¿Somos libres o somos títeres de un Gran Titiritero?
La libertad es una cuestión sobre la que los hombres se preguntan hace mucho tiempo ya, y no pretendo resolverla en estas pocas líneas. Tan solo dejar algunos apuntes que se le ocurren a un amateur de estos dilemas.
El protestantismo, según Max Weber, da impulso al capitalismo porque le asegura que si le va bien en lo que a prosperidad económica se refiere, eso es una señal de que Dios le tiene reservado un destino en el Cielo. La acumulación es, entonces, una vía para asegurarse la vida en el paraíso. Pero entonces, la libertad no existe, porque en el fondo ya estamos condenados al éxito o al fracaso.
Partiendo de la base de que Dios existe, la pregunta es: Si Dios sabe dónde vamos a terminar, estamos predestinados. Porque Él podría no crearnos debido a nuestro destino fatal, pero igual nos crea. ¿Se divierte con nosotros? Yo pienso que no, y creo que esa es la mayor prueba de que somos libres.
En todo caso, Dios sabe qué nos va a pasar si hacemos tal o cual cosa, pero somos nosotros los que decidimos hacerla. Si me cruzo a la mujer de mi vida en un colectivo, soy libre o no de hablarle, y ella es libre de darme su teléfono. ¿O acaso no hay personas que han dejado pasar el tren y aún no se han dado cuenta? ¿O acaso no tomamos decisiones equivocadas con nuestra libertad, y las remediamos después?
El argumento de que Dios sabe qué nos ocurrirá mañana no se sostiene porque Dios no se maneja con categorías temporales, que son convenciones humanas. El tiempo es uno de los grandes misterios del hombre, y justamente porque es un misterio y no podemos entenderlo es que no podemos tomarlo como argumento para responder a otro misterio, como es el de la libertad.
Si Dios no existe, o para simplificarlo aún más, si no existe un Absoluto, quedamos solos con nuestra libertad. No parece haber nada externo que condicione nuestras decisiones, pero sin un Absoluto la vida pierde sentido, y por ende la noción de libertad carece de sustento. De todas maneras, como sostiene Jean Guitton, todo el mundo cree en un Absoluto, y el verdadero problema es si ese Absoluto es personal o no.
Si la libertad no existe, no existe el mérito, ni tampoco existen el bien y el mal, porque las personas no obran conforme a criterios morales, sino guiados por un destino irrevocable. Si esto es así, no tiene sentido denostar a Hitler o Stalin, porque ellos no fueron libres de hacer lo que hicieron. Sencillamente, estaban predestinados a hacerlo.
Al mismo tiempo, si no existe la libertad tampoco existe la verdad, porque es la verdad la que nos hace libres (y la que determina la existencia del bien y el mal). Si no conocemos la verdad, no podemos tomar decisiones sobre bases sólidas, y actuamos guiados por la intuición, el capricho o el azar. Pero no tenemos todos los datos necesarios para decidir con libertad completa, y entonces la libertad está necesariamente asociada a la verdad. Aún si tomamos la decisión equivocada, en muchas ocasiones sabemos que la estamos tomando, pero preferimos satisfacer otros impulsos o deseos, y lo hacemos porque somos libres.
Si el hombre no es libre, tampoco es persona, porque en la noción de "persona" está incluida la de elección. El hombre elige, y esto es lo que lo diferencia del animal, que se guía por motivos irracionales y no tiene una inteligencia capaz de aproximarse a la verdad.
La respuesta a si somos libres o no abarca necesariamente todas nuestras decisiones. O existe la libertad o no existe. Pero la respuesta no varía según las circunstancias, porque la libertad es un concepto que está más allá de la decisión a la que nos estemos refiriendo. Lo que varía es el grado de libertad del que disponemos, pero el concepto está siempre presente.
Víctor Frankl escribió en “El hombre en busca de un sentido” que en Auschwitz él se sentía más libre que sus guardianes, porque internamente él tenía libertad para pensar lo que quería, y para elaborar una visión hacia el futuro, en el que él se veía dando conferencias sobre la teoría psicológica que estaba pergeñando en esos días tristes. Sus guardias, en cambio, obraban como autómatas y carecían de libertad para pensar otra cosa que no fuera el manual de instrucciones del nazismo. Él era, entonces, más libre que aquellos que le pegaban, lo insultaban y lo humillaban. Frankl destacó el hecho de que el hombre fuera capaz de generar un lugar tan siniestro como Auschwitz y al mismo tiempo ir a la cámara de gas recitando el Padrenuestro, como él mismo había visto. Esa es la libertad humana.
Estas reflexiones, que solo buscan expresar ciertas aproximaciones un tanto rústicas sobre un tema que sin dudas está lejos de resolverse en la mente humana, surgieron mientras me comía una milanesa a la napolitana con el Nono, a quien dedico estas líneas libremente.
11 de agosto de 2007
¿ALGUIEN TIRA LOS DADOS CON NOSOTROS?
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TEMAS: FILOSOFÍA CASERA
8 de agosto de 2007
SAN MARTÍN Y LA CULTURA
El próximo 17 de agosto se cumplirá otro aniversario del fallecimiento de José de San Martín, y para recordarlo he querido referirme a su relación con los libros y la cultura. Este aspecto del prócer suele quedar marginado por sus hazañas en el campo de batalla.
San Martín tenía una gran biblioteca que llevó consigo desde Cádiz hasta Buenos Aires, de allí a Mendoza y Valparaíso y de allí a Lima, donde la donó para formar la primera Biblioteca Nacional del Perú. Eran unos 800 volúmenes, que están enumerados por José Pacífico Otero en una edición del Instituto Nacional Sanmartiniano sobre San Martín y la cultura.
Lo que llama la atención de esa lista es la diversidad de temas que abarcaba. La cantidad impide nombrarlos todos, pero destacaremos los siguientes: unos 250 libros de Historia; 24 de Geografía más cartas náuticas de España, Perú y Antillas; 38 libros de viajes que incluyen lugares tan diversos como Rusia, Turquía, Tartaria, Grecia, Cercano Oriente y Europa en general; 63 volúmenes sobre oficios prácticos tales como agricultura, jardinería, ingeniería, quiromancia, fabricación de aguardiente, relojería y cría de ovejas, entre otros; 82 tomos de enciclopedias varias; 22 libros de derecho y legislación; 12 de matemáticas; 11 volúmenes de bellas artes; y un centenar de obras literarias de la época, con autores como Voltaire o Rousseau, además de Quevedo, Calderón y ciertos clásicos griegos.
La de Lima no fue la única biblioteca formada gracias a San Martín. En marzo de 1817, después del triunfo de Chacabuco, el Cabildo de Santiago de Chile le hizo llegar al Libertador una suma de 10.000 pesos para solventar los gastos de su viaje a Buenos Aires, pero él donó el dinero para la formación de la Biblioteca de Santiago.
También la Biblioteca Nacional de Buenos Aires recibió una donación de algo más de 100 libros pertenecientes a San Martín, ya fallecido, a través de su yerno Mariano Balcarce.
La figura del prócer trasciende los campos de batalla y se proyecta sobre la educación, terreno en el que nuestro héroe precedió a la Generación del 80, y más precisamente a Domingo Faustino Sarmiento, con quien curiosamente tuvo una entrevista en su retiro francés.
La imagen de arriba es de autoría de Theodore Géricault, artista romántico francés, autor de la famosa "La Barca de la Medusa". No es éste el único reconocimiento internacional que tiene San Martín. En el Central Park de New York, por ejemplo, hay otro.
Tengamos siempre presente la figura del Libertador, fundador de tres naciones independientes y mecenas de su cultura.
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TEMAS: ARGENTINA, HISTORIA, SAN MARTÍN
7 de agosto de 2007
MAMÁ
Hoy, 7 de agosto, Mary Van Deusen cumple años. Lo celebrará el próximo fin de semana con mi papá, sus 5 hijos y sus 12 nietos.
Nació en Chicago y creció en San Francisco. Tuvo dos hermanos, que pelearon en la Segunda Guerra Mundial. A uno (que había sido enviado a Francia y Bélgica) lo dieron por desaparecido y así lo informaron a su familia. Pero un día volvió a casa sano y salvo, al igual que el otro.
Mi madre estudió en la Universidad de Stanford y se fue a vivir a España. Fue allí donde conoció a mi padre, como ya he relatado en otra parte de este espacio. Se casó con él y se vino a vivir a la Argentina.
Mi mamá me ha dado, además de sangre irlandesa, muchos valores que día a día intento torpemente poner en práctica. Confío en transmitírselos a mis hijos como ella supo hacerlo conmigo. Honestidad, amor a la verdad, orden, detallismo, buenos modales, pasión por la música, integridad, autoexigencia y generosidad son algunas de las cualidades que desordenadamente se me ocurre mencionar ahora. Ella las leerá y me dirá que esto no es así y que ella no es nada de todo esto, pero yo creo que sí y eso es lo que importa. Porque ella, además, es modesta.
Como regalo de cumpleaños, vaya esta memorable escena de Bing Crosby interpretando "True Love" junto a Grace Kelly en altamar. Corresponde a la película "Alta Sociedad", de 1956, donde también actuaban Frank Sinatra y Louis Armstrong.
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TEMAS: FAMILIA
6 de agosto de 2007
UN GENIO CATALÁN
Dedicado a mi padre, Serrat cantando en Barcelona, el 1 de noviembre de 1974.
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TEMAS: MÚSICA
5 de agosto de 2007
SIETE MIL SOLDADOS Y UN SECRETO
En marzo de 1974, unos campesinos chinos estaban trabajando en Lintong, a unos 35 kilómetros al oeste de Xi'an (Shaanxi). De repente uno de ellos desenterró de casualidad una extraña cabeza de soldado, hecha de un material artesanal. Siguieron trabajando, y dos más salieron a la luz. Estos campesinos acababan de hacer uno de los descubrimientos arqueológicos más impactantes del siglo XX: el ejército de terracota del Primer Emperador de China, Qin Shi Huangdi.
La dinastía Qin (o Ch'in) reinó en China entre los años 221 a.C. y 206 a.C., y fue la primera en establecer una unificación administrativa en un territorio extenso, a través del sometimiento de sus adversarios. Fue tan poderosa que griegos y romanos asociaron su nombre al territorio que dominaba, y así es el probable origen del vocablo "China" en los idiomas occidentales.
La única parte del nombre de Qin Shi Huangdi que le correspondía por derecho propio era Qin, que era el principado de donde era Ying Zheng, el personaje en cuestión. "Shi" significa "primero" y "Huangdi" se divide en "Huang" (Augusto) y "Di" (Emperador). Zheng se hizo llamar con la suma de estas palabras y se proclamó fundador de una nueva dinastía que duraría "diez mil generaciones".
Al parecer, el nuevo emperador no tenía problemas de autoestima.
En el año 213 a.C., Qin Shi Huangdi decidió sacarse de encima cualquier molestia y promulgó un decreto que obligaba a quemar las obras literarias, históricas y filosóficas en el territorio imperial, aunque tuvo la delicadeza de incluir una generosa excepción para los tratados científicos, y también ordenó guardar un ejemplar de cada obra quemada, que solo podría ser consultado por el gobierno. La tradición quedaba prohibida so pena de muerte. Hay quienes dicen que al año siguiente, 460 súbditos fueron sepultados vivos por desobedecer el mandato imperial, aunque el amigo lector es libre de creerlo o no.
Qin Shi Huangdi, a quien pese a todo vemos algo empequeñecido en la imagen, dejó obras importantes. Mencionemos dos: terminó la Gran Muralla, de más de 5.000 kilómetros de extensión, y construyó una red de carreteras de 6.800 kilómetros, más larga que la famosa red de rutas del Imperio Romano.
La dinastía que duraría 10.000 generaciones duró una sola. Después de la muerte de Qin Shi Huangdi, en 210 a.C., se desató una lucha de poder. El primer ministro, Li Si, y Zhao Gao, que era un intrigante eunuco muy hábil, engañaron a Fu Su, el príncipe heredero, con una falsa carta de su padre acusándolo de deslealtad y ordenándole que se suicidara (mandato que el pobre Fu cumplió presuroso, algo impensable en terruños más cercanos a nosotros) y ubicaron en el trono a Ershi Huangdi, que poco duró: Zhao Gao lo eliminó también, y de paso se sacó de encima además a su socio conspirador.
El tercer emperador, Zi Ying, sospechó que el eunuco era un personaje complicado y lo mandó ejecutar. Para ese entonces, la población estaba harta de pasar hambre y se rebeló contra todo y todos. Fue el final de los Qin.
Habíamos empezado estas líneas con el descubrimiento del ejército de terracota de nuestro protagonista, Qin Shi Huangdi. Estos soldados eran parte del gigantesco mausoleo que Qin se había hecho hacer para honrar su tumba. Son nada menos que 7.000 soldados de rostros bien diferenciados, con sus armas y escudos, 600 caballos y 100 carros de combate, todos artesanalmente fabricados y pintados, y ubicados sobre la tumba del Primer Emperador, que se halla en un pozo de 50 metros de altura.
Todo el mausoleo tiene un perímetro de 6.300 metros, y fue construido por más de 700.000 súbditos forzados. El original palacio fúnebre tiene también una parte destinada a sacrificios de animales que acompañarían a Qin en su viaje al otro mundo. Hay un dato aún más escalofriante: una fosa de las halladas estaba destinada a albergar soldados de carne y hueso que también se irían con el monarca al otro mundo. Sima Qian, un historiador del siglo I a.C., sostiene que el emperador fue convencido de enviar a estos hombres a luchar a las fronteras, donde serían más útiles que en el siniestro recinto.
Los soldados de terracota se quedaron junto a Qin Shi Huangdi para acompañarlo en su descanso eterno y defenderlo de intrusos del mundo de los vivos. Cumplieron su misión durante 2.200 años, hasta que un par de inofensivos agricultores quebraron el secreto de un imperio dormido.
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TEMAS: HISTORIA
4 de agosto de 2007
ACERCA DE LA SOLEDAD
Hay ciertos sentimientos que acarician el alma en muchas ocasiones, y la rasguñan en otras. La melancolía es uno, con esa tristeza dulce que invade el corazón al toparse con aquellas pequeñas cosas "que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, en un papel o en un cajón".
La soledad es otro sentimiento de esos, y vaya paradoja, es una compañía más de las muchas que uno puede tener. En todo caso, la compañía no es ella sino uno mismo. Y esto puede generar tristeza o alegría.
Suelo pensar que la soledad en sus dosis justas es conveniente de vez en cuando (y ni hablar como alternativa a una mala compañía). De hecho, todos tenemos un espacio interior en el que estamos solos, y es necesario que así sea.
Cuando una persona descubre que a pesar de todo no la pasa tan mal consigo mismo, entonces ha descubierto un amigo que lo acompañará toda su vida, cotidianamente o de tanto en tanto.
No obstante, la soledad genera depresión en muchos espíritus, decaimiento en los fervores de la mundanal batalla, rendiciones incondicionales, silencios de hielo donde solo habita un nativo refugiado en su iglú sin ventanas, a la espera de un sol.
El solitario obligado sospecha que alguien le ha jugado sucio y lo ha dejado sin cartas. Otros tienen lo que él debería tener también. Otros son oídos, mirados y queridos, pero él (o ella) no. Oye hablar del amor, de la amistad, del compartir, de la primavera y de una fiesta de cumpleaños. Pero solo lo oye, y solo sigue, porque a él se le niegan esos recreos de la vida.
La soledad no tiene buena prensa, y no es reconocida como debería serlo.
Existe otro tipo de soledad, que es la del incomprendido. Esta es una soledad más sutil que la sentimental, porque es menos visible (aunque en las cosas del corazón, las apariencias pueden ser muy engañosas antes de las tormentas).
Alguien dijo que lo que pasa es que los locos son ellos y no se dan cuenta. Jesús el Nazareno sufrió la incomprensión de todos, o casi. Hasta de Pedro, que era su mejor amigo y lo negó tres veces. A Leonardo Da Vinci lo tildaban de mago demente o peligroso cuando hablaba de máquinas capaces de volar por el aire. Colón llegó a un continente nuevo que hoy ni siquiera lleva su nombre. Mozart fue enterrado en una fosa común. San Martín padeció traiciones, acusaciones absurdas y hasta enfermedades ocasionadas por la soledad de su misión y su gloria.
Creo que el solitario debe quererse a sí mismo como querría a quien quebrara esa soledad impuesta por la vida. Un buen libro, una caminata por la playa, plantas, un manojo de apuntes en la libreta compañera, unos versos al sueño, una cena para uno. Todo puede ser ese mimo que no llega de afuera y entonces debe venir de adentro. Y entonces, quien está solo tiene la oportunidad única de enamorarse de sí mismo, en el sentido más altruísta que el lector imagine.
De todas maneras, esté alerta el solitario, porque cualquier tarde de éstas una soledad ajena puede desbaratar sus mejores planes.
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TEMAS: FILOSOFÍA CASERA
20 de julio de 2007
18 de julio de 2007
UN SOL ENTRE SOMBRAS
Antes de conocer a Paula, mis pintores favoritos eran Goya y Velázquez. Pero tras una noche milenaria en la que todo el arte sale al propio encuentro, los gustos pueden cambiar, o por lo menos sumar elementos a su equipaje. La paleta de colores se enriquece, y también las emociones juegan su rol en las elecciones artísticas. Sea como fuere, Vincent Van Gogh ha pasado a ser en estos tiempos otro de mis preferidos.
Tal vez lo que más me atrae de este creador tan especial es su permanente búsqueda de escucha para su mensaje, su crónico inconformismo ante la incomprensión de su época. En una palabra, su amor a la verdad.
Nació en Groot Zundert (Holanda), el 30 de marzo de 1853. Hijo de un pastor protestante, intuyo que la noción de culpa lo persiguió insobornable durante toda su vida. Además, otro bebé había nacido antes que él, y después de recibir el mismo nombre había muerto, lo cual púede haber agregado otro factor de tensión en la conciencia del pobre Vincent.
La década del 80 en el siglo XIX fue la del auge de los impresionistas, esos innovadores que buscaban generar "impresiones" en su público a través del uso abundante del color y la luz. Vincent conoció a Toulouse-Lautrec, Monet, Sisley, Pisarro, Degas, Renoir y Seurat, y fue influido por esa corriente en su uso del color, aunque encarnó un estilo en sí mismo y fue precursor de otros. En 1886, este grupo presentó su última exposición antes de dividirse.
Su buscada amistad con Paul Gauguin y el fracaso de ella, en 1888, es otra muestra de la soledad del genio. Van Gogh le había manifestado su admiración y lo había invitado a una casa especialmente preparada por él para que ambos pudieran pintar en medio del campo, en Arles. Pero la convivencia, después de tres meses, fue insostenible, y Gauguin se marchó y declaró que Vincent había tratado de atacarlo con un cuchillo. Van Gogh no pudo resistir la partida y se cortó la oreja. Tal vez otro signo de su sufrimiento por la falta de recepción para su mensaje.
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16 de julio de 2007
OTRA PESADILLA, OTRA ESPERANZA
Otra vez. Más de lo mismo. Brasil nos hizo el favor de devolvernos a la realidad con otra cachetada.
Hablemos claro. Habíamos llegado a la final con paso de campeón. De campeón de la Copa América, que es eso y nada más. Ganarle a Estados Unidos, Chile, Perú, México...
Ganarle a Brasil es otra cosa.
Es feo escribir cuando ya está todo dicho. Pero es peor si uno lo dijo antes.
La defensa argentina tiene un problema estructural, le hacen goles de manual hace tres mundiales y seguimos sin resolverlo.
Ayala pasó de largo frente a Julio Baptista como lo había hecho frente a Bergkamp hace 9 años, en Francia. Es inadmisible que a los 5 minutos de partido salga un pelotazo de 30 metros y Ayala, hombre a hombre, no atore al rival, deje que la reciba, la acomode y saque el tiro frente al cual Abbondanzieri no amaga siquiera a reaccionar.
He oído por ahí que el planteo de Dunga fue brillante, que Brasil nos aplastó "tácticamente". Y pregunto: ¿Había algo de sorpresivo en el planteo de Brasil? ¿Podía sorprendernos que Riquelme y Messi tuvieran siempre dos tipos encima, que cortaran el juego y no nos dejaran hacer tres toques seguidos, que Maicon no parara de mandarse por la derecha y que Robinho se moviera por todos lados?
Abbondanzieri, después del Mundial, no puede ser titular de la Selección si en el banco está Carrizo. Cambiasso tampoco si está Gago. Riquelme juega a veces, y a veces no. En los partidos importantes, no. En Boca sí, en la Selección no (y que me disculpe la mamá, simplemente trato de buscar variantes y soluciones). Verón es parte de una generación que fracasó, al igual que Zanetti y Ayala.
Acá no se trata de llevar a algunos al cadalso. Se trata de empezar de nuevo, de buscar variantes para la defensa, el arco y la conducción. Porque arriba ya tenemos de sobra (y pregunto: ¿cómo puede ser que Saviola no haya ido a Venezuela, qué tiene que hacer para que lo llamen?).
Faltan tres largos años para Sudáfrica. Hay jugadores para probar, y juveniles que van pidiendo cancha. Messi es el abanderado de lo nuevo. Hagamos el recambio natural que se espera en un país al que le sobran futbolistas. Hay motivos para ser optimistas.
Y mientras tanto, que festeje Brasil. Ya llegará la revancha, que siempre llega.
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TEMAS: FÚTBOL
12 de julio de 2007
ESPERANDO UN DESCANSO
Mis últimas vacaciones fueron acá, en marzo de 2006:
Mientras espero las próximas, refresco este espacio con Sofía yendo a la playa, muñeca en mano y mar a la vista.
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9 de julio de 2007
4 de julio de 2007
HACE 200 AÑOS LOS INGLESES SE RENDÍAN EN BUENOS AIRES
Hace 200 años la ciudad de Buenos Aires vivió horas de heroísmo y brisas de independencia cuando rechazó en dos oportunidades a la Corona inglesa, que buscaba apoderarse del territorio perteneciente a España. El 5 de julio de 1807 el enemigo, que era la superpotencia bélica de la época, quedó definitivamente derrotado y humillado donde menos lo había esperado.
Esto trajo consecuencias: los habitantes de la ciudad empezaron a percibir la debilidad del imperio español en tierra americana, y por ende la semilla de la independencia empezó a germinar hasta llegar a la Revolución de Mayo de 1810, a partir de la cual ya no hubo vuelta atrás.
Además, se generó la distancia entre Buenos Aires y Montevideo debido a las diferencias en la visión de lo que había ocurrido y la falta de solidaridad en ciertas etapas de la contienda con el invasor inglés.
La actuación definitoria de los vecinos de Buenos Aires, que no arrojaron aceite hirviendo a los soldados ingleses pero sí piedras y objetos diversos, fue una causa fundamental de que hoy hablemos castellano en la Argentina. Esto generó esa sensación de que era posible tener cierta autonomía y, más aún, una independencia definitiva de España, que a su vez se enfrentaba a Napoleón en su propio suelo.
Por el lado de los ingleses, puede decirse que calcularon mal la resistencia que ofrecería la ciudad, y tampoco supieron ganarse a los vecinos criollos para su causa, que podría haber sido presentada como un servicio a la liberación de España.
En el blog sobre las Invasiones Inglesas hay un detallado e interesantísimo recorrido día a día de aquellos sucesos. También en Las Invasiones Inglesas y el Bicentenario de la Defensa y Reconquista de Buenos Aires hay buena información. El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires editó una publicación que relata la gesta de aquel entonces.
La BBC publicó en su revista del 10 de agosto de 2006 una curiosa versión de la historia entre Inglaterra y la Argentina, a raíz del recuerdo de las Invasiones Inglesas, que entre otras cosas afirma que los argentinos debemos estar agradecidos a Gran Bretaña por haber acelerado nuestra independencia.
En su edición del 14 de septiembre de 1807, el legendario periódico inglés The Times lamentaba la derrota en estos términos:
"Este ha sido un asunto desgraciado de principio a fin. Los intereses de la nación, así como su prestigio militar, han sido seriamente afectados. El plan original era malo y mala la ejecución. No hubo nada de honorable o digno de él; nada a la altura de los recursos o el prestigio de la nación. Fue una empresa sucia y sórdida".
"En cada calle, desde cada casa, la oposición fue tan resuelta y gallarda como se han dado pocos casos en la historia. La consecuencia fue que el plan de operaciones se frustró".
En 2003 se publicó un libro de autor británico (solo en inglés) sobre las guerras libradas por Inglaterra en el siglo XIX, que incluye una visión sobre las invasiones a Buenos Aires. Según Rosendo Fraga, la obra reconoce que la derrota británica en este conflicto fue una "humillación" para las armas británicas, ya que no sólo una vez, sino dos, fueron derrotados a manos "de un ejército de rejuntados, de soldados, civiles y gauchos, muy diferentes a los disciplinados ejércitos europeos" que estaban envueltos en las guerras napoleónicas del momento.
Un grupo surgido de este hito histórico es el de los Corsarios de Mordeille, que según palabras de ellos, "es un Grupo de Recreación Histórica, que recrea la activa participación de este conjunto real de corsarios en las luchas de reconquista y defensa del Virreinato del Río de la Plata con motivo de la Primera y Segunda Invasión Inglesa ocurridas en los años 1806 y 1807 respectivamente, en las ciudades de Buenos Aires y Montevideo". Hipólito Mordeille murió defendiendo Montevideo, y una calle de esa ciudad lleva su nombre.
Para más detalles de este personaje casi desconocido en la historia argentina, cito a Vicente Sierra, quien sucedió a Jorge Luis Borges en el cargo de Director de la Biblioteca Nacional y fue autor de una importante Historia Argentina que editara Ediciones Garriga, cuyo gerente era mi padre, Fernando Duelo, que de purrete me llevaba a visitarlo en su casa:
"Francisco Hipólito Mordeille era un marino francés que había dado concluyentes pruebas de audacia y valor. Asociado a ricos armadores españoles y franceses emprendió una campaña de corso contra el comercio británico en las costas de Africa, de regreso del cual arribó a Montevideo el 2 de enero de 1804, al mando de la polacra holandesa “Hoop”. En abril volvió a surgir en dicho puerto conduciendo como presa el navío inglés “Neptuno”. Seis meses mas tarde, el 19 de noviembre se hallaba de nuevo den Montevideo con la presa del bergantín inglés “La Diana”, con un cargamento de negros."
"Con motivo de la guerra con Inglaterra, Sobremonte lo destacó como corsario y lo mismo hizo con otro francés, el capitán Courand, quienes en una campaña capturaron cuatro navíos ingleses cada uno. Al regresar ambos con sus presas, les sorprendió la invasión a Buenos Aires. Con sus hombres Mordeille organizó una escuadrilla de la que formó parte Courand. Mordeille y sus hombres derrocharon coraje en la empresa reconquistadora y se contaron entre los primeros en avanzar sobre la Real Fortaleza ocupada por los ingleses".
Es interesante leer alguna versión uruguaya sobre estos hechos. Además, en las imágenes puede verse el acta de rendición del ejército inglés.
Para los amantes de las letras, recomiendo enfáticamente la colección de textos inspirados en este hecho histórico, en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Me permito reproducir tan solo unos versos de Pantaleón Rivarola, escritos en el mismo año de 1807:
Valerosas legiones, ya vencisteis
De esas tropas britanas la osadía,
Cuando el cinco de Julio resististeis
Con firmeza, denuedo y valentía:
La patria y religión que defendisteis,
Harán siempre recuerdo de aquel día;
Y el anglo, destrozado y aturdido,
Llorará eternamente haber venido.
Actualizo y agrego otro nombre que me he topado en mis lecturas sobre el tema y me ha impresionado por su heroísmo. Lo hallé en el blog antes citado sobre las Invasiones Inglesas, y se trata de Orencio Pío Rodríguez. Cito el blog:
El 9 de julio de 1807 "muere Orencio Pío Rodríguez, uno de los voluntarios de los Patricios, a resultas de las heridas recibidas en uno de los últimos combates de la Defensa. Rodríguez dio muestras de valor y carácter cuando, tras recibir fuertes heridas en una pierna, tomó su cuchillo y cortó el miembro herido, vendó el muñón con su ropa y siguió disparando al grito de: “¡Viva el Rey!”.
"En 1808, el Cabildo dispuso que la calle San Gregorio llevara su nombre, lo que se mantuvo hasta 1822, cuando se volvió a cambiar el nombre por el que actualmente lleva: Santa Fe. Su nombre no se ha perdido en la ciudad: la plazoleta limitada por Charcas, Ecuador y Paraguay, recuerda su nombre".
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TEMAS: ARGENTINA, BUENOS AIRES, HISTORIA
29 de junio de 2007
EL REGRESO DE FREDDY
Los medios de transporte suelen generarme sorpresas, como ya he relatado en detalle. Anoche me dieron otra de ellas, en el subte nocturno de regreso a casa.Volvía leyendo un libro de teoría de la comunicación, muy concentrado. De repente alguien a mi costado se inclinó y oí: "Perdón...". Lo miré, sin saber de quién se trataba, y el individuo agregó: "¿Freddy?".
Se hizo la luz. La voz era inconfundible.
"¡Fito!", exclamé, y me levanté a saludarlo. Entonces conocí a Fito con pelo corto.
"Freddy" era mi apodo en la Universidad de Belgrano, en la que estudié en 1989 el primer año de Ciencias Políticas. Y "Fito" era el apodo de Hernán Echeverría, compañero mío de aquel entonces. A él le había sido impuesto por su parecido físico con el músico argentino. A mí, por el personaje de Freddy Kruger, de "Pesadilla". Una vez había ido directo del dentista a la facultad, con una remera azul y roja a rayas laterales, media boca anestesiada y la incapacidad consecuente de sonreír con toda ella.
El domingo ya había tenido un aperitivo de esto, porque por la calle me crucé con Egle Fernández, otra ex compañera de la UB, a quien sí reconocí. Pero ella no me vio, y le dije a Paula: "Si le digo a esta chica que fue compañera mía y la reconocí 18 años después se desmaya acá".
Esto de encontrarse con alguien a quien uno no ha visto en la última mitad de lo que lleva vivido (18 años de 36) es todo un acontecimiento. Uno le pide a la rutina que lo deje a solas con el ayer, y sirve dos vasos de memoria para brindar por aquellos viejos e inocentes tiempos de idealismo (que nos han traído a este hoy feliz).
Ambos estamos ahora casados y con hijos. Yo me recibí en Ciencias Políticas (pero en otra universidad) y me dediqué a la comunicación. Él terminó Comercio Exterior, estudió tres años de Filosofía y es gerente de un colegio en Castelar. "Él era el que entendía todo lo de Laclau", le dijo a su señora acerca de mí y de nuestro incomprendido profesor de filosofía del 89. Y mi mayor sonrisa fue cuando me dijo que el otro día, viendo a San Lorenzo campeón, se había acordado de mí. Esto es para mí digno de orgullo: 18 años después me sigue teniendo de referente azulgrana. "Eras un fanático", me dijo Fito. "Sí, y ahora mi jermu viene a la cancha conmigo y mis hijas aprenden los cantitos", le contesté. Y agregué que Gustavo Peninno, otro rostro de aquellos tiempos, era de Tigre y debía estar contento por el ascenso.
Nos despedimos con un abrazo, y prometí mandarle un mail para quedar en contacto. Creo que lo haré, aunque a veces es mejor guardar estos encuentros en ese recinto sagrado donde habita lo inesperado, lo azaroso, lo ¿casual?
El futuro nos aguarda ansioso e intacto, pero el pasado nos supervisa agazapado entre nuestras fatigas cotidianas, porque de él estamos hechos y a él debemos lo que somos.
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TEMAS: ANECDOTARIO
20 de junio de 2007
TIEMPO DE CULPAS
He tenido un problema en las últimas semanas, y ha sido la falta de tiempo y fuerza para escribir en los dos blogs que abrí hace un tiempo. Tengo un pequeño demonio en mi alma que me lo recuerda día a día, como el portero que con su sola presencia (o ausencia, recordada por su escritorio) me trae a la lista mental de obligaciones la de mandar ese fax con el pago de expensas que hice hace diez días ya.
Tener o no tener tiempo para algo es, en realidad, una cuestión de orden. Cuando estamos faltando a la cita con la salud en el club, o no llamamos a aquel amigo acreedor de nuestro instante, no es por falta de tiempo sino por ausencia de orden... y de fuerza para llevar a cabo lo que pensamos.
Toda esta divagación viene a cuento de mi pequeño sentimiento de culpa, que sería mayor si no tuviera culpas más urgentes aún. Y entonces llego al tema de estas líneas, que es a la vez el elemento desencadenante de ellas: la culpa omnipresente, que mueve al mundo con idéntica fuerza que el poder, el amor o el dinero.
Los psicólogos suelen llevar a la culpa detenida e incomunicada, porque al parecer no permite que la persona deje fluir su inconsciente, sus impulsos naturales que siempre piden permiso a la cabeza para salir de paseo. Pero desde mi modesto observatorio quiero agregar que la culpa moviliza, en cambio, otras causas tan nobles como las que germinan en el inconsciente.
En lo que a mí respecta, puedo decir que si no fuera por la culpa habría hecho cosas mucho peores de las que he hecho hasta ahora, y cuando digo "peores" me refiero al sentido moral de la expresión. He omitido un sinnúmero de acciones y he actuado guiado por la culpa, me guste o no. Pero al hacer el balance de esas acciones, me reconforta pensar que en la mayoría de ellas creo haber hecho lo mejor y lo más conveniente para mis prójimos y para mí también (porque uno debe amarse a sí mismo como ama al prójimo, el orden de los factores no altera la sabiduría de la expresión cristiana).
El sentimiento de culpa por no ir al cumpleaños de un amigo que me esperaba me ha hecho ir, y comprobar que mi amigo se ponía contento (y me convidaba con lo mejor de su heladera).
En conclusión, no veo a la culpa como algo negativo, en su justa medida. Como siempre, el secreto está en el equilibrio ¿Qué sería de nosotros si nunca sintiéramos culpa por nuestras acciones u omisiones?
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TEMAS: FILOSOFÍA CASERA
11 de junio de 2007
18 de mayo de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA - EPÍLOGO
Mi relato ha recorrido los días que pasaron desde el 31 de diciembre del 2000 hasta el 20 de enero del 2001. De aquella noche del 20 solo cabe agregar que después de pagar la cuenta en "El Café de la Esquina", nos fuimos a "Dalí", un bolichín que estaba donde ahora se encuentra "Downtown Matías", a una treintena de metros de la Basílica del Pilar, donde nos casamos el 1 de noviembre de 2002. Con el sol del 21 bostezando sobre su colchón de agua, la dejé en su casa y me tomé un taxi a la mía, feliz.
Ya he escrito que en nuestra primera salida, el domingo 14 de enero, la verdad me había sido revelada. Paula tardó un poco más en darse cuenta de lo que había sucedido. Pero era de esperar: la perfección plena y completa siempre resiste el afán de la torpe realidad.
Un año exacto después de aquella noche milenaria, el 31 de diciembre del 2001, en Santiago de Chile, le pedí de rodillas que se casara conmigo. Estábamos allí visitando a la abuela de Paula, Cupy, quien al minuto de conocerme le había dicho a Paula por lo bajo: "Tú tienes que casarte con este muchacho".
Nuestra fiesta de casamiento tuvo lugar en el Club de Pescadores, exquisito y simbólico lugar sobre el Río de la Plata. La luna de miel tocó Ushuaia, El Calafate, Puerto Pirámide y Villa La Angostura, a lo largo de 23 días.
El 25 de marzo de 2004 nació Sofía. El 8 de febrero de 2006 lo hizo Valentina. Y algún día vendrán más.
Cada 31 de diciembre, por lo tanto, el mundo festeja algo que para nosotros está en un segundo plano. No es el nuevo año lo que nos lleva a chocar las copas, sino el milagro de una noche en que todo conspiró para que nos encontráramos. Yo soy un afortunado, porque tengo una mujer que me quiere y acepta mis defectos como parte inescindible de mí. Sin ella y sin ellos, yo no sería yo.
Cada mañana, al levantarme, trato de conquistar a Paula como si estuviera descubriéndome en el colectivo, tratando de usar mi mejor morisqueta y mi chamuyo más efectivo, con la fuerza, la alegría, el humor y la sabiduría que dispongo en módica medida. No es fácil convivir con alguien que te hace sentir como un ladrillo frente a una flor, pero de eso se trata: de ser complemento, de que nunca te digan "Qué divino" sino "Qué humano".
A Paula dedico este relato, y a los lectores agradezco por su comprensión para con los límites que la palabra impone en la descripción de ciertos sentimientos y certezas.
Por último, gracias al Amigo, cuya carcajada atronadora creí reconocer en medio de todo aquello.
Hubo un instante en que todo se detuvo
La luz, el viento, la sangre,
las guerras, los tambores.
Nadie cerraba las puertas, no las había.
Las monedas no brillaban, nada valían.
El reloj se confundió con el caos
de un desierto florecido.
El tiempo es un capricho del Amigo.
Todos yacían, sin ayer, ni hoy, ni mañana.
Tenues ojos contemplaban el sino
Que moldearía sus juegos y sus nanas.
Hubo un instante de mundo detenido
un temblor de silencio decisivo
cuando el abismo se ofreció, generoso y puro
al peregrino, emboscado en su recinto.
Y alguien negó la sal por vez primera
y pasó de largo la ráfaga amarilla
y alguien ladró, en su cómplice paseo
y alguien restó monedas al destino
y la nada dejó su lugar ¿predestinado?
Todos fueron uno en ademanes suspendidos.
Y yo fui el ser, inclinado ante su suerte.
Condenado a la finitud de mi argumento
tal vez entre mis cifras me buscaste.
Me absolviste y liberaste la utopía
de un bufón que sin corona era descarte.
Descendiste al averno de mis sombras,
tu acto amoroso fue encarnarte
en un pájaro de fuego poderoso
para al fin del vacío rescatarme.
Fue un instante apenas.
O tal vez no hubo tiempo
porque tu rostro
ya es eterno en mi breve humanidad.
Azar, milagro, destino o decisión,
sabe Alguien qué fue aquello.
Ya no hay respuestas a la duda sin sentido.
Sólo hay verdad,
solo hay dos llamas en un fuego.
TEMAS: PAULA
9 de mayo de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA XVII
Una noche de enero es ideal para un paseo en Buenos Aires, y especialmente con una buena cena en el estómago.
Le dije a Paula de ir a aquel lugar que ya he mencionado: "El Café de la Esquina", en Uriburu y Las Heras. Caminamos por Arenales, Montevideo y Las Heras, hablando animadamente de la vida y sus anécdotas.
Nos sentamos a una de las mesas de madera, contra el ventanal que da a la avenida. Un café para ella, una Coca para mí, con mucho hielo, por favor. Yo sentía que la situación no daba para más, uno conoce sobradamente ese pantano donde empieza a meterse cuando las palabras sobran y los silencios crujen. Y yo, además, nunca he sido amigo de guardarme los sentimientos en mis alforjas.
De repente, tomé una servilleta y comencé a escribir. Quería sugerir, antes de decir. Ella me miraba, con sus ojos cristalinos. Y escribí, y la miré, y le pasé la servilleta y la birome (que igual que en el colectivo, llevaba en mi bolsillo), y ella también escribió.
No guardé esas palabras, se han perdido para siempre. Solo recuerdo algo así como "donde el ser se fundió con la utopía", y eso era lo que yo sentía exactamente. Yo ya tenía la certeza, como he dicho, de que esa mujer era perfecta, porque me completaba sin saberlo aún, con su aire algo ingenuo, su paz en el habla y su pureza en la mirada.
Igual que una semana antes, se levantó para ir al baño y me dejó solo con mi remolino de emociones. Miré por la ventana. Allí afuera estaba todo lo que iba a dejar, o lo que iba a reencontrar al salir, pero transformado. Se apagaban las luces de esa ciudad hostil y desconfiada, y titilaba ya otra luz, desconocida para mí.
Y otra vez ella volvió, y se sentó, y con ella el mundo ante mí.
Desde el pasado, mis ancestros me contemplaron imperativamente, asomados a sus hogares distantes y definitivos. El destino se agolpaba, y yo mismo creía verme reflejado en un patio de colegio, redonda al pie, rodilla magullada, esperando mi decisión para seguir el partido. Desde el futuro, los rostros infantiles de personitas que hoy conozco o adivino se insinuaban suplicantes, pero casi tiranos. El reloj se detuvo también, porque no hay tiempo donde la eternidad se presenta prepotente.
Y entonces yo, que nunca antes había pronunciado la sentencia, la proclamé a tu vida entera: "Me enamoré".
No entendiste de qué hablaba, miraste hacia atrás, a donde yacían mis dudas de otrora. Pero volviste a oírme: "Me enamoré". Y mis ojos te eligieron para siempre, y en tus labios dejé mi alma rendida, en el descanso inédito de un guerrero feliz.
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TEMAS: PAULA
25 de abril de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA XVI
Dado que, como he dicho, "Molière" estaba cerrado, decidí ir a un bistró que acababan de abrir en la calle Talcahuano. Lo había visto en mis paseos y anotado mentalmente para futuras necesidades. Era a dos cuadras de allí, así que llegamos a él en un santiamén. Por supuesto, también estaba cerrado. Afortunadamente, sabía moverme en ese barrio como pez en el agua y estaba lejos de agotar mis recursos geográficos. Así es que tomamos por Arenales y fuimos a "Teodoro", que me esperaba dispuesto.
Entramos y elegí una mesa en el fondo, lejos de la puerta y del mundo. Pasamos en el medio por un revistero inmenso. "Estas revistas son para que elijas", bromeé ligero. El salón al que me dirigí estaba vacío. "Lo reservé para nosotros", dije.
El lugar era y sigue siendo (hasta donde sé) muy agradable. Mesas de madera, adornos de estilo campestre, manteles cuadriculados, paredes de colores crudos, copas de vino y musiquita de fondo.
Cuando me iba a sentar, me di cuenta de que aún no sabía su apellido y se lo pregunté. "Brennan", me contestó, y otra vez me quedé mirándola. "Sangre irlandesa, como yo", le dije, y por dentro pensé que cada detalle la hacía más y más perfecta a mi naturaleza.
Elegí ravioles a la bolognesa, y ella pidió lo mismo, pero al fileto. No pedimos vino, porque ella no quiso, y tomarme una botella entera me parecía un tanto grosero. Agua mineral, entonces, con gas para ella y sin gas para mí.
La charla recomenzó. Ella despejó mis dudas sobre su genealogía. Apellido irlandés de un lado y catalán (Galaz) del otro. Me habló de sus abuelos, de su hermana bailarina, de su mamá en Europa, de su papá psiquiatra que atendía en el departamento de la calle Uriarte, de su trabajo nuevo, y de cosas que lamentablemente no están grabadas, porque pagaría por escucharlas.
Sus ravioles desaparecieron del plato en 10 minutos. Los míos, en cambio, iban dejándolo con parsimonia. A mí siempre me ha gustado comer despacio y disfrutar de la mesa al máximo. Ésta no iba a ser la excepción. Y Paula pensó que yo la juzgaría "una muerta de hambre", según recuerda.
Después vino un almendrado con charlotte para cada uno y el café. Finalmente, la dolorosa, la antipática: la cuenta.
Eran las once y media de la noche cuando salimos de nuevo a la ciudad nocturna. El futuro, sin embargo, amanecía.
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TEMAS: PAULA
18 de abril de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA XV
La salsa de la vida está en la improvisación.
Cuando llegué a la casa de Paula y le pedí que bajara, yo ya había planeado a dónde íbamos a ir a comer. Sería por Palermo Viejo, el mismo barrio del domingo anterior, el barrio que ella habitaba en cuerpo y yo en alma. Sería en uno de esos lugarcetes cuyas blancas servilletas habían sido oscuros pergaminos, y cuyas flojas baldosas habían sido siempre metáforas de mi esperanza.
Pero Paula bajó y me pidió que la acompañara a sacar boletos para su hermana adorada, que quería ir a ver a los Red Hot Chili Peppers. El timón viró entonces para la avenida Corrientes, a escasas cuadras de mi trabajo. Nos tomamos el 59 en Plaza Italia y nos sentamos en la fila de cinco, atrás de todo. Pero esta vez, ella iba del lado de la ventana. Vestía unos pescadores beige y una remera rosa sin mangas.
Bajamos en Suipacha y Lavalle, y caminamos hacia Corrientes. Entramos al teatro Grand Rex, y como no vimos a nadie en boleterías, seguimos hasta el teatro, que estaba vacío y en semipenumbras. Era una situación original, y era evidente que no era allí donde sacaríamos los tickets. Finalmente, nos fijamos en el teatro Ópera, cruzando la avenida. Y efectivamente, era allí donde tocaría la banda californiana... pero por alguna razón que no recuerdo no sacamos las dichosas entradas.
Paula llamó por el celular a Xime, su hermana, pero creo que no la encontró y habló con su papá. Finiquitado el trámite, por fin pude pensar en la comida. Le pregunté si tenía ganas de caminar y resolví que iríamos a Molière, a unas diez cuadras de allí.
Cruzamos la 9 de Julio por la Plaza de la República, y le guiñé un ojo al lungo que nos observaba, todo vestido de blanco. El Obelisco, para más datos. Después enfilamos por Carlos Pellegrini hacia el Teatro Colón, y pasamos a su lado. Paula me contaba de su hermana, que se había lesionado en Hamburgo y no bailaba más en el Ballet de allá, y de su mamá, que después de haber bailado en el Ballet Nacional de Chile había dejado todo para casarse con su papá y venirse a Buenos Aires. Después hablamos de música, y me dijo que en su casa ponía la radio porque le gustaba sentirse acompañada. Hoy, en cada desayuno, me pide que la encienda, pero yo quiero poner alguno de los 447 discos que tenemos.
Le hablé de Arturo, del Nono, de Gonzalo, de Chipi, de la Oveja, del Fósil y de unos cuántos más. Y por supuesto, de Luis, que me había ayudado a llegar a ella (aunque a esto último no se lo dije).
Después ella me dijo que estaba en trámites para que le pusieran teléfono porque solo tenía el celular. Agregó que quería poner banda ancha en su computadora. A mí me llamaba la atención que se las arreglaba sola para todo. Había conocido a muchas que no sabían ni tomarse un colectivo a Primera Junta.
En esto estábamos cuando pasamos por la Plaza Libertad, y le dije que yo vivía a una cuadra de ahí, y que esa era la plaza donde yo había jugado en mis primeros años. Nuestra caminata llegó después hasta Juncal y allí torció a la izquierda. Cruzamos Libertad y llegamos a Molière. Estaba cerrado.
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11 de abril de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA XIV
El sábado 20 de enero, después de felicitar a mis papás por sus 39 años de casados (que hoy son 45), convoqué a mis amigos-hermanos Arturo y Chipi a mi refugio de Palermo Viejo a tomar unas birras. Así pues, nos sentamos a una mesita del bar "Beckett" en la calle El Salvador y les informé que en horas estaría dejando la camiseta de solitario. Esa noche sería la noche, yo ya lo había decidido y me había rendido ante la inminencia del atardecer.
Me pidieron detalles. Describí a Paula físicamente, dibujé su personalidad y hablé de lo que había sucedido la noche del domingo anterior. Les transmití mi certeza de que todo estaba cumplido y la hora había llegado. "Si esperé este momento en cada rincón de mi pasado, no tiene sentido demorar las cosas cuando ha llegado", sentencié.
Cuando uno tiene un proyecto, uno es ese proyecto y debe tomar decisiones en función de él. Lo que nos aleja de él es malo, y lo que nos acerca a él es bueno. He visto muchos partidos en los que quien había hecho todo para llegar a la victoria dudaba una vez llegado al último escalón. Yo no iba a ser de esos.
Y mientras desparramaba estas reflexiones, una paloma dejó su señal en mi hombro izquierdo, lo cual vino a confirmar -para mentes de poca fe- que aquél era mi día.
Chipi me dejó en mi casa y me di la duchita de costumbre. Me puse la remera que había adquirido en Puerto Madryn en enero del 2000, los jeans y las zapatillas eternas. Agarré las llaves y salí a tomarme el 152. Era de noche.
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TEMAS: PAULA
28 de marzo de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA XIII
La semana siguiente a la noche del descubrimiento fue una espera tranquila. Me sentía como el lector de un libro cuya última página ha leído anticipadamente. ¿Adivinación? No, certeza lógica y precisa.
Decidí que no había margen para especulación alguna. La era del silencio tocaba a su fin. Se derretían los hielos eternos, las aguas perdían colores turbios, la luz imponía condiciones. A veces hay un solo camino posible, y lo único que uno debe decidir es si seguirlo o no. Pero como en un río que lleva a la catarata, no hay tiempo para postergaciones. De la duda no se vuelve.
Yo estaba por aquel entonces haciendo un curso de francés. Iba a trabajar a las seis de la mañana y salía a la tardecita. Caminaba hasta el Café de la Esquina, un bar de Las Heras y Uriburu que hoy tiene otro nombre. Allí hacía mis deberes, me tomaba una Guinness y me iba a la clase, que terminaba a las diez u once de la noche.
Envuelto en el vértigo de días que yo sabía definitorios, mi concentración en clase era escasa. De repente oía a la profesora haciéndome una pregunta por segunda vez, y riéndose de mi ausencia inmaterial.
El miércoles, si no me equivoco, llegué a casa y me encontré un mensaje de mi papá diciendo que me había llamado Paula. Adiviné el motivo, o la excusa: el lunes anterior ella había tenido una entrevista para cambiar de trabajo, que yo le había predicho exitosa. Contesté el llamado y le dije que era para "confirmar" que la habían tomado en la entrevista. Y así había sido. Ella estaba exultante.
Después de dos o tres diálogos, arreglamos para vernos de nuevo el sábado 20 de enero. Era la fecha de aniversario de mis papás, y quise tener ese detalle en la elección del día, porque hay ritos que merecen cumplirse. Tan dominante me sentía sobre la situación, que me daba el lujo de regular fechas.
Fue una semana extraña, aquella. No fue una semana similar a ninguna de las anteriores en mi vida, ni tampoco a las posteriores. Fue una transición, un tiempo de descuento en el partido de la soltería, ya ganado. Todo es más fácil cuando se conoce el final.
Hablando en porteño, yo iba a salir con Paula el sábado, pero ya tenía el diario del domingo.
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12 de marzo de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA XII
A la mañana siguiente de ese domingo luminoso, llegué a mi oficina y le envié un mail a Arturo, uno de mis amigos/hermanos.
"No digas nada. No me contestes. Creo que he encontrado a la mujer de mi vida".
Arturo me envió otro mail. Nada dijo. Nada contestó.
No había nada que decir.
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5 de marzo de 2007
FIESTA EN LA BOCA
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TEMAS: FÚTBOL
28 de febrero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA XI
¿Cómo seguir cuando uno ya sabe lo que ha de suceder? ¿Qué habrías hecho, amigo lector, en mi situación? ¿Cómo interpretar el papel de muchacho inofensivo y gentil, que no trae en sus alforjas más que una noche casual en un enero cualquiera?
Frente a mí tenía a quien yo había buscado, consciente o no, desde mi llegada al mundo, aún en mis primeros gateos. Pero ella lo ignoraba, y yo pretendía poner barreras a mi hallazgo. Surgían las dudas de esa, la mía, la humanidad escéptica y nihilista, la que resistía el embate irónico de la realidad más pura y cristalina, tan pura como la luna que colgaba en el techo de Palermo Viejo mientras la historia dictaba su inminencia.
Y así, en mi laberinto interno, seguí el juego. Cerró el bar ("Utopía", el lugar que no existe) y la charla siguió. Ninguno de los dos quería que se terminara la noche así nomás, y caminamos por Serrano hasta Charcas y de allí hacia Uriarte. Media cuadra antes de llegar a su edificio le pregunté si quería que la acompañara a sacar el perro, y ella me dijo que sí. Así pues, esperé en la puerta de calle a que ella bajara con él en el ascensor.
Es necesario decir que yo nunca había tenido perro y mis experiencias al respecto estaban marcadas por el trauma de haber sido atacado por ellos en dos o tres ocasiones. No era que me hubieran mordido, pero en mi temprana infancia un par de ellos me habían saltado y tirado al suelo, lo cual había constituido para mí una agresión y merecido mi condena a través del llanto inconsolable.
Por ende, esperaba el encuentro con el perro de Paula con cierta ansiedad. El ascensor bajó y él salió, grandote y dorado en su momento rutilante de reinado absoluto sobre la noche. Vino hacia mí, me olfateó pies y rodillas y se dirigió a la puerta del edificio para disponer la salida, conforme.
Así pues, dimos una vuelta, con él suelto y feliz. "Qué lindo que es", le dije en el colmo de la obviedad. "¿Viste? Es perfecto", me respondió ella orgullosa. Y fuimos por Uriarte hasta Guatemala, y de allí a Thames y de allí a Charcas para regresar al punto de partida. Creo que no nos cruzamos con una sola persona. La calle y la noche eran nuestras.
¿Y cómo despedirse? Yo tenía ganas de abrazarla y decirle quiénes éramos, pero la cabeza tenía el control y me ordenó guardar silencio. Beso en el cachete, promesa de segunda vez, mimo al perro y a otra cosa. Y me alejé hacia la esquina y ella se metió en su edificio.
Y así llega la hora de que escriba que te llamabas Rosko. ¿Y qué hiciste, Rosko, perro fiel? Mientras me disponía a cruzar la calle y tu dueña te esperaba con la puerta abierta para irse a dormir, corriste. Viniste hacia mí y empezaste a saltar y hacer fiestas. Y creo que se lo anunciabas a ella: "¡Es él!"
"¡Rosko, te vas con cualquiera!", te gritó Paula, y quise decirle quién era yo, pero no lo hice. Vos y yo nos entendimos sin palabras, y regresaste con tu dueña, sabio y sereno.
Volví a mi casa lleno de verdad.
Al día siguiente, bajo un fresno porteño, alguien halló un manojo de miedos marchitos y una sombra abandonada por un dueño anónimo.
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21 de febrero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA X
Durante los 30 años anteriores a mi encuentro con Paula, y especialmente entre los 15 y los veintipico de edad, yo había pensado que conocería a la mujer de mi vida en circunstancias cuasimilagrosas, providenciales, ajenas a toda lógica humana y originales en sí mismas. Y también había supuesto que la reconocería al instante, porque en algún rincón secreto de mi ser dormía la respuesta plácida a mi pregunta urgente.
Con los años de noche, ensayo y baldosa, esos sueños se fueron desvaneciendo, y razoné (¡ay, la razón, que quiere resolver todo!), que la mujer llegaría algún día, a bordo de alguna rutina de encuentro en un boliche o una fiesta, o vulgar cita a ciegas, o presentación previsible. Yo no era más o menos humano que cualquiera de los otros miles de millones sobre el mundo.
Pero la vida y el Barba tienen esas cosas, ese afán de reirse de los mejores planes y los raciocinios más brillantes o más grises. En mi caso, el encuentro había ocurrido en un colectivo con proa a un milenio nuevo, pero yo aún no lo sabía. Lo supe en el instante que voy a relatar.
Mi narración vuelve, pues, a ese barcete frente a la placita, entre mesas vacías y sillas apiladas. Ofrece la noche su manto de intimidad. Alguna araña teje su tela laboriosa en un rincón del techo. Una polilla aletea a distancia prudente, entregada a la luz. Y esa mujer cuyo apellido ignoro me habla y yo le contesto, y ella sigue hablándome de algo que yo hace rato que no escucho y le preguntaré otro día, más adelante, cuando haya tiempo de mirarla un poco menos.
Y de repente ella me dice que va a ir al baño y se levanta, y se aleja con su vestidito blanco por entre las mesas silenciosas, rumbo a una puerta también silente, cercana a la barra desierta.
Y es entonces que el rayo cae sobre mí, fulminante, como un latigazo que acaricia. La verdad se revela, prepotente. El misterio se desploma, rendido y estruendoso. Se acaban los libros, se dan vuelta las cartas, descienden las estatuas de sus pedestales. Todo se detiene: la luz, el viento, la sangre. Las guerras, los tambores.
Es ella.
Es el preciso instante del segundo nacimiento, cuando Alguien le grita al corazón: "Es ella".
No hay lógica en esto. La razón se congela y cede su lugar, sabia al fin, a la certeza desnuda de una intuición perfecta. Es la pura verdad proclamada desde las entrañas, desde el ser que encuentra su fin en esa figura y la atrapa en la conciencia del hallazgo. No hay defensa posible ante esa voz inequívoca que me lo está gritando insolente.
Es ella.
Cuando Paula volvió a la mesa, ignorante del rayo, yo ya la había reconocido.
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13 de febrero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA IX
Con el silencio por toda respuesta, me fui a una estación de servicio de esas donde paran los taxistas a comerse un choripán, a una cuadra de allí, para llamarla al celular. Marqué su número y de inmediato atendió ella: "Estoy en casa, es que salí más tarde del trabajo".
Así pues, volví a tocar el portero y bajó, envuelta en un vestidito blanco angelical, bien veraniega. La saludé y tiré la primera: "Tenés el mismo perfume que en el colectivo".
Fuimos, por segunda vez en el día para mí, a "Beckett". Le dije que allí hacían gazpacho, pero al llegar resultó que el cocinero ya se había ido, así que ella se pidió una tarta de queso (o "cheese cake") y yo una Coca. Empezamos a hablar, y hablar, y hablar, y hablar. Yo le hacía preguntas y ella respondía, y yo clavaba la vista en sus ojos y ella bajaba la mirada. La verdad es que escuché la mitad de lo que me dijo, porque no hacía más que mirarla. Sus ojos, su expresión grave, me cautivaban.
Ella dice que estaba muy nerviosa por mi silencio y mi mirada, y de tan nerviosa que estaba yo me fui comiendo la tarta que había sido pedida para ella. Finalmente cerraron, y nos fuimos a otro bar, "Utopía", en la placita de Palermo Viejo. No había nadie, la noche de domingo ya era avanzada. Y al entrar, misteriosamente, sonaba una frase de la canción de Maná: "Ana se irá algún día, se irá para siempre. Ana se irá de este mundo, se irá al jamás". Cuando entramos no sonaba otra parte de esta canción. Sonaba esa.
Nos sentamos a una mesa de madera, entre sillas apiladas y dadas vuelta sobre las demás mesas. Pedimos un par de Cocas y seguimos hablando. Ella me contaba de su familia, su mamá en Tarragona, su hermana mayor en Hamburgo, su hermana menor en Caseros, sus primos en Calzada, su abuela en Santiago de Chile, su tío en Alsacia. Yo le contaba acerca de mis antepasados holandeses, irlandeses, españoles, cubanos y norteamericanos. Y así pasaban los minutos, plácidamente en ese rincón extraño de la semana.
Lo que voy a contar sucede una sola vez en la vida, si es que sucede. A mí me sucedió.
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9 de febrero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA VIII
Le dije a Ana de vernos por ahí para tomar algo y charlar un poco. Ella me pidió, por primera vez en mucho tiempo, que no la llamara en los siguientes tres meses, que le gustaba saber de mí pero que cuando iba a algún boliche o hablaba con otros muchachos se acordaba de mí, y que no podía seguir así. Yo le dije que no me parecía que fuera incompatible vernos y seguir con nuestras vidas, que de hecho yo salía con otras chicas y eso no quería decir que no pudiera tenerle aprecio a ella. Pero no hubo caso, y no tuve más remedio que aceptar su pedido. Por tres meses dejaría de llamarla. Fue la última vez que hablamos por teléfono, y apenas 36 horas después ni siquiera me preguntaba qué pasaría cumplido ese plazo, porque mi biografía había virado su rumbo por completo, y por decisión propia.
De todas maneras, no puedo negar que esa tarde de sábado estuve triste, y me fui a caminar por ahí. Me metí en el bar "Beckett", mi refugio en Palermo Viejo, y garabateé algunas líneas dedicadas a ella, donde expresaba mi desazón. Nunca las leyó.
De regreso del bar llamé a una muchacha que me había dado su teléfono la semana anterior, pero no estaba en su casa. Se suponía que íbamos a salir, pero al parecer le había salido otro programa mejor. Entonces me fui a comer pizza a "Los Inmortales" con otra que a su vez me hablaba de sus propios problemas. Volví a casa tarde, bien tarde, como un retazo olvidado de la noche sombría.
Al día siguiente, día de hallazgo, día de milagro inesperado y rayo fulminante, me fui de nuevo a "Beckett" a tomar algo con mi amigo Dido. Él se fue y yo me quedé un rato más, oyendo el disco que siempre le pedía a mi moza amiga. Después tomé por la calle Uriarte e investigué la fachada del edificio donde vivía la chica del colectivo, nomás para ir haciéndome una idea. Tal vez un perro labrador me adivinó desde aquel balcón.
Llegó, pues, la noche del domingo 14 de enero de 2001. Remera negra, jeans y zapatillas. Me tomé el 152, bajé en Güemes y Serrano y caminé hasta Uriarte 2284. A las once en punto, tal como habíamos quedado, toqué el portero eléctrico. Pero nadie contestó, porque ella no estaba.
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7 de febrero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA VII
Aquel 1 de enero volví a mi casa a las seis de la tarde. Nadie había en ella. Mi hermana Teresa se había ido a un campo y mi hermano Fernando había dejado un mensaje preocupado por mi larga ausencia. Por la noche llamé al número que me había dado la chica (por aquel entonces ya era Paula en el papelito de mi billetera) y confirmé que era correcto, dado que me atendía su exquisita voz en el contestador. No dejé mensaje alguno.
Le conté por mail a mi prima Dolores, de Barcelona, acerca de la historia del colectivo. "A lo mejor los Reyes te dejaron ese regalo", me contestó.
El primer naipe del castillo había caído, y los demás empezaron a hacerlo inexorablemente. Hablamos en la semana por teléfono, aunque no logramos ponernos de acuerdo para vernos. Ambos estábamos en épocas movidas, con agendas nutridas. El viernes siguiente salí con una muchacha de Parque Chacabuco, hincha de Huracán la pobre. Me pidió que la llevara a un bar con aire acondicionado y terminamos en uno de Puerto Madero donde todo era carísimo. Volveré a hablar de ella. A la noche siguiente fui con Arturo y Dido, dos amigos, a un bolichito de San Telmo, donde me tomé un Legui y obtuvimos algunos teléfonos. Nada del otro mundo.
Vino después la segunda semana de enero, y con ella el viernes siguiente. Había quedado con Paula en que la llamaría para salir, pero antes fui con Dido a tomar unas copas a un lugar del que hablaré más adelante. Del locutorio de enfrente la llamé y me dijo que estaba con sus amigotes del trabajo en su casa, que me fuera para allá. Por supuesto le dije que no. No iba a participar de una "reunión de amigos". Me insistió e insistí en mi negativa. Me dijo de vernos el sábado a la tarde, pero tampoco quería verla de tarde sino de noche. El sábado a la noche ninguno de los dos podía, así que finalmente quedamos en vernos el domingo y me fui a bailar a un boliche de Recoleta.
Yo había tenido una novia, Ana, con la que había cortado un año y medio antes, pero a la cual seguía viendo de tanto en tanto. La verdad es que la seguía queriendo aunque supiera que no era ella la mujer de mi vida, y me gustaba encontrarme con ella, tomar algo y ayudarla en lo que pudiera. Resistente al destino, el sábado 13 de enero la llamé y le dije de vernos.
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30 de enero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA VI
Hay dos versiones sobre lo que ocurrió cuando yo escribí mal el número de teléfono de la chica. Paula dice que ella se fijó de reojo y me avisó del error. Yo creo que le pregunté a ella si lo había anotado bien. Lo cierto es que el número fue corregido y yo me bajé del colectivo, no recuerdo si con un beso en cachete o no.
Nomás bajarnos en la Panamericana, el papá de Lucas me dijo: "¿Viste? Te dije que por algo el otro había pasado de largo". Mi amigo, por su lado, declaró que se jugaba algunas fichitas a mi futuro con la chica.
Llegamos a lo de Marisol y me agarró su papá, de alias "Oiga". Memorizó el número y me lo repetía cada diez minutos. Yo ya lo había anotado en otro papel por si las moscas. El papel duerme ahora en mi billetera.
Aquella noche comimos y brindamos, y más tarde salimos a dar una vuelta con Lucas y su novia en un auto destartalado y sin papeles que el papá tenía estacionado casi como un adorno en la puerta de su casa. Yo me preguntaba si la chica habría llegado bien a destino, y me daban ganas de llamarla, pero me contenía. A decir verdad, la habría acompañado hasta Maschwitz hablando de la vida, pero las circunstancias no habían aconsejado tamaña jugada.
Caímos en una fiesta en la costa norte de Buenos Aires, felices mis amigos de estar juntos y alegre yo de festejar algo. No recuerdo haber chamuyado con muchacha alguna, creo que me dediqué a bailar primero y a pensar después. Es decir, chamuyé conmigo mismo.
Contemplé el amanecer del milenio nuevo frente al Río de la Plata, en la costanera de Martínez. Ella estaba a unas cuadras de allí, pero yo no lo sabía. Observé tendido en la playa, taciturno y con una roca por todo respaldo, a las parejitas tomadas de la mano, que se asomaban ilusionadas a los años por venir. Presentí, porque los presentimientos también pueden equivocarse, un viaje sin retorno a un rincón del mundo más amigable, donde mis preguntas hallaran certezas.
Se hicieron las cinco. La luz perforó por fin mi silencio. Arrojé el violín a las piedras y levanté mi cerveza para brindar mano a mano con ese sol que se desperezaba, por aquella a quien aún ¿no conocía? Le pregunté qué sería de mí ese año, pero nada dijo.
Me di vuelta, y empecé el mejor siglo de mi vida.
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25 de enero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA V
Una vez que le contesté su pregunta, supuse que lo correcto sería devolverle las botellas que me había dado para que se las llevara. Así que lo hice, diciéndole: "Parece que van a tener fiesta, pero si no pueden con todo dejame alguna botella". Segunda sonrisa de la chica.
No me costó mucho entablar un diálogo fluido. Rápidamente, yendo por Juramento hacia Cabildo, nos enteramos de que habíamos estudiado lo mismo (Relaciones Internacionales), de que ella estaba leyendo el mismo libro que yo acababa de terminar ("La diplomacia", de Kissinger) y de que a ambos nos gustaba Palermo Viejo (cuando ese barrio aún era tranquilo).
Me contó que vivía sola y no tenía teléfono fijo, que tenía un perro y que su papá era de Rafael Calzada (yo le dije que conocía Temperley y Adrogué, y por mi memoria pasó fugaz aquella tarde en la cancha con 40 grados de calor). También me contó que sus abuelos maternos eran chilenos, que su abuelo había trabajado vendiendo libros (igual que mi papá), que su hermana era bailarina en Hamburgo (yo prefiero la ópera) y que su mamá vivía en Ljublana (Eslovenia) dando clases de ballet.
Lucas me codeaba, pero yo estaba muy tranquilo. Uno debe estarlo cuando conoce a quien ha esperado tanto tiempo, y debe disfrutar cada instante. Por supuesto, yo aún no sabía quién era esa mujer con la que hablaba, pero me limitaba a chamuyar, hacer chistes y gozar de la situación.
Y así nuestro colectivo tomó por General Paz hasta el Acceso Norte y de allí por Panamericana. Nuestra despedida se acercaba y mi amigo me susurraba al oído: "Pedile el teléfono". En un momento me di vuelta y le dije "Esperá", y continué mi gran charla con la chica.
Ella siempre imita mi mirada de aquella noche, medio de perfil y con la sonrisa torcida. Sería gracioso y revelador tener una foto de nosotros dos en aquel momento, con Lucas ansioso a un lado y su papá expectante al otro.
Finalmente, le dije que ya me bajaba del colectivo. "Me gustaría volver a verte, pero no tengo tu teléfono". "¿Tenés para anotar?", me preguntó ella. La birome frotó mágicamente de su espacio habitual en mi bolsillo izquierdo, y me di vuelta para pedirle a mi amigo un papel. Me dio su caja vacía de Marlboro, que conservo.
La chica me dio el número de su celular, y yo lo anoté mal.
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23 de enero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA IV
Con sus botellas en mis brazos, seguimos viaje. Ella, de pie delante de mí y yo al acecho, sin hablar. Unas cuadras más allá, pasando Pacífico, el hombre o el ángel que estaba entre el papá de Lucas y la ventana se levantó para bajarse. Mi reflejo fue inmediato. "Correte", le pedí, casi le ordené, a Tito. Y él lo hizo.
Paula dice que ese movimiento le pareció extraño. Ella había interpretado que los tres veníamos juntos, por lo cual era ilógico que quedara un hueco entre él y yo. Pero se sentó sin pensarlo más. El papá de Lucas abrió la ventana y le dijo a Paula, casi como en plan de excusa por su maniobra anterior: "Con este calor no se puede respirar".
De repente la chica sacó un papel de algún bolsillo, o de la cartera, y lo leyó. Yo miré de reojo. "Ing. Maschwitz, km. 47". Sobraba el tiempo. Ella estaba nerviosa y le preguntó al papá de Lucas: "¿No sabe si este colectivo me deja bien en Maschwitz?". "No sé, pero esperá", le respondió él. "Ignacio ¿vos sabés si este colectivo la deja bien en Maschwitz?" Ella torció su cabecita y me miró.
La maniobra había dado su fruto. "Sí, te deja bien", le dije.
Si me hubiera preguntado si la dejaba bien en Egipto también le habría dicho que sí.
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17 de enero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA III
Esperamos unos minutos y pasaron algunos 60 más, pero no del ramal que debíamos tomar. Al fin, el nuestro apareció y paró. Las damas subieron primero, y yo detrás. Elegí un asiento en la fila de cinco, atrás de todo, y en la ubicación del medio. Pensé que Lucas y el papá se sentarían juntos, pero lo hicieron a cada uno de mis lados. El colectivo se llenó rápidamente, y un par de paradas después no quedaban asientos vacíos.
En Plaza Italia, exactamente en Santa Fe casi esquina Uriarte, subió ella. Había pasado el día en el Tigre con su papá, y tenía que ir a una quinta en Ingeniero Maschwitz, a 40 kilómetros de Buenos Aires. Había vuelto al centro solo para pasear a Rosko (ay, cómo te extraño). Fue este personaje el culpable de que ella estuviera allí a esa hora. Y ahora, había estado un largo rato esperando que apareciera el colectivo que la llevara a aquella quinta. Finalmente, se hartó y subió al mío, sin saber a ciencia exacta si era ese u otro.
Después de que el chofer le dijo que más o menos la podía dejar donde iba, ella se dio cuenta de que no le alcanzaban las monedas para viajar hasta allá. El chofer, anónimo enviado de un destino, le dijo que pasara igual.
Hablaba por su celular, nerviosa. En una mano, un tiramisú. En la otra, la del celular, una bolsa con bebidas. Y colgada del brazo, la cartera. Yo ya la había relojeado desde mi ubicación al fondo hasta allá delante, cuando sacaba su boleto. Lucas me codeó.
Se paró exactamente delante de mi asiento, sin mirarme siquiera. A las pocas cuadras ocurrió lo que yo esperaba. A la primera frenada en seco del colectivo, casi se vino abajo con todos sus accesorios. La miré y le hice la primera pregunta de esta historia: "¿Querés que te lleve algo?" Y entonces ella me miró y me sonrió.
Eran las nueve menos diez de la noche del 31 de diciembre del 2000.
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16 de enero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA II
A las ocho de la noche, después de la duchita y la camisa blanca con jeans, me tomé un taxi para ir a lo de Lucas, desde donde iríamos a lo de su novia. Marcelo T. de Alvear, Callao, Arenales, Austria hasta la esquina con Melo. Allí bajé y caminé hasta el edificio de mi amigo. Toqué el portero eléctrico y le dije: "Llamemos un remis". Él no quiso, iba con sus papás, su hermana y su bolsillo flaco.
En el camino desde este lugar hasta la parada del colectivo, los padres de Lucas se encontraron con una pareja amiga y se detuvieron a charlar unos minutos. Este detalle, intrascendente en un día cualquiera, no es menor cuando uno ya sabe que aquello era una pieza más del dominó. Si no hubiera caído, las fichas siguientes tampoco lo habrían hecho.
Una vez en la parada de la avenida Las Heras, nos detuvimos a esperar. Había que tomar un ramal del 60, el que iba por Panamericana. A los pocos minutos apareció uno y levanté el brazo, pero el chofer tenía intenciones de terminar temprano su faena para irse a festejar, y pasó de largo con mi lamento consiguiente.
"Siempre odié a esta línea", le dije a Tito, el papá de mi amigo.
Ahora la amo.
CONTINUARÁ
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12 de enero de 2007
EN UNA NOCHE MILENARIA I
Aquella tarde, cuando salí a caminar por las tórridas calles de Buenos Aires, no imaginaba que sería mi último paseo en vida. En mi vida anterior, claro está.
Ese fin de semana tenía un día de más. En mi trabajo habían anunciado el jueves que el viernes no sería laborable, y yo había lamentado no haberlo sabido antes para reservar pasajes a cualquier lugar lejos de la ciudad con más antelación. Me habría gustado repetir la experiencia del Año Nuevo anterior, en que me había tomado un micro a Puerto Madryn y había recibido al nuevo año en un asado con 7 desconocidos, que me habían despertado de la siesta para preguntarme si me quería sumar al festejo en el hotel.
Había llamado a la casa de mi cuñado en Mar de Ajó para ver si me podría ir a recibir el nuevo milenio allá, frente al mar. Varias veces había ido, pero esta vez, por primera vez, me respondieron que sería mejor esperar otra oportunidad. Así pues, me resigné a quedarme en la insoportablemente calurosa Reina del Plata.
Tenía varios ofrecimientos para pasar el Año Nuevo en distintos lugares. Mi hermana María Fe, que vivía en un campito cercano a Campana. Mi hermano Fernando, que la pasaría con sus suegros. Mi amigo el Omar, que estaría en lo de unos amigos en Palermo Viejo, junto con Dido. Arturo, en el Monumental de Guido. Y por último, Marisol y mi amigo Lucas, que estarían en lo de Oiga y AM, los papás de ella. Esta última fue la opción que elegí.
Mientras el sol recorría su última curva en el milenio porteño, volví de mi vagabundear por esas calles y le envié un mail a mi prima Dolores, a Barcelona. "No sé qué hago en Buenos Aires en este día", le escribí.
Ahora sí lo sé.
CONTINUARÁ (Para leer el relato completo, que fui escribiendo de a poco, clickear en este enlace y leer los capítulos de abajo hacia arriba. Es decir, el epílogo es, valga la redundancia, la última parte).
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8 de enero de 2007
LOS MUSEOS Y LA HISTORIA
Es difícil entender cómo las pinturas más famosas de la cultura greco-latina se salvaron de su peor enemigo, y a la vez defensor: el hombre.
"La Ronda de Noche", obra magna de Rembrandt que acompaña estas líneas, debió ser sacada de Amsterdam y trasladada a un refugio secreto a 35 metros de profundidad en Maastricht, para que no fuera robada o destruida por los invasores alemanes en los inicios de la II Guerra Mundial.
En este período, todas las pinturas de la National Gallery de Londres fueron trasladadas a lugares más seguros en Gales, al norte de la isla, para protegerlas de los bombardeos nazis.
El Museo del Prado también fue cerrado y muchas de sus obras llevadas a Valencia y Gerona primero, y a Ginebra después, durante la Guerra Civil Española, entre 1936 y 1939. Allí quedaron bajo la protección de la Sociedad de las Naciones (organismo antecesor de las Naciones Unidas), pero al desencadenarse la Segunda Guerra Mundial (justo en 1939, año de la finalización de la Guerra Civil Española), las obras fueron repatriadas a Madrid en trenes nocturnos que atravesaron Francia.
Uno de los casos más dignos de alivio es el del Museo Hermitage de San Petersburgo, cuyo destino estuvo a un paso de la destrucción en la Revolución Rusa de 1917. La razón fue que el nuevo sistema de valores imperante incluía la lucha contra todo lo que representara la cultura occidental. El poeta nihilista Kirilov proclamaba: "En aras de nuestro mañana quemaremos a Rafael, destruiremos los museos, pisotearemos las flores del arte".
Fue Lenin quien salvó las obras de arte, al firmar un decreto que mandaba inventariar y proteger todas las manifestaciones de significación artística e histórica de Rusia. Esto incluía, por supuesto, todas las colecciones de pintura en suelo ruso. Años después, con la invasión nazi a Rusia, las obras fueron trasladadas por miles de voluntarios y volvieron a salvarse.
En cuanto al Louvre, "La Gioconda" de Leonardo Da Vinci fue escondida en 5 lugares diferentes durante la Segunda Guerra Mundial. Ahora descansa en una sala especial.
Desgraciadamente, el pillaje de obras de arte se ha producido en distintos sucesos de la historia, tales como las invasiones napoleónicas o el colonialismo inglés y francés en Grecia, Egipto y varios puntos de Oriente. Muchos museos cuentan con pinturas ganadas en campañas de guerra o adquiridas en procedimientos poco claros, y esto sigue generando controversias.
Leonardo Da Vinci habría sonreído si hubiera pensado que sus obras estarían en peligro de ser bombardeadas por aviones, esos vehículos que él soñó durante toda su vida. Afortunadamente, esta vez el arte pudo más que la ciencia.
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3 de enero de 2007
NUESTRA TARJETA DE FIN DE AÑO
Paula y este servidor tienen la costumbre de enviar, cada diciembre, una tarjeta donde narran e ilustran su paso por el año que termina. Creo que es una buena ocasión para dedicarla también a quienes visitan asiduamente este rincón, pues ya que Paula no escribe en él, por lo menos podrán adivinar su forma de ser (claramente representada en las líneas y las fotos elegidas de la tarjeta).
Sé que quienes no nos conocen ignoran la mayoría de los datos que acá se dan por sobreentendidos. Pero de todas maneras puede ser entretenido curiosear lo que fue el 2006 para una familia de la que solo conocemos reflexiones sueltas en un blog. ¡Y las fotos de nuestras hijas valen la pena!
Para leer la obra, hay que clickear sobre cada una de las dos imágenes, que se agrandarán (por la magia de Internet y también por efecto de mi orgullo de tener esta familia).

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