como hongos en los últimos tiempos. Uno va caminando por esas calles de Dios y de pronto le llega como una vaharada de sierra y campo. Una mezcla de aroma de tomillo, albahaca, boldo, peperina y qué sé yo cuántos perfumes más. Señal de que por ahí anda un herbolario, que es como antaño se llamaba a los yuyeros.

Adoro el olor de esos negocios; sobre todo me encantan los que son viejos y destartalados, generalmente situados en las proximidades de alguna feria, atendidos por sus propios dueños que acaso provienen de varias generaciones atrás. Entrar en esos locales es para mí como meterme en el mundo del Galdós de "Fortunata y Jacinta". Huelen también a "la recherche du temps perdu", a Dickens y un poco, quizá, al Fernández Moreno de la "Guía caprichosa de Buenos Aires", ese libro injustamente olvidado.

Recuerdo que en la moruna ciudad de Granada donde viví "illo tempore", había un viejo boticario que practicaba la farmacopea galénica y sabía reconocer las plantas medicinales por sus olores, como si se tratase de vinos añosos. Este boticario tenía alquilado un piso encima de su farmacia, una de esas farmacias con rebotica y su colección de potes de porcelana y almireces o morteros de los tiempos en que las píldoras se preparaban a mano y si usted se descuida incluso se aplicaban ventosas y sanguijuelas. Y recuerdo que aquel boticario de zarzuela, pues era la mismísima estampa del personaje de "La verbena de la Paloma", cuando caía enfermo le decía a su mujer: "Mira, Pepa. En caso de gravedad, a mí de lo de abajo nada. A mí dame cosas que huelan bien".

Es que el hombre era un convencido de que las cosas que realmente curaban eran las que huelen bien. Y quién sabe, en definitiva, no será ese el futuro de la farmacopea: los productos de olores agradables y nombres tentadores, sensuales, de flores, especias y frutas. Aromas con reminiscencias de infancia y adolescencia, de largas vacaciones -¡oh, aquellas de tres meses en el campo!- con sabor a verbena, a espino blanco y a retama.

Suelo quedarme un rato charlando con algún yuyero en mis vagabundeos por la ciudad y a veces me invento dolencias simplemente para que me reciten su ciencia misteriosa y brujeril. Entonces, ellos desgranan los nombres de mixturas mágicas que curan desde una simple gripe hasta una colitis o un "stress". El abrótano o artemisa defiende el pelo contra su caída (me enteré demasiado tarde); el árnica sirve contra los golpes; la yerbabuena olorosa depura la sangre. ¿Qué milagros en fin no obrarán esas hojas, esas raíces resecas de formas caprichosas que a menudo saltan del botiquín doméstico a la cocina, para condimentar una sopa o una fabada, siempre con feliz resultado?

Por ejemplo, la pimienta de Cayena o pimienta roja es de uso frecuente en no pocos hogares. Una vez sorprendí a un vecino mío tomándose un "té" de esa violenta especia sin pestañear. Como yo lo contemplase asombrado, me dijo casi disculpándose: "Es que he pescado un resfrío terrible". Excuso decirles que en ese preciso instante yo también me puse a traspirar copiosamente.

Pero si hay una planta que merezca el Premio Nobel de Medicina ella es indudablemente el humilde ajo. Miles de años antes de que asomara al mundo el Dr. Fleming, el ajo ya se usaba para matar los gérmenes nocivos. Y me dicen (no lo he comprobado personalmente) que el perejil es estupendo para un montón de cosas. Se cuenta que un día introdujeron un ramito de esa hierba fina en una IBM y se descubrió que además de servir para elaborar un sinfín de salsas, el perejil es riquísimo en vitaminas A y B. Pero a mí, qué quieren ustedes, las vitaminas me gustan más en vivo y en directo.

A propósito: algún día tengo que volver a Médanos, la capital del ajo argentino. ¡Y qué ajos!

2 de noviembre de 2008

LOS ACES DEBERÍAN TENER UN LÍMITE

Hoy he tenido un domingo de perros, entre la caída de Nalbandian y la derrota de San Lorenzo. No voy a referirme a esto último, que no me sorprendió, sino al partido del cordobés, quien tuvo enfrente a un tipo que evidentemente es inferior en recursos pero metió 25 aces, es decir, que ganó un set solo con ellos, y eso que no estamos contando los saques ganadores cuya devolución deja el punto servido.

Siempre me han molestado los partidos en los que un jugador no para de meter puntos con solo sacar. Hoy Tsonga -el personaje en cuestión- jugó muy bien, pero me parece evidente que si no hubiera hecho todos los aces que hizo, no habría podido ganar el partido, que de hecho tuvo que extender a un tercer set apenas aflojó con el primer servicio.

Lamentablemente, Nalbandian no pudo aprovechar el último game del partido, cuando tuvo tres posibilidades de quiebre y el francés sentía la presión de liquidar el pleito. Pero aún así, veo cierta injusticia en el hecho de que un jugador gane tantos puntos sin necesidad de jugar el punto en cancha. Sé que suena a excusa por la derrota del argentino, pero esto es algo que siempre pienso al ver ese tipo de partidos (Querrey o Karlovic son de esta clase de jugador, también), y hoy por supuesto me dio más bronca porque del otro lado estaba Nalbandian, quien jugó un gran match excepto en los puntos decisivos.

En fin, mi opinión no va a cambiar nada, pero expreso lo que entiendo como una injusticia. El buen saque es parte del juego, pero a mi juicio a veces cobra una dimensión desproporcionada en un juego cuya belleza está en los puntos bien jugados. No solo le quita atractivo al juego, sino que me parece injusto porque de esta situación no siempre sale ganador el que mejor jugó globalmente. A mi entender, cuando hubo puntos que requirieron otras artes propias del juego, Nalbandian se mostró mejor, y esto suele ocurrir en partidos con sacadores tremendos como Tsonga.

31 de octubre de 2008

NALBANDIAN A LO FEDERER

Quiero guardar en este espacio los puntos que ESPN seleccionó del partido entre el Rey David y Andy Murray, que ganó el argentino por 7-6 y 6-3. No olvidemos que el escocés venía de ganar en Madrid jugando a lo grande. Por favor observen estos puntos en los que Nalbandian desparrama a Murray por toda la cancha. Belleza.

TÍO CARLOS

Resulta ser que entre los muchos regalos que mis padres me dieron estaba el Tío Carlos. Es decir, un tío que escribía de mil maravillas, leído y tan español como el Ebro o la Alhambra, al igual que su hermano Fernando, mi papá.

Carlos Duelo Cavero fue uno de los precursores de la comunicación empresarial en la Argentina, según me ha dicho más de un conocedor del rubro. Pero además de eso, y de ser uno de los fundadores de la Logia del Guiso, escribía colaboraciones en diarios como La Nación, La Prensa, El Cronista o Tiempo Argentino.

Mis primos tienen la colección de sus artículos y me he hecho de una pila de ellos, con el objetivo de compilarlos y digitalizarlos. Esta tarea me permite leer sus escritos y disfrutar de su prosa aguda y nutrida en torno a temas de los cuales, como vengo a descubrir ahora, también me he ocupado en este espacio. Hablo de Van Gogh, de Buenos Aires y de Cristóbal Colón, por citar algunos ejemplos. Claro está que no gozo de los recursos para dotar a estas líneas del rico vocabulario que él manejaba. Uno hace lo que puede.

Cuando tenía unos diez años, fascinado por los policiales de Agatha Christie, empecé a escribir un libro de misterio ambientado en el hotel de Pinamar donde solíamos pasar el Año Nuevo. A Tío Carlos le entregué mis folios para que los mirara, y recuerdo cómo le divertía el hecho de que usara apellidos anglosajones para mi proyecto de novela. Nunca terminé esa obra, pero conservo con afecto sus primeras setenta páginas, como testimonio de mi imaginación infantil.

Me gustaría homenajear esa presencia de Tío Carlos en mi biografía copiando en este rincón algunos de sus artículos, con el debido permiso de mis queridos primos, sus herederos. Por eso, amigo lector, te invito a pasar por acá uno de estos días para gozar de una lectura sana, finamente irónica y del todo provechosa. Si alguien conoce a mi tío a través de estas líneas, tendré otro motivo entre muchos para sonreir.

22 de octubre de 2008

HAY QUE EJERCITAR LA CABEZA

Cómo me gusta dar mate con caballo...

21 de octubre de 2008

EL DEPORTE AUTOCOMPLACIENTE

Hoy mi profesora de inglés nos preguntó qué opinábamos acerca de la masividad actual del deporte, que está omnipresente en la calle, en los medios y en el marketing. Vino entonces a mi memoria un libro de Gilles Lipovetsky, "El Crepúsculo del Deber", que leí hace ya once años. En esta obra (de la que he encontrado una buena crítica), y en otras dos que la complementan, el filósofo francés describe con exactitud artesanal la cultura posmoderna, individualista y egocéntrica. Dentro de esa descripción incluye un capítulo que titula "El Deporte Apasionadamente". No puedo resistir la tentación de copiar un par de párrafos en este rincón:

"El deporte se ha liberado del lirismo de las virtudes, se ha puesto a tono con la lógica posmoralista, narcisista y espectacular. En la actualidad, el deporte de masa es en lo esencial una actividad dominada por la búsqueda del placer, del dinamismo energético, de la experiencia de uno mismo: después del deporte disciplinario y moralista, he aquí el deporte-ocio, el deporte-salud, el deporte-desafío. De la práctica deportiva no esperamos más que sensaciones y equilibrio íntimo, valorización de uno mismo y evasión, "línea" y relajación.

"La virtud ya no es lo que legitima el deporte, lo hace la emoción corporal, el placer, la forma física y psicológica. Se ha convertido en uno de los emblemas más significativos de la cultura individualista narcisista centrada en el éxtasis del cuerpo.

"La disciplina del esfuerzo (...) no se trata en absoluto de bonificación moral y de trascendencia virtuosa; los individuos se entrenan para sí mismos, para mantenerse, para superarse, incluido el riesgo y la "mortificación" física. (...) La persona se mide con otras para afirmar el ego autoconstructor vencedor de uno mismo. El descubrimiento del propio potencial, el equilibrio íntimo, el mejoramiento individual, la victoria sobre sí han pasado a primer plano, son los que gobiernan los trabajos de resistencia y musculación.

"Con el esfuerzo deportivo, el individuo se autoconstruye a la carta sin otro objetivo que ser "más" él mismo y valorizar su cuerpo: el "egobuilding" es un producto narcisista.

Podría seguir citando muchas reflexiones de Lipovetsky sobre el tema, pero con lo expuesto basta. La expresión "egobuilding" que usa me parece brillante. Porque efectivamente, en el deporte y en todas las áreas de la cultura actual, hay una inmanencia en la que el individuo (al que alguna vez se le llamó "persona") crea un mundo a su medida, con derechos y deberes autónomos y a la carta, según circunstancias, apetencias y temores.

Miremos el marketing de Nike, la empresa deportiva por excelencia: el "Just Do It" define todo. El mensaje es claro: "Supérate, sé más fuerte, tú puedes, traspasa tus límites".

¿Es positivo este auge del deporte sobre la base del individualismo total? Si miramos los resultados inmediatos, sí. La duda se plantea siempre en el terreno de los valores, terreno antipático para quienes relativizan todo y no creen en ningún valor absoluto fuera del "yo" que todo lo decide.

Cuando veas a ese que se mata haciendo fierros en el gimnasio y luego se mira satisfecho en el espejo, recuerda a Gilles Lipovetsky. En lo que a mí respecta, que viva el fútbol.

15 de octubre de 2008

PEDRITO SÍ QUE LA TIENE CLARA


Quien sabe de rock reconocerá lo que él está tratando de sacar de nuestra colección.

13 de octubre de 2008

ESPAÑA Y AMÉRICA

En este espacio ya nos hemos ocupado de Colón. También nos hemos preguntado si el ¿genovés? pudo haberse deleitado con el chocolate.

Lo más interesante de la llegada de España a América es, a mi juicio, el encuentro (no siempre violento) entre dos mundos tan diferentes, pero tan unidos por la naturaleza humana, que es la misma en todas partes. El cuadro que encabeza estas líneas refleja de alguna manera esa idea. Es de Ricardo Balaca, del siglo XIX, y muestra el reencuentro de Cristóbal Colón con los Reyes Católicos en Barcelona. Puede observarse allí a cuatro de los seis aborígenes que había llevado con él a España.

Cuando leemos y estudiamos cómo era la sociedad en Europa y cómo lo era en la América precolombina podemos encontrar puntos en común: tenían una o varias religiones, decidían ciertas cuestiones con un criterio simple de poder y se conquistaban los unos a los otros sobre la base de la ley del más fuerte. En ambas existía una tendencia natural a reproducirse y a buscar medios para la subsistencia.

Como poseedor de sangre española, yo estoy muy contento con el hecho de que estas tierras hayan sido colonizadas por España. Una vez que el proceso histórico maduró, tuvimos la independencia a través de San Martín y tantos héroes ocultos, y tras un rechazo inicial a todo lo ibérico, el equilibrio natural llegó en el siglo XX.

Uno de los frutos de ese equilibrio es este poema de Borges, precisamente titulado "España":

Más allá de los símbolos,
más allá de la pompa y la ceniza de los aniversarios,
más allá de la aberración del gramático
que ve en la historia del hidalgo
que soñaba ser don Quijote y al fin lo fue,
no una amistad y una alegría
sino un herbario de arcaísmos y un refranero,
estás, España silenciosa, en nosotros.
España del bisonte, que moriría
por el hierro o el rifle,
en las praderas del ocaso, en Montana,
España donde Ulises descendió a la Casa de Hades,
España del íbero, del celta, del cartaginés, y de Roma,
España de los duros visigodos,
de estirpe escandinava,
que deletrearon y olvidaron la escritura de Ulfilas,
pastor de pueblos,
España del Islam, de la cábala
y de la Noche Oscura del Alma,
España de los inquisidores,
que padecieron el destino de ser verdugos
y hubieran podido ser mártires,
España de la larga aventura
que descifró los mares y redujo crueles imperios
y que prosigue aquí, en Buenos Aires,
en este atardecer del mes de julio de 1964,
España de la otra guitarra, la desgarrada,
no la humilde, la nuestra,
España de los patios,
España de la piedra piadosa de catedrales y santuarios,
España de la hombría de bien y de la caudalosa amistad,
España del inútil coraje,
podemos profesar otros amores,
podemos olvidarte
como olvidamos nuestro propio pasado,
porque inseparablemente estás en nosotros,
en los íntimos hábitos de la sangre,
en los Acevedo y los Suárez de mi linaje,
España,
madre de ríos y de espadas y de multiplicadas generaciones,
incesante y fatal.

Terminemos este texto hispanófilo con la mención de que hoy se cumple un aniversario de la unificación de la bandera española en una única roja y gualda, por obra de un decreto de Isabel II en 1843.

28 de septiembre de 2008

MADREDEUS ES EL FADO QUE LLENA DE PAZ

El emblema de la música portuguesa es el fado, esa mezcla de lamento y melancolía que tiñe sus melodías cotidianas, nacidas en el corazón del pueblo. Este ritmo nació entre gente humilde y trabajadora, como el tango en la Argentina. Con el tiempo se fue masificando y hoy representa a Portugal con fuerza universal.

La voz más conocida del fado, seguramente, es la de la gran Amalia Rodrigues (así, con "s"), quien cantaba letras como ésta:

"Lisboa, no seas francesa.
Tú eres portuguesa,
no vas a ser feliz."

A ese fado lo heredaron los muchachos de Madredeus: Teresa Salgueiro con su voz exquisita, la guitarra de Pedro Ayres Magalhaes y los teclados de Rodrigo Leao. Estos dos fueron los creadores del grupo, es decir, su alma. La lista se completa con José Peixoto, también en guitarra, Francisco Ribeiro en violoncelo y Gabriel Gómes en acordeón, con algunos cambios posteriores en la formación.

Teresa Salgueiro era una adolescente que cantaba fados pero también música "funk". Una vez que la descubrieron Pedro y Rodrigo, allá por 1985, empezaron a ensayar en una antigua iglesia de Lisboa convertida en teatro, junto al convento de Madredeus. De aquí vino el nombre del grupo. Allí mismo grabaron su primer album. Los éxitos no demoraron y las giras se sucedieron.

El disco que he presentado en el margen derecho es una antología de sus canciones, a la que le falta, en mi humilde opinión, "Matinal", la joya que da inicio al disco "Existir".

Actualmente el grupo se ha tomado un descanso colectivo, pues Teresa Salgueiro grabó un disco solista -que es el tercero de su carrera y no tiene la riqueza instrumental de Madredeus-, aunque confío en que Madredeus volverá a regalarnos su arte en breve.

Dejo tres videos con tres canciones de su "Antología": el primero es "Haja o que Houver", es decir "Pase lo que pase" en español, cuya letra, entre otras cosas, dice lo siguiente: "Pase lo que pase, yo estoy aquí. Pase lo que pase, espero por ti". Salgueiro ha cantado este tema con el mismísimo José Carreras.



La segunda canción es "O Pastor". La he incluido en una versión en vivo (Bruselas, 1994), donde se puede apreciar el virtuosismo de Salgueiro y toda la banda, que arranca con el contrabajo en solitario y se enlaza con los demás hasta la irrupción de la voz.



El tercer y último video que he elegido es "Ao Longe o Mar", una canción llena de nostalgia. "Cuando avisté el mar a lo lejos, allí me quedé". Algo que quien esto escribe ha hecho en incontables ocasiones.

Descubrí a Madredeus gracias a mi amigo Valentín Thury, digno padrino de Pedrito, quien me regaló el disco que hoy homenajeo en un cumpleaños feliz. No fue la primera vez que me trajo un descubrimiento a mi colección: ya lo había hecho en Madrid con Camarón de la Isla, pero ese es otro cantar.

Hay muchas canciones de Madredeus que podrían haber figurado en la pequeña galería de videos, algunas instrumentales, que son sencillamente perfectas. Las tres que hoy recomiendo están a la altura. Que las disfruten.

22 de septiembre de 2008

DEL POTRO CRACK, ARGENTINA FINALISTA


Hace un par de meses, la semifinal contra los rusos parecía bastante complicada. Nalbandian, nuestro as de espadas, atravesaba el peor año de su carrera como "top ten" y el resto de la Legión no parecía suficiente para ganar los otros puntos. Y entonces apareció el Pibe, el Enano, el Lungo: Juan Martín Del Potro.

A los rusos, seguramente, podrá caberles la duda de qué habría pasado si hubiera venido Safin, el eterno. Pero este fin de semana, Del Potro le habría ganado también.

Algún día tenía que terminar el invicto del Rey David como local. Y más aún, cuando uno observaba su estado físico, que aunque él diga que está bien, no convence a nadie. De hecho, su presencia en el dobles fue una apuesta demasiado cara, a tal punto que perdió ese y su segundo punto de singles. "Si hubiéramos ganado nadie diría nada", dijo él. Pero la realidad es que no ganó.

Nalbandian sigue siendo el líder, a no confundirse. Él más que nadie se propuso este año ganar la Davis de una vez, y no defraudará en la final. Porque tiene el fuego sagrado, ese que ante Davydenko se apagó un poco porque en el fondo sabía que atrás venía el ciclón de Del Potro.

Este chico de Tandil emociona. Quien esto escribe miró el partido con su hijo de seis meses, mientras el resto de la familia dormía una siesta inédita. Lamentablemente tuve que bajar el volumen varias veces, harto de las obviedades del muchacho que acompaña a Bonadeo en las transmisiones, a quien prefiero no mencionar. Cada vez que el que sacaba quedaba 15 - 30 lanzaba: "Punto pesado éste" o "Hay que estar muy atentos". Cualquier aficionado al tenis podría haber hecho los comentarios que hacía este pseudoperiodista, y mejor también. Nada de explicar algún golpe, o aportar algo distinto. Nada de nada: puros lugares comunes y frases insípidas.

Y al ver el aplomo y la categoría de Del Potro, la manera en que arrollaba al buen jugador ruso que está entre los mejores veinte del mundo y en el mejor año de su carrera, debo decir que me emocioné. Andreev venía de llevar a Federer a un quinto set en el Abierto de Estados Unidos, nada menos.

Argentina es así: cuando Nalbandian empieza a bajar su rendimiento en Davis, aparece este chico por el cual, me permito decirlo, ya había discutido con mi amigo tenista la Oveja porque él decía que era demasiado alto para los traslados, y yo sostenía que era un pichón de crack después de la victoria en Austria, el año pasado.

Este puede ser, o ya es tal vez, el año en que Nalbandian le deje la posta a Del Potro como número uno del tenis argentino. La fortaleza del equipo argentino de Copa Davis, ahora, es que los rivales ya no deben preocuparse solo del Rey David, sino que además tienen enfrente a un jugador que, a mi modo de ver, es en este momento uno de los cinco mejores del mundo y puede mejorar mucho más en, por ejemplo, su juego de red.

Creo firmemente que Del Potro le puede ganar a Nadal en noviembre, y por supuesto también a Ferrer. Y creo que Nalbandian va a ganar uno o dos puntos de la serie. Creo, por ende, que Argentina va a ganar la Copa Davis.

15 de septiembre de 2008

ADIÓS, RICHARD WRIGHT

Fue uno de los fundadores de la -para mí- mejor banda de rock de la historia: Pink Floyd. Los teclados fueron siempre suyos, excepto en "The Final Cut", el disco que marcó la despedida de Roger Waters y ya no lo tenía como miembro de la banda debido a las peleas entre ambos durante la gira de "The Wall". Después volvió, cuando Gilmour y Mason decidieron darle unos años más a la banda y una gira final inolvidable.

El consagratorio "Dark Side of the Moon" lo tuvo como uno de sus principales autores, y en su honor encontrarán más abajo "Us and Them", un himno en la versión de la gira "Pulse", la última de Pink Floyd en 1994.

Se juntaron todos hace poco, para el Live 8, y él también participó de los recitales que ofreció Gilmour después de su último disco solista. Su voz sonó en varias de las canciones de Pink Floyd, y sin él, el cuarteto mágico de Waters, Gilmour, Wright y Mason queda definitivamente en el pasado.

Primero fue Barrett, el espíritu inspirador de la banda. Hoy es Wright. No nos dejen solos.

14 de septiembre de 2008

PIRATAS AL ABORDAJE

El diario La Nación de hoy publicó en tapa una nota sobre el hallazgo del tesoro hundido en el naufragio del buque en el que Carlos María de Alvear, uno de los propulsores de la independencia argentina, venía con su familia a estas tierras del Plata, proveniente de Europa. La nota es muy interesante y no me referiré a ella, será mejor que el amigo lector la vea por sí mismo.

El naufragio ocurrió cuando unos buques ingleses atacaron a las naves españolas, y especialmente a aquella en la que iba la familia de Alvear, la "Mercedes". El prócer argentino, luego enemigo de San Martín para sus planes libertadores, salvó su vida junto a su padre debido a que providencialmente se encontraba en otro navío de la formación, la "Medea". Su madre y hermanos (seis) murieron en el ataque cuando la "Mercedes" saltó por los aires ante los ojos del padre de familia, don Diego. Padre e hijo fueron hechos prisioneros junto con otros como Tomás de Iriarte, y los ingleses les devolvieron el botín que les había sido hurtado: doce mil libras. Este detalle, que no está en la nota de La Nación, es narrado por Miguel Ángel Demarco en el primer capítulo de "Soldados y Poetas", donde cuenta la trágica pérdida de la familia Alvear. Demarco también ha escrito sobre el general Iriarte en La Nación.

Este relato de batallas navales me trajo a la memoria las historias de piratas, más sangrientas pero también más románticas, que ilustró Daniel Defoe en "Historias de Piratas", un libro que mi hermana y mi cuñado me regalaron hace ya 19 años, en la Navidad del 89.

El pirata que siempre despertó mi admiración fue, como les sucede a tantos, Sandokán, el Tigre de la Malasia, el personaje de Emilio Salgari que combatía a los ingleses en las costas del Sudeste asiático y Borneo, donde vive, justamente, un inglés que me mandó un libro de Dostoievski desde Brunei.

Sandokán ocupó mis lecturas más tempranas, una, dos y tres veces, en todas sus andanzas, y también se asomó al televisor de casa cuando pasaban la miniserie que protagonizaba, entre otros, Adolfo Celi, un actor italiano que conocía mi papá y personificaba al malvado James Brooke, un personaje interesante. Con la lectura de "Los Tigres de la Malasia", "Sandokán" y sus continuaciones, mi imaginación fluía mágicamente y adivinaba los rostros de Yáñez, Sambigliong, Kanmamuri, Sabau, Patán o Tremal-Naik -además de la dama en cuestión, Mariana- y los contornos de las cimitarras con las que abordaban los barcos británicos.

"El Corsario Negro" fue otro personaje de Salgari que pirateaba las costas del Caribe y asombraba a los lectores juveniles como quien esto escribe.

Los piratas, seamos realistas, no fueron seres tan magnánimos y románticos como los pintan los artistas. Y muchos de ellos se vendían al mejor postor. Pero la leyenda sobre su arrojo y su amor a la libertad es atractiva a los ojos de la naturaleza humana. Serrat lo canta bien en "Una de Piratas". Y seguramente los hubo como el Tigre de la Malasia, cuyo Sancho era el portugués Yáñez, más cerebral.

Los piratas representan, quizás, el ideal de la vida libre al aire libre, con la sola ley de los ideales. Su simbolismo los ha trascendido y han pasado a ser un concepto, y un poema sobre la libertad. Su lugar en la Historia se ha construído a sangre y fuego, y en la imaginación de todos nosotros han hallado un refugio sólido y seguro donde proteger su exhausta humanidad de la racional maledicencia.

Tal vez el mensaje legado por los piratas que imaginamos es el siguiente: Demasiada razón intoxica, y en menos de un suspiro la tormenta arrecia. Vayamos, pues, al abordaje de nuestros sueños aunque sea en lucha desigual. En el fondo del mar embravecido, un tesoro nos espera mudo y paciente. La cabeza nos dice cómo hacerlo, pero la pasión nos lanza.

Ya lo dijo San Martín, adversario noble de Alvear: "Serás lo que debas ser o serás nada".

7 de septiembre de 2008

LOS MISERABLES QUE SON FELICES

Esta obra magna de Victor Hugo es uno de esos libros que no se olvidan, porque se meten en nuestra realidad como un sol cotidiano, lleno de verdad. Jean Valjean es uno de mis personajes preferidos en toda la literatura que ha pasado por mis manos (mucha menos de la que me gustaría hasta el momento, porque como decimos siempre con mi amigo-hermano Chipi, debería haber una vida solo para leer). Su romanticismo lleno de búsquedas y de donaciones de sí mismo, frente a la rigidez de su enemigo mortal, Javert, provoca la evocación de las búsquedas del lector, que una y otra vez se ve reflejado en ese hombre lleno de pasión, pero exitoso en su generosidad repleta de sentido.

El argumento gira en torno a varios personajes, en el contexto que va desde la Revolución Francesa hasta la mitad de siglo XIX. Escenario de luchas entre los monárquicos y los liberales, esa Francia es recipiente ideal para la trama de Victor Hugo, quien la describe a la perfección con un detalle que asombra y abarca aspectos poco conocidos; por ejemplo, un capítulo entero dedicado al sistema de alcantarillado de París, por el que Valjean se ve obligado a escapar en un momento dado. "Los Miserables" es una obra extensa, de más de 1000 páginas según la edición, pero su lectura se hace atrapante y rápida en cada una de sus cinco partes.

En buena medida, las obras de Victor Hugo y Dostoievski, de quien ya hemos hablado por acá, son primas hermanas. Su argumento simpre hace eje sobre la lucha entre el bien y el mal, que se libra en el centro del corazón humano a través del sufrimiento aceptado y las tortuosas relaciones entre las personas. Pero a diferencia de Raskolnikov, el héroe de "Crimen y Castigo" que se debate entre ser un ser humano o un superhombre sin límites, pero infeliz, Jean Valjean es la encarnación de la verdad simple y pura, hasta en su personalidad frontal y generosa. El final de sus recorridos, sin embargo, los encontrará hermanados, y dejo al amigo lector el descubrimiento de ello para el silencio de alguna tarde de lluvia, o una noche de paz.

6 de septiembre de 2008

BRUEGHEL EL VIEJO Y SU BODA ALDEANA


Pieter Bruegel el Viejo es mi artista preferido de la pintura holandesa de hace casi 500 años. Vivió entre 1525 y 1569, había nacido, probablemente, en Breda, la ciudad que posteriormente se hiciera más conocida por sus lanzas. Tuvo dos hijos que también se dedicaron a la pintura, aunque murió recién cuando ellos hacían sus primeros petates. Recibió la mayor influencia artística de Hieronymus Bosch, de alias El Bosco.

Se distinguió por sus descripciones visuales de la vida cotidiana en los poblados de los Países Bajos. Había aprendido las técnicas de los pintores renacentistas en Italia, y se dedicó a observar las costumbres de su tierra para plasmarlas en el cuadro. "La Cosecha" y "El Retorno de los Rebaños" son ejemplos acabados de lo que señalamos.

Sobre esa misma base, pintó cuadros alegóricos de temas que hacían a la lucha diaria entre las diversas pasiones del hombre, como el conocido "Batalla entre el Carnaval y la Cuaresma", cuya réplica colgó mi amigo Valentín en el living de su casa. También pintó temas netamente religiosos como "La Parábola de los Ciegos", de la que podemos saber más en el video que encontrarán más abajo.

Su retrato de temas que hacían referencia a la miseria y la limitación de la condición humana (como en "Los Lisiados") me hace acordar a Goya, quien supo extraer belleza de la fealdad en sus Pinturas Negras.

"Boda Aldeana" es un cuadro que Bruegel pintó hacia 1568, es decir, más o menos a los 43 años. Las expresiones que encontramos en los rostros de la escena son graciosos y profundos al mismo tiempo, y reflejan la naturaleza humana en un momento festivo. En palabras de Ernest Gombrich, es "una de las comedias humanas más perfectas de Bruegel". Cito a este célebre crítico e historiador del arte en la descripción de la obra: "La novia se halla sentada delante de un paño azul, con una especie de corona en la cabeza; permanece plácidamente con sus manos plegadas y una sonrisa de evidente satisfacción en su estúpido rostro. El viejo del sillón y la mujer que está a su lado probablemente son los padres, mientras que el hombre que está más allá, al otro lado, muy atareado engullendo su comida con la cuchara, debe de ser el novio". La prosa sigue, pero nos detenemos aquí y dejamos el resto a la observación del amigo lector (clickear en la imagen para agrandarla). No dejen de ver el video de "La Parábola de los Ciegos".

24 de agosto de 2008

BORGES Y EL TRUCO

Hoy, 24 de agosto, se cumple un nuevo aniversario del nacimiento del que fue, en mi modesta opinión, el escritor más grande que ha dado la Argentina: Jorge Luis Borges. Me he sentido identificado con esta definición tan simple de felicidad que nos dejó:

"Es cuando la baraja nos privilegia con el as de espadas en una partida de truco".

El ancho de espadas es la verdad pura, no hay mentira que pueda con él en un canto falso. Con él en mano, sabemos que la tercera será nuestra.

Pero eso sí, no solo basta con la carta imbatible. Para ganar la mano, hay que saber hacerlo. Y quererlo.

17 de agosto de 2008

ANÉCDOTAS DE SAN MARTÍN

El lector atento sabrá a esta altura que quien esto escribe es un fiel admirador de la figura de San Martín, cuyo paso por esta vida recordamos cada 17 de agosto. Hemos rememorado su figura en tres ocasiones antes que ésta: en su biografía toda, en su vínculo con el gran Belgrano y en su vasta cultura, que promovió siempre que pudo. Siempre hay detalles de su biografía que enaltecen su figura y la de la Argentina, por él liberada.

Tal como cuenta Miguel Ángel De Marco en "Soldados y Poetas", la independencia de nuestro país podría haberse demorado si San Martín no hubiera sobrevivido a un intento de linchamiento que sufrió en Cádiz, cuando el pueblo se sublevó contra el jefe de la guarnición española en esa ciudad, el general Solano, marqués del Socorro y de la Solana. Este militar sufría la invasión de los ejércitos napoleónicos al territorio ibérico, y simulaba aceptar mansamente a los franceses, lo cual le valió la rebelión de los pobladores y su muerte. San Martín tenía un gran parecido físico con el infortunado general, y fue perseguido por la turba, que lo confundía con su real perseguido. Llegó extenuado hasta la iglesia de los Capuchinos y un fraile que lo conocía alertó a la multitud de que el hombre que ellos buscaban no era aquél, y ya estaba muerto. Así San Martín salvó su vida y salió de Cadiz rumbo a Sevilla.

Su disciplina en el incipiente ejército argentino era estricta, y él daba el ejemplo haciendo equilibrio entre su condición de jefe máximo y hombre de confianza para todos sus subordinados. En "El Santo de la Espada", Ricardo Rojas cuenta que en cierta ocasión fue a verlo un oficial, quien le confesó con pesadumbre y arrepentimiento que había usado dinero de la caja del ejército para jugárselo. San Martín le entregó dinero propio para que lo repusiera en el erario militar y le dijo: "Entregue ese dinero a la caja, pero guarde el secreto, porque si el General San Martín llega a saber que usted ha revelado lo ocurrido, lo mandará a fusilar". Imagine el lector el efecto que esta sentencia habrá tenido sobre la conducta futura del oficial, mucho más efectiva que cualquier otra sanción oficiosa.

También es conocida su anécdota con el centinela de guardia que tenía orden de no dejar pasar a un laboratorio del regimiento con botas herradas y espuelas. Para probarlo, él mismo fue dos veces con ese calzado y fue detenido por el cabo. Tras ello, se presentó con alpargatas y le dio una onza de oro al soldado, quien había puesto a una institución -la ley del lugar- por encima de cualquier persona.

"Si se dice mal de ti, y es verdad, corrígete; y si es mentira, ríete", decía San Martín, quien tenía sobrada experiencia en materia de infamia contra su persona, sobre todo de quienes veían en él, no sin envidia, a un ambicioso acaparador de poder. Nada más lejano de la realidad, a tal punto que cuando se vio llegado a un punto de no acuerdo con Bolívar, renunció a todos sus honores y se retiró de escena rumbo a la vieja Europa.

Sus máximas a Merceditas, su hija, son bien conocidas, pero siempre vale la pena recordar algunas de ellas, que cobran urgente actualidad:

- Inspirarla amor a la verdad y odio a la mentira.
- Estimular en Mercedes la caridad a los pobres.
- Acostumbrarla a guardar un secreto.
- Inspirarla sentimiento de respeto hacia todas las religiones.

Falleció, como es sabido, en Francia, más precisamente en Boulogne-sur-Mer. Pero en su testamento, tras solicitar que no se le hiciera honor alguno, pidió que su corazón descansara en Buenos Aires, un anhelo que se cumplió treinta años después de su muerte, gracias a las gestiones del presidente Nicolás Avellaneda en cumplimiento de una ley de la Nación.

Para terminar, digamos que San Martín tenía un sentido del humor fino y medido. Busaniche, en su obra "San Martín visto por sus contemporáneos", refleja a Manuel de Olazábal, militar que estaba presente un día en que San Martín tenía invitados a cenar en su residencia de Mendoza e intercambió las etiquetas de dos botellas de vino: una de esa ciudad y otra de Málaga. Todos elogiaron inmediatamente el vino que supuestamente venía de Europa y menospreciaron el primero, tras lo cual San Martín carcajeó y les reveló su maniobra. Nuestro héroe conoció la naturaleza humana, y también gran parte del ser argentino, admirador de lo extranjero y despreciativo con lo nacional. Sin embargo, ello no fue obstáculo para que pensara en la posibilidad de traer un monarca europeo a establecer una dinastía en estas tierras y unificar a los anárquicas pasiones de las provincias argentinas, que él veía perjudiciales para la futura construcción de un Estado civilizado y de avanzada.

San Martín dejó muchísimas enseñanzas, de palabra y de obra, que deben ser recordadas en cada 17 de agosto y en muchos de nuestros dilemas actuales. No solo en la vida política del país, sino en toda la multicolor vida cotidiana.

Por último y a modo de posdata, es interesante contemplar la Pinacoteca Virtual Sanmartiniana que refleja al héroe en distintas imágenes de su biografía. Fue armada por el instituto que lo homenajea en la Argentina. Que la disfruten.

6 de agosto de 2008

LARGAR LOS PAÑALES

Desde ayer, nuestra hija Valentina ha decidido empezar a dejar los pañales. Su rostro después de ir al baño y hacer lo que tenía que hacer sin necesidad de depositarlo en el blanco accesorio estaba iluminado por la alegría de comunicarnos que lo había logrado, que si ella quería podía gobernar su naturaleza digestiva.

A raíz de este éxito hogareño de nuestra segunda hija -que augura un ahorro considerable de billetes- se me ocurre pensar que estos pañales que Valentina va dejando en su pasado de bebé no son los únicos que deberá superar en su vida. Todos tenemos -cada uno en su medida y sentido- distintos pañales que vamos dejando -o no- por el camino. En mi caso, por ejemplo, el carnet de conducir es una asignatura pendiente que aprobaré en los próximos días, tal como ha hecho mi hijita con su pañal: seguramente podría haberlo hecho antes, pero me he tomado mi tiempo.

Mis hermanos se sorprenderían al saber que retengo varios consejos o sentencias que me han ido regalando a lo largo de los años. Una de las frases que recuerdo de mi hermana mayor, María Fe, es la siguiente: "A veces las barreras son mentales". Es decir, no existen en la realidad, son solo una invención de nuestra cabecita que se refugia en el statu quo, en el temor al cambio, en la pereza o en vaya uno a saber qué.

Siempre vienen a mi memoria las tardes en que mi prima Dolores, con infinita paciencia, me enseñó a andar en bicicleta. Yo pedaleaba a lo largo del camino y ella corría atrás, sosteniéndome en mi andar. Así me engañaba yo, pensando muy tranquilo que ella me resguardaba de posibles y probables caídas. Mi seguridad desapareció cuando un día me di cuenta de que ella se había detenido unos metros atrás y ya no sostenía la bicicleta: yo era el único que la impulsaba. Por supuesto, me fui directo al piso, con las consiguientes heridas en rodillas. Pero lo había hecho: había andado unos metros solo, sin pañales. Ese día aprendí a andar en bicicleta.

Mencionemos un par de casos: Para algunas personas, hablar en público es un desafío que no pueden superar, y se aferran al pañal de la charla a solas, o por escrito, o de cualquier otra manera que les evite enfrentar a un grupo de prójimos mirándolas. Para otras, algo tan breve y tan difícil como expresar verbalmente un sentimiento puede ser motivo de una batalla interna llena de oportunos pañales: el silencio, el humor escapista, la agresividad o la aparente indiferencia, por nombrar solo algunos.

Las barreras que nos cuesta superar pueden adoptar formas múltiples, pero la lista de pañales que sirven para eludir el intento, aunque extensa, es conocida: son garabatos que hace la personalidad de cada quién, excusas insostenibles pero inexpugnables si su dueño no desea tomar riesgos.

Eso sí: cuando miramos a la vida de frente y decidimos de una vez hacer lo que tenemos que hacer, el pañal cae rendido y ya inútil. Sí, a veces las barreras son mentales.

31 de julio de 2008

LA VIDA QUE DEFINE ES LA PRIVADA

Anteanoche volvía de comer con mis amigos en "De Olivas i Lustres", un lugar al que ya había ido con Paula y recomiendo para cualquier ocasión, y pensaba en que lo más importante del día había ocurrido en esa mesa con seis comensales. Después de un tiempo no demasiado prolongado, seis personas que nos conocíamos desde hace por lo menos 25 años habíamos compartido pensamientos, anécdotas y bromas de calibre diverso. En ese rato de relajo y conversación, cada uno se había reencontrado consigo mismo, ese que a veces perdemos de vista en la vorágine cotidiana de reuniones, trabajos y quehaceres varios.

Después llegué a casa y contemplé en silencio, como hago cada noche en que vuelvo tarde, a mis tres hijos y a Paula, que dormían en una paz absoluta.

En homenaje a esos amigos -casi hermanos- con los que compartí mi cena del martes, traigo aquí a un autor con el que el colegio martirizaba nuestra adolescencia en horas de clase, que nosotros soñábamos con transformar en ratos interminables de fútbol. Se trata de Gilbert K. Chesterton, a quien aprendí a valorar cuando mis razones fueron más maduras y mis opiniones más autónomas. Dice este escritor inglés, nacido en Londres en 1874:

"El lugar donde los niños nacen, donde los hombres mueren, donde el drama de la vida mortal se representa, no es una oficina ni un comercio ni un despacho. Es algo mucho más pequeño en tamaño y mucho más grande en alcance". Volveré a citar a este señor para referirme a otros temas que rondan mi cabecita, pero en este punto, esa es la frase: el hogar, la mesa, los afectos son los que definen el pleito en esto que llamamos vida.

La vida privada es esa cueva a donde entran unos pocos. No, desde ya, los jefes o los vecinos del consorcio (que a veces motivan mudanzas intempestivas porque violan la paz del hogar). Tampoco los amigotes de la noche, o los colegas del club que nos ven en pantalones cortos rumbo a la cancha, y con suerte piensan que somos buenos tipos. Tampoco el carnicero amigo, o el kioskero que nos espera factura en mano, o el colectivero que pone Pink Floyd cuando subimos. Mucho menos los que tenemos en nuestra libreta de contactos para hacer negocios. Estos personajes pertenecen a nuestro escenario público, donde actuamos de acuerdo a nuestra esencia pero también a las circunstancias que demanda la ocasión. Nunca le diremos a un cliente: "Hoy dormí hasta las doce", así como a Javier, el carnicero, tampoco le hablaré de Goya y las Pinturas Negras, salvo en un caso bastante excepcional. Y no porque no haya en el mundo de estos señores pensamientos o inquietudes semejantes, sino porque lo que define nuestra comunicación con ellos es otro código.

El rincón del mundo en el que nos reencontramos a nosotros mismos es el de la familia y los amigos (y cuando digo "amigos", digo "amigos" y nada más que eso). Ellos habitan nuestros recovecos más secretos y saben de nosotros lo que nadie más sabe. Y serán ellos siempre los que estarán allí cuando las cosas importantes ocurran. Vale tenerlo en cuenta cuando apenas llegamos a fin de mes y nuestro trabajo (o desempleo) se hace difícil de sobrellevar.

La vida más importante es la privada, y a partir de ella se define todo lo demás. Nada como un rato de soledad con uno mismo, es decir, con aquellos que son parte de nosotros. O lo que es lo mismo: cuando nos miramos al espejo del círculo íntimo y ¿nos reconocemos?

25 de julio de 2008

EL SUPERAGENTE 86 Y DOS DE COLECCIÓN

Ya le habíamos rendido homenaje a Maxwell Smart en este espacio, pero no puedo evitar compartir con el amigo lector estos tres bloques brillantes de la serie. Los razonamientos que hacen él y su colega hawaiano Harry Hu no tienen desperdicio. En el segundo (dividido en tres), Simón el Agradable, un personaje que a mis padres les divertía especialmente. O mejor dicho, les divierte, porque todos seguimos riéndonos solo con recordar cada capítulo. Aparecen en él la inefable suegra de Max y Dana Plato, el actor que en la década del 80 personificó al jefe de Mc Gyver. En este capítulo, el 86 y la 99 son papás.

Que los disfruten.






El otro día vi con satisfacción que ya está a la venta el primer DVD de la serie en español. Lo estaba esperando.

19 de julio de 2008

¿QUÉ HAN HECHO CON LOS LIBREROS?

Esta semana entré a una librería cuyo nombre guardaré piadosamente, y le pregunté al vendedor dónde podía encontrar libros sobre el mate. Después de mi segunda requisitoria (la primera no había sido exitosa, porque él estaba ocupado en charlar con la otra vendedora) me espetó: "¿Mate?", al tiempo que me miraba como si le hubiera preguntado por una palabra de algún dialecto indígena. Entonces le dije que nomás entrar había visto uno, pero que no me convencía.

Con repentino frenesí fue a la omnipotente computadora y tecleó la palabrita. Después fue a la sección para turistas y me mostró el libro que había divisado al entrar. "Ese es el que vi", le contesté, y solito me dirigí a la estantería dedicada a la cocina, donde había más de una obra sobre el tema. El muchacho, mientras, volvió a la computadora y después se metió presuroso en el depósito. Yo ya había decidido qué iba a llevar, y lo esperaba en el mostrador, cuando él volvió con el mismo título que yo tenía en la mano. "Hay varios de esos ahí", le dije señalando la estantería, que distaba dos metros de su ubicación. Pagué y me fui, mientras él volvía a su debate con la compañera sobre la situación sentimental de ella (en la cual sospecho que tenía algún interés inconfesable).

Mi padre, quien dirigía Ediciones Garriga en Buenos Aires, tenía un vendedor llamado José Veloso, quien pese a no poseer la formación cultural de un Borges o un Marechal, conocía cada libro de los que ocupaban las estanterías del local, en Paraguay 1300. En aquella época no existía un sistema de consulta informática, y los vendedores recordaban títulos y ubicación con precisión envidiable.

Veloso es una referencia de lo que para mí debería ser un librero, o un vendedor de libros si se prefiere. Una persona que conoce lo suficiente de lo que tiene para vender, y puede aconsejar al cliente sobre distintas opciones, con una mezcla de cultura general y chamuyo simpático pero noble.

Desgraciadamente, mis actuales visitas a las librerías se me hacen similares a las que hago al supermercado por necesidades más básicas, que no espirituales como en el primer caso. Varias veces he terminado mi visita explicándole al vendedor (agregar "de libros" sería demasiado ambicioso para su perfil), quién era determinado autor o de qué trata alguna obra. A veces me informan que el libro no está "en lista", y lo encuentro igual removiendo en los estantes. Otras veces les pregunto por un autor más o menos conocido y me miran absortos, como si les estuviera pidiendo la receta de la felicidad. Esto me pasó recientemente, por ejemplo, al buscar "Beau Geste", de Percival Wren, y "La Pimpinela Escarlata", de la Baronesa D'Orczy. Debo confesar que al deletrearles título y autor para su consulta en la maquinita, sentía vergüenza ajena. Algunos ni siquiera saben escribir "Poe".

Si para su fortuna encuentran el libro en ubicación precisa, lo entregan y con gran diligencia insertan un papelito con su nombre en la primera página, no sea cosa que se pierdan la comisión correspondiente y bien ganada al subir y bajar la escalera para traer la obra del depósito.

El librero es un personaje de Buenos Aires que tiene larga tradición, pero ha ido siendo reemplazado -comercialmente hablando, se entiende- por jóvenes y no tan jóvenes voluntariosos (con suerte, aunque a veces ni eso) que podrían vender un libro como también una hamburguesa o un par de zapatillas. Han hecho cursos de ventas exitosamente, y han ingresado en el mundo editorial como en un país donde se habla una lengua extraña, pero más o menos manejable para sus propósitos de llegar a fin de mes. Las librerías no parecen preocuparse por este estado de cosas, quizás porque los pasantes y los vendedores a secas reducen los costos.

Loados sean los libreros de antaño, que conocían cada libro de su negocio, no como a la palma de su mano, sino como a un potencial amigo de sus clientes. En cuanto a la gran mayoría de los actuales, seamos misericordiosos con su polivalente saber, como ellos lo son con nuestra molesta inquietud de lectores hambrientos. Quizás los desubicados seamos nosotros: ya vendrán tiempos mejores.

9 de julio de 2008

LA SERENIDAD DE MONET LEYENDO


Pierre Auguste Renoir (1841 - 1919) fue uno de los representantes más distinguidos del impresionismo, estilo así llamado después de que un crítico de arte francés se refiriera irónicamente al cuadro: "Impresión. Sol Naciente", de 1872, que era obra de Claude Monet. Fue Louis Leroy quien dijo que los nuevos artistas eran "impresionistas", en un momento de quiebre en la historia de la pintura, que ya no respondía solo a criterios de imitación de la realidad, sino a una introspección de quien contemplaba a la naturaleza y la interpretaba de acuerdo a sus propias percepciones. Fue Renoir el primero que incentivó el uso de la palabra "impresionismo" para describir al movimiento artístico que integraba, al convencer a un crítico de arte para que publicara una revista con ese nombre.

Renoir fue, de todos los pintores de esta corriente, el que buscó siempre dar una pincelada de alegría a todo cuanto observaba en los ambientes exteriores, esos que llenaban de color su estudio donde pulía sus obras pergeñadas en un parque o una playa.

Las exposiciones de los impresionistas en París fueron motivo de escándalo, pues como hemos dicho, ponían en duda a la academia clásica. Algunos de sus nombres fueron, además de Monet y Renoir, Manet, Sisley, Cézanne y Degas, el pintor de bailarinas. Una segunda corriente, también llamada post-impresionismo, sería encarnada por Gauguin y Van Gogh, aunque este último -de quien ya hemos hablado en este espacio- solo puede pertenecer claramente a su propia escuela.

Renoir tuvo con los años un regreso parcial a un estilo más clásico, en su búsqueda del crecimiento artístico de la mano de Rafael. "Ya no podía sentirme satisfecho con el impresionismo, que me parecía limitado", afirmó.

El cuadro "Au Moulin de la Galette" es uno de los más caros de la historia. Fue vendido en New York, en mayo de 1990, por 78 millones de dólares por la casa Sotheby's.

Renoir fue un buen amigo de Monet, y trabajó con él en dos etapas: en el verano de 1869, en la isla Saint-Michel, sobre el río Sena, y en 1874, también en la ribera del Sena pero en Argenteuil, lugar que ha quedado marcado como la referencia geográfica del impresionismo, porque en él pintaron varias de sus obras al aire libre, que constituían una innovación frente a la costumbre clásica de encerrarse en el estudio para trabajar. Renoir y Monet ya eran amigos desde su época de estudiantes, y tuvieron una tercera época de trabajo en común, cuando hicieron un viaje desde Marsella a Génova, en 1883. Los primeros años del siglo XX encontraron a Monet casi ciego pero aún activo, y a Renoir con una artritis que lo llevó a atarse los pinceles a las manos para poder seguir pintando.

Fue en Argenteuil, es decir, en la segunda época del trabajo común de Monet y Renoir (1872), cuando el segundo pintó el cuadro que hoy nos ocupa. Ambos pusieron sus caballetes en una línea y se pintaron el mismo motivo. La obra "Monet Leyendo" transmite al observador una sensación de serenidad absoluta en la quietud de ese hombre que lee plácidamente el periódico con su pipa humeante y su barba rojiza. El cuadro está expuesto en el Museo Marmottan-Monet de París.

Esta pintura me hace acordar a una visión que me ha acompañado desde mi infancia: mi padre siempre leyó y lee el diario mientras fuma la pipa, y así se concentra en su mundo en el que establece una rara intimidad consigo mismo, ajena al mundo exterior que lo aguarda. La pipa es una compañía silenciosa de reflexiones que rumia un espíritu siempre despierto.

29 de junio de 2008

ESPAÑA CAMPEÓN DE LA EUROCOPA

Después de 44 años, la patria de Cervantes ha vuelto a consagrarse como reina de Europa, tras ganarle a Alemania 1 a 0 con absoluta claridad. No agregaré mucho a los comentarios que el amable lector podrá encontrar en medios especializados sobre el equipo conducido por Luis Aragonés, a quien los jugadores arrojaron por el aire en los festejos. Solo expresar la adhesión de este espacio al título conseguido, y felicitar al campeón (que es, por razones de sangre, mi segundo equipo en el mundo).

Quiera el fútbol que un futuro cercano nos encuentre a los argentinos festejando como hoy los españoles. Dejo para ustedes el golazo del Niño Torres, que definió la Eurocopa. ¡Cómo estará Manolo el del Bombo!

27 de junio de 2008

DEFENSA DEL COLECTIVERO

Existe en Buenos Aires una raza de señores que manejan grandes vehículos de hierro y plástico, ante volantes imponentes que parecen timones de barcos piratas como los que comandaba Sandokán. Tan grandes son, que sus dueños circunstanciales suelen reposar sobre ellos en algún que otro semáforo en rojo, si no les toca manejar el extraño teclado que provee de boletos a los nuevos pasajeros.

Me estoy refiriendo, claro está, a esos individuos que cumplen una función esencial en la sociedad porteña, y lo hacen a costa de quejas, insultos y desprecios desde el interior del bólido, y también desde sendas peatonales, taxis insolentes y coches "particulares" (adjetivo éste un tanto ambiguo). Los colectiveros sufren los mandobles verbales (y también escritos) a diestra y siniestra, pero nadie alza la voz por ellos. Es, pues, mi propósito remediar desde este humilde rincón lo que entiendo una injusticia.

Es cierto que los choferes de colectivo andan a veces de mal humor, o que pasan de largo en el momento menos indicado (aunque en el caso de quien esto escribe, fue en el más oportuno de la historia). También es verdad que regulan la velocidad de acuerdo a los tiempos que les exige la empresa. Y podríamos seguir con varios defectos que encontramos en esos seres humanos generalmente vestidos con camisa azul y pantalones oscuros. Creo que la peor acusación que puede recibir un colectivero es la de manejar mal. Pero los colectiveros son parte de Buenos Aires, y no tienen buena prensa pese a que posibilitan el viaje de miles y miles de porteños cotidianamente.

Seguramente, en mis apreciaciones estoy influido por mi experiencia personal. Fue un colectivero el que pasó de largo el día en que conocí a Paula, y fue otro el que le permitió subir aún cuando no le alcanzaban las monedas. A veces pienso que esa noche, todos los colectiveros de la línea 60 eran el mismo...

En mi época de sufrido pero feliz cadete, me gustaba viajar en colectivo por la ciudad, y conocer rincones que nunca había visto antes, como la Basílica de Nueva Pompeya, a donde iba seguido para llevar cosas a un lugar de la calle Beazley. Ese viaje era uno de mis preferidos, porque cruzaba Boedo y además me permitía dormitar un rato acunado por el empedrado de esos lares.

Siempre saludo al subir al colectivo. A veces no se dignan contestar, y otras me miran enmudecidos por la sorpresa. Pero las más de las ocasiones, me responden el saludo desde su trono tan porteño.

Mi primo Carlitos se reencontró en la línea 108 con un compañero de colimba, de nombre Ader, que había hecho carrera como colectivero. Tuvo el privilegio de viajar en el estribo hablando con su viejo colega, algo que yo nunca he logrado pese a que me habría gustado. El que viaja en el estribo es como un observador que está más allá de boletos, monedas y asientos vacíos. En muchos colectivos han aparecido carteles pidiendo que ningún pasajero viaje en el estribo junto al chofer. "No comprometa al conductor", reza el aviso. Puede deducirse de ello que en algunos casos, el supuesto amigo no es más que un cargoso al que el chofer prefiere comunicarle vía la patronal que no lo soporta más, porque viaja de garrón y no para de decirles cosas a las mujeres agraciadas (y no tanto) que suben al mundo de 20 o 30 asientos. En el caso de mi primo, fue el mismo Ader quien lo invitó a ubicarse en el estribo, así que no quedan dudas.

Algo que valoro en los colectiveros es su inquietud por la estética de su inmensa mascota metálica. Osos de peluche, Cristos con palomas que los sobrevuelan y la banda roja que los hace parecer de River, estampitas de San Cayetano o la Difunta Correa, poesías de Juan Salvador Gaviota, muñequitos colgantes con resorte (estos son de mis favoritos, igual que las pelotitas plateadas de boliche), perritos que mueven la cabeza, muchos espejos revestidos de más peluche, luz negra o roja, dados rojos con puntos negros, o carteles con refranes chistosos, son algunos de los recursos que aprovechan para adornar implacablemente su tablero. Ese tablero que parece ser el sueño de muchos para su propio auto, con tantos botones y lucecitas como puede abarcar la vista del conductor. Un elemento esencial, que comparten con los tacheros, es el asiento masajeador, que puede ser de bolitas de madera o de simples tiras de plástico flexible.

En los últimos meses, suelo tomarme un 184 que pasa siempre a la misma hora, y a la vuelta del trabajo, es un verdadero bálsamo para el espíritu agotado. El tipo lleva la luz negra y una música de Genesis o Pink Floyd que eleva los pensamientos a esferas alejadas de la dura jornada laboral. En alguna ocasión, me ha costado levantarme para tocar el timbre y dejar ese pequeño recreo móvil sobre el empedrado de Colegiales.

En las discusiones airadas entre el colectivero y alguno de los pasajeros, siento que los neutrales tienden injustamente a estar del lado del cliente. Pero en muchas ocasiones, comprendo a ese trabajador que lleva horas y horas manejando y escuchando quejas que no son más que descargas de frustraciones con los que no tiene nada que ver. Entonces, cuando una señora ya madura se queja a viva voz porque el señor no ha parado donde debía después de haberle tocado cuatro veces el molesto timbre, sé que quizá la razón esté de su lado, pero no puedo evitar una leve simpatía hacia ese chofer distraído que está harto de ser el blanco de tantas tensiones ajenas. Al fin y al cabo, seguro que esa señora le ha robado el asiento a alguno que se lo iba a dar pero ni siquiera tuvo tiempo porque ella se abalanzó sobre lo que era de otro, con la especulación de que a los ojos de los demás pasajeros, ella tiene siempre el privilegio. Entonces, cuando esa señora pasa de largo y tiene que caminar un poco por culpa del colectivero, sonrío por dentro y le deseo a la señora un buen arribo a casa.

Los colectivos tienen ese no sé qué, como Buenos Aires misma, que está toda rota, es ruidosa y a veces nos trata con desdén. Pero la queremos igual.

22 de junio de 2008

JUAN CRUZ MIGLIORE

Esta tarde se nos fue un socio del club mientras jugaba un partido de rugby en la Primera, ante San Fernando. Había hecho un try, y después de una jugada típica del juego quedó aplastado y golpeado por los jugadores que intervenían en ella. Se lo llevaron inconsciente, pero no llegó con vida al hospital. Tenía 20 años, y unos pocos partidos en Primera. Vivía en Villa de Mayo, en cuya sede fue el partido fatal que sus padres habían ido a ver.

En CUBA estamos todos tristes.

Completo con un video en homenaje a él, que encontré en Periodismo-Rugby, realizado para un programa especial de ESPN.

21 de junio de 2008

INVIERNO

Hoy leí la siguiente reflexión, y quiero compartirla con el amigo lector:

"Se encuentran pensamientos importantes en los escritos de los poetas, más aún que en los de los filósofos. La razón estriba en que los poetas escriben arrebatados por el entusiasmo y por la fuerza de la imaginación; y en nosotros se encuentran destellos de ciencia, como en el sílex que los filósofos extraen razonando, en tanto que los poetas los hacen salir fuera vigorosamente más brillantes con la imaginación".

Cualquiera de nosotros podría pensar que quien escribió estas líneas fue un artista o un soñador inspirado. Pero su autor no fue otro que René Descartes, el padre del racionalismo moderno, el hombre de la duda como método y punto de partida para toda su visión de la realidad. Su libro favorito, según dicen, era el "Amadís de Gaula", obra cumbre de la caballería española.

En homenaje a esta sentencia del pensador francés, dejo aquí una poesía de Pablo Neruda en homenaje a la fría estación del año que hoy nos toca empezar:

Llega el invierno. Espléndido dictado
me dan las lentas hojas
vestidas de silencio y amarillo.
Soy un libro de nieve,
una espaciosa mano, una pradera,
un círculo que espera,
pertenezco a la tierra y a su invierno.
Creció el rumor del mundo en el follaje,
ardió después el trigo constelado
por flores rojas como quemaduras,
luego llegó el otoño a establecer
la escritura del vino:
todo pasó, fue cielo pasajero
la copa del estío,
y se apagó la nube navegante.
Yo esperé en el balcón tan enlutado,
como ayer con las yedras de mi infancia,
que la tierra extendiera
sus alas en mi amor deshabitado.
Yo supe que la rosa caería
y el hueso del durazno transitorio
volvería a dormir y a germinar:
y me embriagué con la copa del aire
hasta que todo el mar se hizo nocturno
y el arrebol se convirtió en ceniza.
La tierra vive ahora
tranquilizando su interrogatorio,
extendida la piel de su silencio.
Yo vuelvo a ser ahora
el taciturno que llegó de lejos
envuelto en lluvia fría y en campanas:
debo a la muerte pura de la tierra
la voluntad de mis germinaciones.

El cuadro que ilustra estas líneas es "Invierno", del milanés Guiseppe Arcimboldo, de quien algunos se preguntan si no estaría loco.

17 de junio de 2008

EL DISCO: NIGHTS FROM THE ALHAMBRA

Pocos saben que Loreena McKennitt no es irlandesa o escocesa, sino canadiense. Nacida en la región central de Manitoba, esta cantante de música celta no ha editado una gran cantidad de discos de estudio a sus 51 años, pero sí los ha hecho de una calidad suprema. En esta ocasión me refiero a "Nights from the Alhambra", la obra que grabó después de tres días de conciertos al aire libre, del 13 al 15 de septiembre de 2006, en un lugar que, según sus propias palabras, guarda nuestros sueños de eternidad dentro de sus piedras.

La Alhambra, en Granada, fue la capital del dominio moro en España, hasta que fueron expulsados en 1492. El historiador Ibn-Al-Jatib la describió de esta manera: "Hay allí tal abundancia de aguas que, desbordándose a torrentes de los estanques y albercas, forman en la pendiente arroyos y cascadas, cuyo sonoro murmullo se escucha a larga distancia. Rodean el muro de aquella población dilatados jardines, propios del sultán, y arboledas frondosísimas, brillando como astros, a través de su verde espesura, las blancas almenas. No hay, en fin, en torno de aquel recinto, espacio alguno que no esté poblado de jardines, de cármenes y de huertos".

Pues bien, cuando los moros perdieron su última posesión en España, que era Granada, la madre del sultán Aixa, le lanzó a su hijo, Boabdil el Chico, la famosa frase: "Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre".

Más allá de si esta sentencia se corresponde con lo sucedido o no, este fue el escenario del concierto que Loreena McKennitt ofreció, acompañada de su acordeón, su arpa y su piano, y toda una banda que incluía, entre otros, a Caroline Lavelle en el cello, una intérprete que también ha trabajado con Peter Gabriel, Radiohead y los Chieftains irlandeses.

Este disco repasa canciones de sus discos anteriores y también del que estaba por publicarse ("The Ancient Muse"), con joyas tales como "Marco Polo".

Hay disponible un resumen de 8 minutos con retazos del repertorio que la artista ejecutó en el recital, pero he preferido dejar aquí dos canciones: la primera, "She Moved Through the Fair", una melodía tradicional de la costa occidental irlandesa, y una de las primeras que la cantante aprendió de ese país. La segunda es "Cymbeline", que es de su disco "The Visit", y se nutre de las letras que William Shakespeare escribió alrededor de 1610. He elegido esta canción porque en ella la riqueza vocal de Loreena McKennitt se muestra claramente junto a su arpa.

Como siempre, el último párrafo es para mi relación con la obra. Loreena McKennitt es una de esas artistas de música celta, junto a Enya o el grupo Celtic Woman, que me traen paz después de jornadas agitadas, plenas de vértigo y cansancio. Su voz es exquisita, y el hecho de que hubiera grabado este recital en un lugar del que guardo un recuerdo muy particular me llevó a escucharlo de inmediato. Quien ha estado en La Alhambra, subiendo esa cuesta bajo una luna blanca y redonda de Pascua, sabe de qué hablo. Que viva Granada.



9 de junio de 2008

4 de junio de 2008

EL LIBRO: CRIMEN Y CASTIGO

Fedor Dostoievski es uno de los escritores más grandes que ha dado la Humanidad. Dentro de su extensa biblioteca, tal vez su obra cumbre es la que aquí venimos a examinar: "Crimen y Castigo".

Este libro fue publicado en 1866 en un diario llamado "El Mensajero Ruso", dividido en 12 partes. Lo había empezado en noviembre de 1865, uniendo lo que originalmente era el "Diario de Raskolnikov" (protagonista de la novela) con otra obra que había ideado y se llamaba "Los Pobres Borrachos". En esta última aparecía el que sería uno de los principales rostros de "Crimen y Castigo", Marmeladov.

Los personajes de esta obra magna comparten una condición común de desgraciados, descastados de la sociedad en la que no hallan refugio para sus penas. El protagonista, Raskolnikov, se debate entre ser el superhombre libre de ataduras morales y un hombre común que solo busca la libertad humana, y por tanto limitada al bien. Su salvadora es Sonia, la que se prostituye para mantener a su familia pero se da tiempo para, en medio de su miseria, compadecerse de él, pobre infeliz que lucha consigo mismo. "No hay nadie en el mundo más desgraciado que tú", le dice. Sonia es una mujer condenada en la tierra, pero ligada al Cielo por el sufrimiento aceptado. ¿Qué lógica hay en ello? La lógica de la fe, que supera la inmanencia del hombre.

El lector simpatiza con los personajes enfermos de Dostoievski, y hasta puede identificarse con ellos. ¿Por qué? Porque el escritor los disculpa con sus manías y sus locuras. Escribe el historiador Henri Troyat en su biografía del gran ruso:

"Desde luego, la primera impresión es que no tenemos nada que ver con estos seres desconcertantes. Y, sin embargo, nos atraen como el fondo de un abismo. Nunca los hemos encontrado. Pero nos son misteriosamente familiares. Los comprendemos. Los amamos. En fin, nos reconocemos en ellos. Y es que no son más anormales que nosotros. Son lo que no nos atrevemos a ser. Hacen y dicen lo que no nos atrevemos a hacer y decir. Ofrecen a la luz del día lo que nosotros hundimos en las tinieblas de nuestras conciencias".

Los rasgos de los personajes dostoievskianos se repiten en todos sus libros, y comparten esa búsqueda permanente de la felicidad que los llene de sentido en medio de los vicios y las manías autodestructivas. Él mismo lo dijo: "El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para qué se vive".

Leí "Crimen y Castigo" por primera vez a los 15 o 16 años, y debo decir que me marcó en mi visión de las personas y mi forma de ver la realidad que me circundaba. En el sufrimiento ajeno encontré una redención futura que coincidía con lo que me había sido enseñado, pero era presentado aquí en una dimensión mucho más vívida para un espíritu juvenil. Raskolnikov es uno de los personajes que, sin dudas, mayor simpatía me ha despertado en mis lecturas, por su búsqueda permanente de verdad, su honestidad intelectual y su apertura al amor y la trascendencia de sí mismo, que es lo que salva al hombre.