
El amigo lector ya sabe que en este espacio la Historia ocupa un lugar importante, y en la Semana de Mayo dejo al interesado algunos artículos de quien esto escribe sobre el tema, derramados en este rincón y en un blog amigo:
Los hitos de Mayo en Palermo: Una mirada sobre las calles, y lugares de Palermo que homenajean a los héroes de la Revolución de Mayo.
Calles de Mayo: Belgrano: El mismo recorrido continúa por este barrio.
Calles de Mayo, en Saavedra.
Belgrano y la cultura.
Belgrano y San Martín: Detalles del encuentro de los dos próceres.
Apuntes de Mayo: ¿Quiénes eran los hombres de la Revolución?
El enigma de Mariano Moreno: un comentario sobre el excelente libro de Agustín Mackinlay.
La vida cotidiana en la Buenos Aires de 1810: otro comentario, en esta ocasión sobre la obra de Roberto Elissalde.
La pasión y la razón: una cita de Mariano Moreno.
22 de mayo de 2010
NOTAS DEL BICENTENARIO
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TEMAS: HISTORIA
15 de mayo de 2010
LA VIDA COTIDIANA EN LA BUENOS AIRES DE 1810
Terminé el libro que ocupaba el margen derecho hace mucho tiempo, pero la falta de minutos para elaborar una opinión condimentada me impedía plasmar una reflexión aquí.
En primer lugar, diré que esta obra del historiador Roberto L. Elissalde me parece brillante. Es un acercamiento original a los días de Mayo, cuando la patria nacía y los hombres buscaban un mismo objetivo, aun con diferencias internas que muchos pseudohistoriadores se empeñan en enfatizar para dividir a los protagonistas del relato en buenos y malos.
Tomo por ejemplo, el día en que escribo esto: 15 de mayo. Además de las obvias referencias a la situación de creciente inquietud política en Buenos Aires, leemos que el maestro farolero Pascual Babañoli arregló dos cristales rotos de la Sala Capitular. "El maestro", dice el cronista imaginario, "debe de hacer buen dinero vendiendo cristales para los faroles de la calle, ya que es común que algunos muchachos divertidos, cuando salen de los cafés, los rompan a pedradas". Igual que ahora, 200 años más tarde.
El libro tiene el formato de una imaginaria agenda donde un habitante de Buenos Aires va escribiendo, del 1 de enero al 31 de diciembre de 1810, los acontecimientos que suceden en la ciudad. Todo está basado en documentación histórica, y cada anotación tiene su correspondiente invocación de fuente.
Las mujeres y hombres de aquella Buenos Aires hicieron lo que pudieron, y vaya si lograron avanzar hacia la libertad para nuestra patria. Entre esas peripecias, la ciudad seguía su vida normal, de carne y hueso, y con esa vida es con la que nos topamos en este libro excelentemente escrito y muy bien editado.
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25 de febrero de 2010
FELIZ CUMPLEAÑOS, SAN MARTÍN
Suele recordarse la fecha en que San Martín dejó este mundo, pero no tanto el bendito día en que nació: el 25 de febrero de 1778. Su padre, Juan de San Martín y Gómez, era un militar español que había sido destinado a las tórridas zonas de Corrientes, más precisamente a Nuestra Señora de los Reyes Magos de Yapeyú, un poblado fundado por los jesuitas, quienes sufrían por aquel entonces el proceso de expulsión de las tierras rioplatenses.
En la imagen se observa un mapa del Yapeyú de entonces, con la ubicación de la casa donde vino al mundo el gran prócer.
Curiosamente, Juan de San Martín había nacido en León (España), más precisamente en Cervatos de la Cueza, el 3 de febrero de 1728. Es decir, el mismo día en que varios años más tarde tendría lugar el bautismo de fuego de San Martín como militar argentino, en la batalla de San Lorenzo.
Según Agustín Pérez Pardella, “Yapeyú contaba con una plaza, iglesia, cabildo y el gran edificio rectangular que los jesuitas habían utilizado como escuela, dormitorios, biblioteca y talleres de artes y oficios, y de cuyas aulas habían salido centenares de guaraníes hablando en español y rezando a Jesucristo”.
Al parecer, Juan de San Martín fue un buen administrador del lugar y los portugueses, quienes codiciaban todas las tierras forzosamente abandonadas por los jesuitas, no se animaban a poner pie en la región.
En ese ambiente nació el quinto hijo de Juan de San Martín y Gregoria Matorras: José Francisco, que –tal como indica la historiadora Patricia Pasquali- fue bautizado al día siguiente por un fraile dominico: don Francisco de la Pera. Sus padrinos fueron el comerciante porteño Cristóbal de Aguirre y Josefa Matorras. Al año de vida tuvo los cuidados de la india Juana Cristaldo, y en septiembre de 1779 el virrey Vértiz relevó al padre de San Martín de su cargo, aunque el Cabildo, a pedido del interesado, declaró que quedaban “muy agradecidos todos a su eficacia y celo”.
En Yapeyú se conservan las ruinas de la casa natal del prócer argentino y los restos de sus padres, que fueron llevados allí desde el Cementerio de la Recoleta, donde yacían semiolvidados, y después de una larga controversia.
Como todo en nuestro querido país, el nacimiento de San Martín también ha sido objeto de debate: ciertos historiadores sostienen que el héroe era en realidad hijo de Diego de Alvear y de una indígena guaraní.
Suficiente con esto. Baste lo dicho para recordar el cumpleaños de José de San Martín y seguir honrando su magna memoria.
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TEMAS: HISTORIA, SAN MARTÍN
31 de octubre de 2009
HALLOWEEN ES EL AÑO NUEVO CELTA
En Estados Unidos, la noche del 31 de octubre los pequeños salen a tocar las puertas de las casas y pedir dulces, disfrazados con una calabaza o motivo alusivo. Esta tradición viene de la civilización celta, de la que ya hemos hablado en varias oportunidades en este humilde espacio. Hay en el medio un rito de unión entre vivos y muertos.
La fiesta de Halloween fue importada por la Argentina con fines netamente comerciales, y no está de más conocer su origen exacto -el Samhain- para no perder de vista su sentido original, que es la celebración del Año Nuevo celta.
En el excelente blog Innisfree pueden leer la explicación completa de lo que estoy comentando. En lo que a mí respecta, prefiero los 17 de marzo.
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TEMAS: HISTORIA
23 de septiembre de 2009
DE TESOROS FABULOSOS HUNDIDOS EN EL MAR, POR CARLOS DUELO CAVERO
En el siglo XVII, en España, ya se habían desarrollado técnicas y equipos para la búsqueda y recuperación de galeones, como lo revela un interesante manuscrito conservado en el Museo Naval de Madrid
El tema de la búsqueda de galeones hundidos en el fondo del mar con sus correspondientes cargas preciosas, estaba circunscripto hasta no hace mucho al ámbito de la literatura de ficción, del género de la aventura. Ya no es así. De un tiempo a esta parte ha pasado a ser noticia de gran actualidad que suele aparecer en las primeras planas de los diarios y, a menudo, en los informativos de la televisión.
Ante esos buceadores rebosantes de alegría que sin ningún pudor muestran los frutos de sus pesquisas submarinas -lingotes de oro y plata, joyas y monedas, que ascienden a menudo al total de varias deudas externas- uno, la verdad, tiene la sensación de haber perdido lamentablemente el tiempo, y se culpa por no haber nacido con "l'esprit de l'aventure", e incluso, si nos apuran, por no ser un hombre rana, dicho sea sin segundas intenciones.
Los galeones
Una mañana de julio de 1985 los diarios nos sirvieron con el desayuno los alucinantes relatos que el norteamericano Mel Fisher había hecho sobre el rescate del tesoro del galeón español "Nuestra Señora de Atocha", naufragado en los cayos de la Florida cuando transportaba a España lingotes de plata y otras menudencias por el valor de 400 millones de dólares. Una historia digna de James Bond, pero verídica.
Este ha sido sin duda el rescate submarino más espectacular hasta el presente. Se explica que el tal Fisher -que en rigor debiera llamarse Fisherman, o sea pescador- apareciera junto a sus buceadores ante las cámaras haciendo un alarde de espuma de champán francés sobre la cubierta de su navío.
En estos días nos enteramos por los mismos medios de que un enjambre de buzos y hombres rana especializados en esta lucrativa actividad, localizó finalmente los restos de otro muy buscado galeón, igualmente español, pero mucho más importante que el "Atocha", que probablemente sea "Nuestra Señora de la Maravilla" -¡y vaya si le queda bien el nombre!- naufragado en las Bahamas en 1656 con un argamento cuyo valor no baja de los 1.600 millones de dólares. Del botín reflotado uno ya se conformaría solamente con poseer la esmeralda de 49,5 kilates que -aseguran- contenía uno de los cofres recobrados. La piedra preciosa está justipreciada en un millón de dólares.
La búsqueda de galeones hundidos en las profundidades abismales de océanos y mares del planeta no es cosa de hoy, ni siquiera de ayer. Ya en el siglo XVII se aplicaban técnicas por entonces muy afinadas para intentar el rescate de los tesoros sepultados bajo las aguas. En el Museo Naval de Madrid se conserva un valioso manuscrito debido a don Pedro de Ledesma en el cual éste explica detalladamente cómo a la sazón se ubicaban los galeones españoles perdidos en accidentes propios de la navegación o a causa de los ataques de los piratas, ingleses y holandeses principalmente, que merodeaban por los mares del Nuevo Continente.
Un curioso personaje
El mencionado manuscrito, no hace mucho salido a la luz pública gracias a la inquietud y generosidad de la profesora Lola Higueras, jefa de investigación del Museo Naval de Madrid, encierra un valor documental inestimable ya que aporta datos significativos para el enriquecimiento de la historia de las exploraciones marítimas y la labor de los estudiosos del tema.
La profesora Lola Higueras piensa que el tal don Pedro de Ledesma probablemente sea el mismo personaje que por aquella época -inicios del siglo XVII- era secretario del Consejo de Indias, primero con Felipe III más tarde, hasta noviembre de 1622, con Felipe IV.
Los frecuentes siniestros de las naves de la Corona Española que hacían viajes regulares entre el Nuevo Mundo y la Península Ibérica, ya fuera por acción de las flotas de naciones enemigas o por los cañonazos de los filibusteros, tuvieron la virtud de aguzar el ingenio de la gente de mar para ubicar las embarcaciones y recuperar los tesoros con ellas hundidos.
Un documento "delicioso"
A través de las descripciones de Ledesma, en las que campea un tono deliciosamente ingenuo, el lector puede apreciar hasta qué punto es falsa la tan difundida imagen que pinta al español negado para todo cuanto pertenezca al reino de la inventiva y la técnica. Las cinco preciosas láminas -de un naif encantador- que ilustran y dan realce al documento, fueron realizadas en tinta sepia con una liviana aguada en azules, y tienen la calidad de un cuadro. Una gran parte de la obra de una sorprendente nitidez se debe, pues, a la impecable profesionalidad del fotógrafo Orónez.
Por cierto que alunos pasajes del manuscrito, dividido en dos partes, son de una prosa refrescante, de sabrosa y amena lectura. Así, por ejemplo, el autor dice en nota al pie de una de las láminas: "Esta invención hice yo el año 1623 en los cayos de Matacumbé para buscar los planos de los dos galeones con la plata, "La Margarita" y el galeón de don Pedro Pasquer. Hallé el uno a tres brazas". Alude -dice la profesora Higueras- al galeón "Santa Margarita" que varó y se destrozó en uno de los temibles cayos de los Mártires.
A propósito de las arriesgadas expediciones de búsqueda y rescate en aquellos lejanos tiempos, Lola Higueras comenta en el trabajo que le publicó el excelente semanario de Barcelona "Jano - Medicina y Humanidades": "Es evidente que estos pioneros de la inmersión debieron sufrir gravísimos percances durante su trabajo, aunque la propia naturaleza del mismo provocaría una rápida y dramática selección de hombres especializados, dotados y adaptados para sobrevivir a las inmersiones en estas condiciones". Y más adelante agrega: "Si pensamos que el hombre puede trabajar y habitar hoy hasta los 500 metros en las profundidades marinas de forma habitual, y que es capaz con ingenios teledirigidos, de explorar y explotar los recursos de los océanos hasta los 5.000 metros de profundidad, estaremos en situación de valorar el avance humano en este reto apasionante por dominar las profundidades marinas".
***
A los navegantes de hoy, provistos de una afinadísima "parafernalia" de mapas, radares, sonares, rutilantes equipos de buceo, etcétera, los ha de animar sin duda la lección de coraje y empeño que les legaron sus antecesores, aquellos bravos buzanos del siglo XVIII, a pesar de los escasos y precarios medios con que contaban.
Virtualmente saqueados y degradados los recursos terrestres, la raza humana dirige hoy su mirada esperanzada al mar que no solo alberga en sus profundidades tesoros de galeones hundidos sino algo mucho más codiciable y duradero: riquezas energéticas y posibilidades alimenticias fabulosas. Del hombre depende en definitiva que esta excitante aventura submarina no se convierta en una desordenada e irresponsable explotación como la que ya aflige a nuestro castigado reino terrestre.
Publicado en "La Nueva Provincia", domingo 15 de febrero de 1987. Nota: La ilustración y los enlaces son agregados míos. Dedicado a mi adorada prima Carolina, que hoy cumple felices años.
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TEMAS: HISTORIA, TÍO CARLOS
12 de septiembre de 2009
NEW YORK CUMPLE 400 AÑOS
El otro día, charlando con una amiga de la casa, me enredé en un pequeño debate sobre quiénes habían fundado la ciudad de Nueva York. Yo sostenía que habían sido los holandeses, y ella me retrucaba que habían sido los alemanes. Antes de irme a dormir, acudí a la "Breve Historia de los Estados Unidos", de Allan Nevins y Henry Steele Commager. Encontré allí el siguiente relato que fortalecía mi sospecha:
"Los holandeses habían enviado a Henry Hudson, navegante inglés, a que explorara el río que lleva su nombre, tarea que realizó en 1609. Tras él llegaron traficantes de pieles holandeses, y, en 1624, se levantó un pequeño poblado en la isla de Manhattan. La provincia de Nueva Holanda creció muy lentamente y no logró proporcionarse instituciones de autogobierno, pero sí dejó una huella permanente en el sistema de haciendas a lo largo del Hudson, en la arquitectura y en las familias "knickerbocker" -o sea, descendientes de holandeses-, que habrían de desempeñar un papel sobresalliente en la historia de Nueva York y de la nación".
Recorrí luego las primeras páginas de la historia de Estados Unidos escrita por Paul Johnson -que empieza con la cita de Shakespeare en "Noche de Reyes" o "Twelfth Night": "No temáis la grandeza"-. No encontré allí una sentencia precisa sobre la fundación de Nueva York, aunque sí algunas referencias a las luchas entre los asentamientos holandeses y las tribus indígenas que los rodeaban, como los 120 algonquinos que huían de sus vecinos mohawk y fueron liquidados por los colonos.
Las pequeñas dudas que podían quedarme se disiparon cuando leí en los diarios que la ciudad de Nueva York festejaba los 400 años de su fundación. En particular, es interesante el artículo que publicó el diario español "El País", cuya lectura recomiendo. Llegué así a un sitio en el que los holandeses recuerdan aquel hecho con orgullo, pese a que esas tierras fueron ocupadas por los ingleses en 1664. De hecho, la princesa Máxima de Holanda ya ha visitado New York con su esposo en ocasión del aniversario.
En su origen, la ciudad de Nueva York no tuvo ese nombre sino el de Nueva Amsterdam, en clara referencia a su parentesco de sangre con la capital de donde venían los colonos.
Dado que por mis venas corre sangre holandesa y estadounidense, me uno a los festejos por la fundación de Nueva York en este pequeño rincón, y confirmo de paso el dato de sus orígenes que creía cierto. La familia de mi mamá supo habitar una casona sobre la margen del río Hudson, el que lleva el nombre del ilustre aventurero que llegó a esas tierras para ser recordado por siempre.
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TEMAS: HISTORIA
17 de agosto de 2009
LAS HERAS Y SAN MARTÍN
Siempre me ha llamado la atención, cada vez que voy al mausoleo de San Martín en la Catedral de Buenos Aires, que uno de quienes acompañan al gran prócer en su descanso sea Juan Gregorio de las Heras. Tomás Guido, cuyos restos ocupan la urna que está a la izquierda del visitante, fue amigo y confidente de San Martín hasta el final, como lo prueban las numerosas cartas que podemos encontrar en la obra de Patricia Pasquali, "San Martín Confidencial". Pero de Las Heras, que ocupa la urna de la derecha, ignoraba la razón de su presencia tan selecta en ese mausoleo, que se suma a la del soldado desconocido ubicada detrás del monumento.
Las Heras tuvo un desempeño muy importante en la gestación de nuestra independencia y su sostenimiento, ya que combatió en las Invasiones Inglesas, ayudó a organizar el Regimiento de Patricios en la Revolución de Mayo, fue gobernador de Buenos Aires entre 1824 y 1826, y también fue general de división del ejército chileno.
Junto a San Martín, ocupó un rol importantísimo en la campaña libertadora, al cruzar los Andes al mando de una división a través del Paso de Uspallata, y liderar parte de las fuerzas vencedoras en Maipú y Chacabuco. Incluso en el desastre de Cancha Rayada logró retirar a 3.500 hombres del campo de batalla cuando la derrota ya era un hecho, lo que posibilitó el rearme y las posteriores victorias ya mencionadas. De hecho, encontré en Educ.ar la siguiente cita de Mitre: "Las Heras salvaría la revolución americana en el día de su mayor conflicto".
Pero aquí llego a mi desconcierto: el hombre que fue uno de los dos elegidos para acompañar el descanso eterno de San Martín en su mausoleo tuvo visibles diferencias con éste e incluso recibió sanciones por ello.
El 14 de mayo de 1816, en carta a Tomás Guido, San Martín desaconsejó el nombramiento de Las Heras al mando del Regimiento 11 para la expedición libertadora a Chile. "Heras tiene disposición y deseos pero no tiene conocimiento del manejo interior de un cuerpo", escribió el santo de la espada. Según Pasquali, Las Heras se enteró de estas reflexiones y comenzó a conspirar junto a otros implicados "para resistir por la fuerza el pretendido relevo, planeando incluso atentar criminalmente contra la persona de San Martín". Agrega: "La confabulación fue abortada a tiempo por el Comandante del Ejército, quien no tomó represalias contra Las Heras, como sí lo hizo con otros dos implicados; solo se limitaría a reducir su regimiento, el n° 11, a un solo batallón (...) De todos modos ese fue el origen de un sordo resentimiento que se arraigó en aquel coronel contra su jefe".
De todas maneras, en cartas posteriores San Martín siempre se interesaba por Las Heras cuando ya no lo tenía a su lado, y éste fue ascendido antes de la campaña al Perú, en la que tuvo un rol de aun mayor jerarquía: jefe del Estado Mayor. Pero fue allá donde Las Heras solicitó su retiro del Ejército Libertador en disconformidad con decisiones de San Martín.
En la misma página de Educ.ar, encuentro que "la Comisión de Repatriación de los restos del general San Martín había propuesto al Gobierno Nacional la erección en el mausoleo de la Catedral de cuatro estatuas de los más distinguidos generales del Libertador «para los cuales están preparados los nichos, pidiendo a V. E. -dice la nota- solicitar al Congreso decrete ese honor para los generales Las Heras, Arenales, Alvarado y Zapiola»". Como suele ocurrir en nuestro bendito país, solo uno de ellos tuvo el honor de ser enterrado junto a San Martín, y fue Juan Gregorio de las Heras.
Esto no pretende ser un análisis exhaustivo de la relación entre San Martín y Las Heras (otros saben mucho más que quien esto escribe sobre el tema), sino más bien un interrogante que se me plantea al ver al segundo junto al primero en el mausoleo, habida cuenta de los méritos que tantos tienen para estar allí. No le quitaremos sus bien merecidos laureles a Las Heras, pero hubo disensos entre ambos y otros personajes fueron siempre más cercanos en el sentimiento al héroe argentino.
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TEMAS: HISTORIA, SAN MARTÍN
9 de agosto de 2009
BRIAN BORU, EL ÚLTIMO REY DE IRLANDA
El viernes pasado mi señora mamá cumplió años y salí con Pedrito a buscar su debido obsequio. Nada parecía más indicado que el negocio de souvenires irlandeses que se encuentra en la galería de Echeverría y Zapiola, frente a la estación Belgrano "R". Y efectivamente, allí dimos con un cuadrito del rey Brian Boru, enigmático y señorial, que apartamos para Mamá. Desde su expresión severa pero bondadosa, el personaje en cuestión me exigió mayor investigación de sus hazañas, y helas aquí.
Podemos decir que Brian Boru fue el último rey que unificó a Irlanda en una sola nación celta. Nos hallamos alrededor del año 1000. Su hermano y su madre murieron a manos de los vikingos, que como se sabe anduvieron por esas tierras y es altamente probable que hayan llegado hasta América, aunque una versión sostiene que antes lo hicieron los mismos celtas desde España.
El hermano de Brian, Mathgamain, era el líder del clan Dál gCais, y después de vencer a los rivales de los Eóganacht, fue a un encuentro de reconciliación con ellos que resultó un desdichado engaño: los anfitriones lo asesinaron, y Brian tomó el mando para vengar a su hermano. Mató a Mael-Muad, el rey asesino, y permitió a su hijo que conservara el trono del clan en Leinster, pero por supuesto bajo su mando.
Esto fue el inicio de las campañas guerreras de Brian Boru, que extendieron el reinado de su clan por toda Irlanda. Sin embargo, Leinster volvió a rebelarse tras una especie de golpe de estado contra el rey aliado de Brian. El buen Boru sitió Dublin (la actual capital de Irlanda) y venció a Sigtrygg Barba de Plata, primo de Máel Mórda mac Murchada, nuevo rey de Leinster.
Finalmente, en 1002 Brian Boru se convirtió en el rey de toda Irlanda, aunque tuvo que seguir luchando contra nuevas rebeliones, la más importante de Máel Mórda otra vez, quien tenía en sus fuerzas a los temidos vikingos. Brian ganó esa batalla, pero perdió la vida en ella. Esto marcó el fin de los reyes celtas en Irlanda, y unas décadas más tarde llegarían los normandos y por ende los ingleses (Guillermo el Conquistador había invadido Inglaterra en la batalla de Hastings, en 1066). Irlanda no volvería a ser libre hasta el siglo XX.
Brian Boru es un personaje muy reconocido en Irlanda. Favoreció la labor de los monasterios de la isla, que como narra Thomas Cahill en el libro que ocupa mis días actuales, "salvaron la civilización" occidental. De él se cuentan muchas historias. Por ejemplo, que tenía un harén, que poseía 30 perros y 40 gatos, y que tocaba muy bien el arpa (de hecho la más antigua de Irlanda es atribuida a él, aunque el carbono 14 indique lo contrario).
Por supuesto, existe una Brian Boru Pipe Band en... ¡Minnesota!, que pueden escuchar aquí y tiene su correspondiente página en Facebook. También un triatlón que lleva su nombre a título de desafío, y un Brian Boru Club en Inglaterra. Sin olvidar, por supuesto, la cerveza Brian Boru y varios pubs del mismo nombre del héroe irlandés. Su fuerte y sus tierras son legendarios.
De su linaje descienden los O'Brien, uno de cuyos representantes fue granadero y asistente de San Martín, tal como ya he mencionado.
Este manojo de apuntes sobre Brian Boru está dedicado a mi mamá, para que sepa quién la contempla desde ese pequeño cuadro que ha llegado a su hogar.
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TEMAS: HISTORIA
2 de agosto de 2009
CARLOS ROBERTS Y LA OBRA MÁS COMPLETA SOBRE LAS INVASIONES INGLESAS
En este rincón ya me había referido a ese hecho fundacional de la historia argentina que fueron las Invasiones Inglesas. Ahora he terminado de leer la obra de Carlos Roberts, que es un clásico de la literatura sobre ese hito de la independencia. Publicado por primera vez en 1938, el libro sigue siendo una fuente de consulta permanente para cualquier interesado en saber más del tema, y revela toda la trama de las invasiones que estuvieron a punto de poner a la naciente Argentina en la órbita del Imperio Británico.
Roberts, que era ingeniero militar y poseía documentación desconocida sobre las Invasiones Inglesas, viajó e investigó durante años y afortunadamente nos dejó el fruto de su trabajo en forma de un libro -cuyo título completo es "Las Invasiones Inglesas del Río de La Plata y la influencia en la independencia y organización de las Provincias del Río de la Plata"- y donaciones varias. Describe con lujo de detalles toda la trama política que hubo detrás de la llegada inglesa al Río de la Plata, y lo hace con cartas, mapas y testimonios que dejaron los protagonistas de la contienda. El lector descubre lo cerca que estuvieron los ingleses de reconquistar Buenos Aires, y los errores garrafales de Whitelocke que lo impidieron ante un Liniers casi vencido en lo que hoy es Plaza Once. Si Whitelocke no hubiera decidido frenar su ofensiva para esperar a su retaguardia, la gloriosa defensa de los milicianos porteños no habría tenido tiempo de reorganizarse y la Plaza Mayor habría sido pan comido para los invasores.
El libro no se limita a los años 1806 y 1807. Llega hasta el año 1870 relatando la influencia definitoria que tuvo Gran Bretaña sobre los primeros pasos de la Argentina como nación independiente, a tal punto que si no hubiera sido por ella habría sido muy difícil que España no derrotara a los revolucionarios de 1810 rápidamente. De hecho, la resistencia que los ingleses encontraron en las calles de Buenos Aires durante la segunda invasión -cuando vinieron con 9.000 hombres- se debió a sus mensajes ambiguos sobre su posición en cuanto a su objetivo final, que era principalmente económico: abrir los puertos del Plata al comercio inglés, algo que España se cuidaba muy bien de evitar y que generaba un contrabando gigantesco.
Muy interesante es el relato sobre cómo una tercera invasión estuvo al borde de volver a Buenos Aires pero se desvió a último momento a España -en 1808- debido a la rebelión ibérica contra la dominación napoleónica que se inició en aquel 3 de mayo tan bien retratado por Goya en uno de mis cuadros preferidos. ¡Ah, los recovecos de la Historia!
Roberts describe a todos los personajes que tuvieron algo que ver en la contienda y se detiene en algunos en especial. De Mariano Moreno, por ejemplo -a quien ya nos referimos con motivo de mi lectura anterior- lo pinta como un desequilibrado, mientras que al británico lord Strangford, el hombre que desde Río de Janeiro apoyó a los patriotas del Plata, lo deja como un amigo de estas tierras.
El lector también se encuentra con detalles como el juicio al que fue sometido Whitelocke al volver derrotado a Inglaterra -cuya transcripción completa encontré esta semana en la librería Cúspide-, y de cómo se salvó de ser condenado a muerte por ser pariente de la Casa Real. Los capítulos dedicados a la diplomacia europea son apasionantes, y al recorrerlos podemos darnos cuenta de que la Historia tiene mil caminos posibles, pero uno solo efectivamente concretado aún sin haber sido el más probable en su momento. Los roles de España, la Francia de Napoleón, Portugal y Estados Unidos son analizados con perfección, y también las internas en el gobierno británico.
Existen muchos libros sobre las Invasiones Inglesas, pero creo firmemente que el que he leído es el primero en la lista para todo aquel interesado en el nacimiento de la patria, que se gestó cuando los criollos comprendieron que no necesitaban a España para rechazar a un ejército imperial.
Posdata: el general escocés Robert Craufurd -que posteriormente tuvo un desempeño brillante en la guerra anglo-española contra Napoleón- fue el jefe de la expedición naval en la segunda invasión, y escribió un libro en el que daba cuenta del desarrollo de toda la aventura. Las maravillas de Internet nos permiten tenerlo al alcance de un click.
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9 de julio de 2009
SAN MARTÍN Y LA INDEPENDENCIA
Cuando el visitante entra a la sala donde los congresales declararon la independencia argentina, en la Casa de Tucumán, toma conciencia de la locura que cometieron. En ese cuarto no muy grande se reunieron 35 hombres -de los cuales 12 eran sacerdotes, 18 abogados, uno regidor del Cabildo de Córdoba, otro bachiller en Filosofía, otro doctor en Teología, otro militar (el único, Pueyrredón) y el presidente, Laprida, bachiller en leyes- de las distintas provincias o regiones del antiguo Virreinato del Río de la Plata para decidir qué hacer con la nación que había nacido el 25 de mayo de 1810, o para algunos, ya en las Invasiones Inglesas.
Mientras en esa casa de Tucumán se declaraba la independencia de "las Provincias Unidas de Sud América" y se firmaba un acta escrita en español y en quechua, la situación de la causa independentista en el resto de Iberoamérica era desesperante. En México el realismo había logrado un avance decisivo sobre los rebeldes y combatía a los últimos reductos. En Venezuela, en 1814 el realista Bobes -según muchos un hombre sanguinario- ya había vencido completamente a los revolucionarios -a costa de su propia vida- y llegaban refuerzos españoles liderados por Morillo. La libertad en América del Sur se parecía cada vez más a una utopía, y ni hablar de una posible independencia del Perú, empresa que San Martín ya preparaba a través de los Andes y por mar.
El mismo San Martín era partidario de una monarquía constitucional más que de una república, que según él conduciría a una división en localismos. Belgrano, presente en la Casa de Tucumán el 9 de julio de 1816 pero no participante de la votación, propuso una monarquía basada en la dinastía incaica como factor de unión y reaseguro de independencia. Los congresistas, en su gran mayoría, compartían la visión de Belgrano. A este respecto, es muy interesante el tratamiento de la cuestión en el libro de Agustín Mackinlay que hemos comentado recientemente: "El enigma de Mariano Moreno".
De todas maneras, es probable que San Martín tuviera a la república como mejor forma de gobierno, pero en su condición de hombre netamente práctico, no creía que las Provincias Unidas estuvieran aun maduras para un sistema semejante, y por eso pensara en la monarquía. En una carta de 1842, años después de la gesta libertadora, escribió: "Yo no soy de los que creen que es necesario dar azotes para gobernar; pero sí el que las constituciones que se den a los pueblos estén en armonía con su grado de instrucción, educación, habitudes, género de vida, etc."
San Martín, que recién en agosto recibió la noticia de la declaración de la independencia, fue uno de sus principales propulsores desde su lugar en los preparativos de la campaña militar más grande que se hubiera podido imaginar. En carta a su representante en el Congreso de Tucumán, Godoy Cruz, decía a principios de 1816: "¡Hasta cuándo esperamos declarar nuestra independencia! No le parece a usted una cosa bien ridícula, acuñar moneda, tener pabellón y cucarda nacional y por último hacer la guerra al soberano de quien en el día se cree dependemos, qué nos falta más que decirlo por otra parte ¿qué relaciones podremos emprender cuando estamos a pupilo? Los enemigos (y con mucha razón) nos tratan de insurgentes, pues nos declaramos vasallos. Esté usted seguro que nadie nos auxiliará en tal situación y por otra el sistema ganaría un cincuenta por ciento con tal paso".
Feliz Día de Independencia, pues, y recordemos a esos hombres que se la jugaron por un país "libre e independiente", según reza el Acta de la Independencia, el original de la cual, lamentablemente, se perdió en un extraño episodio.
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TEMAS: ARGENTINA, HISTORIA, SAN MARTÍN
22 de mayo de 2009
EL ENIGMA DE MARIANO MORENO, POR AGUSTÍN MACKINLAY
La Semana de Mayo (de la que poco eco encuentro por la calle, por no decir ninguno excepto la espera ferviente del feriado) viene al dedillo para comentar mi último descubrimiento en materia de Historia y Teoría Política: “El enigma de Mariano Moreno. Fundación y equilibrio de poderes en la era de las revoluciones”. Esta obra de Agustín Mackinlay trae a nuestros ojos a uno de los padres fundadores de la Argentina, que con su obra trajo las ideas políticas más avanzadas de aquella época. El propio autor hizo también una apretadísima síntesis de la obra en su blog antiguo, que recomiendo fervientemente al igual que su actual Frenos & Contrapesos. El libro está a la venta en la librería Cinco Esquinas, de Libertad casi esquina Juncal, en Buenos Aires.
La Revolución de Mayo, en 1810, supuso el principio del fin del sistema colonial en la Argentina. Pero el desafío para los patriotas era inmenso. ¿Cómo construir un país nuevo con un sistema político independiente y equilibrado en un ambiente más propicio al autoritarismo? Allí surge la figura de Moreno como fundador. En su ensayo, Mackinlay enfatiza esta condión: la de Licurgo en la Grecia Antigua y Washington en los jóvenes Estados Unidos.
La fundación de la nueva nación –porque el Estado con todas las letras quedó inaugurado con la independencia formal de 1816- traía aparejados los problemas de cómo instaurar un poder político fuerte pero no despótico, y cómo conciliar la nueva realidad cultural de Buenos Aires con las tendencias del interior. En el fondo de estos interrogantes subyacía la necesidad de tomar elementos de otros ordenamientos para traerlos a estas tierras y adaptarlos a la cultura local, es decir, a sus conductas, valores y conductas. Moreno fue el hombre que con su Gazeta de Buenos Ayres, que está ahora disponible en la Web, y sus libros difundió a autores que la gran mayoría desconocía, como Guillaume-Thomas Raynal, el barón de Montesquieu, el cuáquero Thomas Paine, el abate Mably y Constantin-François Chassebœuf, más conocido como Volney. Las imágenes que acompañan estas líneas son de esos personajes.
Pero Moreno también enfrentó la dificultad de pasar de la teoría a la práctica, un problema que Mackinlay exhibe en su dimensión exacta entre las inquietudes de don Mariano, y que de hecho abatió a la Argentina durante todo el siglo XIX. José Luis Romero lo explica así: “Los principios que difundió el grupo ilustrado tenían a sus ojos tal universalidad que no pensó nadie que pudieran erguirse contra ellos la realidad social y económica, por una parte, y los resabios de la mentalidad colonial, por otra. (…) No sospechaban la influencia que sobre sus espíritus ejercían las situaciones creadas y no destruídas por el mero colapso político, y las ideas inveteradas fundidas en su espíritu con el vigor del autoritarismo dogmático.” Esta división siguió atormentando a la Argentina a lo largo de las décadas siguientes, y fueron Sarmiento y Alberdi quienes tomaron la posta de Moreno para buscar una solución, como bien relata Natalio Botana en “La tradición republicana”.
Agustín Mackinlay escribe en un estilo ameno, todo lo ameno que se puede pretender en una obra sobre teoría política. Su prosa es ágil y su erudición profunda, hasta en el detalle de contar la cantidad de veces que Moreno usa un término preciso o cita a un autor en sus textos. Un ejemplo de ello me sirve para resaltar la convicción de Agustín sobre la autoría del famoso “Plan de Operaciones”. Ese texto ha sido motivo de debate por su autoría, pero Mackinlay ofrece una prueba de su respuesta, que dejo a ustedes dilucidar en el libro.
Otro tema del ensayo es la violencia como momento o capítulo previo y necesario al normal funcionamiento de las nuevas instituciones políticas. Washington había sido un modelo de esto y Moreno lo utilizó en su “Plan”, incluso en la imaginación de una política exterior expansiva hacia el sur de Brasil y la Banda Oriental.
No podemos obviar, en la limitadísima reseña de esta obra, el desarrollo de la idea de división de poderes, que Moreno hizo en la Gazeta bajo el seudónimo de “Patriota Español”, y para Mackinlay se trata de “las mejores páginas jamás escritas por un político argentino de alto nivel sobre la división de poderes”. Una vez dados los tres poderes clásicos, el dilema es cómo instaurar un ejecutivo fuerte que a la vez no sea despótico. Ante sí tiene la experiencia española de unas Juntas que pretenden ejercer el gobierno y se muestran débiles frente a los acontecimientos, algo que refleja Gaspar Melchor de Jovellanos, otro de los autores leídos por Moreno. Para Mackinlay, la respuesta de Moreno es vacilante: se inclina por un poder ejecutivo fuerte, pero lo paraliza la idea de un caudillismo despótico, como a la postre sucedería en la figura de Rosas. Su renuncia a la Junta fue consecuencia de este tema, al rechazar la incorporación de los representantes provinciales a una Junta Grande que solo traería disensiones mayores. La historia posterior es conocida: Moreno pidió su envío a Brasil y Londres como diplomático y murió en altamar por causas dudosas que generaron la teoría del envenenamiento encargado por Saavedra, su enemigo en la Junta. 
En el libro de Agustín Mackinlay he descubierto autores que en mis limitados dominios intelectuales eran desconocidos, y detalles del ideario de Moreno que lo hacen aún más grande. Pienso en ese porteño inquieto que se desvivió por fundar un estado nuevo en condiciones tan adversas, y de él me traslado mentalmente a todos los argentinos que dieron su vida por una patria nueva, con el corazón y con la cabeza, empezando por San Martín y Belgrano.
Hoy hacen falta esos patriotas. La lectura de sus biografías y sus escritos contagia e invita a la reflexión. La obra de Agustín Mackinlay, que viajó, investigó y pensó para concretarla desde la Universidad de Leiden donde enseña Economía Política Internacional, es imprescindible para completar el panorama de aquellos años en que una revolución germinó y dejó a la luz los desafíos y la grandeza de la patria argentina.
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TEMAS: HISTORIA
20 de mayo de 2009
EL MATE ESTABA PROHIBIDO
Hoy en La Nación publicaron una nota sobre la prohibición del mate en la época de la colonia, más precisamente, por obra del famoso Hernandarias. Es una muestra de cómo las costumbres muchas veces terminan imponiéndose a las leyes, algo a lo cual me referiré en mi prometido comentario sobre "El enigma de Mariano Moreno".
Para materos como Paula y este servidor, tener prohibido el mate habría sido algo difícil de sobrellevar.
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TEMAS: HISTORIA
17 de mayo de 2009
LA PASIÓN Y LA RAZÓN
"El hombre no es libre, sino cuando sujeta sus pasiones a la razón, y su razón a la justicia. El poder obrar mal es una imperfección, y no un carácter esencial de nuestra libertad; y ella no recobra su verdadera dignidad, sino cuando sofoca esa triste capacidad, que es el origen de todas sus desgracias".
Son palabras de Mariano Moreno halladas en "El enigma de Mariano Moreno. Fundación y equilibrio de poderes en la era de las revoluciones", obra de Agustín Mackinlay que comentaré en este espacio.
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15 de enero de 2009
OTRA VERSIÓN SOBRE CRISTÓBAL COLÓN
Alguna vez escribí en este rincón sobre Colón y el descubrimiento de América, e incluso mencioné la posibilidad de que el marino hubiera probado el chocolate, originado en nuestro continente. A través de La Historia en Video, un blog que recomiendo, hallé hace un tiempo un documental que se llamaba "El Secreto de Colón" y sostenía la hipótesis de que el ¿genovés? poseía información exclusiva antes de ofrecer su proyecto a la corona portuguesa primero, y a los Reyes Católicos después. Es más: se sostiene allí que don Cristóbal tuvo que revelar parte de este secreto para obtener apoyo financiero para su viaje.
Esta versión está respaldada por el prestigioso historiador español Juan Manzano y Manzano, quien sostuvo la teoría del predescubridor, es decir, la idea de que alguien había estado en América unos años antes que Colón y le suministró datos desconocidos al almirante.
Como quiera que sea, el documental está muy bien hecho y vale la pena verlo para saber un poco más sobre el tema. Dura 50 minutos, e incluye buenas vistas del paisaje que Colón encontró a su llegada a América.
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TEMAS: HISTORIA
13 de octubre de 2008
ESPAÑA Y AMÉRICA
En este espacio ya nos hemos ocupado de Colón. También nos hemos preguntado si el ¿genovés? pudo haberse deleitado con el chocolate.
Lo más interesante de la llegada de España a América es, a mi juicio, el encuentro (no siempre violento) entre dos mundos tan diferentes, pero tan unidos por la naturaleza humana, que es la misma en todas partes. El cuadro que encabeza estas líneas refleja de alguna manera esa idea. Es de Ricardo Balaca, del siglo XIX, y muestra el reencuentro de Cristóbal Colón con los Reyes Católicos en Barcelona. Puede observarse allí a cuatro de los seis aborígenes que había llevado con él a España.
Cuando leemos y estudiamos cómo era la sociedad en Europa y cómo lo era en la América precolombina podemos encontrar puntos en común: tenían una o varias religiones, decidían ciertas cuestiones con un criterio simple de poder y se conquistaban los unos a los otros sobre la base de la ley del más fuerte. En ambas existía una tendencia natural a reproducirse y a buscar medios para la subsistencia.
Como poseedor de sangre española, yo estoy muy contento con el hecho de que estas tierras hayan sido colonizadas por España. Una vez que el proceso histórico maduró, tuvimos la independencia a través de San Martín y tantos héroes ocultos, y tras un rechazo inicial a todo lo ibérico, el equilibrio natural llegó en el siglo XX.
Uno de los frutos de ese equilibrio es este poema de Borges, precisamente titulado "España":
Más allá de los símbolos,
más allá de la pompa y la ceniza de los aniversarios,
más allá de la aberración del gramático
que ve en la historia del hidalgo
que soñaba ser don Quijote y al fin lo fue,
no una amistad y una alegría
sino un herbario de arcaísmos y un refranero,
estás, España silenciosa, en nosotros.
España del bisonte, que moriría
por el hierro o el rifle,
en las praderas del ocaso, en Montana,
España donde Ulises descendió a la Casa de Hades,
España del íbero, del celta, del cartaginés, y de Roma,
España de los duros visigodos,
de estirpe escandinava,
que deletrearon y olvidaron la escritura de Ulfilas,
pastor de pueblos,
España del Islam, de la cábala
y de la Noche Oscura del Alma,
España de los inquisidores,
que padecieron el destino de ser verdugos
y hubieran podido ser mártires,
España de la larga aventura
que descifró los mares y redujo crueles imperios
y que prosigue aquí, en Buenos Aires,
en este atardecer del mes de julio de 1964,
España de la otra guitarra, la desgarrada,
no la humilde, la nuestra,
España de los patios,
España de la piedra piadosa de catedrales y santuarios,
España de la hombría de bien y de la caudalosa amistad,
España del inútil coraje,
podemos profesar otros amores,
podemos olvidarte
como olvidamos nuestro propio pasado,
porque inseparablemente estás en nosotros,
en los íntimos hábitos de la sangre,
en los Acevedo y los Suárez de mi linaje,
España,
madre de ríos y de espadas y de multiplicadas generaciones,
incesante y fatal.
Terminemos este texto hispanófilo con la mención de que hoy se cumple un aniversario de la unificación de la bandera española en una única roja y gualda, por obra de un decreto de Isabel II en 1843.
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14 de septiembre de 2008
PIRATAS AL ABORDAJE
El diario La Nación de hoy publicó en tapa una nota sobre el hallazgo del tesoro hundido en el naufragio del buque en el que Carlos María de Alvear, uno de los propulsores de la independencia argentina, venía con su familia a estas tierras del Plata, proveniente de Europa. La nota es muy interesante y no me referiré a ella, será mejor que el amigo lector la vea por sí mismo.
El naufragio ocurrió cuando unos buques ingleses atacaron a las naves españolas, y especialmente a aquella en la que iba la familia de Alvear, la "Mercedes". El prócer argentino, luego enemigo de San Martín para sus planes libertadores, salvó su vida junto a su padre debido a que providencialmente se encontraba en otro navío de la formación, la "Medea". Su madre y hermanos (seis) murieron en el ataque cuando la "Mercedes" saltó por los aires ante los ojos del padre de familia, don Diego. Padre e hijo fueron hechos prisioneros junto con otros como Tomás de Iriarte, y los ingleses les devolvieron el botín que les había sido hurtado: doce mil libras. Este detalle, que no está en la nota de La Nación, es narrado por Miguel Ángel Demarco en el primer capítulo de "Soldados y Poetas", donde cuenta la trágica pérdida de la familia Alvear. Demarco también ha escrito sobre el general Iriarte en La Nación.
Este relato de batallas navales me trajo a la memoria las historias de piratas, más sangrientas pero también más románticas, que ilustró Daniel Defoe en "Historias de Piratas", un libro que mi hermana y mi cuñado me regalaron hace ya 19 años, en la Navidad del 89.
El pirata que siempre despertó mi admiración fue, como les sucede a tantos, Sandokán, el Tigre de la Malasia, el personaje de Emilio Salgari que combatía a los ingleses en las costas del Sudeste asiático y Borneo, donde vive, justamente, un inglés que me mandó un libro de Dostoievski desde Brunei.
Sandokán ocupó mis lecturas más tempranas, una, dos y tres veces, en todas sus andanzas, y también se asomó al televisor de casa cuando pasaban la miniserie que protagonizaba, entre otros, Adolfo Celi, un actor italiano que conocía mi papá y personificaba al malvado James Brooke, un personaje interesante. Con la lectura de "Los Tigres de la Malasia", "Sandokán" y sus continuaciones, mi imaginación fluía mágicamente y adivinaba los rostros de Yáñez, Sambigliong, Kanmamuri, Sabau, Patán o Tremal-Naik -además de la dama en cuestión, Mariana- y los contornos de las cimitarras con las que abordaban los barcos británicos.
"El Corsario Negro" fue otro personaje de Salgari que pirateaba las costas del Caribe y asombraba a los lectores juveniles como quien esto escribe.
Los piratas, seamos realistas, no fueron seres tan magnánimos y románticos como los pintan los artistas. Y muchos de ellos se vendían al mejor postor. Pero la leyenda sobre su arrojo y su amor a la libertad es atractiva a los ojos de la naturaleza humana. Serrat lo canta bien en "Una de Piratas". Y seguramente los hubo como el Tigre de la Malasia, cuyo Sancho era el portugués Yáñez, más cerebral.
Los piratas representan, quizás, el ideal de la vida libre al aire libre, con la sola ley de los ideales. Su simbolismo los ha trascendido y han pasado a ser un concepto, y un poema sobre la libertad. Su lugar en la Historia se ha construído a sangre y fuego, y en la imaginación de todos nosotros han hallado un refugio sólido y seguro donde proteger su exhausta humanidad de la racional maledicencia.
Tal vez el mensaje legado por los piratas que imaginamos es el siguiente: Demasiada razón intoxica, y en menos de un suspiro la tormenta arrecia. Vayamos, pues, al abordaje de nuestros sueños aunque sea en lucha desigual. En el fondo del mar embravecido, un tesoro nos espera mudo y paciente. La cabeza nos dice cómo hacerlo, pero la pasión nos lanza.
Ya lo dijo San Martín, adversario noble de Alvear: "Serás lo que debas ser o serás nada".
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TEMAS: FILOSOFÍA CASERA, HISTORIA, LETRAS
17 de agosto de 2008
ANÉCDOTAS DE SAN MARTÍN
El lector atento sabrá a esta altura que quien esto escribe es un fiel admirador de la figura de San Martín, cuyo paso por esta vida recordamos cada 17 de agosto. Hemos rememorado su figura en tres ocasiones antes que ésta: en su biografía toda, en su vínculo con el gran Belgrano y en su vasta cultura, que promovió siempre que pudo. Siempre hay detalles de su biografía que enaltecen su figura y la de la Argentina, por él liberada.
Tal como cuenta Miguel Ángel De Marco en "Soldados y Poetas", la independencia de nuestro país podría haberse demorado si San Martín no hubiera sobrevivido a un intento de linchamiento que sufrió en Cádiz, cuando el pueblo se sublevó contra el jefe de la guarnición española en esa ciudad, el general Solano, marqués del Socorro y de la Solana. Este militar sufría la invasión de los ejércitos napoleónicos al territorio ibérico, y simulaba aceptar mansamente a los franceses, lo cual le valió la rebelión de los pobladores y su muerte. San Martín tenía un gran parecido físico con el infortunado general, y fue perseguido por la turba, que lo confundía con su real perseguido. Llegó extenuado hasta la iglesia de los Capuchinos y un fraile que lo conocía alertó a la multitud de que el hombre que ellos buscaban no era aquél, y ya estaba muerto. Así San Martín salvó su vida y salió de Cadiz rumbo a Sevilla.
Su disciplina en el incipiente ejército argentino era estricta, y él daba el ejemplo haciendo equilibrio entre su condición de jefe máximo y hombre de confianza para todos sus subordinados. En "El Santo de la Espada", Ricardo Rojas cuenta que en cierta ocasión fue a verlo un oficial, quien le confesó con pesadumbre y arrepentimiento que había usado dinero de la caja del ejército para jugárselo. San Martín le entregó dinero propio para que lo repusiera en el erario militar y le dijo: "Entregue ese dinero a la caja, pero guarde el secreto, porque si el General San Martín llega a saber que usted ha revelado lo ocurrido, lo mandará a fusilar". Imagine el lector el efecto que esta sentencia habrá tenido sobre la conducta futura del oficial, mucho más efectiva que cualquier otra sanción oficiosa.
También es conocida su anécdota con el centinela de guardia que tenía orden de no dejar pasar a un laboratorio del regimiento con botas herradas y espuelas. Para probarlo, él mismo fue dos veces con ese calzado y fue detenido por el cabo. Tras ello, se presentó con alpargatas y le dio una onza de oro al soldado, quien había puesto a una institución -la ley del lugar- por encima de cualquier persona.
"Si se dice mal de ti, y es verdad, corrígete; y si es mentira, ríete", decía San Martín, quien tenía sobrada experiencia en materia de infamia contra su persona, sobre todo de quienes veían en él, no sin envidia, a un ambicioso acaparador de poder. Nada más lejano de la realidad, a tal punto que cuando se vio llegado a un punto de no acuerdo con Bolívar, renunció a todos sus honores y se retiró de escena rumbo a la vieja Europa.
Sus máximas a Merceditas, su hija, son bien conocidas, pero siempre vale la pena recordar algunas de ellas, que cobran urgente actualidad:
- Inspirarla amor a la verdad y odio a la mentira.
- Estimular en Mercedes la caridad a los pobres.
- Acostumbrarla a guardar un secreto.
- Inspirarla sentimiento de respeto hacia todas las religiones.
Falleció, como es sabido, en Francia, más precisamente en Boulogne-sur-Mer. Pero en su testamento, tras solicitar que no se le hiciera honor alguno, pidió que su corazón descansara en Buenos Aires, un anhelo que se cumplió treinta años después de su muerte, gracias a las gestiones del presidente Nicolás Avellaneda en cumplimiento de una ley de la Nación.
Para terminar, digamos que San Martín tenía un sentido del humor fino y medido. Busaniche, en su obra "San Martín visto por sus contemporáneos", refleja a Manuel de Olazábal, militar que estaba presente un día en que San Martín tenía invitados a cenar en su residencia de Mendoza e intercambió las etiquetas de dos botellas de vino: una de esa ciudad y otra de Málaga. Todos elogiaron inmediatamente el vino que supuestamente venía de Europa y menospreciaron el primero, tras lo cual San Martín carcajeó y les reveló su maniobra. Nuestro héroe conoció la naturaleza humana, y también gran parte del ser argentino, admirador de lo extranjero y despreciativo con lo nacional. Sin embargo, ello no fue obstáculo para que pensara en la posibilidad de traer un monarca europeo a establecer una dinastía en estas tierras y unificar a los anárquicas pasiones de las provincias argentinas, que él veía perjudiciales para la futura construcción de un Estado civilizado y de avanzada.
San Martín dejó muchísimas enseñanzas, de palabra y de obra, que deben ser recordadas en cada 17 de agosto y en muchos de nuestros dilemas actuales. No solo en la vida política del país, sino en toda la multicolor vida cotidiana.
Por último y a modo de posdata, es interesante contemplar la Pinacoteca Virtual Sanmartiniana que refleja al héroe en distintas imágenes de su biografía. Fue armada por el instituto que lo homenajea en la Argentina. Que la disfruten.
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TEMAS: HISTORIA, SAN MARTÍN
17 de marzo de 2008
17 DE MARZO: SAN PATRICIO
Hoy es una fecha especial para todos los que somos afortunados poseedores de sangre irlandesa. San Patricio es el héroe de la verde Erin, un personaje envuelto en cierta penumbra histórica. Se le adjudica la evangelización de Irlanda en tiempos del Imperio Romano, y la serpiente que se observa a sus pies tiene su razón de ser en la tradición de que en Irlanda no existen serpientes debido a que San Patricio las echó a todas. En la tradición cristiana, la serpiente es uno de los signos del demonio.
También se dice que el trébol, símbolo de Irlanda, fue usado por el santo para explicarles a los paganos el misterio de la Santísima Trinidad.
El Día de San Patricio es festejado en varias ciudades del mundo, entre ellas Buenos Aires, que cuenta con una de las comunidades irlandesas más grandes fuera de su país de origen y también un antiguo periódico que informa sobre sus actividades.
Lamentablemente, muchas personas celebran el día sin saber realmente qué se festeja, y lo aprovechan para embriagarse y arrimar con el sexo opuesto. Cosas para las cuales no es necesario esperar a San Patricio, y por ello ridículas en este día.
En mi familia, este día se ha celebrado siempre, con alguna prenda verde y el saludo especial para mi mamá, que tuvo la deferencia de, además de darnos a luz, regalarnos parte de su sangre Irish. Esta sangre nos dotó de un sentido del humor adicional al español de nuestro lado paterno. Y hete aquí que cuando conocí a Paula y le pregunté su apellido, también era irlandesa.
En mi heladera me espera una Guinness, que comparto imaginariamente con los Patricios que conozco, como mi primo Brennan, que vive en Dublin, y también por qué no Patrick Kluivert, un fiel seguidor de este espacio. Vaya también mi abrazo de pub para la alegre familia Murphy, y por supuesto, para todos los Dolan, los Doyle y los Brennan.
Happy St. Patrick's Day.
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27 de noviembre de 2007
LOS ROMANOS SABÍAN PASARLA BIEN
Leo en el interesante blog Imperio Romano que han descubierto una antigua pileta de la época de Nerón en Guissona, Lérida. Y vuelve a mi mente una reflexión de siempre: qué bien que la pasaban estos romanos.
La piscina en cuestión ocupa más de 70 metros cuadrados, y además formaba parte de algo más grande. Dice la noticia: "El complejo termal ocupaba unos 1.600 metros y se estructuraba en tres partes: la primera, dedicada a los baños termales; otra, a servicios, como vestuarios o salas de masaje y la última dedicada al ejercicio físico que contaba con dos espacios, uno al aire libre y otro cubierto". Actualmente, vemos a diario las noticias que salen sobre descubrimientos de nuevas termas en toda Europa. Es que, decididamente, eran todo un estilo de vida.
En la Roma imperial, las termas eran gratuitas para todos los que quisieran concurrir (no los esclavos, claro está). A lo sumo, se cobraba un valor inferior al de un litro de vino o un poco de pan. En las termas había una actividad física importante, con juegos de pelota. También había bibliotecas y salas de juegos de mesa. Los baños no eran mixtos, y estaban abiertos desde el mediodía (para los que salían temprano del trabajo...) hasta el anochecer.
Todo esto hace pensar que los romanos tenían claro lo importante que era la actividad física y social para el bienestar de la persona... y gratis. Los clubes nuestros de ahora han recibido esa concepción, y la replican en mayor o menor medida, aunque con menos calidad. Lo que por suerte no repiten es la realización de los juegos públicos en los que dos hombres (un gladiador y un prisionero de guerra) se enfrentaban hasta que uno de los dos moría, y otro gladiador luchaba contra una o varias fieras, para delicia de los espectadores.
La pileta es actualmente uno de esos lujos que poseen los que pueden costearla, ya sea en su casa o en un club, o en un barrio cerrado. En esa época, la tenían todos, con termas y masajes incluidos.
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TEMAS: HISTORIA
15 de noviembre de 2007
¿COLÓN PROBÓ EL CHOCOLATE?
Es más o menos sabido que el origen del chocolate está en las civilizaciones precolombinas que habitaron la zona de México y América Central. El término mismo proviene de "xocolatl", elaborado por los olmecas y los mayas. Para ellos el cacao era fuente de energía y fertilidad.
Los aztecas también gozaron de las propiedades de este alimento tan rico. En Wikipedia se pueden encontrar más referencias, y el Museo Hearst de la Universidad de Berkeley tiene un texto sobre el tema.
En estos días salió la noticia de que el chocolate era consumido desde mucho antes de lo que se pensaba hasta ahora. Más precisamente, desde unos 1000 años antes de Cristo. Según los investigadores, su sabor no era como el actual, sino como el de una especie de cerveza picantona.
El fraile José de Acosta, un misionero jesuita que sugirió la teoría evolucionista ya en el siglo XVI, escribió una "Historia Natural y Moral de las Indias", que fue el primer libro impreso en el Perú. En una de sus páginas describió el chocolate:
"Muchos somos los que no nos gusta, tiene una basura o espuma de muy mal sabor. Aún así, esta bebida es muy estimada por los indios, y con ella halagan a gente noble que pasa por sus tierras. Los Españoles hombres y mujeres, que se han acostumbrado al país, son muy adictos a este Chocolaté. Ellos dicen que hacen varias clases de él, algunas calientes, otras frías, y otras al tiempo y le ponen esa hierba de chile, hacen una pasta y dicen que es buena para el estómago y contra el catarro."
Lo que motiva mis líneas no es tanto la historia del chocolate, sino la posibilidad -elevada casi a mito- de que Cristóbal Colón lo probara. En su cuarto viaje, en 1502, el marino recorrió la costa de América Central, desde Honduras a Panamá, en busca de un pasaje desde lo que él creía una provincia de la China hasta la India. En este trayecto fue posible que tuviera contacto con los indígenas, y por ende con el chocolate.
Michael Coe, profesor emérito de Antropología de la Universidad de Yale, niega esa posibilidad. Cito: "Hay muchos mitos sobre la transmisión del chocolate al Viejo Mundo después de 1492, pero la mayoría son erróneos. Ni Cristobal Colón ni Hernán Cortés tuvieron nada que ver con ello. Más bien, fueron los miembros de una delegación de nobles mayas kekchíes de Alta Verapaz quienes introdujeron esta maravillosa bebida en la corte española. Los españoles y otros europeos no la consumieron hasta que la endulzaron fuertemente con azúcar, que habían traído desde el Mediterráneo a Mesoamérica".
Continúa el académico: "Hasta principios del siglo XIX, tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo, el chocolate fue una bebida de élite, demasiado cara para que la disfrutara la gente común, y frecuentemente prohibida para ella. El método para extraer la manteca de la pasta del cacao, inventado por un holandés, condujo a la transformación del chocolate, de una bebida a un producto sólido, que podía ser disfrutada por las masas. El chocolate se convirtió en un gran negocio, y el cultivo del árbol del cacao se difundió a través del globo".
Sea como fuere, el chocolate emigró a Europa con los conquistadores españoles, al igual que el tomate, la calabaza y la piña, por decir algunos. Fue allá donde le dieron el uso que hoy conocemos y gozamos.
El mejor chocolate del mundo será el suizo, pero el más antiguo es americano.
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TEMAS: HISTORIA