Hoy, 24 de agosto, se cumple un nuevo aniversario del nacimiento del que fue, en mi modesta opinión, el escritor más grande que ha dado la Argentina: Jorge Luis Borges. Me he sentido identificado con esta definición tan simple de felicidad que nos dejó:
"Es cuando la baraja nos privilegia con el as de espadas en una partida de truco".
El ancho de espadas es la verdad pura, no hay mentira que pueda con él en un canto falso. Con él en mano, sabemos que la tercera será nuestra.
Pero eso sí, no solo basta con la carta imbatible. Para ganar la mano, hay que saber hacerlo. Y quererlo.
24 de agosto de 2008
BORGES Y EL TRUCO
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TEMAS: FILOSOFÍA CASERA, LETRAS
17 de agosto de 2008
ANÉCDOTAS DE SAN MARTÍN
El lector atento sabrá a esta altura que quien esto escribe es un fiel admirador de la figura de San Martín, cuyo paso por esta vida recordamos cada 17 de agosto. Hemos rememorado su figura en tres ocasiones antes que ésta: en su biografía toda, en su vínculo con el gran Belgrano y en su vasta cultura, que promovió siempre que pudo. Siempre hay detalles de su biografía que enaltecen su figura y la de la Argentina, por él liberada.
Tal como cuenta Miguel Ángel De Marco en "Soldados y Poetas", la independencia de nuestro país podría haberse demorado si San Martín no hubiera sobrevivido a un intento de linchamiento que sufrió en Cádiz, cuando el pueblo se sublevó contra el jefe de la guarnición española en esa ciudad, el general Solano, marqués del Socorro y de la Solana. Este militar sufría la invasión de los ejércitos napoleónicos al territorio ibérico, y simulaba aceptar mansamente a los franceses, lo cual le valió la rebelión de los pobladores y su muerte. San Martín tenía un gran parecido físico con el infortunado general, y fue perseguido por la turba, que lo confundía con su real perseguido. Llegó extenuado hasta la iglesia de los Capuchinos y un fraile que lo conocía alertó a la multitud de que el hombre que ellos buscaban no era aquél, y ya estaba muerto. Así San Martín salvó su vida y salió de Cadiz rumbo a Sevilla.
Su disciplina en el incipiente ejército argentino era estricta, y él daba el ejemplo haciendo equilibrio entre su condición de jefe máximo y hombre de confianza para todos sus subordinados. En "El Santo de la Espada", Ricardo Rojas cuenta que en cierta ocasión fue a verlo un oficial, quien le confesó con pesadumbre y arrepentimiento que había usado dinero de la caja del ejército para jugárselo. San Martín le entregó dinero propio para que lo repusiera en el erario militar y le dijo: "Entregue ese dinero a la caja, pero guarde el secreto, porque si el General San Martín llega a saber que usted ha revelado lo ocurrido, lo mandará a fusilar". Imagine el lector el efecto que esta sentencia habrá tenido sobre la conducta futura del oficial, mucho más efectiva que cualquier otra sanción oficiosa.
También es conocida su anécdota con el centinela de guardia que tenía orden de no dejar pasar a un laboratorio del regimiento con botas herradas y espuelas. Para probarlo, él mismo fue dos veces con ese calzado y fue detenido por el cabo. Tras ello, se presentó con alpargatas y le dio una onza de oro al soldado, quien había puesto a una institución -la ley del lugar- por encima de cualquier persona.
"Si se dice mal de ti, y es verdad, corrígete; y si es mentira, ríete", decía San Martín, quien tenía sobrada experiencia en materia de infamia contra su persona, sobre todo de quienes veían en él, no sin envidia, a un ambicioso acaparador de poder. Nada más lejano de la realidad, a tal punto que cuando se vio llegado a un punto de no acuerdo con Bolívar, renunció a todos sus honores y se retiró de escena rumbo a la vieja Europa.
Sus máximas a Merceditas, su hija, son bien conocidas, pero siempre vale la pena recordar algunas de ellas, que cobran urgente actualidad:
- Inspirarla amor a la verdad y odio a la mentira.
- Estimular en Mercedes la caridad a los pobres.
- Acostumbrarla a guardar un secreto.
- Inspirarla sentimiento de respeto hacia todas las religiones.
Falleció, como es sabido, en Francia, más precisamente en Boulogne-sur-Mer. Pero en su testamento, tras solicitar que no se le hiciera honor alguno, pidió que su corazón descansara en Buenos Aires, un anhelo que se cumplió treinta años después de su muerte, gracias a las gestiones del presidente Nicolás Avellaneda en cumplimiento de una ley de la Nación.
Para terminar, digamos que San Martín tenía un sentido del humor fino y medido. Busaniche, en su obra "San Martín visto por sus contemporáneos", refleja a Manuel de Olazábal, militar que estaba presente un día en que San Martín tenía invitados a cenar en su residencia de Mendoza e intercambió las etiquetas de dos botellas de vino: una de esa ciudad y otra de Málaga. Todos elogiaron inmediatamente el vino que supuestamente venía de Europa y menospreciaron el primero, tras lo cual San Martín carcajeó y les reveló su maniobra. Nuestro héroe conoció la naturaleza humana, y también gran parte del ser argentino, admirador de lo extranjero y despreciativo con lo nacional. Sin embargo, ello no fue obstáculo para que pensara en la posibilidad de traer un monarca europeo a establecer una dinastía en estas tierras y unificar a los anárquicas pasiones de las provincias argentinas, que él veía perjudiciales para la futura construcción de un Estado civilizado y de avanzada.
San Martín dejó muchísimas enseñanzas, de palabra y de obra, que deben ser recordadas en cada 17 de agosto y en muchos de nuestros dilemas actuales. No solo en la vida política del país, sino en toda la multicolor vida cotidiana.
Por último y a modo de posdata, es interesante contemplar la Pinacoteca Virtual Sanmartiniana que refleja al héroe en distintas imágenes de su biografía. Fue armada por el instituto que lo homenajea en la Argentina. Que la disfruten.
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TEMAS: HISTORIA, SAN MARTÍN
6 de agosto de 2008
LARGAR LOS PAÑALES
Desde ayer, nuestra hija Valentina ha decidido empezar a dejar los pañales. Su rostro después de ir al baño y hacer lo que tenía que hacer sin necesidad de depositarlo en el blanco accesorio estaba iluminado por la alegría de comunicarnos que lo había logrado, que si ella quería podía gobernar su naturaleza digestiva.
A raíz de este éxito hogareño de nuestra segunda hija -que augura un ahorro considerable de billetes- se me ocurre pensar que estos pañales que Valentina va dejando en su pasado de bebé no son los únicos que deberá superar en su vida. Todos tenemos -cada uno en su medida y sentido- distintos pañales que vamos dejando -o no- por el camino. En mi caso, por ejemplo, el carnet de conducir es una asignatura pendiente que aprobaré en los próximos días, tal como ha hecho mi hijita con su pañal: seguramente podría haberlo hecho antes, pero me he tomado mi tiempo.
Mis hermanos se sorprenderían al saber que retengo varios consejos o sentencias que me han ido regalando a lo largo de los años. Una de las frases que recuerdo de mi hermana mayor, María Fe, es la siguiente: "A veces las barreras son mentales". Es decir, no existen en la realidad, son solo una invención de nuestra cabecita que se refugia en el statu quo, en el temor al cambio, en la pereza o en vaya uno a saber qué.
Siempre vienen a mi memoria las tardes en que mi prima Dolores, con infinita paciencia, me enseñó a andar en bicicleta. Yo pedaleaba a lo largo del camino y ella corría atrás, sosteniéndome en mi andar. Así me engañaba yo, pensando muy tranquilo que ella me resguardaba de posibles y probables caídas. Mi seguridad desapareció cuando un día me di cuenta de que ella se había detenido unos metros atrás y ya no sostenía la bicicleta: yo era el único que la impulsaba. Por supuesto, me fui directo al piso, con las consiguientes heridas en rodillas. Pero lo había hecho: había andado unos metros solo, sin pañales. Ese día aprendí a andar en bicicleta.
Mencionemos un par de casos: Para algunas personas, hablar en público es un desafío que no pueden superar, y se aferran al pañal de la charla a solas, o por escrito, o de cualquier otra manera que les evite enfrentar a un grupo de prójimos mirándolas. Para otras, algo tan breve y tan difícil como expresar verbalmente un sentimiento puede ser motivo de una batalla interna llena de oportunos pañales: el silencio, el humor escapista, la agresividad o la aparente indiferencia, por nombrar solo algunos.
Las barreras que nos cuesta superar pueden adoptar formas múltiples, pero la lista de pañales que sirven para eludir el intento, aunque extensa, es conocida: son garabatos que hace la personalidad de cada quién, excusas insostenibles pero inexpugnables si su dueño no desea tomar riesgos.
Eso sí: cuando miramos a la vida de frente y decidimos de una vez hacer lo que tenemos que hacer, el pañal cae rendido y ya inútil. Sí, a veces las barreras son mentales.
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TEMAS: FILOSOFÍA CASERA
31 de julio de 2008
LA VIDA QUE DEFINE ES LA PRIVADA
Anteanoche volvía de comer con mis amigos en "De Olivas i Lustres", un lugar al que ya había ido con Paula y recomiendo para cualquier ocasión, y pensaba en que lo más importante del día había ocurrido en esa mesa con seis comensales. Después de un tiempo no demasiado prolongado, seis personas que nos conocíamos desde hace por lo menos 25 años habíamos compartido pensamientos, anécdotas y bromas de calibre diverso. En ese rato de relajo y conversación, cada uno se había reencontrado consigo mismo, ese que a veces perdemos de vista en la vorágine cotidiana de reuniones, trabajos y quehaceres varios.
Después llegué a casa y contemplé en silencio, como hago cada noche en que vuelvo tarde, a mis tres hijos y a Paula, que dormían en una paz absoluta.
En homenaje a esos amigos -casi hermanos- con los que compartí mi cena del martes, traigo aquí a un autor con el que el colegio martirizaba nuestra adolescencia en horas de clase, que nosotros soñábamos con transformar en ratos interminables de fútbol. Se trata de Gilbert K. Chesterton, a quien aprendí a valorar cuando mis razones fueron más maduras y mis opiniones más autónomas. Dice este escritor inglés, nacido en Londres en 1874:
"El lugar donde los niños nacen, donde los hombres mueren, donde el drama de la vida mortal se representa, no es una oficina ni un comercio ni un despacho. Es algo mucho más pequeño en tamaño y mucho más grande en alcance". Volveré a citar a este señor para referirme a otros temas que rondan mi cabecita, pero en este punto, esa es la frase: el hogar, la mesa, los afectos son los que definen el pleito en esto que llamamos vida.
La vida privada es esa cueva a donde entran unos pocos. No, desde ya, los jefes o los vecinos del consorcio (que a veces motivan mudanzas intempestivas porque violan la paz del hogar). Tampoco los amigotes de la noche, o los colegas del club que nos ven en pantalones cortos rumbo a la cancha, y con suerte piensan que somos buenos tipos. Tampoco el carnicero amigo, o el kioskero que nos espera factura en mano, o el colectivero que pone Pink Floyd cuando subimos. Mucho menos los que tenemos en nuestra libreta de contactos para hacer negocios. Estos personajes pertenecen a nuestro escenario público, donde actuamos de acuerdo a nuestra esencia pero también a las circunstancias que demanda la ocasión. Nunca le diremos a un cliente: "Hoy dormí hasta las doce", así como a Javier, el carnicero, tampoco le hablaré de Goya y las Pinturas Negras, salvo en un caso bastante excepcional. Y no porque no haya en el mundo de estos señores pensamientos o inquietudes semejantes, sino porque lo que define nuestra comunicación con ellos es otro código.
El rincón del mundo en el que nos reencontramos a nosotros mismos es el de la familia y los amigos (y cuando digo "amigos", digo "amigos" y nada más que eso). Ellos habitan nuestros recovecos más secretos y saben de nosotros lo que nadie más sabe. Y serán ellos siempre los que estarán allí cuando las cosas importantes ocurran. Vale tenerlo en cuenta cuando apenas llegamos a fin de mes y nuestro trabajo (o desempleo) se hace difícil de sobrellevar.
La vida más importante es la privada, y a partir de ella se define todo lo demás. Nada como un rato de soledad con uno mismo, es decir, con aquellos que son parte de nosotros. O lo que es lo mismo: cuando nos miramos al espejo del círculo íntimo y ¿nos reconocemos?
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TEMAS: VALORES
25 de julio de 2008
EL SUPERAGENTE 86 Y DOS DE COLECCIÓN
Ya le habíamos rendido homenaje a Maxwell Smart en este espacio, pero no puedo evitar compartir con el amigo lector estos tres bloques brillantes de la serie. Los razonamientos que hacen él y su colega hawaiano Harry Hu no tienen desperdicio. En el segundo (dividido en tres), Simón el Agradable, un personaje que a mis padres les divertía especialmente. O mejor dicho, les divierte, porque todos seguimos riéndonos solo con recordar cada capítulo. Aparecen en él la inefable suegra de Max y Dana Plato, el actor que en la década del 80 personificó al jefe de Mc Gyver. En este capítulo, el 86 y la 99 son papás.
Que los disfruten.
El otro día vi con satisfacción que ya está a la venta el primer DVD de la serie en español. Lo estaba esperando.
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TEMAS: CINE Y TV
19 de julio de 2008
¿QUÉ HAN HECHO CON LOS LIBREROS?
Esta semana entré a una librería cuyo nombre guardaré piadosamente, y le pregunté al vendedor dónde podía encontrar libros sobre el mate. Después de mi segunda requisitoria (la primera no había sido exitosa, porque él estaba ocupado en charlar con la otra vendedora) me espetó: "¿Mate?", al tiempo que me miraba como si le hubiera preguntado por una palabra de algún dialecto indígena. Entonces le dije que nomás entrar había visto uno, pero que no me convencía.
Con repentino frenesí fue a la omnipotente computadora y tecleó la palabrita. Después fue a la sección para turistas y me mostró el libro que había divisado al entrar. "Ese es el que vi", le contesté, y solito me dirigí a la estantería dedicada a la cocina, donde había más de una obra sobre el tema. El muchacho, mientras, volvió a la computadora y después se metió presuroso en el depósito. Yo ya había decidido qué iba a llevar, y lo esperaba en el mostrador, cuando él volvió con el mismo título que yo tenía en la mano. "Hay varios de esos ahí", le dije señalando la estantería, que distaba dos metros de su ubicación. Pagué y me fui, mientras él volvía a su debate con la compañera sobre la situación sentimental de ella (en la cual sospecho que tenía algún interés inconfesable).
Mi padre, quien dirigía Ediciones Garriga en Buenos Aires, tenía un vendedor llamado José Veloso, quien pese a no poseer la formación cultural de un Borges o un Marechal, conocía cada libro de los que ocupaban las estanterías del local, en Paraguay 1300. En aquella época no existía un sistema de consulta informática, y los vendedores recordaban títulos y ubicación con precisión envidiable.
Veloso es una referencia de lo que para mí debería ser un librero, o un vendedor de libros si se prefiere. Una persona que conoce lo suficiente de lo que tiene para vender, y puede aconsejar al cliente sobre distintas opciones, con una mezcla de cultura general y chamuyo simpático pero noble.
Desgraciadamente, mis actuales visitas a las librerías se me hacen similares a las que hago al supermercado por necesidades más básicas, que no espirituales como en el primer caso. Varias veces he terminado mi visita explicándole al vendedor (agregar "de libros" sería demasiado ambicioso para su perfil), quién era determinado autor o de qué trata alguna obra. A veces me informan que el libro no está "en lista", y lo encuentro igual removiendo en los estantes. Otras veces les pregunto por un autor más o menos conocido y me miran absortos, como si les estuviera pidiendo la receta de la felicidad. Esto me pasó recientemente, por ejemplo, al buscar "Beau Geste", de Percival Wren, y "La Pimpinela Escarlata", de la Baronesa D'Orczy. Debo confesar que al deletrearles título y autor para su consulta en la maquinita, sentía vergüenza ajena. Algunos ni siquiera saben escribir "Poe".
Si para su fortuna encuentran el libro en ubicación precisa, lo entregan y con gran diligencia insertan un papelito con su nombre en la primera página, no sea cosa que se pierdan la comisión correspondiente y bien ganada al subir y bajar la escalera para traer la obra del depósito.
El librero es un personaje de Buenos Aires que tiene larga tradición, pero ha ido siendo reemplazado -comercialmente hablando, se entiende- por jóvenes y no tan jóvenes voluntariosos (con suerte, aunque a veces ni eso) que podrían vender un libro como también una hamburguesa o un par de zapatillas. Han hecho cursos de ventas exitosamente, y han ingresado en el mundo editorial como en un país donde se habla una lengua extraña, pero más o menos manejable para sus propósitos de llegar a fin de mes. Las librerías no parecen preocuparse por este estado de cosas, quizás porque los pasantes y los vendedores a secas reducen los costos.
Loados sean los libreros de antaño, que conocían cada libro de su negocio, no como a la palma de su mano, sino como a un potencial amigo de sus clientes. En cuanto a la gran mayoría de los actuales, seamos misericordiosos con su polivalente saber, como ellos lo son con nuestra molesta inquietud de lectores hambrientos. Quizás los desubicados seamos nosotros: ya vendrán tiempos mejores.
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TEMAS: BUENOS AIRES, LETRAS
9 de julio de 2008
LA SERENIDAD DE MONET LEYENDO

Pierre Auguste Renoir (1841 - 1919) fue uno de los representantes más distinguidos del impresionismo, estilo así llamado después de que un crítico de arte francés se refiriera irónicamente al cuadro: "Impresión. Sol Naciente", de 1872, que era obra de Claude Monet. Fue Louis Leroy quien dijo que los nuevos artistas eran "impresionistas", en un momento de quiebre en la historia de la pintura, que ya no respondía solo a criterios de imitación de la realidad, sino a una introspección de quien contemplaba a la naturaleza y la interpretaba de acuerdo a sus propias percepciones. Fue Renoir el primero que incentivó el uso de la palabra "impresionismo" para describir al movimiento artístico que integraba, al convencer a un crítico de arte para que publicara una revista con ese nombre.
Renoir fue, de todos los pintores de esta corriente, el que buscó siempre dar una pincelada de alegría a todo cuanto observaba en los ambientes exteriores, esos que llenaban de color su estudio donde pulía sus obras pergeñadas en un parque o una playa.
Las exposiciones de los impresionistas en París fueron motivo de escándalo, pues como hemos dicho, ponían en duda a la academia clásica. Algunos de sus nombres fueron, además de Monet y Renoir, Manet, Sisley, Cézanne y Degas, el pintor de bailarinas. Una segunda corriente, también llamada post-impresionismo, sería encarnada por Gauguin y Van Gogh, aunque este último -de quien ya hemos hablado en este espacio- solo puede pertenecer claramente a su propia escuela.
Renoir tuvo con los años un regreso parcial a un estilo más clásico, en su búsqueda del crecimiento artístico de la mano de Rafael. "Ya no podía sentirme satisfecho con el impresionismo, que me parecía limitado", afirmó.
El cuadro "Au Moulin de la Galette" es uno de los más caros de la historia. Fue vendido en New York, en mayo de 1990, por 78 millones de dólares por la casa Sotheby's.
Renoir fue un buen amigo de Monet, y trabajó con él en dos etapas: en el verano de 1869, en la isla Saint-Michel, sobre el río Sena, y en 1874, también en la ribera del Sena pero en Argenteuil, lugar que ha quedado marcado como la referencia geográfica del impresionismo, porque en él pintaron varias de sus obras al aire libre, que constituían una innovación frente a la costumbre clásica de encerrarse en el estudio para trabajar. Renoir y Monet ya eran amigos desde su época de estudiantes, y tuvieron una tercera época de trabajo en común, cuando hicieron un viaje desde Marsella a Génova, en 1883. Los primeros años del siglo XX encontraron a Monet casi ciego pero aún activo, y a Renoir con una artritis que lo llevó a atarse los pinceles a las manos para poder seguir pintando.
Fue en Argenteuil, es decir, en la segunda época del trabajo común de Monet y Renoir (1872), cuando el segundo pintó el cuadro que hoy nos ocupa. Ambos pusieron sus caballetes en una línea y se pintaron el mismo motivo. La obra "Monet Leyendo" transmite al observador una sensación de serenidad absoluta en la quietud de ese hombre que lee plácidamente el periódico con su pipa humeante y su barba rojiza. El cuadro está expuesto en el Museo Marmottan-Monet de París.
Esta pintura me hace acordar a una visión que me ha acompañado desde mi infancia: mi padre siempre leyó y lee el diario mientras fuma la pipa, y así se concentra en su mundo en el que establece una rara intimidad consigo mismo, ajena al mundo exterior que lo aguarda. La pipa es una compañía silenciosa de reflexiones que rumia un espíritu siempre despierto.
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TEMAS: ARTE
29 de junio de 2008
ESPAÑA CAMPEÓN DE LA EUROCOPA
Después de 44 años, la patria de Cervantes ha vuelto a consagrarse como reina de Europa, tras ganarle a Alemania 1 a 0 con absoluta claridad. No agregaré mucho a los comentarios que el amable lector podrá encontrar en medios especializados sobre el equipo conducido por Luis Aragonés, a quien los jugadores arrojaron por el aire en los festejos. Solo expresar la adhesión de este espacio al título conseguido, y felicitar al campeón (que es, por razones de sangre, mi segundo equipo en el mundo).
Quiera el fútbol que un futuro cercano nos encuentre a los argentinos festejando como hoy los españoles. Dejo para ustedes el golazo del Niño Torres, que definió la Eurocopa. ¡Cómo estará Manolo el del Bombo!
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TEMAS: FÚTBOL
27 de junio de 2008
DEFENSA DEL COLECTIVERO
Existe en Buenos Aires una raza de señores que manejan grandes vehículos de hierro y plástico, ante volantes imponentes que parecen timones de barcos piratas como los que comandaba Sandokán. Tan grandes son, que sus dueños circunstanciales suelen reposar sobre ellos en algún que otro semáforo en rojo, si no les toca manejar el extraño teclado que provee de boletos a los nuevos pasajeros.
Me estoy refiriendo, claro está, a esos individuos que cumplen una función esencial en la sociedad porteña, y lo hacen a costa de quejas, insultos y desprecios desde el interior del bólido, y también desde sendas peatonales, taxis insolentes y coches "particulares" (adjetivo éste un tanto ambiguo). Los colectiveros sufren los mandobles verbales (y también escritos) a diestra y siniestra, pero nadie alza la voz por ellos. Es, pues, mi propósito remediar desde este humilde rincón lo que entiendo una injusticia.
Es cierto que los choferes de colectivo andan a veces de mal humor, o que pasan de largo en el momento menos indicado (aunque en el caso de quien esto escribe, fue en el más oportuno de la historia). También es verdad que regulan la velocidad de acuerdo a los tiempos que les exige la empresa. Y podríamos seguir con varios defectos que encontramos en esos seres humanos generalmente vestidos con camisa azul y pantalones oscuros. Creo que la peor acusación que puede recibir un colectivero es la de manejar mal. Pero los colectiveros son parte de Buenos Aires, y no tienen buena prensa pese a que posibilitan el viaje de miles y miles de porteños cotidianamente.
Seguramente, en mis apreciaciones estoy influido por mi experiencia personal. Fue un colectivero el que pasó de largo el día en que conocí a Paula, y fue otro el que le permitió subir aún cuando no le alcanzaban las monedas. A veces pienso que esa noche, todos los colectiveros de la línea 60 eran el mismo...
En mi época de sufrido pero feliz cadete, me gustaba viajar en colectivo por la ciudad, y conocer rincones que nunca había visto antes, como la Basílica de Nueva Pompeya, a donde iba seguido para llevar cosas a un lugar de la calle Beazley. Ese viaje era uno de mis preferidos, porque cruzaba Boedo y además me permitía dormitar un rato acunado por el empedrado de esos lares.
Siempre saludo al subir al colectivo. A veces no se dignan contestar, y otras me miran enmudecidos por la sorpresa. Pero las más de las ocasiones, me responden el saludo desde su trono tan porteño.
Mi primo Carlitos se reencontró en la línea 108 con un compañero de colimba, de nombre Ader, que había hecho carrera como colectivero. Tuvo el privilegio de viajar en el estribo hablando con su viejo colega, algo que yo nunca he logrado pese a que me habría gustado. El que viaja en el estribo es como un observador que está más allá de boletos, monedas y asientos vacíos. En muchos colectivos han aparecido carteles pidiendo que ningún pasajero viaje en el estribo junto al chofer. "No comprometa al conductor", reza el aviso. Puede deducirse de ello que en algunos casos, el supuesto amigo no es más que un cargoso al que el chofer prefiere comunicarle vía la patronal que no lo soporta más, porque viaja de garrón y no para de decirles cosas a las mujeres agraciadas (y no tanto) que suben al mundo de 20 o 30 asientos. En el caso de mi primo, fue el mismo Ader quien lo invitó a ubicarse en el estribo, así que no quedan dudas.
Algo que valoro en los colectiveros es su inquietud por la estética de su inmensa mascota metálica. Osos de peluche, Cristos con palomas que los sobrevuelan y la banda roja que los hace parecer de River, estampitas de San Cayetano o la Difunta Correa, poesías de Juan Salvador Gaviota, muñequitos colgantes con resorte (estos son de mis favoritos, igual que las pelotitas plateadas de boliche), perritos que mueven la cabeza, muchos espejos revestidos de más peluche, luz negra o roja, dados rojos con puntos negros, o carteles con refranes chistosos, son algunos de los recursos que aprovechan para adornar implacablemente su tablero. Ese tablero que parece ser el sueño de muchos para su propio auto, con tantos botones y lucecitas como puede abarcar la vista del conductor. Un elemento esencial, que comparten con los tacheros, es el asiento masajeador, que puede ser de bolitas de madera o de simples tiras de plástico flexible.
En los últimos meses, suelo tomarme un 184 que pasa siempre a la misma hora, y a la vuelta del trabajo, es un verdadero bálsamo para el espíritu agotado. El tipo lleva la luz negra y una música de Genesis o Pink Floyd que eleva los pensamientos a esferas alejadas de la dura jornada laboral. En alguna ocasión, me ha costado levantarme para tocar el timbre y dejar ese pequeño recreo móvil sobre el empedrado de Colegiales.
En las discusiones airadas entre el colectivero y alguno de los pasajeros, siento que los neutrales tienden injustamente a estar del lado del cliente. Pero en muchas ocasiones, comprendo a ese trabajador que lleva horas y horas manejando y escuchando quejas que no son más que descargas de frustraciones con los que no tiene nada que ver. Entonces, cuando una señora ya madura se queja a viva voz porque el señor no ha parado donde debía después de haberle tocado cuatro veces el molesto timbre, sé que quizá la razón esté de su lado, pero no puedo evitar una leve simpatía hacia ese chofer distraído que está harto de ser el blanco de tantas tensiones ajenas. Al fin y al cabo, seguro que esa señora le ha robado el asiento a alguno que se lo iba a dar pero ni siquiera tuvo tiempo porque ella se abalanzó sobre lo que era de otro, con la especulación de que a los ojos de los demás pasajeros, ella tiene siempre el privilegio. Entonces, cuando esa señora pasa de largo y tiene que caminar un poco por culpa del colectivero, sonrío por dentro y le deseo a la señora un buen arribo a casa.
Los colectivos tienen ese no sé qué, como Buenos Aires misma, que está toda rota, es ruidosa y a veces nos trata con desdén. Pero la queremos igual.
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TEMAS: BUENOS AIRES
22 de junio de 2008
JUAN CRUZ MIGLIORE
Esta tarde se nos fue un socio del club mientras jugaba un partido de rugby en la Primera, ante San Fernando. Había hecho un try, y después de una jugada típica del juego quedó aplastado y golpeado por los jugadores que intervenían en ella. Se lo llevaron inconsciente, pero no llegó con vida al hospital. Tenía 20 años, y unos pocos partidos en Primera. Vivía en Villa de Mayo, en cuya sede fue el partido fatal que sus padres habían ido a ver.
En CUBA estamos todos tristes.
Completo con un video en homenaje a él, que encontré en Periodismo-Rugby, realizado para un programa especial de ESPN.
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TEMAS: DEPORTE
21 de junio de 2008
INVIERNO
Hoy leí la siguiente reflexión, y quiero compartirla con el amigo lector:
"Se encuentran pensamientos importantes en los escritos de los poetas, más aún que en los de los filósofos. La razón estriba en que los poetas escriben arrebatados por el entusiasmo y por la fuerza de la imaginación; y en nosotros se encuentran destellos de ciencia, como en el sílex que los filósofos extraen razonando, en tanto que los poetas los hacen salir fuera vigorosamente más brillantes con la imaginación".
Cualquiera de nosotros podría pensar que quien escribió estas líneas fue un artista o un soñador inspirado. Pero su autor no fue otro que René Descartes, el padre del racionalismo moderno, el hombre de la duda como método y punto de partida para toda su visión de la realidad. Su libro favorito, según dicen, era el "Amadís de Gaula", obra cumbre de la caballería española.
En homenaje a esta sentencia del pensador francés, dejo aquí una poesía de Pablo Neruda en homenaje a la fría estación del año que hoy nos toca empezar:
Llega el invierno. Espléndido dictado
me dan las lentas hojas
vestidas de silencio y amarillo.
Soy un libro de nieve,
una espaciosa mano, una pradera,
un círculo que espera,
pertenezco a la tierra y a su invierno.
Creció el rumor del mundo en el follaje,
ardió después el trigo constelado
por flores rojas como quemaduras,
luego llegó el otoño a establecer
la escritura del vino:
todo pasó, fue cielo pasajero
la copa del estío,
y se apagó la nube navegante.
Yo esperé en el balcón tan enlutado,
como ayer con las yedras de mi infancia,
que la tierra extendiera
sus alas en mi amor deshabitado.
Yo supe que la rosa caería
y el hueso del durazno transitorio
volvería a dormir y a germinar:
y me embriagué con la copa del aire
hasta que todo el mar se hizo nocturno
y el arrebol se convirtió en ceniza.
La tierra vive ahora
tranquilizando su interrogatorio,
extendida la piel de su silencio.
Yo vuelvo a ser ahora
el taciturno que llegó de lejos
envuelto en lluvia fría y en campanas:
debo a la muerte pura de la tierra
la voluntad de mis germinaciones.
El cuadro que ilustra estas líneas es "Invierno", del milanés Guiseppe Arcimboldo, de quien algunos se preguntan si no estaría loco.
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17 de junio de 2008
EL DISCO: NIGHTS FROM THE ALHAMBRA
Pocos saben que Loreena McKennitt no es irlandesa o escocesa, sino canadiense. Nacida en la región central de Manitoba, esta cantante de música celta no ha editado una gran cantidad de discos de estudio a sus 51 años, pero sí los ha hecho de una calidad suprema. En esta ocasión me refiero a "Nights from the Alhambra", la obra que grabó después de tres días de conciertos al aire libre, del 13 al 15 de septiembre de 2006, en un lugar que, según sus propias palabras, guarda nuestros sueños de eternidad dentro de sus piedras.
La Alhambra, en Granada, fue la capital del dominio moro en España, hasta que fueron expulsados en 1492. El historiador Ibn-Al-Jatib la describió de esta manera: "Hay allí tal abundancia de aguas que, desbordándose a torrentes de los estanques y albercas, forman en la pendiente arroyos y cascadas, cuyo sonoro murmullo se escucha a larga distancia. Rodean el muro de aquella población dilatados jardines, propios del sultán, y arboledas frondosísimas, brillando como astros, a través de su verde espesura, las blancas almenas. No hay, en fin, en torno de aquel recinto, espacio alguno que no esté poblado de jardines, de cármenes y de huertos".
Pues bien, cuando los moros perdieron su última posesión en España, que era Granada, la madre del sultán Aixa, le lanzó a su hijo, Boabdil el Chico, la famosa frase: "Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre".
Más allá de si esta sentencia se corresponde con lo sucedido o no, este fue el escenario del concierto que Loreena McKennitt ofreció, acompañada de su acordeón, su arpa y su piano, y toda una banda que incluía, entre otros, a Caroline Lavelle en el cello, una intérprete que también ha trabajado con Peter Gabriel, Radiohead y los Chieftains irlandeses.
Este disco repasa canciones de sus discos anteriores y también del que estaba por publicarse ("The Ancient Muse"), con joyas tales como "Marco Polo".
Hay disponible un resumen de 8 minutos con retazos del repertorio que la artista ejecutó en el recital, pero he preferido dejar aquí dos canciones: la primera, "She Moved Through the Fair", una melodía tradicional de la costa occidental irlandesa, y una de las primeras que la cantante aprendió de ese país. La segunda es "Cymbeline", que es de su disco "The Visit", y se nutre de las letras que William Shakespeare escribió alrededor de 1610. He elegido esta canción porque en ella la riqueza vocal de Loreena McKennitt se muestra claramente junto a su arpa.
Como siempre, el último párrafo es para mi relación con la obra. Loreena McKennitt es una de esas artistas de música celta, junto a Enya o el grupo Celtic Woman, que me traen paz después de jornadas agitadas, plenas de vértigo y cansancio. Su voz es exquisita, y el hecho de que hubiera grabado este recital en un lugar del que guardo un recuerdo muy particular me llevó a escucharlo de inmediato. Quien ha estado en La Alhambra, subiendo esa cuesta bajo una luna blanca y redonda de Pascua, sabe de qué hablo. Que viva Granada.
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TEMAS: MÚSICA
9 de junio de 2008
4 de junio de 2008
EL LIBRO: CRIMEN Y CASTIGO
Fedor Dostoievski es uno de los escritores más grandes que ha dado la Humanidad. Dentro de su extensa biblioteca, tal vez su obra cumbre es la que aquí venimos a examinar: "Crimen y Castigo".
Este libro fue publicado en 1866 en un diario llamado "El Mensajero Ruso", dividido en 12 partes. Lo había empezado en noviembre de 1865, uniendo lo que originalmente era el "Diario de Raskolnikov" (protagonista de la novela) con otra obra que había ideado y se llamaba "Los Pobres Borrachos". En esta última aparecía el que sería uno de los principales rostros de "Crimen y Castigo", Marmeladov.
Los personajes de esta obra magna comparten una condición común de desgraciados, descastados de la sociedad en la que no hallan refugio para sus penas. El protagonista, Raskolnikov, se debate entre ser el superhombre libre de ataduras morales y un hombre común que solo busca la libertad humana, y por tanto limitada al bien. Su salvadora es Sonia, la que se prostituye para mantener a su familia pero se da tiempo para, en medio de su miseria, compadecerse de él, pobre infeliz que lucha consigo mismo. "No hay nadie en el mundo más desgraciado que tú", le dice. Sonia es una mujer condenada en la tierra, pero ligada al Cielo por el sufrimiento aceptado. ¿Qué lógica hay en ello? La lógica de la fe, que supera la inmanencia del hombre.
El lector simpatiza con los personajes enfermos de Dostoievski, y hasta puede identificarse con ellos. ¿Por qué? Porque el escritor los disculpa con sus manías y sus locuras. Escribe el historiador Henri Troyat en su biografía del gran ruso:
"Desde luego, la primera impresión es que no tenemos nada que ver con estos seres desconcertantes. Y, sin embargo, nos atraen como el fondo de un abismo. Nunca los hemos encontrado. Pero nos son misteriosamente familiares. Los comprendemos. Los amamos. En fin, nos reconocemos en ellos. Y es que no son más anormales que nosotros. Son lo que no nos atrevemos a ser. Hacen y dicen lo que no nos atrevemos a hacer y decir. Ofrecen a la luz del día lo que nosotros hundimos en las tinieblas de nuestras conciencias".
Los rasgos de los personajes dostoievskianos se repiten en todos sus libros, y comparten esa búsqueda permanente de la felicidad que los llene de sentido en medio de los vicios y las manías autodestructivas. Él mismo lo dijo: "El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para qué se vive".
Leí "Crimen y Castigo" por primera vez a los 15 o 16 años, y debo decir que me marcó en mi visión de las personas y mi forma de ver la realidad que me circundaba. En el sufrimiento ajeno encontré una redención futura que coincidía con lo que me había sido enseñado, pero era presentado aquí en una dimensión mucho más vívida para un espíritu juvenil. Raskolnikov es uno de los personajes que, sin dudas, mayor simpatía me ha despertado en mis lecturas, por su búsqueda permanente de verdad, su honestidad intelectual y su apertura al amor y la trascendencia de sí mismo, que es lo que salva al hombre.
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TEMAS: LETRAS
29 de mayo de 2008
MI ABUELA CUPY
Un día de diciembre de 2001 llegué a Santiago de Chile con Paula. Lo que nos llevaba allí era mi presentación a su abuela adorada, como novio de la nieta menor. Otro sujeto me había precedido unos tres años antes, sin éxito. Yo no estaba ansioso, pero sabía que la palabra de la dueña de casa tendría un peso considerable en lo que yo traía en mis alforjas: volver a Buenos Aires con el anuncio de mi casamiento, que yo había decidido ya después de mi primera salida con Paula un año antes.
Así pues, entré a la casa y allí estaba, muy señorona y elegante, la Abuelita Cupy de la que tanto me habían hablado. La abrazó a Paula y me acerqué a la antesala de la cocina. Me dio un beso, me miró rigurosamente a los ojos y le sonreí. Eso fue todo: una vez que me hube alejado a la sala para dejarla sola con su nieta, se dio vuelta y le dijo a Paula: "Tú te tienes que casar con este muchacho". Al igual que Rosko, me había reconocido.
Yo no había tenido la fortuna de contar con abuelos que acompañaran el hallazgo de mi vida en el famoso colectivo. Paula, en cambio, me había hablado durante todo el año de su abuelo librero, Vicente Galaz, que se había marchado un par de años antes y la había dejado sumida en la tristeza. Y también me había anunciado que conocería a la otra mitad: la Abuelita Cupy, que vivía del otro lado de la cordillera con los recuerdos felices del marido que tanto la había cuidado y querido.
Desde aquel día en que por fin nos conocimos, la adopté como abuela y ella me adoptó como nieto varón, en un pacto tácito y feliz. Cocinó para nosotros día y noche, exultante de contar con un comensal que repetía todos sus platos y jamás le decía que no, aunque terminara durmiendo una pesada siesta en el sofá de la sala. Ya en la primera mañana, prácticamente me había obligado a tomarme tres o cuatro "cola de mono", singular aperitivo que yo nunca había probado y ella había preparado especialmente para recibirnos.
Con la Abuelita Cupy entré algo nervioso, un año más tarde, a la iglesia donde esa noche me iba a casar, mientras le explicaba que en la Argentina, la madrina de la novia (o sea, ella) debía esperar con el novio en la sacristía, en lugar de ingresar por el pasillo central como se hacía en Chile y quería ella.
Cupy disfrutó esa boda como una reina madre, resplandeciente de alegría y muy a gusto en su papel protagónico. Con sus 92 años, bailó hasta las tres de la mañana con una sonrisa permanente, muy serena, nunca estruendosa. Se había mandado hacer un vestido, que por supuesto no terminó de conformarla.
Un año y medio después nació la preciosa Sofía, y allá fue Paula, allende los Andes, a enseñarle a nuestra primera hija. Y detrás de ella fui yo, de sorpresa, en complicidad con la Abuela, que me abrazó feliz de nuevo en su casa.
Dos años después volvimos, con Valentina. Cupy se movía en silla de ruedas, y así la llevamos a pasear por el Mercado Viejo de Santiago, donde casi se me cayó de la silla cuando le erré el cálculo con el cordón de una vereda. "Esto no es lo tuyo", me retó. Pero paladeaba cada instante con nosotros, sus nietos y bisnietas, mostrándonos el lugar donde había vivido con Vicente mucho tiempo atrás y eligiendo su plato de mariscos en el restaurante. Una mañana la ayudé a caminar alrededor de su jardín unos minutos, y me sentí muy contento.
En ese viaje, que cada vez nos costaba más hacer, Paula se quedó con las chicas en lo de Marie-Chantal, la prima que tanto cuidó de la Abuela en estos años, y yo dormía en la casa con Cupy. Dos detalles de esa estadía me han quedado, el uno en la memoria, el otro en mi pecho.
El primero fue mi despedida de la Abuela, en la madrugada en que me marché solo al aeropuerto. En ese abrazo, en la quietud absoluta del alba, sentí que era mi último encuentro con ella. Tal vez Paula volvería con la prole, pero no podríamos pagar un pasaje para todos en los siguientes años. Le dije a Cupy que la iba a llamar cuando llegara a casa, que se cuidara y que la quería mucho, y no dijimos nada más. No era necesario. La dejé en penumbras, cerré su puerta lentamente y me fui.
El segundo detalle que me ha quedado de ese, mi último viaje para ver a la Abuelita, fue el objeto que me dio y cuelga de mi cuello cada jornada. Es la cruz que había usado su adorado Vicente a lo largo de su vida. Es la que me recuerda cada mañana que cargo con el legado que ellos me dejaron, en la pequeña oración que ella pronunció el día que me la colgó solemnemente ante los ojos de Paula.
Hace un mes, después de la llegada de Pedrito, la buena hermana Karin, que había venido de Hamburgo, invitó a Paula y los tres pequeños a ir a Chile una vez más, a ver a la Abuela, que estaba ya muy pachucha. Me quedé en Buenos Aires, porque no teníamos el dinero para que yo fuera y había que preparar el bautismo de Pedro, que sería en dos días. Cupy me lo reprochó por teléfono, pero traté de explicarle que realmente no había podido ir. Y sentí que ella tenía razón, que yo debería haber ido aunque fuera en micro, pese a saber que era racionalmente imposible.
Hace una semana fue Sofía la que me dijo que yo "tenía" que ir a Chile a ver a la Abuelita. Nuestra hija mayor tiene cierto don para anunciar cosas, como cuando afirmó muy tranquila que Paula estaba embarazada y que era un varón. Esta vez me llamó la atención su insistencia en el tema del viaje a Chile, pero pasé de largo. Y el domingo, de repente y de la nada, se me vino la Abuela a la cabeza. Nada dije a mi mujercita. En la madrugada del lunes sonó el teléfono, el que siempre temíamos.
Cupy fue mi abuela adoptiva, y sonríe sabia en recuerdos felices que no mueren nunca. Su vida no fue color de rosa ni en sus inicios ni en su epílogo, y sin embargo exprimió cada gajito de alegría y sobrellevó cualquier contratiempo que le fue dado con una firmeza a toda prueba. Ayudó a Paula a crecer en días complicados, y me ayudó a mí a ser lo que Paula necesitaba que fuera.
Ahora que la Abuelita ha concluido su larga labor y se ha retirado, Chile ya no es Chile y el pisco sour ya no sabe tan fresco. Pero alguien sonríe, porque la esperaba y ha vuelto a verla, y pasea con ella de la mano, silbando bajito y arrojando migas a los pájaros mientras ella se arregla coqueta el peinado.
Mientras tanto, Paula y yo nos hemos quedado con el alma a media luz, aunque sepamos que no hay tiempo para lágrimas y tres hijos nos reclaman con su sonrisa infantil. Entonces sentimos que una fuerza nueva nos viene de adentro y nos ponemos a jugar con ellos, serenos y alegres: allí está, en nosotros, la eterna Abuelita Cupy.
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23 de mayo de 2008
VACÍOS, PERO DE PIE
Se fue otra Copa. Es verdad: terminó un ciclo de un equipo caro pero heroico, algunos de cuyos partidos recordaremos mucho tiempo. Pero alguna vez deberemos ganar la Copa: San Lorenzo es un grande.
Era difícil seguir avanzando en el torneo cometiendo tantos errores como cometimos a lo largo de todo el torneo. Expulsiones, un penal infantil de Botinelli, el jueguito de Orion. Y aquí me detengo: Tenemos, para mí, un muy buen arquero, aunque en esta serie fue el principal responsable de la eliminación. Los dos goles que nos hicieron eran perfectamente evitables, y en los penales tampoco apareció (aunque esto último es también mala suerte). Orion ha sido, sin embargo, el arquero de un equipo campeón, y no hay que olvidarlo. Para colmo, el árbitro anoche se equivocó fiero con la expulsión de Torres, y en la altura eso no es gratis.
Me quedo con algunos nombres para la galería: Bergessio, Adrián González, D'Alessandro y sus lágrimas espontáneas, Méndez y, pese a todo, Romeo, que torció la historia en Potosí y nunca tuvo el respaldo del técnico que un delantero necesita cuando no la emboca.
Esta Copa nos ha dejado una conclusión amarga, matizada con imágenes de logros parciales importantes, que motivaron un reconocimiento de propios y extraños, incluso en el ámbito internacional.
San Lorenzo fue un equipo raro, que en general no jugó un fútbol vistoso y por momentos fue muy efectivo, y puso hombría copera en partidos coperos. Pero había equipo para más, y la Liga era un rival accesible. Sencillamente, había que ganar de local y salir a aguantarlo allá.
Ya ganaremos la Copa, habrá que tener paciencia. Mientras tanto, las lágrimas derramadas anoche por tantos de nosotros seguirán regando esta mística de grande sufrido pero ganador, que otros tal vez no comprenden. Lo bueno es que después de haber quedado al borde de la muerte, sin cancha y en la B, un hincha de San Lorenzo ya puede soportar cualquier cosa. Como ya he dicho, el Ciclón siempre es alegría. Alegría de vivir.
Si algún cuervo le tenía excesivo respeto a la Copa, creo que en ésta se lo perdió.
No se me ocurre mucho más. El vacío no es una buena fuente de inspiración.
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TEMAS: FÚTBOL
21 de mayo de 2008
EL VALOR DE LAS RENUNCIAS
En la vida, una persona se topa inevitablemente con encrucijadas donde se ve obligada a elegir entre dos rumbos. No es necesario pensar en grandes cosas: al ver el menú del restaurante y elegir un plato, estamos dejando de elegir el resto. Cuando llamamos por teléfono a un amigo y le dedicamos diez minutos de conversación, quedan para otro momento (o para nunca) la llamada a ese otro que también nos espera, o el final de un capítulo en el libro amigo, o diez minutos más de siesta.
Los economistas usan una expresión que en cierta manera refleja estas disyuntivas: el "costo de oportunidad", que no es otra cosa que lo que dejamos de ganar por hacer otra cosa. Es decir, si yo elijo invertir en un plazo fijo, dejo de ganar lo que me daría ese dinero colocado en, por ejemplo, acciones. Si hemos tomado esa decisión, por supuesto, ha sido porque creemos que con el plazo fijo nos irá mejor que con las acciones. Cuando pasamos un pedido de honorarios, también estamos aspirando a ganar lo que podríamos ganar si hiciéramos otra cosa. Y cuando ahorramos, renunciamos a un consumo presente. No es el único factor, pero es muy importante.
En la vida ocurre lo mismo. Cuando tomamos una decisión nos atenemos a todas las consecuencias de ella, las buenas y las malas. De aquí viene esta pequeña disquisición sobre el verbo "renunciar". Cuando tenemos hijos renunciamos, entre muchas cosas, a una gran parte de nuestro tiempo libre, a una buena cantidad de siestas, y a cierto dinero que podríamos usar para comprarnos discos o libros y ahora invertimos en su educación.
En este mundo posmoderno e individualista, muchas personas no resisten el verbo "renunciar". Quieren todo, porque el sistema lo promete todo. No aceptan, sino que exigen más y más, y todo al mismo tiempo. El orden de prioridades se trastoca y lo superficial pasa a ser algo imprescindible para ellos. La escala de valores se vuelve "light", con una frivolidad a la carta. Es el reino del momento.
La renuncia duele, pero su recompensa es grande. El hombre quiere todo ahora, porque así es su naturaleza, pero la apuesta al futuro también vale, y en su nombre es que dejamos de hacer ciertas cosas. Se trata de tener mucha paciencia y proyección al futuro, con las lecciones que nos ha dado el ayer.
La fábula "La Cigarra y la Hormiga" es un ejemplo de lo que digo (Samaniego también la escribió en verso). La primera se gastaba todo su capital mientras la segunda almacenaba comida para el invierno y renunciaba al despilfarro del puro presente. Cuando el frío llegó, la cigarra fue a pedirle alimento a la hormiga, y ésta le dijo burlonamente: "Baila ahora como lo hacías cuando yo trabajaba". No me simpatiza esa actitud de la hormiga, aunque comprendo su revancha frente a una cigarra vaga y atorrante.
Queramos o no, todo el tiempo estamos renunciando a algo. Y por eso, renuncio a seguir escribiendo para dedicarme a hacerle morisquetas a Pedrito.
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TEMAS: FILOSOFÍA CASERA
16 de mayo de 2008
11 de mayo de 2008
MI CLUB CUMPLE 90 AÑOS
Corría el año 86 cuando conté mis tres primeros sueldos de cadete veraniego y me hice socio de C.U.B.A., esto es, el Club Universitario de Buenos Aires. Este club cumple hoy 90 años de existencia, y le rindo homenaje.
CUBA, que hace del amateurismo una bandera y del estudio una historia, es uno de los mejores clubes del país, porque en sus sedes puede practicarse el deporte que a uno se le ocurra. Su actividad principal es el rugby, aunque no obtiene un título nacional desde el año 70. Estuvo muy cerca de hacerlo en el 87, pero perdió por un punto un partido increíble que ganaba 20 a 0 ante el Banco Nación de Hugo Porta. La verdad sea dicha, nunca me he identificado del todo con la gente del rugby del club, si bien sé que hay allí grandes personajes y valores altos. Pero en CUBA siempre ha habido cierta pica entre rugbiers o "cubanitos" y futboleros de alma, que eran menospreciados por los primeros. Sin embargo, muchos han practicado ambos deportes sin problemas, y la convivencia es buena, como supongo que ocurre en varios clubes similares. Y de última, en el fútbol también he visto personajes indeseables, en franca minoría frente a los grandes de verdad.
El principal defecto que le veo a mi club es ese machismo que no deja a las mujeres hacerse socias por las suyas, en una sociedad que tanto ha cambiado desde 1918. Paula no es socia, es adherente, lo cual constituye una discriminación sin sentido. Y tampoco puede gozar de las comodidades de la sede Viamonte, donde hay gimnasio y pileta cubierta, entre otros espacios.
He contado por aquí cómo fueron mis inicios futbolísticos en el club, y cada vez que voy con mi familia a la sede de Núñez, miro de reojo esa cancha polvorienta donde tanto me gustaba jugar entre fiestas y estudio, y les muestro a mis hijitas el lugar donde su papá le pegó a la pelota en ese partido inolvidable frente a Me Picó. Y después recuerdo el día del gol en el ultimísimo minuto frente a Febo Asoma, y otras jornadas de gritos, victorias, derrotas y partidos sin dormir.
En Villa de Mayo también tengo recuerdos generosos en materia de fútbol, y tuve mis épocas de concurrente a partidos de rugby (deporte al cual sigo, como a otros), de local o visitante. Allí sufrí la que creo que fue mi única expulsión en un partido, cuando sin querer le pegué un manotazo a un jugador rival, el cual exageró para su conveniencia y provocó mi roja en una tarde en que todo nos salía mal.
Mis dos equipos fueron Dynamo y Darrospide, en dos etapas cada uno. El primero en una época de sufrimiento y humildad con mi hermano y mi primo, además de un gran grupo de amigos de ellos; el segundo, siempre peleando bien arriba, y con mi amigo Gonzalo Mayo, el mejor jugador del amateurismo argentino. Decidí el retiro del fútbol de CUBA, justamente, en un partido entre Dynamo y Darrospide jugado en la sede de Fátima hace 9 años, en el que entré sobre el final. No he vuelto a esa sede desde entonces, y cuando lo haga extrañaré la verde gramilla, pero comprenderé que en la vida hay etapas que hay que cerrar.
Ahora llevo al club a Paula y nuestros tres hijos (el tercero, el varón que tal vez herede mis escapadas por la derecha, o mejor aún). Las veo a las pequeñas en el arenero y diviso a antiguos rivales, canosos, o con menos pelo, o gordos, y pienso en que este club nos sigue acompañando en los diversos capítulos de nuestra vida, y que nunca hay que abandonar el deporte, aunque sea para ir a un frontón a pegarle un rato a la pelota, o ir al gimnasio a trotar un poco.
CUBA es un club con todas las letras, con sedes en el centro y en Palermo, Núñez (frente al río), Villa de Mayo, Fátima, Bariloche y Villa la Angostura. Por último, recomiendo lo que escribió Jorge Búsico sobre mi club en su blog Periodismo Rugby.
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9 de mayo de 2008
UN MILAGRO DEL PADRE MASSA
Por segunda vez en lo que va de la Copa me sentí fuera de ella. Ya nos habían puesto plazo fijo en Bolivia, cuando el 0-2 parecía irremontable a 4000 metros de altura y lo dimos vuelta. Y en esta noche histórica, vi a Abreu gritar el segundo gol de ellos, con dos jugadores menos nosotros, y otra vez sentí que el fin del sueño estaba a solo veinte minutos de distancia.
Pero el fútbol es así, como la vida misma, y nos pinta una sonrisa donde una lágrima amagó asomar. Y Bergessio la manda a guardar por segunda vez, y corro y grito enloquecido a lo largo de la oficina, solo con mi corazón. Y entonces el llanto se hace dulce y feliz, y la Copa sigue pero todavía queda un rato eterno para que termine el partido.
Cuando faltaban diez minutos miré al Cielo y le recé al padre Lorenzo Massa. Le pedí el milagro para el pueblo azulgrana, y los delanteros de River empezaron a fallar cuanta pelota tuvieron delante del arco vacío. Llegó el final, y no fue un sueño. El Ciclón sigue vivo de la mano de Pedrito, este bebé que nos ha sido dado y desde su cuna me recibe cada noche, en paz absoluta, sabedor de un futuro azulgrana que yo ignoro.
Gracias, Papá, por hacerme de San Lorenzo. Gracias por darme este azul y este rojo pegados a mi piel. Déjenme que esta noche duerma con esta camiseta puesta y sueñe con más alegrías centenarias.
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TEMAS: FÚTBOL



