15 de febrero de 2009

CERRADO POR VACACIONES


Si alguien reconoce este muelle... bueno, ya saben a dónde me fui. Allí me iré a correr por esta playa.


Y me comeré unos cornalitos con limón mirando este paisaje.


Para que imaginen mis reflexiones en los próximos quince días, los invito a leer lo que escribí hace un tiempo al respecto. Hasta la vuelta.

7 de febrero de 2009

EL TIEMPO IMPONE REGLAS, NOSOTROS JUGAMOS

Anoche, después de unos seis años según intentamos recordar, volví al cine y fui con Paula a ver "El Curioso Caso de Benjamin Button", una película protagonizada por Brad Pitt y Cate Blanchett. Trata sobre un hombre que nace con el cuerpo de una persona de 80 años y a medida que crece va rejuveneciendo. El film tiene similitudes de estilo con las consagradas "Forrest Gump" y "Big Fish", aunque éstas dos, en mi humilde opinión, son superiores a la que hoy nos ocupa.

Pitt es un actor que me cae bien, pese a estar catalogado como un galancito de Hollywood que no basa su éxito tanto en sus virtudes actorales como en su apariencia física. Pero sin embargo, en esta película lleva muy bien el papel, y con toda seguridad lo hace mejor que Tom Cruise, quien había sido candidato a hacer ese papel. Por supuesto que durante la película aparece en poses típicamente destinadas al público femenino, pero su actuación es excelente en la traducción de los sentimientos que inundan al atribulado e inevitablemente solitario Benjamin Button.

A poco de observar el desarrollo del film recordé con asombro que hacía tres años había escrito algo muy similar al argumento en este modesto espacio. No voy a copiar todo el texto aquí, dejo el enlace para que lo haga el amigo lector si lo desea. Solo transcribo un pequeño párrafo que me ayuda a redondear la idea allí expresada:

"¿Qué ocurriría si la vida trascurriera al revés? Quizás, si en la juventud pudiéramos recordar nuestro "futuro", o sea nuestra vejez, la valoración de las etapas de la vida cambiaría. En el secundario, nostálgicos, recordaríamos aquella época en la que no trabajábamos y nuestros nietos venían a visitarnos. O en la primaria evocaríamos la gloriosa etapa en la que no teníamos que pedir permiso a nuestros padres para salir de parranda, y además nos autoabastecíamos financieramente. La mirada de cada edad cambiaría".

Esta película reafirma aquella idea mía de hace tres veranos: Las etapas de la vida, que se suceden en un hilo invisible y continuo, son unidades en sí mismas, que hay que paladear en su justa medida y a su tiempo.

Con respecto a la película, a mi juicio está excesivamente centrada en el largo romance entre los dos protagonistas, muy enfocado a su aspecto físico y menos al costado espiritual que implica un amor adulto. Un aire de resignación, contrario al optimismo irresistible de Tom Hanks en la ya citada "Forrest Gump", o el delicioso personaje de Albert Finney en "Big Fish", navega a lo largo de las dos horas del film, aunque el personaje de la madre adoptiva, hecho por Taraji Henson y postulado al Oscar, es el encargado de transmitirnos que la vida es una eterna fiesta, simple y llana. El rol materno sigue siendo en el cine norteamericano un portador de valores positivos.

Tal vez la diferencia entre el mensaje de "Forrest Gump" y "El Curioso Caso..." pueda observarse con claridad en los dos personajes de reparto que se encargan de decirnos de qué se trata todo esto. En la primera, Gary Sinise encarna al inefable Teniente Dan, que se sobrepone a su derrota personal y física en Vietnam y conoce la paz y el amor. Su primo hermano en "El Curioso Caso...", el Capitán Mike (Jared Harris), también parece destinado a ganar su lucha, pero su mensaje final no es el mismo.

En síntesis, "El Curioso Caso de Benjamin Button" es una película que vale la pena ver, con buenas actuaciones de Brad Pitt y Cate Blanchett, una excelente fotografía y una banda de sonido a la altura del objetivo, además de los logrados efectos en la evolución física de los personajes. Su naturaleza y una serie de similitudes y detalles del guión la llevan al rubro de los dos films que he mencionado más arriba, aunque a mi juicio en un escalón inferior. El realismo puede hablar en positivo.

Todas las edades pueden ser bellas en la vida, cada una con sus secretos, sus desafíos y sus dones. Nosotros somos los descubridores.

1 de febrero de 2009

NO LLORES, ROGER, NO SIEMPRE GANA EL MEJOR

La vida te da sorpresas, y hoy me entregó otra. Nunca se me había ocurrido que un suizo me haría derramar lágrimas, pero Roger Federer lo hizo. Contemplar su llanto descontrolado ante los impiadosos micrófonos del escenario montado para la entrega de premios del Abierto de Australia fue demasiado. Rafael Nadal, una vez más, lo derrotó en cinco sets de los mejores que he visto en lo que llevo recorrido. Pero su cabeza pudo más, y el inmenso Roger aflojó en el quinto set y lo perdió feo, 6-2.

Es una pena observar cómo el mismo Federer que frente a Del Potro no erraba ni un primer saque, ni un winner, ni un passing shot, frente a Nadal sufre y no disfruta el juego como lo hace frente a los demás. El español ha conquistado su cabeza, y cuando las cosas se le complican se lo gana con personalidad, con ese rostro amenazante que le dice: "Como sea, ya sabes que te voy a ganar igual".

Los partidos entre ellos, por supuesto, merecen muchísimos análisis técnicos sobre el juego de cada uno: el progreso enorme de Nadal en todas las superficies, el ataque de Federer sobre el revés del español, el contragolpe feroz de Nadal, y varios apuntes más. Pero más allá de todo eso, Federer juega tocado frente a Nadal, y ni su saque ni su revés ni sus viajes a la red reflejan la convicción de los partidos normales. La final de Wimbledon, donde Federer había sido siempre amo y señor, fue un quiebre definitivo en el duelo psicológico entre los dos.

Si Nadal no jugara lo que juega, no podría ser el número uno, eso está claro. Pero en estos duelos entre dos cracks, siempre termina prevaleciendo la cabeza, y en eso el español parece llevar ventaja, justo a Federer, que humilla a sus rivales por el solo hecho de parárseles enfrente.

Quizás el suizo empiece a torcer el rumbo de esta historia entre los dos el día en que le gane una final de Roland Garros. Pero en ese llanto extenso y compacto de hoy, Federer tal vez reconoció que no sabe qué hacer con Nadal, el que no lo dejaba ganar en París y ahora también se lo impide en los otros Grand Slams. No solo eso: Roger está a un GS de igualar a Pete Sampras, pero mientras esté Nadal del otro lado de la red, se le va a complicar mucho.

Más abajo verán el instante de la ceremonia en que Federer rompe en llanto. El gran Roger no pudo decir palabra y tuvo que volver a su lugar en el escenario. Después Nadal lo invitó a hablar otra vez al recibir su Copa, pero el suizo poco pudo decir. Bien el español, que se sintió obligado a pedir perdón al público australiano, no por todo su talento ganador, sino por haberles quitado la ocasión de ver a Federer coronarse en su 14 Grand Slam.

Personalmente, debo decir que Federer es, para mí, inigualable en calidad, y el juego de Nadal es seguramente el del mejor contragolpeador de la historia, pero no tiene la elegancia y las variantes increíbles del suizo. Federer, pese a los rankings y las finales, es el mejor.

31 de enero de 2009

CAMARÓN DE LA ISLA, EL CANTAOR DEL FLAMENCO

Son días de gloria para el flamenco. Sus representantes se pasean por los escenarios del mundo, aclamados como emblemas de una música pura que sale del alma. Tomatito, el Cigala, Ketama o Paco de Lucía son algunos de los nombres que cautivan al público internacional. Y entre ellos sobresale el de ese gitano ya fallecido, al cual hemos venido homenajeando desde el margen derecho en las últimas semanas. Camarón de la Isla, que de él se trata, nació en San Fernando (Cádiz) el 5 de diciembre de 1950. Su apodo se debió al color de su cabello. Le decín "Camarón de la Isla" debido a que su lugar de nacimiento está ubicado en la lengua de tierra que precede a la península donde está Cádiz (ciudad donde murió Bernardino Rivadavia), y que está separado de tierra firme por un brazo de mar.

Ya desde los siete años empezó a pasear su talento en medio del malestar económico que aquejaba a su familia, al que se sumó la muerte de su padre (tenía siete hermanos). En sus primeras apariciones fue visto por los grandes cantaores de la época, como el mismísimo Caracol.

No abundaré en detalles de su biografía, que pueden ver en los enlaces que voy dejando. Solo decir que cantó con todos los grandes de su patria, y se nos fue temprano, a los 41 años, de la mano del tabaco y las drogas. Curiosamente, murió en Badalona, en Cataluña. Existe un monumento en su honor en La Línea de la Concepción, frente al Peñón de Gibraltar, y donde se había casado en 1976.

En 1989 grabó el disco más vendido de la historia del flamenco, "Soy Gitano", cuya canción cabecera he querido seleccionar (con algunos efectos visuales bastante peculiares) para los videos que completan mi homenaje, junto a las letras de Machado en "La Saeta", con introducción de nuestro viejo conocido Joan Manuel Serrat y guitarra del también famoso Tomatito. Ese disco que nombramos, más "La Leyenda del Tiempo", que según dice los que saben revolucionó el flamenco, son dos obras maestras del género, un género que al igual que el fado o el tango, se originó en el alma misma de todo un pueblo, el gitano.

Como suelo hacer, relato brevemente cómo se ha dado mi relación con el flamenco. En 1995, en un viaje inolvidable por Cádiz y Andalucía, fui a ver y aplaudir a los bailaores en Granada y Torremolinos. En este último lugar me encontraba con dos rosarinas, una de las cuales estaba aprendiendo a bailar este género en Rosario. De repente, las bailarinas andaluzas bajaron del tablao y me invitaron a subir. Por supuesto era algo que hacían eligiendo a alguno de entre los turistas, aunque una vez que hube subido me puse a zapatear y no quería bajar, hasta que me lo indicaron diplomáticamente. Más allá de la anécdota, recuerdo cómo sentí la sangre correr por mis venas cuando fui a disfrutar del flamenco en aquel lugar de Sevilla. Hoy Paula y yo tenemos varios discos en nuestra frondosa discoteca, y de hecho zapateamos en nuestra entrada a la fiesta del casamiento (o por lo menos, yo lo hice en versión muy casera aunque no por eso menos esforzada).

Con respecto a Camarón en particular, llegué a él gracias a mi amigo Valentín -padrino de Pedrito- que me regaló el disco al que hoy hago honor allá por marzo de 1998, en Madrid.


20 de enero de 2009

EL HEROÍSMO DE AMAR

Hoy se cumplen 47 años del casamiento de mis papás. No repetiré el relato de cómo se conocieron, pero se me ocurre una reflexión sobre un ingrediente esencial en la promesa de vivir todo el resto de la propia vida junto a alguien: heroísmo.

En los tiempos que corren, la volatilidad suele marcar muchas relaciones humanas. No es que no lo hiciera antes, pero cabe la impresión de que antaño los compromisos eran más fuertes y se cumplían más. Romper una promesa costaba más caro, y si las personas lo hacían trataban de ocultarlo. Las cosas han cambiado, y actualmente un matrimonio de 47 años puede hasta recibir críticas de los que no creen en el amor de largo plazo. La sola idea de matrimonio, que es un compromiso libremente asumido, digámoslo, está a contrapelo de la adoración por el momento presente.

El matrimonio es un proyecto irrealizable sin amor.

Por esto y algunas otras razones es que pienso que en el contexto actual, el matrimonio supone una cuota considerable de heroísmo. El héroe es aquél que, pudiendo conformarse, trasciende su estado y quiere ser más desafiando la inercia. Esta idea se me hace muy aplicable a los matrimonios de hoy en día, que creen y no se resignan al lánguido escepticismo. Casarse y tener hijos, hoy, supone levar anclas y partir hacia la aventura cual Colón a la ancha mar.

En sus "Meditaciones del Quijote", Ortega y Gasset escribe: "¿Cómo hay modo de que lo que no es -el proyecto de una aventura- gobierne y componga la dura realidad? Tal vez no lo haya, pero es un hecho que existen hombres decididos a no contentarse con la realidad. Aspiran los tales a que las cosas lleven un curso distinto: se niegan a repetir los gestos que la costumbre, la tradición y, en resumen, los instintos biológicos les fuerzan a hacer. Estos hombres llamamos héroes. Porque ser héroe consiste en ser uno, uno mismo. Si nos resistimos a que la herencia, a que lo circunstante nos impongan unas acciones determinadas, es que buscamos asentar en nosotros, y sólo en nosotros, el origen de nuestros actos. Cuando el héroe quiere, no son los antepasados en él o los usos del presente quienes quieren sino él mismo. Y este querer ser él mismo es la heroicidad.

"No creo que exista especie de originalidad más profunda que esta originalidad práctica, activa del héroe. Su vida es una perpetua resistencia a lo habitual y consueto. Cada movimiento que hace ha necesitado primero vencer a la costumbre e inventar una nueva manera de gesto. Una vida así es un perenne dolor, un constante desgarrarse de aquella parte de sí mismo rendida al hábito, prisionera de la materia".

Para mi madre, que se animó a viajar al sur para vivir en un país exótico junto a un hombre a quien había visto un puñado de veces, y para mi padre, que desafió las expectativas para casarse con una rubia de Norteamérica, va este homenaje. Ambos se desgarraron un poco, al decir de Ortega, y emprendieron la aventura que ahora los premia con cinco hijos y trece nietos. Quisieron ser ellos mismos, y con su humanidad como bandera, hoy son héroes.

15 de enero de 2009

OTRA VERSIÓN SOBRE CRISTÓBAL COLÓN

Alguna vez escribí en este rincón sobre Colón y el descubrimiento de América, e incluso mencioné la posibilidad de que el marino hubiera probado el chocolate, originado en nuestro continente. A través de La Historia en Video, un blog que recomiendo, hallé hace un tiempo un documental que se llamaba "El Secreto de Colón" y sostenía la hipótesis de que el ¿genovés? poseía información exclusiva antes de ofrecer su proyecto a la corona portuguesa primero, y a los Reyes Católicos después. Es más: se sostiene allí que don Cristóbal tuvo que revelar parte de este secreto para obtener apoyo financiero para su viaje.

Esta versión está respaldada por el prestigioso historiador español Juan Manzano y Manzano, quien sostuvo la teoría del predescubridor, es decir, la idea de que alguien había estado en América unos años antes que Colón y le suministró datos desconocidos al almirante.

Como quiera que sea, el documental está muy bien hecho y vale la pena verlo para saber un poco más sobre el tema. Dura 50 minutos, e incluye buenas vistas del paisaje que Colón encontró a su llegada a América.

13 de enero de 2009

LA CULTURA ES DIVERTIDA

En el suplemento ADN de La Nación publicaron una interesante nota sobre el aburrimiento. Curiosamente, aparece allí la melancolía -a la que me referí la semana pasada- como un sentimiento similar al aburrimiento, y aunque la autora los distingue, la diferencia no queda del todo clara.

"Mientras que la melancolía hunde sus raíces en una tradición aristocrática, asociada a la sensibilidad y a la belleza, el aburrimiento es un descastado", dice Diana Cohen Agrest. No entiendo muy bien qué tiene que ver un sentimiento con una analogía de clase.

Más allá de esto, creo que el aburrimiento está relacionado con la pérdida de un sentido cabal en nuestros actos. Vale decir: cuando no sabemos bien a dónde vamos, hay días en que el tedio nos somete a su insoportable pregunta: "¿Y entonces qué podemos hacer?". La cultura es la respuesta. Es ella la que colorea nuestras vidas, ya sea si le llamamos "evasión" o "cultivo".

El hombre culto que conoce su ciudad no se aburre nunca en ella. El que tiene una cultura de las relaciones humanas siempre encuentra un cierto placer en el arte de la conversación y la observación de la naturaleza humana. Quien ha mamado una cultura del deporte, admira a todos ellos. Y así podríamos seguir.

Aburrirse es más difícil que divertirse.

No me extiendo más, dejo al amigo lector con la nota que ha motivado estos amagos de reflexión.

Nota de tapa | El aburrimiento
Muchos lo consideran el mal por excelencia del hombre de hoy. Quien lo padece, siente el vacío abrumador de la vida. Para huir de él, algunos se alienan con el trabajo, y así se ganan, a la vez, aprobación social y desdicha; otros creen que la solución es satisfacer los deseos, pero pronto advierten que el deseo asegura el infierno. Heidegger piensa que aburrirse hace tomar conciencia de que se tocó fondo y permite así alcanzar la autenticidad. ¿Habrá que aceptar ese molesto estado de ánimo?
LANACION.com | ADN Cultura | Sábado 10 de enero de 2009

8 de enero de 2009

DEFENSA DE LA MELANCOLÍA

El otro día alguien que lee este blog me dijo que yo era melancólico, porque siempre recordaba (y añoraba) cosas del pasado. Vamos a ver si ser melancólico, pues, es bueno o malo.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, la palabra "melancolía" significa: "Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada". De acuerdo a esta definición, quien esto escribe sería un ser aburrido, indolente, apático ante los placeres y aconteceres de la vida. Con la autoridad que me da el conocer a quien esto escribe mejor que nadie (o al menos eso creo), debo decir que la melancolía no es una cualidad que se corresponda conmigo.

Vamos más allá a ver si hallamos otra definición que se acerque a lo que aquella persona quería decir. Según el Diccionario Insólito de Luis Melnik, el origen etimológico de la palabra "melancolía" es "bilis negra". Ésta era una de las cuatro sustancias o humores que, de acuerdo a las teorías del medioevo, por su preponderancia determinaban el estado físico y mental de las personas. El exceso de "melas", negra, y "khole", bilis, causaba depresión y tristeza. Nuevamente debo decir que esta definición tampoco coincide con la personalidad de este servidor.

Seguramente estas definiciones, con ideas parecidas, eran las que tenía el impresionista (aunque hay quien niegue que lo fuera) y pintor de bailarinas Edgar Degas cuando creó y tituló la obra "Melancolía", que ilustra estas líneas.

Existe un ensayo atribuido a Aristóteles llamado "El hombre de genio y la melancolía", que también se dice fue escrito por un discípulo suyo, Teofrasto. Dado que entre las muchas lecturas que me falta cumplir está la de este librito, no hablaré de él y tan solo lo menciono como referencia sobre el tema.

Si por melancólico se entiende el tener un fresco recuerdo de épocas pasadas, felices o no tanto, entonces me declaro melancólico. En todo caso, quien tiene la fortuna de poseer buena memoria está a un paso de ser melancólico, si aprovecha esa condición para solazarse ante el recorrido imaginario por situaciones, rostros y etapas que le proveyeron alegría y, por qué no, felicidad en el ayer. Eso no significa que el memorioso descuide el presente o el futuro, o que viva deprimido y cantando tangos por la vida que se fue como el agua entre los dedos. Por el contrario, al traer esos recuerdos al hoy, la melancolía alimenta el día de la fecha con pan de otras temporadas y predispone favorablemente al ser humano para lo que se viene.

El hombre es, se me ocurre, el único animal que tiene el privilegio de manejar de manera autoconsciente sus recuerdos, sus sentimientos y sus proyectos. Vale decir: así como podemos tener un buen momento al recordar un momento feliz, también podemos gozar por anticipado con la ilusión de un instante que llegará en el futuro más o menos próximo. Un día, poco antes de casarme, pasé con mi hermana por el salón donde iba a ser la fiesta de mi casamiento y me sonreí; entonces ella me dijo: "Te emocionas antes de que haya pasado". Y es que el hombre puede gozar de un momento también antes de que éste ocurra. Siempre, siempre, tenemos por delante algo que nos hará sonreír más de la cuenta: una visita, un viaje, un nacimiento, un regalo o lo que fuere. Es una especie de melancolía hacia delante, que para los creyentes trasciende incluso las fronteras de esta vida.

Si la melancolía se tiñe de depresión, ahuyentémosla, pues. Pero si nos fabrica una sonrisa en medio de una jornada cualquera, sea ésta alegre, triste o rutinaria, entonces que sea bienvenida y, más aún, estimulada. Tal vez en esta época en la que parece que lo único que importa es el momento presente, la sensación y la experimentación de todo, mi postura suene un poco descolocada. Pero finalmente, suenan los "revivals" de música ochentosa en las discotecas, y la melancolía se adueña de esos presentes absolutizados.

Sobre esta deificación del presente, pueden venir bien las palabras de Séneca en sus Diálogos: "Es propio de una mente segura y tranquila discurrir por todos los momentos de su vida; en cambio, el alma de los ocupados está como sometida al yugo y no puede volverse y mirar hacia atrás. Su vida se sumió en lo más profundo y, así como por más que ingieras nada aprovecha si debajo no hay recipiente que lo reciba y lo conserve, así de nada sirve el tiempo que se te dé, si no hay dónde se deposite: se escapa a través de las almas rotas y agujereadas".

Como posdata de estas reflexiones echadas sin demasiado método, dejo aquí una canción de Serrat que me despierta melancolía a mí y, espero, al amigo lector.

3 de enero de 2009

EL CLUB DE LOS QUE NO TIENEN PRISA, POR CARLOS DUELO CAVERO

En estos días en que las celebraciones se prestan a encuentros familiares y lánguidas tertulias con amigos, el reloj, tirano él, se rebela contra nuestra pachorra e intenta apurar las sobremesas y escupir el placentero asado de la plática. En este ambiente, cobra actualidad un artículo que publicó mi tío Carlos en La Prensa el 3 de marzo de 1988. Este club al que él se refería en su nota, con el cual me identifico y al que mi amigo Arturo se habría afiliado seguro aunque sin prisa, me trae a la memoria mi etapa de cajero en el Citibank, cuando nuestro grupo de tareas se hacía llamar "Los Sin Apuro".

El mote autoimpuesto, del cual fui autor intelectual, se debía a que no entrábamos en el vértigo sin sentido del recuento monetario y repasábamos los fajos de billetes tranquilamente, mientras charlábamos del último clásico del fútbol argentino, de las mejores bandas de rock o de alguna anécdota de la noche porteña, y cada 45 minutos cambiaba de lado el cassette de turno. Eso sí, éramos los mejores cajeros, y trabajábamos igual o más que los demás.

A Arturo va dedicado este artículo de mi tío, entonces, que dice así:

En medicina hay una enfermedad cuyo cuadro está caracterizado por la imperiosa necesidad de mover las extremidades inferiores que experimenta quien la padece. Es el "síndrome de las piernas inquietas", que también podría ser el título de una novela de misterio. Se manifiesta sobre todo esta enfermedad por los síntomas sensitivos de naturaleza sumamente desagradable, localizados casi siempre en el interior de las pantorrillas, no en la piel, que provocan en el paciente una apremiante necesidad de movilizarse, caminar, incluso de correr o andar de un lado a otro continuamente.

¿A dónde vamos?

El síndrome de las piernas inquietas o el anxietas tibiarum, como también se la denomina, parece atacar a la mayoría de los habitantes de Buenos Aires. Basta dar una vuelta por el centro para poder apreciarlo. La gente camina como víctima de este extraño síndrome, a veces atropelladamente, pisándose los talones, sin que las luces de los semáforos ni el paso de los vehículos logren detener su marcha.

La obsesión de la prisa en todo, el agresivo dinamismo de las relaciones sociales, de los negocios, de las comidas rápidas -los lamentables fast food- se han adueñado de los menores actos de la vida cotidiana haciendo de la existencia un vértigo permanente. Y quien dice "piernas inquietas" dice autos superveloces, motos como exhalaciones, aviones supersónicos.

- Este fin de semana volví de Pinamar en tres horas y media -se ufanaba un compañero de trabajo- Salí a las nueve de la noche y a la una estaba durmiendo en casa.

Lo cual no impidió que a la mañana siguiente llegara tarde a la oficina. ¿Para qué la proeza? ¿Para que en un segundo fatal el próximo weekend se la destruya un caballo suelto en la ruta o una bicicleta sin luces traseras?

Dos grandes escritores franceses, Gide y Proust, al condenar la manía de la prisa, del perpetuo movimiento, de la propensión a "estar en el ruido" diríamos hoy, coincidieron en una cita de otro francés, egregio pensador: Blas Pascal. "Todas las desgracias de los hombres -dijo el padre de las Pensées- provienen de una sola fuente: no saber quedarse tranquilos en una habitación".

Los hombres quietos

En Londres existe desde hace varios años un club compuesto por caballeros de buen juicio y fino espíritu: "el club de los que no tienen prisa". En los estatutos sus fundadores puntualizan que la velocidad y el dinamismo están realizando una labor destructiva contra la humanidad. Los flemáticos socios de la simpática institución no quieren saber nada de urgencias. Se atrincheran en los mullidos butacones con su whisky o su sherry y resisten estoicamente los embates de la locura que reina afuera. Para ellos toda prisa tiene un fondo de esnobismo (de S.Nob., abreviatura de Sine Nobilitate, sin nobleza), de inutilidad.

Clubs para todo

Los ingleses siempre se distinguieron por sus clubs a menudo excéntricos, y el de "los que no tienen prisa" no es por cierto el más singular. Uno de los más antiguos fue el Club de las Cabezas de Ternera (Calves Head Club), republicano, que se formó en la época de Oliverio Cromwell. Sus socios, tan sacrílegos cuanto irreverentes, se reunían en un banquete cada 30 de enero, aniversario de la decapitación del rey Carlos I y, en conmemoración del regicidio se despachaban una cabeza de ternera como plato principal después de haber consumido otras exquisiteces tales como ostras en escabeche y lengua a la escarlata cocida en malvasía.

También hay memoria de otras asociaciones peregrinas como el club de los gordos, de los duelistas, etcétera. Pero sin duda ninguna tan sensata, atinada y razonable como el club de "los que no tienen prisa", a quienes el síndrome de las piernas inquietas no parece afectar mayormente. La vida con prisa -filosofan sus conspicuos members- es casi siempre una vida muy corta ¡Ay!


Nota del blog: Los hipervínculos que he agregado no son, por supuesto, obra de mi tío, sino que vienen a reconfirmar mucho de lo que él escribía, para lo cual se nutría exclusivamente de libros, conversaciones y saberes propios.

31 de diciembre de 2008

CHAU 2008, GRACIAS POR TODO

El año pasado, en este mismo día, había hecho un recorrido por la música que habíamos incorporado a nuestro patrimonio cultural en el 2007. Podría hacer lo mismo ahora, pero llego tan cansado a esta fecha especial que no me quedan energías para sistematizar esas adquisiciones por escrito. En cambio, me permito un ramillete de reflexiones.

Este año nos ha dejado sin la Abuelita Cupy, sin Totó y sin nuestra vieja amiga Perla, que bien habría disfrutado si hubiera podido conocer a la gran novedad del 2008: Pedro Felipe. Pedrito, nuestro tercer hijo y primer varón, es quien me observa tostada en mano, mientras recorro el teclado presuroso porque tengo que bañarlo para ir a festejar el año que se nos viene. Por allí se dejan oir unas vocecitas: son Sofía y Valentina, que intercambian libros o juguetes para llevar a lo del Tío Fernan, mientras su mamá duerme exhausta la última siestita del año, un lujo que yo no podré darme.

En estos días, las personas parecen más buenas, aunque más no sea porque tienen más feriados disponibles. Se sonríen, se desean buena ventura y se acercan mostrando facetas quizás desconocidas en un tiempo más rutinario.

El año que se va, que alguna vez fue el que llegaba, nos deja con algunas metas sin cumplir, con sorpresas que no deseábamos y otras que sí, y con un balance que nos obliga a mirarnos a nosotros mismos para brindar con nuestro espíritu, perdonarnos y felicitarnos por lo que hicimos bien, poco o mucho.

Entre las muchas cosas que solemos desear al otro en cada año nuevo está la paz. Ella está más cerca de lo que quizás suponemos. Se esconde allí, con los que nos dejaron en el año que pasó, y en los ojos de los que llegaron a nuestras vidas. Es la paz del alma, la que se asienta en la certeza de haber hecho todo lo posible y haber sido fieles a nuestra naturaleza. Cuando hacemos lo que el ser nos manda, nos acercamos a la perfección que nos estaba destinada en el día en que nacimos. No somos perfectos, pero sí perfectibles.

El año que termina se va siempre con una sonrisa del tamaño de nuestras luchas. Tal vez no hayamos logrado todo lo que queríamos -quizás porque no lo queríamos lo suficiente- pero la serenidad de espíritu reside en saberse cansados, exhaustos, agotados de haber dado todo lo que podíamos para responder a nuestras metas y nuestros sueños. Allí nace la sonrisa genuina que nos brota cuando chocamos nuestras copas con el prójimo.

Feliz 2009 para todos ustedes, los lectores que llegan a estas costas en busca de un rato de solaz. Esta noche, mi copa también chocará con la de ustedes.

24 de diciembre de 2008

FELIZ NAVIDAD


En la mirada entre Jesús y su Madre, que podemos ver en el detalle de este exquisito cuadro de Giotto sobre el Nacimiento, está el encuentro entre la Humanidad y su Misterio, que se expresa en el amor.

Deseo a todos los lectores de este humilde espacio que la Navidad les traiga paz y alegría a sus corazones.

20 de diciembre de 2008

TOTÓ Y EL REINO DE LA ALEGRÍA


Totó se ha ido ayer y nos ha dejado, paradójicamente, con una sonrisa en nuestros rostros. Cuando alguien deja los ropajes terrenales para partir a la eternidad, deja aquí sus valores, que heredan quienes lo despiden.

Mi tía siempre fue una dama de la alegría. El mismísimo día en que su larga despedida comenzó, la mencioné en este rincón a propósito del bosquecillo donde vivía un grupo oculto de enanitos.

Mi primer recuerdo franco de ella surge de uno de mis cumpleaños infantiles, tal vez cuando llegué a mi primera década. Escudado en mi inútil timidez, fui a soplar las velitas y Totó me estampó el rostro en la torta bañada en merengue. Mi mueca impotente de aquella ocasión se ha transformado en una ancha sonrisa al recordar la escena.

Quizás el mejor homenaje que pueda rendirle a mi tía sea un paseo imaginario por la quinta. Porque Totó y la quinta son lo mismo. Ese lugar matizó mis primeros quince años a tal punto que allí estuve a punto de perderme yo en la eternidad. Como me dijo mi padrino salvavidas, en la agridulce jornada de ayer: "La última vez que nos vimos fue en el fondo de una pileta".

La canchita de fútbol de la quinta fue el primer templo de mis liturgias futboleras. Allí llevábamos nuestra pelota naranja de plástico y ensayábamos pases mágicos con mi hermano y mi primo Carlitos, mientras Totó disponía las mesas del almuerzo y Tío Fernando hacía el asado. Recuerdo particularmente un centro de mi hermano, que impulsado por mi cabezazo en palomita terminó en el ángulo superior derecho. No jugábamos ningún partido, ni siquiera un "mete gol entra", pero lo recuerdo como un gran cabezazo, y debía tener diez años. Cuánta alegría me daba cambiarme en el cuarto de las raquetas de madera y salir corriendo hacia la cancha como si estuviera emergiendo del vestuario del Maracaná...

Ya he contado que en la quinta aprendí a andar en bicicleta, gracias a mi prima Dolores. Para subirme al viejo vehículo, ponía un pie sobre el estacionamiento de bicicletas e impulsaba un pedal con el otro, con el fin de tomar un poco de velocidad y hacer equilibrio. Entonces, cuando me lanzaba por el camino empedrado de la quinta y lograba dar una vuelta completa, la alegría era mi bandera.

Athos fue otro personaje de ese escenario, que representó para mí el primer perro amigable de mi biografía. Un cocker sociable y movedizo, muy diferente de otros anteriores que me habían tirado al suelo, no sé si por impulsivos o por agresivos ante el terror que me inspiraban. Recuerdo a un ovejero alemán que se abalanzó sobre mí y se me hizo una especie de monstruo cavernario. Los perros eran para mí, hasta que conocí a Athos, una subespecie de los basiliscos que a su sola visión, no me mataban pero me hacían llorar y temblar. Athos, en cambio, andaba siempre de acá para allá con sus patitas cortas, y podía acariciarlo un poco. Un día se fue buscando nuevas aventuras, por la zanja del costado de la cancha, y no lo vimos más. Athos era alegría pura en versión perruna.

Totó se ha ido, pero tras de sí dejó su alegría, la que veo en Tío Fernando y sus hijos, y sus nietos, que adoraba. Es la alegría que ella mamó en su propia familia, con mi papá, con Tío Paco y con Tío Carlos. La alegría que resistió a una guerra cruel y una desesperada fuga entre sombras, al exilio de su Barcelona querida a esta Buenos Aires nueva, y a la pérdida demasiado temprana de un padre cansado. La alegría que nosotros también hemos heredado y queremos regalarles a nuestros propios hijos.

Esta Navidad tendrá un aire de melancolía, pero todos sonreiremos y brindaremos y cantaremos, y Totó estará entre nosotros, en cada regalo, en cada oración y en cada broma.

Y en mi próximo cumpleaños, el merengue de mi torta brillará intacto, pero cuando nadie me vea me pasaré apenas un poquitín de él por la punta de la nariz, y un guiño de arriba caerá sobre mí, tiernamente.

14 de diciembre de 2008

VOCABULARIO Y REFRANERO CRIOLLO

El libro al que me refiero hoy es una joya de 1943 en la que Tito Saubidet nos muestra la jerga típica de los hombres de campo, con ilustraciones que aclaran y ejemplos bibliográficos que aportan luz y al mismo tiempo entretienen.

Tito Saubidet fue un pintor y arquitecto reconocido que estudió y trabajó en el exterior. También ilustró un par de ediciones del Martín Fierro. Fue corresponsal de guerra de un diario colombiano en la Primera Guerra Mundial. En 1930 volvió a la Argentina y se radicó en Tapalqué, en el sur de la provincia de Buenos Aires, donde había crecido en su infancia. Sus acuarelas también reflejaron la vida en el campo, como por ejemplo en esta obra y en esta otra (en esta página pueden verse otras cuatro). Así como existe una literatura gauchesca en la Argentina, también hay una tradición que nos ha dejado la pintura y que Saubidet integra.

La obra que hoy recomendamos, que editó Letemendía y no debe confundirse con su prima hermana: "Vida Gaucha", tiene innumerables términos ordenados alfabéticamente, que van desde palabras como "avutarda" o "planazo" hasta expresiones como "pisar el poncho" o "saltar como sapo a la guadaña". ¿Sabe el lector qué quieren decir estos términos?

El habla se va nutriendo de la experiencia diaria, y de palabras que en el diccionario contienen un significado diferente al que evoluciona en la sociedad, y al cual debe adaptarse después la academia. El habla rural ha sido una fuente permanente de nuevos significados, que surgían de las tareas y pasatiempos propios e ese ambiente.

Saubidet deja un párrafo en su introducción a la obra que podrá perfectamente aplicarse al presente:

"Estos escritores cultos no saben lo que sabe el gaucho, esto es, que una idea no tiene una sola forma exacta de expresión. Si se desconoce esto y se desparraman palabras para describir lo que no se supo decir con exactitud, tenemos el estilo campanudo, el culto del "floripondio", como lo llamó tan acertadamente Groussac; el amontonamiento de adjetivos indecuados, por incapacidad para encontrar el único que corresponde o por no conocerlo.La perfecta aplicación de la palabra a la idea, que es el "desideratum" del buen lenguaje, la realiza el gaucho dentro de su humilde esfera, con solo utilizar su léxico."

Esta "ponchada de flores gauchas", como las llama el autor, no tiene desperdicio y entretiene al lector en forma de gotas únicas y administrables en dosis pequeñas. No es un libro para leer de un tirón: Basta con abrir el libro en una página cualquiera y nos toparemos con expresiones divertidísimas y novedosas en su gran mayoría para los habitantes de la ciudad. Además hallaremos la mejor manera de amansar un potro, aprenderemos cómo se juega una corrida de sortija, cómo se hacen las boleadoras y cómo se señala a los terneros, entre otras artes que, aunque no apliquemos, siempre es bueno conocer como parte de una cultura general que es, además, la raíz de nuestra tierra.

Si el amigo lector, aún después de haber leído el "Martín Fierro", el "Santos Vega" o "Don Segundo Sombra", no sabe que la palabra "achura" proviene del quechua "comer sangre", o si alguien le ha dicho que anda perdiendo el poncho y piensa que sufre amnesia, ya es hora de que se regale el "Vocabulario y Refranero Criollo" de Tito Saubidet, un clásico que no lo dejará hambriento de sabiduría sino, por el contrario, ávido de agarrar el auto y perderse en la inmensidad de la pampa.

10 de diciembre de 2008

LA CORONACIÓN DE NAPOLEÓN


Elegí esta obra en la galería de pinturas del blog a pedido de Paula (a ella van dedicados estos párrafos), quien al igual que yo la vio en el Louvre y quedó asombrada ante su majestuosidad, la misma que Napoleón quiso para ella y Jacques-Louis David supo imprimirle como mensaje. Los detalles de la obra pueden encontrarse en varios sitios, como Wikipedia, el Museo del Louvre y éste otro del Louvre con detalles de la obra, como la imagen de David que se autorretrató en ella.

El título completo de la monumental obra es "Consagración del emperador Napoleón I y coronación de la emperatriz Josefina en la catedral de Notre-Dame de París", y la acción tuvo lugar el 2 de diciembre de 1804 en presencia del papa Pío VII. La escena refleja el instante preciso en que Napoleón pone la corona sobre la cabeza de Josefina. En un primer momento, David había pintado a Bonaparte autocoronándose, pero después lo modificó. El cuadro está en el Louvre, en París, y hay una réplica hecha por el mismo David en Versailles.

Este artista estaba, además de empleado por Napoleón desde 1799, muy comprometido con el ideal revolucionario desde el principio. Había votado a favor de la ejecución de Luis XVI y formado parte del famoso Comité de Salud Pública. Ya en 1794, David había organizado una fiesta popular dedicada al Ser Supremo, la nueva deidad que venía a suplantar al Dios de los católicos. La fiesta fue presidida por el mismísimo Robespierre. De esa diosa Razón, Francia pasó en los hechos al dios Napoleón.

Bonaparte admiraba a David y lo nombró Caballero de la Legión de Honor y Comandante. David fue fiel representante del neoclasicismo, una corriente que en lo arquitectónico puede verse en la Catedral de Buenos Aires y está inspirada en la Antigüedad grecorromana. Su primera obra exitosa, "El Juramento de los Horacios", fue declarada por muchos la mejor pintura del siglo y es vista como la bisagra que dio inicio al auge del neoclasicismo en perjuicio del rococó. Sin embargo, "La coronación de Napoleón" es, en cierta manera, la cara visible de una tensión existente entre aquel juramento clásico y el nuevo realismo con el que David describe las ceremonias imperiales.

Cito a Arnold Hauser: "El conflicto existente en el arte de David -el contraste entre el abstracto y anémico idealismo de sus composiciones mitológicas y anticuario-históricas, y el jugoso naturalismo de sus retratos- se vuelve más agudo durante su exilio en Bruselas. Cuantas veces entra en contacto con la vida real, es decir cuando tiene que pintar retratos, sigue siendo el gran maestro de siempre; por el contrario, cuando se ensimisma en sus ilusiones clásicas, que han perdido toda relación con el presente y se han convertido en un mero juego artístico, no solo da la impresión de estar pasado de moda, sino frecuentemente también de caer en el mal gusto. (...) Cuanto más íntimamente estaba ligado a los intereses políticos y más completamente colocaba su arte al servicio de tareas propagandísticas, mayor era el valor artístico de sus creaciones".

Aclara más adelante el marxista Hauser, lealmente: "Si bien estas correlaciones no demuestran de manera absoluta que un pintor deba estar interesado en la política y ser de mentalidad progresista para pintar buenos cuadros, sí demuestran, sin embargo, que tales intereses y tales designios no estorban en modo alguno la creación de buenos cuadros".

David encarnó al artista comprometido políticamente, que se exilió cuando sobrevino la Restauración y terminó sus días exiliado en Bruselas y atropellado por un carruaje. Su corazón fue llevado a Père Lachaise, París, pero no su cuerpo, debido a la intervención que el artista había tenido en la ejecución de Luis XVI. En su caso, y como bien dice Hauser, sus ideas no achataron su inspiración, algo que no se puede aseverar de otros artistas.

Para terminar, dejo un fragmento de la película sobre Napoleón que se estrenó hace un par de años. Es la parte que recorre desde la reunión con el resignado Papa Pío VII hasta la indicación del emperador a David para que incorporara a su madre ausente al cuadro de la coronación. Está doblado al español, con lo gracioso que es escuchar a Bonaparte -tan soberbio él- hablar en nuestro idioma.

25 de noviembre de 2008

SOBRE LOS ENANOS DE JARDÍN


Dado que mis últimos escritos versan sobre la amargura de la Copa Davis, vamos a cambiar el ánimo de este espacio y tocaremos un tema caro a los sentimientos de todo argentino que se precie: los enanos de jardín.

Cuando era chico y viajaba con mi familia, al entrar a un pueblo o balneario competíamos con mi hermano para ver quién encontraba más enanos en los jardines. Los veíamos como una característica esencial de la argentinidad, una costumbre importada tal vez de los cantones suizos o los prados celtas de donde habían venido los inmigrantes en los barcos. Yo no tengo jardín pero sí balcón, y allí vive un enano que cuida nuestras plantas con gusto. Se llama Teodoro. Tuvo un antecesor llegado de Villa La Angostura, pero Rosko lo despachó en un día.

La estática presencia de estos pequeños custodios en los parques privados ha motivado la formación de logias que luchan por su libertad: en Francia existe el Front de Libération des Nains de Jardin (FLNJ), que ha sido imitado en España por el Frente de Liberación de Enanos de Jardín, "a los que se priva de su libertad para adornar los jardincitos de las clases altas". Dos años atrás, el diario Perfil informaba sobre las actividades de esta agrupación.

No son los únicos: Estados Unidos, Inglaterra, Holanda, Alemania e Italia tienen grupos similares que relatan cómo ha sido cada rescate. En la tierra de Rómulo y Remo, aparentemente, ya han logrado liberar a 130 enanos, el último de ellos en Udine. Y hay también un blog dedicado exclusivamente a los enanos de jardín.

Lejos de esas luchas, entre octubre y diciembre del 2007 se llevó a cabo en el Museo de la Ciudad de Buenos Aires un Festival de Gnomos y Enanitos de Jardín (con la muestra correspondiente), que se prolongó hasta enero y motivó una nota en la revista Noticias.

Fontanarrosa también escribió en su último libro un cuento muy gracioso sobre una rebelión de gnomos en Bariloche. En esa ciudad era donde mis hermanos y yo buscábamos a los enanos que se escondían en el bosque; más precisamente, en el bosquecillo que hay detrás de la casa de mi tía Totó. Pero nunca los encontramos. La última vez que estuve en ese bosque fue en nuestra luna de miel, y mi tío Fernando nos dijo a Paula y a mí que los enanitos seguían escondiéndose por ahí.

Una pregunta que el paseante puede formularse al ver a estos pintorescos habitantes en los barrios porteños es: ¿Deben ser considerados enanos solo los de sombrero puntiagudo y barba blanca, o también puede admitirse a los Pato Donald, los negritos o los cisnes, entre otros? Mi opinión es que estos últimos son subespecies de enanos, pero los que mandan en el jardín son los de sombrero y barba.

¿Son infelices los enanos de jardín? Creo que depende de sus dueños. Son un símil de las mascotas que viven con familias enteras, cuidándolas y advirtiéndoles a su manera de los peligros que rodean la casa y los amigos que llegan a ella. Si reciben un buen trato -es decir, abrigo en invierno, reparo en las lluvias y sombra durante el verano, a más de alguna palabra amistosa al llegar- los enanos tendrán una buena vida. Pero si son de esos que uno ve descoloridos y desmembrados, merecen toda nuestra compasión y el reproche a sus dueños.

A la vuelta de nuestro hogar, en el barrio de Colegiales, hay un jardín con enanos. Un día quise sacarles una foto, pero en un santiamén se escondieron y mi cámara tomó solo el verde césped. Ahora, cada vez que paso por allí, los miro con respeto, les guiño el ojo y sigo de largo.

Actualizo con otro link: un grupo de personas creó una especie de club en España: "Gnomos de Jardín sin Fronteras", que tiene su blog, su grupo en Facebook y su página en You Tube.

23 de noviembre de 2008

FINAL DE LA DAVIS, FINAL DE UN SUEÑO

Son tantas las reflexiones que a uno se le ocurren después de ver la derrota argentina en la final de la Copa Davis...

Si analizamos el aspecto puramente tenístico, la vuelta al mundo de Del Potro para el Masters de Shangai fue, en mi modesta opinión, la clave de esta final. No vamos a caerle ahora a quien nos había dado el pase a la final con sus grandes triunfos frente a los rusos, pero objetivamente no creo que sea discutible razonar que si el número uno argentino hubiera estado bien físicamente, podríamos estar festejando la primera obtención de la Davis.

Detrás de esta cuestión asoman otras: hubo frente a nosotros un gran equipo. No grandes individualidades, sí un gran equipo. Ni Feliciano ni Verdasco están entre los diez primeros del ranking, seamos claros. Eran los suplentes de Nadal (ausente) y Ferrer (bajoneado), y sin embargo jugaron como titulares.

Quizá haya que admitir que después de todo, el argentino no era un gran equipo. Teníamos a Nalbandian, tal vez el mejor jugador de Copa Davis del mundo, y a Del Potro al borde de la lesión. Y nada más. No había recambio, como sí lo había cuando perdimos aquellas semifinales de 2004 y 2005 de visitantes. La mejor época del tenis argentino ha pasado, y a un equipo de Copa Davis lo forman cuatro, no solo dos.

No teníamos un gran equipo en términos de juego, y tampoco para bancar la parada. Los problemas empezaron ya desde el día siguiente de la semifinal, a la hora de elegir la cancha (¿no habría sido más conveniente ser visitantes?). Nalbandian ha tomado un peso excesivo en las decisiones, y Mancini se lo ha permitido. Es el mejor tenista de Copa Davis, pero no es su rol ocuparse de otras cuestiones y humillar a Del Potro en el entrenamiento, o a Calleri al no acompañarlo después del dobles, o a Acasuso esperando insistentes señas de Mancini para ir a abrazarlo tras la derrota final. El Rey David, que en su partido de singles deslumbró, esta vez falló en el vestuario. ¿Hará su debida autocrítica?

En gran medida, la derrota también pasó por lo físico. Ya hemos hablado de Del Potro. ¿Cómo puede ser que un jugador como Acasuso, que no podía aguantar cinco sets, estuviera en el equipo? Y eso que no llegamos a comprobar si Nalbandian estaba en condiciones de soportar un partido con Feliciano. Quizá alguien deba recordarle que contra Rusia, Del Potro ya lo había salvado de su agotamiento frente a Davydenko.

Triste destino el de Acasuso, el derrotado en las dos finales de 2006 y 2008. Su llanto lo dejó todo dicho, y el cariño del público, sabedor de que había dado todo lo que podía dar, también.

¿Debe irse Mancini? Parecería ser que ha llegado la hora del recambio. Lo suyo no es un fracaso, evitemos esa palabrita siempre tan a mano de los argentinos. Nos llevó a dos finales (e increíblemente, nos fue mejor en la distante Moscú).

Para el final dejo a los españoles. Terminaron haciendo lo que deberían haber hecho los argentinos: instigar al público a que cantara "Argentina, Argentina", aún en la derrota. Aún después de la soberbia de Nalbandian riéndose con un posible 3 a 0 a favor de la Argentina, o de Del Potro con su desubicación contra Nadal, aunque se retractó a tiempo. Y aún después de los lamentables insultos de los ¿hinchas? a Verdasco y todo el equipo rival.

Ahora hay que seguir, con otro capitán y con los tenistas concentrados en lo que tienen que hacer. Argentina tiene que madurar y reflexionar, y la oportunidad volverá a aparecer, aunque el 2009 aparece complicadísimo en cuanto a Copa Davis se refiere. Para que otra final llegue, deberemos superar de una vez por todas la adolescencia y sumar a jugadores capaces de bancarse una Copa Davis. Un ciclo se ha ido, con mucho ruido y sin la Copa.

21 de noviembre de 2008

A SUFRIR SE HA DICHO

Todo venía inmejorablemente. El David argentino había despachado al David español como si fuera un Goliat cualquiera, a puro tenis. Cuando Nalbandian juega a gusto y muestra todo su repertorio de toques, globos, passings y tiros ganadores es para servirse algo fresquito y sentarse a disfrutarlo como quien contempla una obra de arte. Fue 6-3, 6-2 y 6-3, y podría haber sido por más diferencia si el Rey no se hubiera tomado algunos recreos en el medio.

Después vino Del Potro, el heredero que esperamos todos. Ganó 6-4 el primero, y parecía que la tarde seguía celeste y blanca... hasta que se me rompió el televisor. Sí, como por arte de magia, desapareció la imagen y nunca más volvió. Corrí a lo de mi amigo-hermano Arturo a ver lo que quedaba. Nadie había allí, así que abrí con la llave suya que tenemos, y me senté dispuesto a ver la continuación de la fiesta. Pero me confundí de canal y me encontré con una de terror, quizás producida en Shangai.

Ya nada es lo que era desde que se apagó mi televisor. Estamos 1 a 1, con Delpo sin saber si juega el domingo el cuarto punto, con un Nalbandian casi obligado a correr y ganar sus tres puntos, y con un Feliciano feliz, que saldrá a jugar el dobles como si fuera la reencarnación contemporánea de Nadal.

Más que nunca, la Copa Davis se quedará en la Argentina si el Rey la conquista. Esa Copa histérica que nos juega todas las malas pasadas posibles. Solo nos faltaba que se lesionara uno de los dos ases del equipo, y no sabemos si ello ha ocurrido. El famoso recambio que todo equipo debe tener no es el ideal. Pero ojo, Calleri tiene experiencia y temple en Copa Davis y con Nalbandian pueden ganar el dobles.

Hoy por hoy, el favorito parece ser España. Quizá sea mejor así para Argentina, que para ganar la Davis deberá sufrir más que nunca en casa. Es tiempo de sacar estirpe de campeones y demostrar por qué hace rato que el país de Guillermo Vilas merece ganar esta Copa huidiza y marrullera.

QUÉ CERCA QUE ESTÁ...


¡Vamos Argentina que la Davis tiene que ser nuestra!

8 de noviembre de 2008

DE REPENTE, OLOR A CAMPO EN LA VUELTA DE LA ESQUINA, POR CARLOS DUELO CAVERO

Tal como había prometido unos días atrás, cedo al amigo lector el sereno placer de leer artículos escritos por mi tío Carlos en distintos diarios y revistas. El que sigue es el primero que he seleccionado. Fue publicado en El Cronista el 20 de noviembre de 1989.

La ilustración no es de la nota original, por supuesto, sino que es la severa pero pintoresca imagen de mi tío cuando era apenas un purrete. Ese retrato será el que acompañe graciosamente sus notas, con el mismo aire de picardía que él les imprimió siempre. ¡Cómo se habría reído de haberse visto en esta foto, así expuesto a la luz de la Internet que no conoció! En sus hijos dejó el legado y el apellido de un hombre bueno.

De repente, olor a campo a la vuelta de la esquina

A pesar del progreso de la ciencia y el avance tecnológico, los yuyos y los yuyeros siguen ocupando un lugar importante en la vida diaria. Y no solo como un tributo rendido a la nostalgia. Porque muchas veces con yuyos se consiguen resultados que no garantiza la ciencia.


Las herboristerías o yuyeros, si lo prefieren, han crecido como hongos en los últimos tiempos. Uno va caminando por esas calles de Dios y de pronto le llega como una vaharada de sierra y campo. Una mezcla de aroma de tomillo, albahaca, boldo, peperina y qué sé yo cuántos perfumes más. Señal de que por ahí anda un herbolario, que es como antaño se llamaba a los yuyeros.

Adoro el olor de esos negocios; sobre todo me encantan los que son viejos y destartalados, generalmente situados en las proximidades de alguna feria, atendidos por sus propios dueños que acaso provienen de varias generaciones atrás. Entrar en esos locales es para mí como meterme en el mundo del Galdós de "Fortunata y Jacinta". Huelen también a "la recherche du temps perdu", a Dickens y un poco, quizá, al Fernández Moreno de la "Guía caprichosa de Buenos Aires", ese libro injustamente olvidado.

Recuerdo que en la moruna ciudad de Granada donde viví "illo tempore", había un viejo boticario que practicaba la farmacopea galénica y sabía reconocer las plantas medicinales por sus olores, como si se tratase de vinos añosos. Este boticario tenía alquilado un piso encima de su farmacia, una de esas farmacias con rebotica y su colección de potes de porcelana y almireces o morteros de los tiempos en que las píldoras se preparaban a mano y si usted se descuida incluso se aplicaban ventosas y sanguijuelas. Y recuerdo que aquel boticario de zarzuela, pues era la mismísima estampa del personaje de "La verbena de la Paloma", cuando caía enfermo le decía a su mujer: "Mira, Pepa. En caso de gravedad, a mí de lo de abajo nada. A mí dame cosas que huelan bien".

Es que el hombre era un convencido de que las cosas que realmente curaban eran las que huelen bien. Y quién sabe, en definitiva, no será ese el futuro de la farmacopea: los productos de olores agradables y nombres tentadores, sensuales, de flores, especias y frutas. Aromas con reminiscencias de infancia y adolescencia, de largas vacaciones -¡oh, aquellas de tres meses en el campo!- con sabor a verbena, a espino blanco y a retama.

Suelo quedarme un rato charlando con algún yuyero en mis vagabundeos por la ciudad y a veces me invento dolencias simplemente para que me reciten su ciencia misteriosa y brujeril. Entonces, ellos desgranan los nombres de mixturas mágicas que curan desde una simple gripe hasta una colitis o un "stress". El abrótano o artemisa defiende el pelo contra su caída (me enteré demasiado tarde); el árnica sirve contra los golpes; la yerbabuena olorosa depura la sangre. ¿Qué milagros en fin no obrarán esas hojas, esas raíces resecas de formas caprichosas que a menudo saltan del botiquín doméstico a la cocina, para condimentar una sopa o una fabada, siempre con feliz resultado?

Por ejemplo, la pimienta de Cayena o pimienta roja es de uso frecuente en no pocos hogares. Una vez sorprendí a un vecino mío tomándose un "té" de esa violenta especia sin pestañear. Como yo lo contemplase asombrado, me dijo casi disculpándose: "Es que he pescado un resfrío terrible". Excuso decirles que en ese preciso instante yo también me puse a traspirar copiosamente.

Pero si hay una planta que merezca el Premio Nobel de Medicina ella es indudablemente el humilde ajo. Miles de años antes de que asomara al mundo el Dr. Fleming, el ajo ya se usaba para matar los gérmenes nocivos. Y me dicen (no lo he comprobado personalmente) que el perejil es estupendo para un montón de cosas. Se cuenta que un día introdujeron un ramito de esa hierba fina en una IBM y se descubrió que además de servir para elaborar un sinfín de salsas, el perejil es riquísimo en vitaminas A y B. Pero a mí, qué quieren ustedes, las vitaminas me gustan más en vivo y en directo.

A propósito: algún día tengo que volver a Médanos, la capital del ajo argentino. ¡Y qué ajos!

2 de noviembre de 2008

LOS ACES DEBERÍAN TENER UN LÍMITE

Hoy he tenido un domingo de perros, entre la caída de Nalbandian y la derrota de San Lorenzo. No voy a referirme a esto último, que no me sorprendió, sino al partido del cordobés, quien tuvo enfrente a un tipo que evidentemente es inferior en recursos pero metió 25 aces, es decir, que ganó un set solo con ellos, y eso que no estamos contando los saques ganadores cuya devolución deja el punto servido.

Siempre me han molestado los partidos en los que un jugador no para de meter puntos con solo sacar. Hoy Tsonga -el personaje en cuestión- jugó muy bien, pero me parece evidente que si no hubiera hecho todos los aces que hizo, no habría podido ganar el partido, que de hecho tuvo que extender a un tercer set apenas aflojó con el primer servicio.

Lamentablemente, Nalbandian no pudo aprovechar el último game del partido, cuando tuvo tres posibilidades de quiebre y el francés sentía la presión de liquidar el pleito. Pero aún así, veo cierta injusticia en el hecho de que un jugador gane tantos puntos sin necesidad de jugar el punto en cancha. Sé que suena a excusa por la derrota del argentino, pero esto es algo que siempre pienso al ver ese tipo de partidos (Querrey o Karlovic son de esta clase de jugador, también), y hoy por supuesto me dio más bronca porque del otro lado estaba Nalbandian, quien jugó un gran match excepto en los puntos decisivos.

En fin, mi opinión no va a cambiar nada, pero expreso lo que entiendo como una injusticia. El buen saque es parte del juego, pero a mi juicio a veces cobra una dimensión desproporcionada en un juego cuya belleza está en los puntos bien jugados. No solo le quita atractivo al juego, sino que me parece injusto porque de esta situación no siempre sale ganador el que mejor jugó globalmente. A mi entender, cuando hubo puntos que requirieron otras artes propias del juego, Nalbandian se mostró mejor, y esto suele ocurrir en partidos con sacadores tremendos como Tsonga.