1 de mayo de 2013
FERVOR DE BORGES
"Fervor de Buenos Aires" fue el primer ramillete de poemas que Borges publicó, en una edición propia, a su regreso de la Europa a donde su familia lo había llevado de pequeño por varios años. María Esther Vázquez contó una graciosa anédota sobre cómo se distribuyó el librito entre amigos.
En el prólogo que escribió en una reedición de 1969, el gran argentino decía: "En aquel tiempo, buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha; ahora, las mañanas, el centro y la serenidad".
Sus versos recorren los rincones de Buenos Aires sin excesos barrocos, como diría él, sin sensiblerías vanas, pero con un sentimiento visible, que de tan palpable no requiere adjetivos. Apenas recorridas dos líneas del primer poema, el lector -porteño, él- se identifica con el autor: "Las calles de Buenos Aires / ya son mi entraña". A Borges le basta con ese clamor sin estridencias para dejar atrás su exilio y sellar su condición. He encontrado la versión primera de ese poema, bastante distinta.
En esta obra magna, Borges recorre escenarios prototípicos de la porteñidad, como por ejemplo la Plaza San Martín ("bajo la absolución de los árboles"), o el Cementerio de la Recoleta ("la conjunción del mármol y de la flor") , a la cual le hemos dedicado una columna del Tío Carlos en este rincón.
"Esta ciudad que yo creí mi pasado / es mi porvenir, mi presente; / los años que he vivido en Europa son ilusorios, / yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires", termina sentenciando en "Arrabal", poema dedicado a su cuñado, amigo y poeta español Guillermo de Torre.
Al día siguiente de escribir estas líneas, veo que en una entrevista, el físico y músico argentino Alberto Rojo dice que en sus "Ficciones" Borges se anticipó a la física cuántica.
Cierto vértigo ante la majestad se me insinúa al redactar unas pocas reflexiones sobre la obra inaugural del escritor más grande que dio la Argentina. Prefiero dejar que el amigo lector converse con el magnífico "Fervor de Buenos Aires".
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TEMAS: BUENOS AIRES, LETRAS
25 de noviembre de 2012
LA ESPAÑA DE FERNANDO GÁLLIGO
La primera impresión que tuve de él, en ese abril del 95, fue inmejorable, aunque paradójicamente se debió a que no estaba en su casa cuando llegué a Madrid. Y no estaba porque se había ido al Bernabeu a ver al Real Madrid, el equipo del que él era socio y con el que yo había simpatizado toda la vida, más allá de mis sagradas fronteras sanlorencistas.
Llegué a su edificio del Paseo de la Castellana 132, directo de Barajas en un taxi cuyo conductor hacía gala de su hispanidad con vocablos tales como "cebolludo", dirigidos, claro está, a los conciudadanos que no interpretaban correctamente sus volantazos arteros. Así pues, esperé a mi anfitrión conversando con su portero, y llegó Fernando, conforme con la victoria del Merengue. Por fin conocía a aquel hombre amigo de mi padre que en mi casa, y sobre todo en mi mente, había sido casi una leyenda, siempre lejana y del otro lado del océano, y que ahora estaba sentado frente a mí, examinándome y explicando que tenía un problema con la vecina de abajo por la filtración de su ducha. Era humano, pues.
Fueron unos pocos días que me alcanzaron para decidir que ese hombre reunía en sí la esencia misma de la España vieja, la hidalga y utópica que tantos poetas habían cantado en el Siglo de Oro. Fernando me habló de su juventud compartida con sus hermanos, con mi padre y con mis tíos, y con los allegados que quisieran reunirse en el sótano de Charcas y Pellegrini, o en la taberna vasca de San Telmo, o en tantos otros rincones de la Buenos Aires de los años cincuenta, cuando la juventud brillaba en sus corazones y la lejanía de la convaleciente España se sentía menos. Al fin y al cabo, la otra patria es la que ocupan la familia y los amigos.
Fernando me aleccionó, en los días de mi paso por la ciudad de los reyes, sobre los Austrias y los Borbones, mientras volvíamos del Escorial o nos tomábamos una caña en la Plaza Mayor. Me llevó a ver las tumbas de los grandes monarcas, los que él cuestionaba por las guerras vanas que habían librado en Flandes, y el consecuente descuido que dos siglos después pagarían en las Américas.
Más acá de las dinastías reales, el agua sobre la vecina hizo crisis el día que Fernando se afeitó sigilosamente y se fue al bar de la esquina a desayunar. Y yo, inocente ave de paso, recibí la furia verbal de la perjudicada por el goteo incesante. "¡Ya le he dicho mil veces que llame al fontanero!". Así pues, mi anfitrión me llevó a la ciudad deportiva del Real Madrid, donde lleno de dicha me duché de contrabando, mientras él le daba conversa al utilero. Tengo la gorra, la camiseta y la bufanda que allí me compré para reafirmar mi fe madridista aun en tiempos como el actual, cuando parece que no ser del Barcelona de Messi es una herejía. Lejos de mí nadar con la corriente.
Volví a ver a Fernando en un segundo viaje, en el 98. De allí me quedó un café o cerveza en el Bar Gijón y una conferencia de Julián Marías en la Bolsa, en la que el verdadero protagonista, para mí, fue Fernando. Que quede claro: era gozoso escuchar al sabio filósofo, pero el motivo de mi presencia allí era vivir Madrid con este hombre que amaba su ciudad y su país.
En uno de nuestros diálogos, en los que él me hablaba de la vida, del amor y de bueyes perdidos, le pregunté: "¿Por qué no te casas?". "Pues sí, la verdad es que podría hacerlo", me respondió. Y efectivamente, lo hizo con Pilar, su compañera de tantos años, a quien recuerdo cada vez que me tomo un tardío vaso de leche a modo de merienda, y después una cerveza previa a la cena. Cierta vez, en su casa del Barrio Serrano, observó que Fernando me ofrecía una cerveza y yo acababa de tomarme un yogur. "El alcohol le va a cortar el yogur", dijo Pilar. Creo que opté por brindar igual, sin consecuencias que lamentar.
Después de aquellos viajes, nos mantuvimos en contacto por cartas. Disfrutaba él de mis detalladas crónicas, que leía en voz alta a Pilar. No logré que viniera a mi casamiento en 2002. La última vez que hablamos fue el día que España ganó su primer Mundial, en 2010. Me llamó eufórico, y yo también lo estaba, porque a veces los sentimientos son transferibles. La conversación derivó en los cambios que había experimentado mi vida en la última década, y la felicidad que eso me traía. "Tú sí que no has perdido el tiempo", me dijo.
Recuerdo aun su elocuente sorpresa al saber que yo no había llevado ni saco ni corbata para ser el padrino en el bautismo de mi ahijada, Luján. Ahora, desde aquel universitario algo bohemio que él había conocido hasta este padre de familia -no por eso menos bohemio- que oía por teléfono, había corrido mucha, pero mucha agua bajo el puente.
Las miradas que tenemos de ciertas vidas ajenas pueden tener algo de autobiográfico, porque en ellas seleccionamos aquello que identifica nuestros ideales. En Fernando Gálligo encontré a un costado familiar que ignoraba por completo, aquél que pedía permiso en mi ser sin que yo supiera hasta ese entonces a quién o qué atribuir. En esos días en que me ausenté de los circuitos conocidos, redescubrí a una familia completa. España me habló.
Ciertos elegidos se me hacen como aquel perro de Goya que, hundido en la arena, sigue aullando, terco ante su visible desventaja. A pesar de todo, el perro allí se ha quedado, eterno en la pintura goyesca, y nunca será sepultado. Fernando es uno de ellos. La España que él quiso es la que sigue viva, amenazada por la urgencia y el dislate, pero victoriosa en su Quijote.
A ese torero tenaz con nariz de zorro y vozarrón de caballero español va mi saludo en estas líneas, las que he escrito como cada una de las crónicas que tanto disfrutó. Así sea.
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1 de junio de 2012
LLEGAR AL HORIZONTE
En este tan querido blog en el que hace ya varios años vengo derramando reflexiones y sentimientos, quiero dejar un video que refleja el momento en el que al fin llega uno a ese horizonte que parecía tan lejano, pero que al llegar vuelve a alejarse.
Porque el horizonte es una meta que invita pero no se deja alcanzar nunca y renueva desafíos, juega con las promesas y las vuelve irresistibles.
Es entonces cuando las tormentas y desiertos superados se renuevan también, y volvemos a empezar un camino hacia otro horizonte. Con todos esos caminos dibujamos nuestra vida. La biografía de cada quién tiene rincones secretos, que solo su protagonista conoce íntimamente.
Solo tú sabes lo que reíste y lloraste en esos recovecos.
El inigualable Serrat lo describe muy bien en esta canción que figura entre mis favoritas de su repertorio.
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TEMAS: FILOSOFÍA CASERA, MÚSICA
19 de febrero de 2012
SERÁS UN HOMBRE
Existen momentos en los que la vida nos pone a prueba en alguno de sus recovecos. El aprendizaje está a la vuelta de la esquina, basta con levantar la cabeza, fijar la vista en el horizonte y avanzar hacia allá, con paso firme, mansos como corderos y astutos como serpientes.
En su gran obra, "El hombre en busca de un sentido", Víctor Frankl narra cómo en el campo de concentración de Auschwitz se dio cuenta de que por más humillaciones y maltratos que recibiera de parte de sus captores, nunca podrían robarle su libertad interior, su visión de un futuro distinto en el que superaría ese presente impiadoso. Y efectivamente, así fue.
En ciertos momentos, pienso, viene bien recordar poemas como éste de Rudyard Kipling, escrito en 1896:
IF
If you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you,
If you can trust yourself when all men doubt you,
But make allowance for their doubting too;
If you can wait and not be tired by waiting,
Or being lied about, don't deal in lies,
Or being hated, don't give way to hating,
And yet don't look too good, nor talk too wise:
If you can dream - and not make dreams your master;
If you can think - and not make thoughts your aim;
If you can meet with Triumph and Disaster
And treat those two impostors just the same;
If you can bear to hear the truth you've spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools,
Or watch the things you gave your life to, broken,
And stoop and build 'em up with worn-out tools:
If you can make one heap of all your winnings
And risk it on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
And never breathe a word about your loss;
If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
Except the Will which says to them: 'Hold on!'
If you can talk with crowds and keep your virtue,
Or walk with Kings - nor lose the common touch,
if neither foes nor loving friends can hurt you,
If all men count with you, but none too much;
If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds' worth of distance run,
Yours is the Earth and everything that's in it,
And - which is more - you'll be a Man, my son!
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TEMAS: LETRAS
25 de enero de 2012
¿QUÉ ES SER INTELIGENTE?
A menudo me pregunto si tal o cual persona es realmente tan inteligente como dicen a su alrededor. Antes de exponer mis razones para esta duda, aclaro que estas líneas constituyen casi un divertimento, por lo cual no deben ser tamizadas con una exigencia intelectual demasiado alta. No hay aquí apelaciones a argumentos de autoridad como podrían ser nuestros viejos amigos Aristóteles, Borges o Chesterton, personajes que han sido frecuentes protagonistas de este espacio.
El autorretrato de Leonardo que ilustra estos apuntes viene a significar lo que quiero expresar: un hombre puede ser un genio artístico a la vez que un inventor único, pero en él encontramos, a poco de leer la biografía novelada que le dedicó Dimitri Merezkovski, una inconstancia en sus propósitos que nos hace dudar -con perdón de la insolencia- de su condición de genio. O quizás la excentricidad, la falta de apego a las convenciones, la tendencia permanente a ir por caminos inexplorados, definen al genio.
Leonardo buscó nuevas vías, y quiso también sentirse útil y poner la ciencia al servicio de la vida cotidiana, diseñando un equipo de buceo o una nueva herramienta bélica contra los turcos, estudiando la percepción del ojo, observando las ondas provocadas por una piedra arrojada al agua o bosquejando un helicóptero, entre muchas otras inquietudes que rondaron su inteligencia y su imaginación. Fue un genio, qué duda cabe, que también dejó recetas de cocina.
Paul Johnson, en su obra "Intelectuales", describe las personalidades de Marx, Rousseau, Sartre y Tolstoi, entre otros. Los baja del pedestal y los ubica en un lugar de hombres comunes, con debilidades que los hacen más humanos y lejos de idolatrías. Fueron muy inteligentes, pero tuvieron su talón de Aquiles.
Ahora bien, en muchos casos de personas muy inteligentes, suele ocurrir que la inteligencia emocional es su costado débil y los mete en problemas de los que salen con dificultad, y tal vez con la ayuda de inteligencias más modestas. En cerebros más dados a los números, las letras suelen rehuirlos, y otras personalidades que planean alto en términos de resolver problemas se encuentran en un atolladero cuando tienen que manejarse en público para comunicar aquello que han pensado o resuelto.
Yo creo que las inteligencias son muchas, y es muy difícil reunirlas a todas en una sola persona. Hay una inteligencia emocional que se adapta a los ambientes y prójimos que halla alrededor, y también a sí misma. Hay una inteligencia numérica, que tiene una facilidad asombrosa para resolver dilemas matemáticos a la vista de nosotros, los comunes mortales. Hay una inteligencia gramatical, capaz de expresar pensamientos y emociones, y detectar errores en las elaboraciones ajenas en menos que canta un gallo. Y hay más.
En todas las inteligencias está la verdad. Ella es la que manda. Verdad, Bien y Belleza constituyen la santísima trinidad de este mundo, la que todos ansiamos descubrir día a día. Los que creemos que existe y aun también los que creen que todo es relativo y nada es absoluto, ni lo bueno, ni lo bello ni lo verdadero.
¿Qué es ser inteligente? Alguien que lo sea más que este humilde escriba podrá responderlo con más autoridad.
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TEMAS: FILOSOFÍA CASERA
20 de enero de 2012
50 AÑOS
Hoy vuelvo a escribir en este espacio después de más de un año en el silencio más desconocido. El tiempo, que es tirano, también nos exige estar a la altura de ciertos acontecimientos, como el que ha motivado mi regreso a este rincón. El 20 de enero de 2012 se cumplen 50 años -medio siglo- de que mis padres se casaron en una lejana iglesia de California. ¿Cuántas cosas han pasado en nuestro hogar, en la Argentina y en el mundo desde aquel día? Y sin embargo, ellos siguen allí, desafiantes y heroicos frente a los cambios cotidianos.
Valoro el equilibrio entre el crecimiento y la estabilidad. Saber la diferencia justa entre lo que hay que cambiar y lo que merece quedarse parece ser uno de los grandes secretos para construir una vida feliz. Quizás mis padres lo conozcan.
Estas líneas están lejos de afirmar que Fernando y Mary son perfectos. Por el contrario, mi admiración hacia ellos nace en el hecho de que con su frágil humanidad -la misma que todos tenemos- han construído una historia de 50 años, donde hay una trama, distintos capítulos, suspenso, villanos, personajes simpáticos, historias secundarias y paralelas al argumento central, personajes que van apareciendo y otros que dejan el escenario para abrir paso a los nuevos. Alegrías, tristezas, incertidumbre, decisiones, risas y lágrimas, muchísimo sentido del humor y emociones de todos los gustos y colores. Y en el centro del escenario, ellos.
Este es un breve homenaje a quienes me dieron la vida, a mí y a varios enanitos que andan dando vueltas por mi hogar mientras desparramo estas reflexiones. En mi nombre y el de todos ellos, con infinita alegría, muchas gracias.
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TEMAS: FAMILIA
26 de septiembre de 2010
EL DÍA QUE VOLVÍ A LA CANCHA GRANDE
En este humilde espacio había escrito sobre mi debut en el fútbol de mi club, cuando contaba jóvenes 17 años, y mi retiro de ese ámbito a los 29. Excepto en mi despedida de soltero en 2002, no había vuelto a jugar el verdadero fútbol, que es el de la cancha grande. Sí juego un torneo todos los jueves, pero en cancha de 5, y hace varios años.
Hace cosa de un mes, cuando fui a ver a Paula, Sofía y Valentina competir en un club de patín de Ramos Mejía, me fui a recorrer el predio con Pedrito y descubrí una cancha de fútbol detrás del gimnasio. Toda de césped, bastante castigada, pero lista para calzarse los botines y echar a correr tras la blanca redonda. Me metí allí con él, le mostré los arcos, el círculo central, y pateé una pelota imaginaria hacia el arco local. Algo se me movió ahí adentro, donde se cuecen las emociones. Nada dije.
Hoy me levanté para irme a las ocho de la mañana al club a jugar al tenis con mi amigo Daniel. Desayuné frente al Río de la Plata, casi solo, leyendo un cuento bastante trágico de Mujica Láinez, de su obra "Aquí vivieron". Después llegó Daniel y jugamos una hora y media, para tomarnos algo en la terracita, otra vez frente al río color de león. Más tarde llegó mi familia, almorzamos, jugamos en el arenero, paseamos un poco. Hasta allí, un domingo redondo. Me fui al gimnasio a hacer un rato de fierros para estirar los músculos. Y al volver, Daniel me tiró la frase mágica: "Nos invitaron a un partido".
Varios veteranos del club (hablamos de mayores de 35) se juntan a jugar en una cancha de CUBA, y Daniel preguntó. No demoraré al amigo lector: entramos en el segundo tiempo, uno para cada lado. Y al igual que en el día de aquel debut -y también con unas Topper de emergencia-, en la primera que tuve le pegué de afuera del área un latigazo de zurda que reventó el travesaño. Esta vez no fue gol: Mala suerte, pero me sentí vivo y corrí, regulé el aire, hice los relevos, hablé, y festejé una victoria por 4 a 1 que cuando entré era un empate 1 a 1.
"Dame tu mail, y te invito", me dijo Álvaro, el organizador.
Y hete aquí que el tobillo me doblé y lo tengo en hielo, pero no me importa nada. Soy feliz.
Esta vez, desde el costado de la cancha me observaban la mejor mujer del mundo y mis tres hijos, que son nuestros. Ahora, frente al teclado, y mientras los pequeños duermen, sigo festejando mis 40.
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TEMAS: ANECDOTARIO, FÚTBOL
25 de agosto de 2010
40
Para muchas personas cumplir 40 años es llegar al entretiempo de la vida, a un estado en el que la propia biografía promedia y obliga a replanteos vitales, a balances que irrumpen, impostergables, e incluso a depresiones autocompasivas.
Para otras personas, cumplir 40 años exige un elocuente homenaje a la majestad del número redondo, un festejo por si acaso en las puertas de la melancolía por la dorada juventud que se aleja para ceder el paso a una madurez reposada, a la placidez de las certezas, aunque la verdad sea que las dudas hostigan esa frontera entre la gozosa irresponsabilidad y el compromiso autoimpuesto en aras de una felicidad buscada en otros rostros.
Yo creo, como ya he escrito antes, que la melancolía puede ser un sentimiento positivo cuando marcha acompañado de una mirada esperanzada hacia el futuro. Contemplar el pasado y concluir que lo hecho es mucho y que ha sido disfrutado en su justa medida y a su debido tiempo, permite soñar con nuevas metas que algún día también llegarán a ser nuevos recuerdos, y acariciarán el espíritu como hoy lo hacen las brisas de tiempos que se fueron.
Lo que fuimos, y lo que hicimos, moldearon lo que somos. En la alegría, y aún en el dolor, siempre estábamos creciendo, aunque nos resistiéramos a ello. Los 40 años pasaron, los bebiste trago a trago y los disfrutaste en la medida en que pudiste, originales y únicos.
Cada puesta de sol trae nuevas estrellas. Cada amanecer deja tras de sí una noche de serena espera.
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TEMAS: FILOSOFÍA CASERA
16 de agosto de 2010
TU ESPADA, SAN MARTÍN, HIZO EL PRODIGIO

Para homenajear al gran libertador en este feriado, un extracto de "El nido de cóndores", de Olegario Víctor Andrade. El poema completo puede ser leído aquí.
Pensativa su frente, cual si fuera,
en muda discusión con el destino
iba el héroe inmortal que en la ribera
del gran río argentino
al león hispano asió de la melena
¡y lo arrastró por la sangrienta arena!
El cóndor lo miró, voló del Ande
a la cresta más alta, repitiendo
con estridente grito:¡Este es el grande!
Y San Martín oyendo
cual si fuera el presagio de la historia
dijo a su vez: ¡Mirad! ¡Esa es mi gloria!
¡Milagros de la gloria!
Tu espada, San Martín, hizo el prodigio.
Ella es el lazo que une
los extremos de un siglo ante la historia;
y entre ellos se levanta,
como el sol en el mar dorando espumas,
el astro brillador de tu memoria.
¡No morirá tu nombre!
Ni dejará de resonar un día,
tu grito de batalla,
mientras haya en los Andes una roca,
y un cóndor en su cúspide bravía.
Está escrito en la cima y en la playa,
en el monte, en el valle, por doquiera,
que alcanza de Misiones al estrecho
la sombra colosal de tu bandera.
La imagen que ilustra estas líneas es un cuadro del orfebre Pallarols, en el que él mismo se autorretrató como el segundo granadero del fondo empezando desde la izquierda.
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TEMAS: SAN MARTÍN
7 de agosto de 2010
80
Hubo un día en que lloré mucho, y allí estaba ella para consolarme y darme la bienvenida a este mundo. Hubo otro día en que fui por vez primera a pasear a la plaza, y le llevé una piedrita elegida para que guardara.
En otra ocasión, me retó después de que yo arrojara con notable parsimonia un banquito por el balcón del noveno piso. Y así hubo muchos otros días en que ella estuvo ahí, como lo sigue estando cuando se me da por escaparme de la oficina e ir a almorzar a mi antiguo hogar de soltero.
En este día maravilloso en que le regalaremos algunas sorpresas, a mi madre dedico estas pequeñas cuotas de humor. ¡Feliz cumpleaños, Mrs. Mum!
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TEMAS: FAMILIA
25 de julio de 2010
DESASTROSO OCASO DE UNA SOLTERÍA (PARTE II)
Esta es la continuación de un relato que inicié en enero de este año. El amigo lector puede volver a aquellas líneas para refrescar la memoria.
El asado siguió un curso bastante predecible: mucha carne, ensalada mixta, vino de mesa y el reojo en el reloj, para que el Año Nuevo no nos agarrara desprevenidos. Yo me encontraba en una situación algo extraña: había conocido a todos mis compañeros de mesa una o dos horas antes, y le traducía al inglés de Brunei las preguntas que le hacían los nativos. Mi rol era gratificante, dado que trabajaba en ese entonces -y lo sigo haciendo- en facilitar la comunicación entre las personas. Pero el tenor que empezaron a adquirir los interrogantes rozaba la chabacanería y me hacía conservar cierto tono diplomático para que el turista no se sintiera invadido en su más estricta intimidad. El tema, claro está, eran las mujeres, y los comensales mostraban más curiosidad de la aconsejable.
Finalmente opté por tomar el mando de la charla -los demás apenas si se dieron cuenta entre los vapores etílicos que ya los rodeaban- y girar a temas más conservadores. Así transcurrió el asadito, y cuando faltaban diez minutos descorchamos un par de sidras o champagnes y procedimos al clásico brindis. Era un año nuevo distinto para mí, y cuando salí a la vereda a contemplar los fuegos artificiales pensé en muchas cosas. Entre ellas, en las caras nuevas que aparecerían ese año, con un trabajo nuevo por delante, y muchas incógnitas en mi futuro.
Ese año 2000, que empezaba rodeado de desconocidos, terminaría con la mejor noticia. Pero doce meses antes, sucedieron algunos hechos inolvidables.
Al día siguiente me quedé sentado un rato largo con el inglés de Brunei, charlando sobre la vida en aquel pequeño principado de la isla de Borneo, donde él trabajaba de biólogo. En aquellas horas Maradona luchaba por sobrevivir a una sobredosis en Punta del Este.
El inglés, quien creo que se llamaba Brian, se iba ese mismo día, y estaba muy agradecido por mis improvisados servicios de intérprete. Habíamos estado hablando de literatura, y le había manifestado mi gusto por Dostoievski. Me pidió mi dirección en Buenos Aires, y me dijo que me iba a enviar un regalo.
Recuerdo a otro personaje que pasó un día por mi lugar de hospedaje. Era de Offaly, en Irlanda. Le dije que dos años antes había estado en la verde isla, y que había visitado Galway, frente al Atlántico. Este condado está justo a camino desde Dublin a Galway, así que este señor, que tenía los cachetes rojizos, me dijo que si iba otra vez por allí preguntara por él. No recuerdo su nombre y no tengo fotos, así que lo veo difícil.
Hasta allí, mi segunda visita a Puerto Madryn se mantenía dentro de carriles normales. Pero llegó el mediodía, y con él, un guiso fatal.
CONTINUARÁ
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TEMAS: ANECDOTARIO
24 de julio de 2010
AQUELLAS BOTICAS DE BUENOS AIRES, POR CARLOS DUELO CAVERO
De vez en cuando paso por la esquina de Alsina y Defensa, frente a la Capilla de San Roque donde se casó mi hermana, y miro de reojo la farmacia que allí se encuentra, la más antigua de Buenos Aires. Unos tres meses atrás entré al negocio y observé que está prácticamente igual que en su fundación -o al menos eso presumo-. Estuve tentado de decirles a los farmacéuticos que mi tío había escrito una nota sobre ellos muchos años atrás, pero proseguí mi camino en silencio de cara al vértigo crudo. Ahora traigo a este rincón aquel artículo que con su habitual gracia deshiló Tío Carlos para la Revista La Nación, la cual lo publicó en su edición del 26 de julio de 1992: "Aquellas boticas de Buenos Aires".
Hace poco el mismo diario La Nación sacó en su versión de Internet una nota sobre esta farmacia, que incluye un video con imágenes de ella y una breve entrevista a su directora técnica desde 1969. Pero el texto del artículo ni se parece a aquellas crónicas coloridas de mi tío. En fin, he aquí la nota de Carlos Duelo Cavero:
Aquellas boticas de Buenos Aires
Precedieron a las farmacias en la elaboración y expendio de remedios; fueron también avanzada de cultura y escogido lugar de reuniónLa historia de las boticas porteñas se pierde en el tiempo. Y la búsqueda de sucesos vinculados a ella tiene la virtud de reverdecer algunos hechos curiosos o quizá poco conocidos.
¿Sabía el lector que el doctor Bernardo Houssay, Premio Nobel de Medicina, trabajó en una farmacia de la plaza Flores, de la que fue director técnico, ya que también era farmacéutico? ¿O que Alfonsina Storni se desempeñó un tiempo como cajera en la Botica Landoni, en la avenida Cabildo 3501, hoy propiedad del doctor Alfredo Pierre, y situada en otra cuadra de la misma avenida?
Como no podía ser menos, la búsqueda se inició en la farmacia y droguería "La Estrella", que se alza en la esquina de Alsina y Defensa. Nombre prestigioso al que se suman los de otros negocios del ramo como la de don Hilario Amoedo, en Independencia y Tacuarí, fundada en 1824.
Prodigio de longevidad y fidelidad a la obra de sus mayores, esta botica de Amoedo es, sin duda, la más antigua de Buenos Aires de que se tenga memoria. Luego de prolongarse por espacio de 130 años en manos de una dinastía de Amoedo, fue traspasada a don José Salvadores y comprada, en 1930, por Francisco Boquete, cuyo hijo Rafael la regentea en la actualidad, bien que instalada en la vereda de enfrente y no precisamente en la esquina.
Las tertulias
La crónica rescata una larga lista de boticas que se sumaron con el tiempo a la de Amoedo y La Estrella. Así las de Cranwell, Catelin, Demarchi, Imperiale, Puiggari, Torres, Martiniano Passo, Antigua Rincón, El Mortero Dorado, Murray, Kelly, Nelson (integrante de la cadena de Droguería del Sud), El Fénix, Gibson, Rolón y Cía., Farmacia Inglesa Méndez -hoy Antigua Avenida de Mayo-, Lucioni y muchas más. Pocas son las que sobrevivieron.
Solo La Estrella siguió desafiando al tiempo, con su inconfundible estilo ítalo-francés. Su artíctico cielorraso fue iluminado por el muralista italiano Carlos Barberis, con expresivas alegorías femeninas representando a la botánica y a la química. Se murmuraba por entonces que una de aquellas diosas de Barberis era el vivo retrato de la hija de Facundo Quiroga, casada con un hijo de Demarchi, el fundador de la botica, que había posado como modelo para el pintor.
Aquellas boticas eran también famosas por las tertulias que se desarrollaban en la llamada rebotica o trastienda. Una de las más concurridas era la que tenía como escenario lo de Amoedo.
Frente a la iglesia
La farmacia de Buenos Aires tiene su historiador máximo en el profesor Francisco Cignoli, autor de la notable Historia de la Farmacia Argentina, que dice, en inspirado párrafo: "Junto a sus mostradores o en sus trastiendas dábanse cita, noche tras noche, los parroquianos más expectables del barrio en tertulias que se prolongaban invariablemente hasta promediar la noche, cuando el silencio dominaba en la ciudad y solo quedaba en la rumorosa botica el farolillo tras la ventana, indicador de un servicio nocturno que aun hoy conserva su tradicional y misteriosa apariencia".
Otra característica común a todas las boticas era su ubicación, preferentemente en una esquina, frente a una iglesia, de modo tal que el vecino que en caso de urgencia o apuro tenía que conseguir un remedio o consultar al boticario pudiera guiarse por el campanario del templo más cercano.
Medicina sabia
El edificio de la Farmacia y Museo La Estrella pertenece al patrimonio artístico de Buenos Aires gracias a la intervención del mismo arquitecto Peña, que intercedió ante la Municipalidad para que ésta lo adquiriese.
Los primeros boticarios de Buenos Aires fueron, sin duda, los jesuitas, que instalaron una pequeña botica frente al paredón de San Ignacio. Las crónicas coinciden en afirmar que "no existía entonces comercio de esa especialidad en la ciudad", si bien se menciona vagamente a unos padres betlemitas, encargados del entonces único hospital de la ciudad. Se recuerda que los religiosos actuaban simplemente a título de obreros médicos.
Especialistas paramédicos eran los sangradores, barberos, colocadores de emplastos, sacamuelas, hernistas y ventoseros y formaban parte del pintoresco mundo de aquella medicina comúnmente llamada sabia.
Invitado por Rivadavia, llega al país un grupo de hombres de ciencia europeos, entre los cuales se contaba un farmacéutico piamontés, químico y botánico por añadidura, Carlos Ferrari (1793 - 1859). Don Bernardino le encargó la organización del primer Museo de Historia Natural del país.
Las circunstancias se confabularon para que Ferrari -alma de boticario al fin- se decidiera un día a abrir una botica frente a dicha basílica y convento, esto es en la calle Defensa. Las transferencias del negocio se sucedieron con el transcurso del tiempo, hasta que en 1838 toma posesión de la botica don Silvestre Demarchi, un suizo pujante y visionario que da un gran impulso a la firma, incorporándole, además, una sección droguería al por mayor y un laboratorio. Son, por último, sus herederos quienes, hacia fines de siglo, resolverán mudar La Estrella -farmacia y droguería- a la esquina de Alsina y Defensa.
Vienen sanguijuelas
"Por entonces las epidemias eran frecuentes, y la prioridad de la prevención e higiene en la población daba un nuevo sesgo a la actividad farmacéutica. Un número de Caras y Caretas del 28 de octubre de 1899 hace referencia a las campañas que emprendía Eduardo Wilde para mejorar las condiciones de vida de los porteños. Una caricatura titulada "El furor sanitario" muestra al propio Wilde envuelto en una nube de humo que brota del fumigador que empuña.
"Fue aquella una época de expansión para La Estrella", comenta el doctor Fernando Malfitani, director actual de la casa y homeópata, así como lo había sido su padre, anterior propietario de la firma.
"De aquí salieron productos tan difundidos como la limonada "Roger", las píldoras para la tos "Parodi", creados por uno de los socios, y el jarabe "Manetti" para curar la indigestión. También se elaboraba aquí la célebre "Hesperidina", un aperitivo y tónico estomacal con vitamina C que trajo el norteamericano Bagley, afincado más tarde entre nosotros, y cuyo lanzamiento contó con el apoyo financiero de los hermanos Demarchi, hijos del que fuera socio cofundador de La Estrella y cónsul de Italia".
Por cierto que mirando viejos papeles dimos con verdaderos hallazgos publicitarios. Así, en "El Argos de Buenos Aires", del 1/11/1823, cosechamos esta encantadora muestra: "Han llegado sanguijuelas de Europa. Los profesores que quieran satisfacer algunas indicaciones las encontrarás en las boticas de D. Gabriel Piedra Cueva, calle de la Universidad y de D. Pedro Fuentes, calle de La Plata".
En 1826, Edmundo Cranwell, irlandés, para más señas, inauguraba su botica en Reconquista 68, haciendo cruz -cómo no- con la Catedral.
En 1856 se fundaba la Revista Farmacéutica, considerado el periódico más antiguo en su clase de América y el décimo entre los de esa especialidad en el mundo. Junto con la brillante historia del rosarino Cignoli, constituye una inapreciable fuente de documentación y consulta.
El anhelado museo
Otro logro que enorgullece a la docta casa es la creación de la cátedra de historia de la farmacia y la bioquímica, a cargo del doctor Ricardo López.
Pero sin duda la conquista más importante tuvo lugar en 1977, cuando con ocasión de celebrarse el "Día Panamericano de la Farmacia", se inauguró el Museo Argentino de la Farmacia, obra en gran parte debida a la doctora Rosa D'Alessio de Carnevale, ya fallecida, que a partir de 1930, y desde su cátedra de química analítica de medicamentos, fue aportando piezas para integrar el museo, que a menudo adquiría ella misma de su propio peculio, hasta coronar el proyecto en 1972. La doctora D'Alessio de Carnevale fue una de las primeras mujeres en alcanzar la titularidad de una cátedra en la Facultad. El museo es dirigido actualmente por el doctor Nicolás Jamardo.
Nuestro periplo concluye virtualmente como empezó: en una antigua farmacia, esta vez en la esquina de Pedro Goyena y Riglos, Caballito, propiedad del doctor Antonio Somaíni, presidente del Colegio Oficial de Farmacéuticos y Bioquímicos de la Capital Federal, que nos recibió en el ambiente en que ha desarrollado una buena parte de su vida.
"Fíjese si será antigua que cuando la compré, hace unos veinte años, entre los papeles de los propietarios anteriores encontré algunos fechados noventa años antes", cuenta.
También, explica que tuvo que hacer bajar el techo, "demasiado alto para esta época". Eso sí, está orgulloso de las reliquias que fue atesorando: una delicada balancita romana y una colección de frascos de origen alemán con etiquetas en letra gótica orladas de primorosos filetes. Estima don Antonio que en la actualidad hay en la Capital unas dos mil farmacias, y entre 400 y 500 bioquímicos, en su mayoría colegiados. "Nuestra institución atiende las obras sociales y también realiza auditorías y asesoramiento legal".
En los dos últimos años asaltaron su farmacia siete veces: "Gente joven, muy nerviosa, quizá drogados. Por eso coloqué rejas en torno del local, como si en lugar de una farmacia fuese una celda de máxima seguridad".
"Bueno -concluye-, sigamos hablando de los viejos buenos tiempos de las boticas".
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TEMAS: BUENOS AIRES, TÍO CARLOS
17 de julio de 2010
LA MELANCOLÍA Y LA REALIDAD
El amigo lector de este modesto espacio reconocerá en su autor a un melancólico irreparable. De hecho, ya he escrito unas líneas sobre el tema, en defensa de ese sentimiento tan particular que mezcla tristeza y alegría en dosis iguales, o debería hacerlo. Ahora voy a reforzar aquello.
Los días y sus noches nos presentan ocasiones de melancolía permanentemente. Por ejemplo, hace poco me topé con un artículo de mi Tío Carlos -celestial columnista de La Bonita Prensa-, una nota que no había leído en la cual se refería con habitual gracia a la raza de los fumadores. Invito al visitante a leerla.
A raíz de ese hecho, y de una reunión de trabajo con una persona que había trabajado con mi tío 25 años atrás, vi pasar ante mí varias imágenes de esos años en que este adolescente hacía los deberes del colegio escuchando La Oral Deportiva, se tomaba exámenes de ciencia futbolera con el Nono y jugaba al fútbol en el Monumental de Guido, el patio de Arturo en el que corríamos hasta que no había luz.
El otro día, mientras engullíamos una pizza en La Guitarrita, mi amigo Chipi me dijo que uno tiene más conciencia del paso del tiempo en la medida en que va haciéndose mayor. Yo le respondí que mi inminente cumpleaños de 40 no cambiaría nada de mi forma de ver la vida, dado que a fin de cuentas es una convención ideal para celebrar pero no más que eso. En lo demás, el tiempo, estoy convencido, es relativo a lo que contemplamos al mirar el pasado y sentirnos satisfechos -o no- con lo hecho.
"Tú no has perdido el tiempo", me dijo Fernando Gálligo desde Madrid al llamarme luego de la gran consagración de España en el Mundial. En diez años me casé, tuve tres hijos, tengo mi hogar propio, he podido estudiar lo que soñaba y tener el trabajo que buscaba. Esto me hace feliz, debo decirlo, y el hecho de gozar de un presente amigable no me impide añorar un pasado lleno de sonrisas... y también de tristezas que fueron cimiento de aquellas. Mientras tanto, pergeño nuevas metas, esquinas de sueños en las que me quiero tomar otra birra con la vida, y con los que quiero. Hay que buscar siempre más, disfrutar lo que hay -que es mucho- y dialogar con lo que fue.
¿A qué quiero llegar con todo esto? A que se puede disfrutar el presente y aguardar el futuro con esperanza mientras contemplamos el ayer que nos nutrió, nos hizo lo que somos y nos hizo madurar -si es que efectivamente lo hemos hecho-. No creo en ese pragmatismo frío que se ríe ante la supuesta debilidad del melancólico. La figura vangoghiana del doctor Gachet me despierta la mayor de mis simpatías, porque pese a su aparente tristeza insinúa una gota de alegre resignación por lo que no pudo hacer o hizo mal.
Se puede estar atento al diario de hoy, sin tenerle miedo a esos recuerdos que nos acarician, ya desprovistos de la lluvia y la sangre que los hicieron salvajes en algún instante superado, cuando perseguíamos la gloria.
Los recuerdos son instantes que han perdido la cáscara amarga, y nos regalan lo que quedó, esa pulpa jugosa y llena de sabor, lo mejor de la fruta. Todos evocamos aquella noche en que las cosas salieron decididamente mal y el cielo se nos llenó de agua, cuando el reloj se detuvo en la memoria pero por suerte marcaba solo el tiempo de un espejismo. Los espejismos, afirmo, no están solo en los desiertos, también en medio del paraíso.
Cuando asumimos eso es que podemos escuchar a Serrat cantando "Aquellas pequeñas cosas", y dejar que alguna lágrima asome y una mueca irrumpa, contrabandeando una emoción que, como la albahaca o el romero, aderezó nuestra biografía en alguno de sus banquetes.
Hagámonos amigos de nuestros recuerdos, porque ellos mismos nos ayudarán a esculpir el presente, gota a gota, risa a risa, del corazón a la cabeza.
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TEMAS: FILOSOFÍA CASERA
6 de julio de 2010
NO NOS MINTAMOS MÁS
"Sudáfrica" también existe, escribí hace cuatro años, y creí -repito, creí, no pensé- que este podría ser el Mundial de la Argentina. Porque había materia prima, porque estaba Messi en plenitud, y porque el tiempo pasado desde aquella final perdida con Alemania ya parecía demasiado. Pero no pudo ser: Grondona se encargó de contratar a Maradona para darle pan y circo a la gente, y rechazar una vez más un camino de mayor profesionalización de la Selección.
Hay explicaciones tácticas y bien futboleras para este nuevo fracaso -sí, fracaso- de la Selección. Pero el problema es de fondo, y el recibimiento de Maradona y los jugadores por parte de miles de personas en Ezeiza habla de una forma de ser que se planta en necesidades emocionales sin lógica racional. Es que Maradona reúne las aspiraciones de muchos compatriotas, que tienen prioridades distintas de las del mundo exterior, hostil a ellos e implacable con las debilidades propias, como se encargaron de mostrar los jugadores alemanes.
Si Pekerman hubiera perdido de esta manera en el Mundial anterior, nadie le habría pedido que se quedara. No es un clamor racional, sino una expresión de amor incondicional a un ídolo que encarna cualidades colectivas del ser argentino. Nos guste, o no.
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TEMAS: FÚTBOL
13 de junio de 2010
EL LEGADO DE PINCHO CASAUBON
Este fin de semana lluvioso nos ha traído la noticia de la partida de Juan Alfredo Casaubon, un personaje singular de esos que solo cabe admirar. Pincho, como lo conocíamos todos, encarna de alguna manera a ese héroe cotidiano que en la modestia de quien no busca reconocimiento, construye una obra de cimientos indestructibles: 11 hijos y 31 nietos lo atestiguan.
Pincho fue, además de un cultor del buen fútbol y un agudo sentido del humor, un filósofo aristotélico-tomista, autor de numerosos libros y docente de varias generaciones, a quien no puedo imaginar despegado de su esposa Beba, y de sus hijos, muchos de los cuales jugaron conmigo en el glorioso Dynamo de antaño. Alguna vez, creo, viajé en el famoso "portaaviones", el Rambler 64 que trasladaba infatigable a toda la familia Casaubon y a todo aquel que requiriera sus servicios.
He querido rendir un pequeño homenaje a Pincho aún sin haber tenido grandes diálogos con él, porque en su figura encuentro a esos quijotes que avanzan a contrapelo de la masa, que buscan siempre un ideal y lo llevan a cabo sin mirar a los costados, pero en paz. Respeto y admiro a esas personas que se erigen como ejemplos de sabiduría y también de amor, al tiempo que persiguen sus sueños.
Tal vez el mejor homenaje que pueda hacerle a ese gigante en su despedida -y a todos quienes, como él, son ejemplos cotidianos- sean estas líneas de Aristóteles, con quien tal vez ya se esté tomando un café: "En general, la benevolencia nace a la vista de la virtud o de un mérito cualquiera, siempre que una persona muestra a otra que es hombre de honor, de valor, o que tiene cualquier cualidad de este género". Pincho fue una de esas personas que nos inspiran benevolencia, porque cualquiera que se encuentra con un Casaubon reconoce en él la huella del gran patriarca.
Este "seguidor de la escuela catalana", como él me describió con ironía en un examen veinte años atrás, le rinde homenaje desde este espacio diminuto en el que también se cuecen ilusiones que necesitan de modelos. Salud, Pincho.
El cuadro que ilustra estas líneas es "Filósofo Meditando", del gran Rembrandt.
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TEMAS: HOMENAJE
12 de junio de 2010
ESCUELA DE LIBREROS
Con gran alegría y sobria serenidad me entero en el diario de que "en agosto abrirá la primera escuela de libreros del país, organizada por la Cámara Argentina de Papelerías, Librerías y Afines (Capla), la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref) y el apoyo de la Secretaría de Cultura y del Ministerio de Trabajo nacionales". ¡Muy bueno!
Hace casi dos años había manifestado mi tristeza por el bajo nivel de los libreros de las grandes cadenas de Buenos Aires. Es posible que en su mundo de números -que tiene su propia lógica- sigan insistiendo con vendedores capaces de conmover a los visitantes con una oferta de tazas o bolígrafos, pero al menos ahora habrá una competencia cada vez más exigente.
Hay que ser exigentes, no alcanza con la computadora para decirnos si tal o cual libro figura en existencia. Hay que reclamar cultura y conocimiento de lo que nos están vendiendo. Del público depende el resto. Cabe el derecho al optimismo...
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TEMAS: LETRAS
29 de mayo de 2010
PRIMERO DE SAN LORENZO

Esta mañana mientras desayunábamos Sofía me preguntó atinadamente si me importaba más Argentina o San Lorenzo. Yo le respondí sin dudar que primero estaba el Ciclón, y después la selección. Creo que los futboleros de alma, en general, disfrutan más cuando su equipo sale campeón que cuando Argentina gana un Mundial. Y los mejores recuerdos son los del propio equipo. En mi caso, el día más feliz de mi vida futbolera fue el 28 de junio de 1995, cuando San Lorenzo dio la vuelta en Rosario en una definición épica y una peregrinación de fe a esa ciudad.
Los triunfos mundialistas suelen generar muchos hinchas "golondrina" que brotan de las baldosas y festejan en las calles como si siempre hubieran seguido de cerca el devenir de la celeste y blanca. Eso está asociado al nacionalismo repentino que muchos sienten ante el fútbol, seguramente la actividad en la que mejor nos va colectivamente.
El propio equipo, en cambio, es más exclusivo. El hincha comparte su alegría con menos personas, y quizás allí radica, también, el orgullo exacerbado de saberse perteneciente a una elite que no recibirá por un tiempo las pullas ajenas. Nunca falta el desubicado que aun cuando uno celebra logros propios intenta opacar esa alegría con cargadas fuera de lugar, pero eso es problema del cargoso, que intenta resolver su bronca apagando la felicidad del otro.
Lo dicho no es obstáculo para que si la Selección va avanzando en el Mundial vaya a festejarlo como nunca. Pero siempre me sentiré más identificado con la azulgrana que con la celeste y blanca, dentro de un rango muy alto en ambos casos.
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TEMAS: FÚTBOL
22 de mayo de 2010
NOTAS DEL BICENTENARIO

El amigo lector ya sabe que en este espacio la Historia ocupa un lugar importante, y en la Semana de Mayo dejo al interesado algunos artículos de quien esto escribe sobre el tema, derramados en este rincón y en un blog amigo:
Los hitos de Mayo en Palermo: Una mirada sobre las calles, y lugares de Palermo que homenajean a los héroes de la Revolución de Mayo.
Calles de Mayo: Belgrano: El mismo recorrido continúa por este barrio.
Calles de Mayo, en Saavedra.
Belgrano y la cultura.
Belgrano y San Martín: Detalles del encuentro de los dos próceres.
Apuntes de Mayo: ¿Quiénes eran los hombres de la Revolución?
El enigma de Mariano Moreno: un comentario sobre el excelente libro de Agustín Mackinlay.
La vida cotidiana en la Buenos Aires de 1810: otro comentario, en esta ocasión sobre la obra de Roberto Elissalde.
La pasión y la razón: una cita de Mariano Moreno.
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TEMAS: HISTORIA
15 de mayo de 2010
LA VIDA COTIDIANA EN LA BUENOS AIRES DE 1810
Terminé el libro que ocupaba el margen derecho hace mucho tiempo, pero la falta de minutos para elaborar una opinión condimentada me impedía plasmar una reflexión aquí.
En primer lugar, diré que esta obra del historiador Roberto L. Elissalde me parece brillante. Es un acercamiento original a los días de Mayo, cuando la patria nacía y los hombres buscaban un mismo objetivo, aun con diferencias internas que muchos pseudohistoriadores se empeñan en enfatizar para dividir a los protagonistas del relato en buenos y malos.
Tomo por ejemplo, el día en que escribo esto: 15 de mayo. Además de las obvias referencias a la situación de creciente inquietud política en Buenos Aires, leemos que el maestro farolero Pascual Babañoli arregló dos cristales rotos de la Sala Capitular. "El maestro", dice el cronista imaginario, "debe de hacer buen dinero vendiendo cristales para los faroles de la calle, ya que es común que algunos muchachos divertidos, cuando salen de los cafés, los rompan a pedradas". Igual que ahora, 200 años más tarde.
El libro tiene el formato de una imaginaria agenda donde un habitante de Buenos Aires va escribiendo, del 1 de enero al 31 de diciembre de 1810, los acontecimientos que suceden en la ciudad. Todo está basado en documentación histórica, y cada anotación tiene su correspondiente invocación de fuente.
Las mujeres y hombres de aquella Buenos Aires hicieron lo que pudieron, y vaya si lograron avanzar hacia la libertad para nuestra patria. Entre esas peripecias, la ciudad seguía su vida normal, de carne y hueso, y con esa vida es con la que nos topamos en este libro excelentemente escrito y muy bien editado.
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1 de mayo de 2010
EL DESTINO Y LA LIBERTAD
No estoy del todo de acuerdo con aquella frase sobre los sueños que se cumplen a fuerza de ser tan deseados, porque su interpretación ofrece campo para la pasividad y la tregua eterna con los obstáculos.
Es muy gratificante saber que la alegría de la que puede disfrutar quien compone estas líneas sea un producto directo -digámoslo sin modestia esta vez- de un esfuerzo silencioso, que hoy da su fruto y pide ser proclamada en un mundo a veces hostil. La suerte siempre juega, aunque no nos pongamos de acuerdo sobre su verdadero rostro. ¿Es el de un Dios que todo dispone y todo ve? ¿Es el azar, con leyes propias? ¿El hombre construye su propia realidad, como arriesgó el irlandés Berkeley y dibujó Borges en "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius"? ¿Estamos predestinados por nuestra materia prima, cual delincuentes de Lombroso?
Yo intuyo –no me atrevo a usar el verbo "concluyo", porque la Fe no es racional aunque pueda tender puentes con la razón- que existe un equilibrio insoslayable entre nuestra libertad y la Providencia. Que el Jefe nos pide y nosotros decidimos si seguimos en su compañía o no. He creído escuchar muchas veces "Te lo dije" a lo largo de la vida, cuando se cumplían las profecías que la consciencia –quizás la parte del ser más conectada al mundo que trasciende este mundo- había anunciado sin pedir permiso, en voz baja y con la prepotencia de la verdad. "No sabes esperar, esto ocurrirá", me decía inmutable. Y tiempo después, callaba generosa cuando yo tropezaba con su sombra en medio de la realidad anhelada.
Me dirá el amigo lector: ¿Qué hay entonces de esa libertad de la que tanto me hablan? Pues bien, esa libertad consiste en la decisión de aceptar o no los planes que tienen para nosotros. Siempre estamos a tiempo de decir que no, de buscar un universo libre de sentencias molestas e incómodas para un sistema de vida desligado de ellas.
El verbo "aceptar" no goza de alta estima hoy en día. Parece imponer ciertos límites a un mundo que no los quiere y cree que el hombre debe ser todopoderoso, o darse cuenta de que ya lo es. En todo caso, lo que deberíamos aceptar, de Nietzche a esta parte, es a "este forastero que llama a la puerta, el más horrible que hayamos visto". Es decir, el modernísimo visitante que proclama la muerte de Dios y propone un nihilismo absoluto. En esta concepción, nos quedamos solos con nosotros mismos porque no hay nada más allá de nosotros. Por mi parte, prefiero compañía, y creo en ella.
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TEMAS: FILOSOFÍA CASERA


