
Para homenajear al gran libertador en este feriado, un extracto de "El nido de cóndores", de Olegario Víctor Andrade. El poema completo puede ser leído aquí.
Pensativa su frente, cual si fuera,
en muda discusión con el destino
iba el héroe inmortal que en la ribera
del gran río argentino
al león hispano asió de la melena
¡y lo arrastró por la sangrienta arena!
El cóndor lo miró, voló del Ande
a la cresta más alta, repitiendo
con estridente grito:¡Este es el grande!
Y San Martín oyendo
cual si fuera el presagio de la historia
dijo a su vez: ¡Mirad! ¡Esa es mi gloria!
¡Milagros de la gloria!
Tu espada, San Martín, hizo el prodigio.
Ella es el lazo que une
los extremos de un siglo ante la historia;
y entre ellos se levanta,
como el sol en el mar dorando espumas,
el astro brillador de tu memoria.
¡No morirá tu nombre!
Ni dejará de resonar un día,
tu grito de batalla,
mientras haya en los Andes una roca,
y un cóndor en su cúspide bravía.
Está escrito en la cima y en la playa,
en el monte, en el valle, por doquiera,
que alcanza de Misiones al estrecho
la sombra colosal de tu bandera.
La imagen que ilustra estas líneas es un cuadro del orfebre Pallarols, en el que él mismo se autorretrató como el segundo granadero del fondo empezando desde la izquierda.
16 de agosto de 2010
TU ESPADA, SAN MARTÍN, HIZO EL PRODIGIO
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TEMAS: SAN MARTÍN
25 de febrero de 2010
FELIZ CUMPLEAÑOS, SAN MARTÍN
Suele recordarse la fecha en que San Martín dejó este mundo, pero no tanto el bendito día en que nació: el 25 de febrero de 1778. Su padre, Juan de San Martín y Gómez, era un militar español que había sido destinado a las tórridas zonas de Corrientes, más precisamente a Nuestra Señora de los Reyes Magos de Yapeyú, un poblado fundado por los jesuitas, quienes sufrían por aquel entonces el proceso de expulsión de las tierras rioplatenses.
En la imagen se observa un mapa del Yapeyú de entonces, con la ubicación de la casa donde vino al mundo el gran prócer.
Curiosamente, Juan de San Martín había nacido en León (España), más precisamente en Cervatos de la Cueza, el 3 de febrero de 1728. Es decir, el mismo día en que varios años más tarde tendría lugar el bautismo de fuego de San Martín como militar argentino, en la batalla de San Lorenzo.
Según Agustín Pérez Pardella, “Yapeyú contaba con una plaza, iglesia, cabildo y el gran edificio rectangular que los jesuitas habían utilizado como escuela, dormitorios, biblioteca y talleres de artes y oficios, y de cuyas aulas habían salido centenares de guaraníes hablando en español y rezando a Jesucristo”.
Al parecer, Juan de San Martín fue un buen administrador del lugar y los portugueses, quienes codiciaban todas las tierras forzosamente abandonadas por los jesuitas, no se animaban a poner pie en la región.
En ese ambiente nació el quinto hijo de Juan de San Martín y Gregoria Matorras: José Francisco, que –tal como indica la historiadora Patricia Pasquali- fue bautizado al día siguiente por un fraile dominico: don Francisco de la Pera. Sus padrinos fueron el comerciante porteño Cristóbal de Aguirre y Josefa Matorras. Al año de vida tuvo los cuidados de la india Juana Cristaldo, y en septiembre de 1779 el virrey Vértiz relevó al padre de San Martín de su cargo, aunque el Cabildo, a pedido del interesado, declaró que quedaban “muy agradecidos todos a su eficacia y celo”.
En Yapeyú se conservan las ruinas de la casa natal del prócer argentino y los restos de sus padres, que fueron llevados allí desde el Cementerio de la Recoleta, donde yacían semiolvidados, y después de una larga controversia.
Como todo en nuestro querido país, el nacimiento de San Martín también ha sido objeto de debate: ciertos historiadores sostienen que el héroe era en realidad hijo de Diego de Alvear y de una indígena guaraní.
Suficiente con esto. Baste lo dicho para recordar el cumpleaños de José de San Martín y seguir honrando su magna memoria.
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TEMAS: HISTORIA, SAN MARTÍN
17 de agosto de 2009
LAS HERAS Y SAN MARTÍN
Siempre me ha llamado la atención, cada vez que voy al mausoleo de San Martín en la Catedral de Buenos Aires, que uno de quienes acompañan al gran prócer en su descanso sea Juan Gregorio de las Heras. Tomás Guido, cuyos restos ocupan la urna que está a la izquierda del visitante, fue amigo y confidente de San Martín hasta el final, como lo prueban las numerosas cartas que podemos encontrar en la obra de Patricia Pasquali, "San Martín Confidencial". Pero de Las Heras, que ocupa la urna de la derecha, ignoraba la razón de su presencia tan selecta en ese mausoleo, que se suma a la del soldado desconocido ubicada detrás del monumento.
Las Heras tuvo un desempeño muy importante en la gestación de nuestra independencia y su sostenimiento, ya que combatió en las Invasiones Inglesas, ayudó a organizar el Regimiento de Patricios en la Revolución de Mayo, fue gobernador de Buenos Aires entre 1824 y 1826, y también fue general de división del ejército chileno.
Junto a San Martín, ocupó un rol importantísimo en la campaña libertadora, al cruzar los Andes al mando de una división a través del Paso de Uspallata, y liderar parte de las fuerzas vencedoras en Maipú y Chacabuco. Incluso en el desastre de Cancha Rayada logró retirar a 3.500 hombres del campo de batalla cuando la derrota ya era un hecho, lo que posibilitó el rearme y las posteriores victorias ya mencionadas. De hecho, encontré en Educ.ar la siguiente cita de Mitre: "Las Heras salvaría la revolución americana en el día de su mayor conflicto".
Pero aquí llego a mi desconcierto: el hombre que fue uno de los dos elegidos para acompañar el descanso eterno de San Martín en su mausoleo tuvo visibles diferencias con éste e incluso recibió sanciones por ello.
El 14 de mayo de 1816, en carta a Tomás Guido, San Martín desaconsejó el nombramiento de Las Heras al mando del Regimiento 11 para la expedición libertadora a Chile. "Heras tiene disposición y deseos pero no tiene conocimiento del manejo interior de un cuerpo", escribió el santo de la espada. Según Pasquali, Las Heras se enteró de estas reflexiones y comenzó a conspirar junto a otros implicados "para resistir por la fuerza el pretendido relevo, planeando incluso atentar criminalmente contra la persona de San Martín". Agrega: "La confabulación fue abortada a tiempo por el Comandante del Ejército, quien no tomó represalias contra Las Heras, como sí lo hizo con otros dos implicados; solo se limitaría a reducir su regimiento, el n° 11, a un solo batallón (...) De todos modos ese fue el origen de un sordo resentimiento que se arraigó en aquel coronel contra su jefe".
De todas maneras, en cartas posteriores San Martín siempre se interesaba por Las Heras cuando ya no lo tenía a su lado, y éste fue ascendido antes de la campaña al Perú, en la que tuvo un rol de aun mayor jerarquía: jefe del Estado Mayor. Pero fue allá donde Las Heras solicitó su retiro del Ejército Libertador en disconformidad con decisiones de San Martín.
En la misma página de Educ.ar, encuentro que "la Comisión de Repatriación de los restos del general San Martín había propuesto al Gobierno Nacional la erección en el mausoleo de la Catedral de cuatro estatuas de los más distinguidos generales del Libertador «para los cuales están preparados los nichos, pidiendo a V. E. -dice la nota- solicitar al Congreso decrete ese honor para los generales Las Heras, Arenales, Alvarado y Zapiola»". Como suele ocurrir en nuestro bendito país, solo uno de ellos tuvo el honor de ser enterrado junto a San Martín, y fue Juan Gregorio de las Heras.
Esto no pretende ser un análisis exhaustivo de la relación entre San Martín y Las Heras (otros saben mucho más que quien esto escribe sobre el tema), sino más bien un interrogante que se me plantea al ver al segundo junto al primero en el mausoleo, habida cuenta de los méritos que tantos tienen para estar allí. No le quitaremos sus bien merecidos laureles a Las Heras, pero hubo disensos entre ambos y otros personajes fueron siempre más cercanos en el sentimiento al héroe argentino.
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TEMAS: HISTORIA, SAN MARTÍN
9 de julio de 2009
SAN MARTÍN Y LA INDEPENDENCIA
Cuando el visitante entra a la sala donde los congresales declararon la independencia argentina, en la Casa de Tucumán, toma conciencia de la locura que cometieron. En ese cuarto no muy grande se reunieron 35 hombres -de los cuales 12 eran sacerdotes, 18 abogados, uno regidor del Cabildo de Córdoba, otro bachiller en Filosofía, otro doctor en Teología, otro militar (el único, Pueyrredón) y el presidente, Laprida, bachiller en leyes- de las distintas provincias o regiones del antiguo Virreinato del Río de la Plata para decidir qué hacer con la nación que había nacido el 25 de mayo de 1810, o para algunos, ya en las Invasiones Inglesas.
Mientras en esa casa de Tucumán se declaraba la independencia de "las Provincias Unidas de Sud América" y se firmaba un acta escrita en español y en quechua, la situación de la causa independentista en el resto de Iberoamérica era desesperante. En México el realismo había logrado un avance decisivo sobre los rebeldes y combatía a los últimos reductos. En Venezuela, en 1814 el realista Bobes -según muchos un hombre sanguinario- ya había vencido completamente a los revolucionarios -a costa de su propia vida- y llegaban refuerzos españoles liderados por Morillo. La libertad en América del Sur se parecía cada vez más a una utopía, y ni hablar de una posible independencia del Perú, empresa que San Martín ya preparaba a través de los Andes y por mar.
El mismo San Martín era partidario de una monarquía constitucional más que de una república, que según él conduciría a una división en localismos. Belgrano, presente en la Casa de Tucumán el 9 de julio de 1816 pero no participante de la votación, propuso una monarquía basada en la dinastía incaica como factor de unión y reaseguro de independencia. Los congresistas, en su gran mayoría, compartían la visión de Belgrano. A este respecto, es muy interesante el tratamiento de la cuestión en el libro de Agustín Mackinlay que hemos comentado recientemente: "El enigma de Mariano Moreno".
De todas maneras, es probable que San Martín tuviera a la república como mejor forma de gobierno, pero en su condición de hombre netamente práctico, no creía que las Provincias Unidas estuvieran aun maduras para un sistema semejante, y por eso pensara en la monarquía. En una carta de 1842, años después de la gesta libertadora, escribió: "Yo no soy de los que creen que es necesario dar azotes para gobernar; pero sí el que las constituciones que se den a los pueblos estén en armonía con su grado de instrucción, educación, habitudes, género de vida, etc."
San Martín, que recién en agosto recibió la noticia de la declaración de la independencia, fue uno de sus principales propulsores desde su lugar en los preparativos de la campaña militar más grande que se hubiera podido imaginar. En carta a su representante en el Congreso de Tucumán, Godoy Cruz, decía a principios de 1816: "¡Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia! No le parece a usted una cosa bien ridícula, acuñar moneda, tener pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos, qué nos falta más que decirlo por otra parte ¿qué relaciones podremos emprender cuando estamos a pupilo? Los enemigos (y con mucha razón) nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos. Esté usted seguro que nadie nos auxiliará en tal situación y por otra el sistema ganaría un cincuenta por ciento con tal paso".
Feliz Día de Independencia, pues, y recordemos a esos hombres que se la jugaron por un país "libre e independiente", según reza el Acta de la Independencia, el original de la cual, lamentablemente, se perdió en un extraño episodio.
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TEMAS: ARGENTINA, HISTORIA, SAN MARTÍN
17 de agosto de 2008
ANÉCDOTAS DE SAN MARTÍN
El lector atento sabrá a esta altura que quien esto escribe es un fiel admirador de la figura de San Martín, cuyo paso por esta vida recordamos cada 17 de agosto. Hemos rememorado su figura en tres ocasiones antes que ésta: en su biografía toda, en su vínculo con el gran Belgrano y en su vasta cultura, que promovió siempre que pudo. Siempre hay detalles de su biografía que enaltecen su figura y la de la Argentina, por él liberada.
Tal como cuenta Miguel Ángel De Marco en "Soldados y Poetas", la independencia de nuestro país podría haberse demorado si San Martín no hubiera sobrevivido a un intento de linchamiento que sufrió en Cádiz, cuando el pueblo se sublevó contra el jefe de la guarnición española en esa ciudad, el general Solano, marqués del Socorro y de la Solana. Este militar sufría la invasión de los ejércitos napoleónicos al territorio ibérico, y simulaba aceptar mansamente a los franceses, lo cual le valió la rebelión de los pobladores y su muerte. San Martín tenía un gran parecido físico con el infortunado general, y fue perseguido por la turba, que lo confundía con su real perseguido. Llegó extenuado hasta la iglesia de los Capuchinos y un fraile que lo conocía alertó a la multitud de que el hombre que ellos buscaban no era aquél, y ya estaba muerto. Así San Martín salvó su vida y salió de Cadiz rumbo a Sevilla.
Su disciplina en el incipiente ejército argentino era estricta, y él daba el ejemplo haciendo equilibrio entre su condición de jefe máximo y hombre de confianza para todos sus subordinados. En "El Santo de la Espada", Ricardo Rojas cuenta que en cierta ocasión fue a verlo un oficial, quien le confesó con pesadumbre y arrepentimiento que había usado dinero de la caja del ejército para jugárselo. San Martín le entregó dinero propio para que lo repusiera en el erario militar y le dijo: "Entregue ese dinero a la caja, pero guarde el secreto, porque si el General San Martín llega a saber que usted ha revelado lo ocurrido, lo mandará a fusilar". Imagine el lector el efecto que esta sentencia habrá tenido sobre la conducta futura del oficial, mucho más efectiva que cualquier otra sanción oficiosa.
También es conocida su anécdota con el centinela de guardia que tenía orden de no dejar pasar a un laboratorio del regimiento con botas herradas y espuelas. Para probarlo, él mismo fue dos veces con ese calzado y fue detenido por el cabo. Tras ello, se presentó con alpargatas y le dio una onza de oro al soldado, quien había puesto a una institución -la ley del lugar- por encima de cualquier persona.
"Si se dice mal de ti, y es verdad, corrígete; y si es mentira, ríete", decía San Martín, quien tenía sobrada experiencia en materia de infamia contra su persona, sobre todo de quienes veían en él, no sin envidia, a un ambicioso acaparador de poder. Nada más lejano de la realidad, a tal punto que cuando se vio llegado a un punto de no acuerdo con Bolívar, renunció a todos sus honores y se retiró de escena rumbo a la vieja Europa.
Sus máximas a Merceditas, su hija, son bien conocidas, pero siempre vale la pena recordar algunas de ellas, que cobran urgente actualidad:
- Inspirarla amor a la verdad y odio a la mentira.
- Estimular en Mercedes la caridad a los pobres.
- Acostumbrarla a guardar un secreto.
- Inspirarla sentimiento de respeto hacia todas las religiones.
Falleció, como es sabido, en Francia, más precisamente en Boulogne-sur-Mer. Pero en su testamento, tras solicitar que no se le hiciera honor alguno, pidió que su corazón descansara en Buenos Aires, un anhelo que se cumplió treinta años después de su muerte, gracias a las gestiones del presidente Nicolás Avellaneda en cumplimiento de una ley de la Nación.
Para terminar, digamos que San Martín tenía un sentido del humor fino y medido. Busaniche, en su obra "San Martín visto por sus contemporáneos", refleja a Manuel de Olazábal, militar que estaba presente un día en que San Martín tenía invitados a cenar en su residencia de Mendoza e intercambió las etiquetas de dos botellas de vino: una de esa ciudad y otra de Málaga. Todos elogiaron inmediatamente el vino que supuestamente venía de Europa y menospreciaron el primero, tras lo cual San Martín carcajeó y les reveló su maniobra. Nuestro héroe conoció la naturaleza humana, y también gran parte del ser argentino, admirador de lo extranjero y despreciativo con lo nacional. Sin embargo, ello no fue obstáculo para que pensara en la posibilidad de traer un monarca europeo a establecer una dinastía en estas tierras y unificar a los anárquicas pasiones de las provincias argentinas, que él veía perjudiciales para la futura construcción de un Estado civilizado y de avanzada.
San Martín dejó muchísimas enseñanzas, de palabra y de obra, que deben ser recordadas en cada 17 de agosto y en muchos de nuestros dilemas actuales. No solo en la vida política del país, sino en toda la multicolor vida cotidiana.
Por último y a modo de posdata, es interesante contemplar la Pinacoteca Virtual Sanmartiniana que refleja al héroe en distintas imágenes de su biografía. Fue armada por el instituto que lo homenajea en la Argentina. Que la disfruten.
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TEMAS: HISTORIA, SAN MARTÍN
12 de octubre de 2007
BELGRANO Y SAN MARTÍN
Este domingo se me casa Facundo Mourin, mi viejo compañero de secundaria, hincha de Independiente, socio y ex rugbier de Hindú. Su novia, salteña, es de Rosario de la Frontera, y hacia allá me voy a celebrar el acontecimiento y a extrañar a mi familia, que queda en Buenos Aires.
No entraré en detalles sobre el pueblo al que voy. Baste decir que sus aguas termales, a las que concurrieron Sarmiento, Avellaneda y Lola Mora, entre otros, son únicas por su variedad. Allá estuvo también el primer casino de Iberoamérica, para aquellos jugadores que pasan por este blog.
Quiero referirme a algo que sucedió muy cerca de allí, y no precisamente donde se suele decir. Hablo del encuentro entre Manuel Belgrano y José de San Martín, que según la tradición (y la imagen clásica que acompaña este texto) fue en la Posta de Yatasto, el 20 de enero de 1814.
Varios estudios niegan que esa reunión haya sido allí, y la ubican en un lugar cercano a aquél. Armando Alonso Piñeiro, en una nota publicada en el diario La Prensa el 17 de enero de 2003, dice lo siguiente: "El mismo día 17 (de enero) San Martín salió de la posta de Algarrobos, en dirección al río Pasaje o Juramento. Había recibido un mensaje de Belgrano que le decía: "Voy a pasar el río Juramento y respecto de hallarse usted, con la tropa tan inmediato, sírvase esperarme con ella". La cita se produjo, precisamente, el 17 de enero. Los recibos de postas, los oficios de Belgrano a San Martín y otros documentos conexos prueban de manera indubitable no sólo que ambos próceres no pudieron conocerse en Yatasto, puesto que uno ya había salido de este punto y el otro no había llegado, sino que se encontraron en las cercanías del poblado de Algarrobos, a cinco leguas al sur del río Juramento".
Lo cierto es que Belgrano, enterado de que San Martín salía para Salta, donde él estaba a la cabeza del Ejército del Norte, le había escrito jubiloso: "Vuele Usted si es posible: la patria necesita de que se hagan esfuerzos singulares... Crea Usted que no tendré satisfacción mayor que el día que logre estrecharle entre mis brazos".
En otra carta, le escribía Belgrano desde Jujuy: "Mi corazón toma nuevo aliento cada instante que pienso que Ud. se acerca". El creador de la bandera argentina admiraba a San Martín, a quien no conocía aún pero de quien presentía un liderazgo imprescindible en la batalla por la independencia. "Estoy persuadido de que con Ud. se salvará la Patria", le había escrito.
Belgrano, enfermo de paludismo en ese momento, a través de otra comunicación, le pidió a San Martín que lo esperara llegando al río Juramento, al norte de la Posta de Algarrobos. "Empéñese Ud. en volar, si le es posible, con el auxilio, y en venir no sólo como amigo, sino como maestro mío, mi compañero y mi jefe, si quiere."
Finalmente, ambos próceres se encontraron en un abrazo, y hablaron sobre la difícil situación. Se alojaron en la Estancia de las Juntas, que era de Manuel José Torrens.
Belgrano venía de las duras derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, y el Triunvirato lo llamaba a Buenos Aires a "dar explicaciones". Pese a que el pueblo tucumano lo aclamaba, él era despojado de su mando para que lo tomara San Martín, quien por su lado estaba convencido de que no era por el Alto Perú por donde vendrían los aires de la independencia. Alvear, enemigo político de San Martín, se lo había sacado de encima enviándolo allí.
Belgrano aconsejó a San Martín hacerse fuerte en Tucumán, y reorganizar logística y tácticamente al Ejército del Norte, que tanto había logrado con tan poco. San Martín, en tanto, reimpuso disciplina y salarios dignos en un ejército desmoralizado y mal pago. Una de las mayores muestras de esto fue el incidente con Manuel Dorrego. En una reunión en la que San Martín daba una voz de orden y cada jefe la repetía, Dorrego se rió en dos ocasiones por la voz aflautada de Belgrano. San Martín tomó un candelabro de la mesa y estuvo a punto de arrojárselo, pero le gritó: "¡Señor coronel, hemos venido aquí a uniformar las voces de mando!". Dorrego se quedó en silencio, y San Martín ordenó su envío a Santiago del Estero.
Belgrano, además, aconsejó al Libertador tener siempre muy en cuenta la religiosidad popular, de manera de no darles la razón a los españoles, que los acusaban de herejes. "No deje de implorar a Nuestra Señora de las Mercedes, nombrándola siempre nuestra generala, y no olvide los escapularios a la tropa".
El 18 de marzo, Belgrano se marchó a Buenos Aires, a pesar de la resistencia de San Martín, que dos veces había desobedecido órdenes de la capital para que sin demora don Manuel viajara hacia allá.
No volverían a verse, y sin embargo, en esos dos meses que compartieron, la Argentina naciente tuvo en un minúsculo retazo de su territorio a la Patria toda.
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TEMAS: ARGENTINA, HISTORIA, SAN MARTÍN
8 de agosto de 2007
SAN MARTÍN Y LA CULTURA
El próximo 17 de agosto se cumplirá otro aniversario del fallecimiento de José de San Martín, y para recordarlo he querido referirme a su relación con los libros y la cultura. Este aspecto del prócer suele quedar marginado por sus hazañas en el campo de batalla.
San Martín tenía una gran biblioteca que llevó consigo desde Cádiz hasta Buenos Aires, de allí a Mendoza y Valparaíso y de allí a Lima, donde la donó para formar la primera Biblioteca Nacional del Perú. Eran unos 800 volúmenes, que están enumerados por José Pacífico Otero en una edición del Instituto Nacional Sanmartiniano sobre San Martín y la cultura.
Lo que llama la atención de esa lista es la diversidad de temas que abarcaba. La cantidad impide nombrarlos todos, pero destacaremos los siguientes: unos 250 libros de Historia; 24 de Geografía más cartas náuticas de España, Perú y Antillas; 38 libros de viajes que incluyen lugares tan diversos como Rusia, Turquía, Tartaria, Grecia, Cercano Oriente y Europa en general; 63 volúmenes sobre oficios prácticos tales como agricultura, jardinería, ingeniería, quiromancia, fabricación de aguardiente, relojería y cría de ovejas, entre otros; 82 tomos de enciclopedias varias; 22 libros de derecho y legislación; 12 de matemáticas; 11 volúmenes de bellas artes; y un centenar de obras literarias de la época, con autores como Voltaire o Rousseau, además de Quevedo, Calderón y ciertos clásicos griegos.
La de Lima no fue la única biblioteca formada gracias a San Martín. En marzo de 1817, después del triunfo de Chacabuco, el Cabildo de Santiago de Chile le hizo llegar al Libertador una suma de 10.000 pesos para solventar los gastos de su viaje a Buenos Aires, pero él donó el dinero para la formación de la Biblioteca de Santiago.
También la Biblioteca Nacional de Buenos Aires recibió una donación de algo más de 100 libros pertenecientes a San Martín, ya fallecido, a través de su yerno Mariano Balcarce.
La figura del prócer trasciende los campos de batalla y se proyecta sobre la educación, terreno en el que nuestro héroe precedió a la Generación del 80, y más precisamente a Domingo Faustino Sarmiento, con quien curiosamente tuvo una entrevista en su retiro francés.
La imagen de arriba es de autoría de Theodore Géricault, artista romántico francés, autor de la famosa "La Barca de la Medusa". No es éste el único reconocimiento internacional que tiene San Martín. En el Central Park de New York, por ejemplo, hay otro.
Tengamos siempre presente la figura del Libertador, fundador de tres naciones independientes y mecenas de su cultura.
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TEMAS: ARGENTINA, HISTORIA, SAN MARTÍN
17 de agosto de 2006
UN HÉROE REPLETO DE HUMANIDAD
Hoy se cumplen 156 años de la muerte de José de San Martín, el máximo prócer de la historia argentina. En tiempos de individualismo y frivolidad, la figura de este hombre inspira permanentemente con su ejemplo, aunque a duras penas pueden imitarse sus virtudes.
Últimamente otras figuras tienen más prensa que antes: No comparto esta manía actual de contar la historia argentina como una lucha entre buenos y malos. Los simplismos nunca explican la Historia, y justamente San Martín se exilió porque nunca quiso participar de luchas fratricidas. Su único fin era el bien de la patria, y el poder le era extraño.
Belgrano, cuya trayectoria se encuentra con la de San Martín en Yatasto, inspira la grandeza que hacía falta para inclinarse ante la figura imponente del Libertador. Inmediatamente se pone a sus órdenes, después de una frustrante campaña en el Alto Perú -hoy Bolivia- que San Martín ya consideraba una vía equivocada para liberar al continente.
Varias anécdotas nos ilustran sobre la personalidad de nuestro héroe. Sacrificó todo a su causa, consciente de que su misión en esta vida era dar la independencia a las naciones del Sur. Varias veces renunció a cargos y honores, en Argentina, Chile y Perú. Donó tierras que le habían sido dadas como recompensa por sus victorias y redujo su sueldo para volcar fondos a la causa de la independencia. "Desde este instante el lujo y las comodidades deben avergonzarnos", respondió ante la insistencia del Cabildo de Mendoza en que no renunciara a la mitad de su ingreso. Y vendió un mueble para seguir viviendo con su medio sueldo.
La biografía de San Martín se topa constantemente con otros próceres desconocidos, que hoy son solo una calle o un nombre vagamente instalado en la memoria de los argentinos. Uno de ellos es José Antonio Álvarez Condarco, que confeccionó de memoria los mapas para atravesar los Andes. Había sido enviado por el Libertador a una entrevista con el general Marcó del Pont, jefe de los ejércitos españoles, con la excusa de anunciarle la independencia de las Provincias Unidas. La intención real era explorar el paso de Los Patos y volver por el de Uspallata, que era el más corto y era por donde estaba seguro de que los españoles devolverían al espía.
Efectivamente, Marcó quiso fusilar inmediatamente a Álvarez Condarco, pero éste salvó su vida gracias a los oficios de sus compañeros masones en el ejército español. El general español lo envió de regreso con una nota en la que decía: "Firmo con mano blanca, no como la de su jefe que es negra". Esto quería decir que San Martín, según el general realista, había traicionado a España volviendo a su patria para darle la independencia.
Después de la batalla de Chacabuco, el derrotado Marcó fue llevado ante la presencia de San Martín, que irónicamente lo saludó diciéndole: "General, venga esa mano blanca".
El regreso de San Martín a Buenos Aires, después de la liberación de Chile, fue en completo silencio. Se había preparado un gran recibimiento en San José de Flores, por donde el general llegaría a la capital. Pero él adelantó su vuelta y llegó en horas de la madrugada, para no recibir ningún agasajo.
Un hito fundamental en la vida del prócer es su entrevista con Bolívar en Guayaquil. Después de ella San Martín se retira completamente de escena y le deja el campo libre al venezolano. Se sabe que él le pidió a Bolívar que le enviara refuerzos para liquidar la guerra en el Perú, pero éste se los negó. San Martín lo había ayudado a él con tropas en el norte del continente, pero Bolívar no respondió en consecuencia.
San Martín, comprendiendo que Bolívar quería tomar el papel protagónico en la etapa final de la independencia sudamericana, se ofreció a ponerse a sus órdenes si a cambio de ello obtenía los refuerzos necesarios. Pero Bolívar se mantuvo en sus trece, y el argentino se fue de la entrevista decepcionado. "Bolívar nos ha ganado de mano", comentó a sus colaboradores en el brindis después de las dos entrevistas mantenidas. Y ordenó empacar todas sus pertenencias para retirarse a Chile y más tarde a Mendoza. Eran dos personalidades opuestas. El uno, modesto, austero y cerebral, cómodo en las sombras. El otro, ampuloso, impulsivo y vanidoso, amigo de la gloria y los honores. Uno, estoico héroe griego. El otro, exaltado general romano.
La vida de San Martín ofrece ejemplos numerosos y enseñanzas para la educación de cualquier argentino. El espacio es más que insuficiente en esta columna, pero puedo recomendar algunas obras. Dos de ellas son la correspondencia del general con su antiguo ayudante de campo Tomás Guido, compilada por la historiadora Patricia Pasquali y titulada "San Martín confidencial". Esta autora también escribió una biografía del prócer: "San Martín - La fuerza de la misión y la soledad de la gloria". Otra obra recomendable es: "San Martín. El libertador cabalga", de Agustín Pérez Pardella.
Si se quiere variar un poco hay una biografía escrita por el reconocido historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna, quien fue el propulsor del primer monumento erigido a la memoria del prócer, y autor de su primera biografía (1862). Hay también una obra que no he leído pero desearía leer, titulada "La salud de San Martín". Fue escrita por el médico Antonio Guerrino, y estudia un aspecto bastante desconocido del Libertador, que pudo haber cambiado la historia y le da además un aire aún más heroico a lo realizado por el prócer.
En Internet hay un buen sitio donde leer documentos, cartas y anécdotas de San Martín. Es "Los documentos del cruce" , realizado merced a un concurso organizado por Clarín y auspiciado por la Unesco.
Mañana, cuando viajemos a Chile a visitar a la Abuela Cupy en Santiago, contemplaré los Andes como siempre hago desde el avión y evocaré a ese héroe de rostro humano que cruzó esa barrera inmensa de 6.000 metros a lomo de mula o en camilla, y bajo pronóstico de muerte dado por su médico, debido al esfuerzo insuperable que aquello suponía. Él y los 5.000 hombres que lo hicieron merecen nuestro recuerdo, admiración y agradecimiento.
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TEMAS: HISTORIA, SAN MARTÍN